Capítulo 29 #2
—Fue idea mía dejar a Vicky a tu cargo, Margot —dijo Gareth desde la puerta principal.
Todas nos volvimos hacia él. Entró y cerró la puerta, dejó caer las llaves en una mesita auxiliar y se giró hacia la cocina.
Parecía mayor desde la última vez que lo vi.
Tenía un aspecto derrotado—. Cuando llegué a casa y vi lo que había hecho Janet …
—Se le rompió la voz al final de la frase mientras negaba con la cabeza.
Miró a mamá y añadió—: Te justifiqué. Me ocultaste lo peor, pero justifiqué cómo tratabas a esa chica.
Pero cuando llegué a casa aquel día… y pregunté dónde estaba…
La casa estaba en silencio. No quisiste decírmelo.
Cuando por fin la encontré y la dejé salir, el silencio era ensordecedor.
—Fue entonces cuando dejaste de hablar —concluyó Margot , volviéndose hacia mí. Para mi sorpresa, vi que tenía los ojos llenos de lágrimas. Se los secó rápidamente y se volvió hacia mi madre y Gareth —. Me enviasteis a una niña traumatizada sin avisar.
— Vicky era un alma en pena cuando la encontré en el sótano.
Tenía la mirada perdida, como si estuviera aterrada, y moretones en los brazos —confesó Gareth en voz baja—.
Pensé que se trataba de un caso aislado.
Que a Janet le habría podido el estrés y habría explotado.
Que necesitaba un respiro. Pensé que pasando una temporada fuera, Vicky se recuperaría, y…
y la verdad es que no soportaba su silencio.
—Se volvió hacia mí—. Te he fallado, cariad . Lo siento mucho.
Agachó la cabeza, avergonzado. Me acerqué a él y, tal y como me hacía Lottie , le puse la mano en el brazo.
—Tú siempre fuiste amable conmigo —le dije—. Eso no es fallarme. Era importante para mí.
Él negó con la cabeza.
—Debería haberte protegido, cariño.
—¿Protegerla de qué? —le espetó mamá—. ¿De mí? ¡Por Dios! Si solo estuvo encerrada unas horitas. ¿Qué más da que tuviese moretones? Tuve que sujetarla; era una fiera.
—Yo también lo siento, Victoria —murmuró Rebecca .
La miré atónita.
Rebecca nunca pedía perdón.
Me echó una mirada incómoda. Sus pálidas mejillas se habían enrojecido e, inquieta, desplazaba el peso de un pie al otro.
—Te he tratado como el culo. No sabía lo del sótano, pero…
—Eras un año menor que yo, Rebecca —la interrumpí—. Nada de eso es culpa tuya.
Se encogió de hombros.
—Sabía que mamá la tenía tomada contigo, la veía agarrarte con demasiada fuerza cuando éramos pequeñas, y yo aun así era un mal bicho. Y luego lo de la disco. Qué horror. Después me avergoncé de lo que había hecho, pero era demasiado orgullosa para admitirlo.
—¿De qué hablas, Becky? —preguntó Gareth con voz cansada.
—Le propuse a Victoria que se viniera conmigo y con mis amigas a la discoteca y la dejé en medio de la multitud, sabiendo que la estresaría. Pero no pensé en…
—No pensaste en que me daría una crisis de las gordas —intervine—. No sabías que me caería al suelo y que tendrían que sacarme en brazos.
—Por Dios, Becky —musitó Gareth mientras se frotaba la cara con las manos—. Como si esta familia no le hubiera hecho ya bastante.
—Lo siento mucho, Vicky —se disculpó Rebecca con un hilo de voz. Por primera vez en años me llamaba por el nombre que me gustaba. ¡Que se le habían humedecido los ojos!—. Estaba celosa de ti.
—¿Celosa? —pregunté extrañada—. ¿De qué ibas a estar celosa?
—Eras exitosa, guapa. Tenías una familia mucho más pija que la mía.
Enarqué las cejas.
—Nunca se me ocurrió que pudieras estar celosa de mí.
Rebecca negó con la cabeza.
—Nunca te has visto con claridad. Era una arpía celosa y amargada cuando debería haber estado agradecida por el apoyo económico que seguías brindándonos a mamá y a mí, un apoyo que no merecíamos. Y Darrell no tiene excusa.
—¡ Rebecca ! —exclamó mamá—. ¿Qué dices? Darrell es…
— Darrell es un violador de mierda, eso es lo que es —la interrumpió Rebecca .
Y, mirándome, agregó—: De hecho, muchas de mis amigas se han puesto en contacto conmigo.
Por lo visto esto de que sea un cerdo asqueroso viene de lejos, pero no querían decir nada.
Algunas quieren ir a la poli a apoyarte, Vicky . Voy a animarlas a hacerlo.
—¡ Rebecca ! —gritó mamá.
—He roto con él, mamá —le dijo su hija—.
Ya me la suda la pasta que tenga y todo eso.
Vamos a disolver el matrimonio. No voy a seguir con el tío que agredió a mi hermana, y, francamente, estás como una chota por animarme a hacerlo.
Aunque tampoco me extraña, porque estás para que te encierren.
Solo he aceptado quedar con Vicky hoy para disculparme.
—Pero ¿qué pensará todo el mundo? —exclamó mamá horrorizada.
—¿A quién cojones le importa lo que piensen las estiradas de tus amigas?
—bramó Gareth —. Si no te obnubilara tanto lo que piensan los demás, tal vez no habrías maltratado a tu propia hija por ser un poco diferente ni le habrías sacado los cuartos para organizar la boda de las narices. Venga, Becky, cariño, nos vamos.
—¿Os vais? —chilló mamá—. ¿Cómo que os vais?
—Me voy de casa, y Becky se viene conmigo, Janet . Ha estado demasiado expuesta a tu toxicidad. Ojalá no sea tarde para enmendar su vida.
Rebecca estaba ahora al lado de su padre. Se detuvieron frente a mí al salir mientras mamá gritaba insultos de fondo.
—Cuídate, cariad —me dijo Gareth —. Eh…, ¿te parece bien? —Abrió los brazos.
Asentí y me dio un abrazo breve pero firme.
—Cuenta conmigo —añadió pegado a mi pelo—. Probablemente no desees que te ayude, pero, si me necesitas, cuenta conmigo para lo que sea. Ojalá te hubiera ayudado desde el principio, pero es una espinita con la que tendré que vivir.
Me apartó de él y se dirigió a la puerta. Entonces Rebecca también se plantó delante de mí.
—De nuevo, lo siento —susurró, pasándose el pelo por detrás de las orejas.
Asentí. Por suerte, no intentó abrazarme, sino que salió de la casa con su padre.
—Bueno —intervino Margot con aire de superioridad—. Ya hemos perdido suficiente tiempo en esta pocilga, Vicky . Vámonos. Janet , ha sido un auténtico fastidio. Me pondré en contacto contigo para hablar de tu desalojo.
Acto seguido me acompañó a la salida y cerró la puerta para no seguir oyendo a mi madre despotricar a voz en cuello.