Capítulo 27
Vicky no tiene ni idea
Vicky
—¿ Vicky ? —La suave voz de Claire provenía del fondo del patio. Al volverme, la vi caminando hacia mí—. Esto… Eh, ¿necesitas ayuda? Florrie está en casa de Hetty con Legolas , así que podría ayudarte a limpiar el estiércol.
Había venido a acariciar los hocicos aterciopelados de los caballos y ver si Tony , el encargado del patio, me dejaba quitarle algo de trabajo de encima.
Tony fue durante décadas el encargado del patio en Buckingham Manor .
Era un hombre tranquilo y estoico que se hallaba más a gusto con los animales que con las personas.
De niña, me encantaba haber dado con alguien casi tan callado como yo; alguien que no me acribillase a preguntas.
Tony era más de acción que de palabras. Cuando fui aquel día, me ofreció una carretilla y una horca y me señaló con la cabeza uno de los establos.
Había acabado de adecentar uno y me dirigía hacia Bertie , el caballo de Margot .
—¿Quieres ayudarme a limpiar el estiércol? —pregunté, no sin curiosidad.
A Claire le encantaban los caballos, pero mientras que a mí me interesaba más cuidarlos, ella solo los montaba, y únicamente cuando estaban prestos, ensillados y listos para ella.
Yo no montaba a caballo. Las quincenas que pasaba en Buckingham Manor en verano eran un tiempo demasiado breve para aprender como es debido, y además de ofrecerme pocas lecciones, siempre me había aterrado perder el control.
Prefería mantener los pies en la tierra.
Solo les faltaba a los pobres caballos que tuviera una crisis nerviosa sobre su lomo.
Claire se encogió de hombros.
—¿De qué te sorprendes? Sé limpiar cuadras. Además, es un buen ejercicio.
—Bueno, vale —cedí mientras le tendía una horca de repuesto.
Al cabo de unos minutos trabajando codo con codo, volvió a hablar.
—Sé que tienes a Lottie para ayudarte a interpretar a la gente y las situaciones —comentó. Asentí—. Pero creo que juzgas mejor el carácter de los demás de lo que crees. Tenías razón con Blake .
Me encogí de hombros de nuevo.
—Observo los cambios físicos y los patrones de comportamiento. Así fue como supe que Blake tenía un problema con el alcohol. Además, era muy malo conmigo. Los individuos como Blake se ensañan especialmente con la gente como yo, con la gente a la que consideran vulnerable.
— Vicky , ¿por qué nunca me dijiste lo malo que era? —preguntó Claire .
—No parecías estar dispuesta a escuchar lo que opinaba de tu marido.
—Exmarido —recalcó con firmeza.
—Exmarido —repetí—. Cada vez que intentaba transmitirte mis dudas sobre Blake , me mandabas callar.
Se hizo un silencio durante el cual Claire , rastrillo en mano, se quedó mirando la puerta del cubículo muy quieta.
—Joder, es verdad —masculló—. Soy una hermana de mierda, ¿verdad?
Fruncí el ceño.
— Claire , solo soy tu media her…
—¡No lo digas! —me espetó, haciendo que me sobresaltara—. Perdona. —Suavizó el tono—. No quería asustarte, pero, por favor, deja ya la chorrada esa de que solo eres mi media lo que sea. Me pasé tres pueblos cuando te dije todo eso de adolescente. Soy tu hermana. Punto.
—Eh…, vale —respondí, sin saber muy bien qué pensar de esta nueva Claire que ansiaba ser mi hermana.
Limpiar un establo es un trabajo duro. Después del segundo viaje al montón de estiércol, estaba sudando a mares, así que, sin pensármelo dos veces, me quité el jersey y mis brazos quedaron al descubierto.
—¡Dios mío, Vicky ! —exclamó Claire con asombro. Sabía lo que veía. Lo mismo que hizo que a Mike se le tensara la mandíbula y se le encendiera la mirada—. Tus brazos. ¿Todo esto te lo hizo el tío ese de la boda?
—Eh…, bueno, algunos me los hizo mi madre —aclaré encogiéndome de hombros.
Claire ahogó un grito.
—¿Cómo?
—Los del brazo me los hizo mi madre. Me agarró después de la ceremonia. Los de las muñecas y los antebrazos me los hizo Darrell .
—¿Que tu madre te hizo eso?
—Bueno, en parte.
— Ollie dice que… — Claire hizo una pausa para tragar saliva y enderezar los hombros—. Dice que tu madre te pegaba cuando eras pequeña.
Me encogí de hombros.
—Molestaba a mi madre y a Rebecca . No era una niña fácil. A ti también te molestaba, ¿te acuerdas?
Claire había palidecido mucho mientras me miraba fijamente.
—No sabía que… —Dio un paso hacia mí, pero se detuvo y se frotó la cara. Acto seguido se cruzó de brazos—. Te trataba fatal cuando éramos niñas y…
—No me tratabas fatal —repuse, confundida.
Claire suspiró.
— Vicky , creo que tienes una idea equivocada de lo que es que te traten fatal. Pasaba de ti. S-s-siempre he pasado de ti.
—Bueno, pasar de mí no es tratarme fatal. Nunca me hiciste daño.
—Anda que no. Hería tus sentimientos.
Parpadeé mientras me giraba hacia Bertie , que estaba atado junto a su establo.
Me rozó la cara con el hocico y yo acaricié su aterciopelada nariz.
Recordé mi llegada a Buckingham Manor a los seis años, lo imponentes que se me antojaron el edificio y sus jardines, el miedo que sentí cuando mi madre me sacó del coche a empujones y se marchó, la frustración que rezumaban todos porque no quería hablar, la vergüenza que pasé la primera noche cuando me senté a cenar en familia, pues no había nada en mi plato que pudiera comer.
Ollie aún no había vuelto del internado, así que solo estábamos Claire , Margot y yo sentadas a la mesa.
Nunca había conocido a gente tan pija y glamurosa.
Incluso Claire , con catorce años, parecía salida de una revista.
Esa noche me escabullí de mi cuarto. No podía dormir del hambre que tenía, pero me detuve en mitad de las escaleras al oírla gritar.
—¿Por qué tenemos que aguantar a la bastardilla de papá y su afán de notoriedad?
Es raro, mamá. ¿Cómo voy a explicárselo a mis amigos?
Uy, sí, perdonad, os presento a mi hermanita ilegítima.
A mi padre no solo le gusta tirarse a todo lo que se menea, sino que espera que nos hagamos cargo de las consecuencias.
—Me hace tan poca gracia como a ti —le espetó Margot —. Pero me aseguraré de que no te dé la lata. No te fastidiará mucho el verano, querida.
—Más le vale.
Subí corriendo las escaleras, demasiado preocupada por que me pillaran como para arriesgarme a ir a la cocina a por algo de comer. Después de eso, resolví que no le daría la lata a Claire .
Para cuando Ollie regresó a casa, ya había perfeccionado el arte de no molestar a nadie.
Pero una mañana, después de llevar una semana en casa, al ver que volvía a no desayunar, me llevó a la cocina y vació casi todo el frigorífico y los armarios.
Me enseñó los alimentos uno a uno hasta que asentí.
A ver, no me preparó el desayuno él mismo —al fin y al cabo era el futuro duque—, pero se lo pidió al cocinero.
Un día, incluso, fue a buscarme a mi cuarto y me dijo:
—Ah, conque aquí es donde te escondías…
Y me llevó a los establos. Así que no todos me ignoraban, pero es verdad que Claire no me hacía ni caso.
Con el paso de los años, y tras la muerte de papá, sentí que la animosidad manifiesta de Claire disminuía. El nacimiento de su hija Florrie sin duda contribuyó a ello, ya que, incluso de bebé, Florrie siempre se acercaba a mí en las reuniones familiares a las que me invitaban.
La inesperada devoción de Florrie me pareció sumamente especial; fue una de las primeras personas en darme un abrazo espontáneo.
Pero a pesar del incomprensible afecto que me profesaba su hija, Claire mantuvo las distancias.
El padre de Florrie nunca estuvo presente, y luego Claire se casó con Blake , lo cual no ayudó en absoluto a mejorar mi relación con ella.
Odiaba a Blake con toda mi alma. Fue el primero en apodarme Princesa de Hielo y siempre apestaba a alcohol rancio. Tengo el olfato muy desarrollado, y ese hombre me daba arcadas si estaba a menos de metro y medio de mí. Por suerte, ya no era de la familia.
Suspiré.
—No pasa nada, estaba invadiendo tu espacio, tu hogar.
Claire resopló.
—Qué invadir ni qué invadir, si apenas te veía. No tenía ni idea de cómo era tu familia materna. Pero ya antes de lo ocurrido y de que saliera a la luz la verdad, me sentía fatal. Sé que he sido una mala hermana, pero…
—Media hermana —la corregí por inercia.
Claire suspiró. La oí cruzar el empedrado para acercarse a mí.
—Hermana, Vicky , ¿vale? —me corrigió en tono afable—. Eres mi hermana. Mi hija te llama tita. Eres de la familia.
—Ah. —No sabía qué más decir.
—Debería haberlo hecho hace mucho, pero… ¿puedo abrazarte? Sé que te gusta que te abracen de una forma concreta. He estado ensayando con Ollie para que me saliera bien.
—¿Has practicado cómo abrazarme? —Me giré hacia ella. Sentí una opresión en el pecho y me ardía la garganta.
Cuando miré a Claire , vi que tenía los ojos húmedos.
—Hombre, claro. No quería cagarla la primera vez que abrazase a mi hermana.
Se hizo un silencio brevísimo durante el cual la miré fijamente a los ojos, anegados en lágrimas. Entonces, por instinto, me lancé a sus brazos.
—Ah, vale —dijo sorprendida, devolviéndome el abrazo con fuerza—. Pues ha sido más fácil de lo que pensaba. —Y agregó susurrando—: ¿Me perdonas, querida?
Me aparté y retrocedí un paso para observarla con extrañeza.
—No hay nada que perdonar, Claire . No fuiste cruel ni mala conmigo.
—Sí que lo fui —protestó con vehemencia—.
Crees que si ni te insultan ni te pegan, puedes darte con un canto en los dientes.
Te han enseñado a esperar poco de los demás.
Y en buena medida es culpa mía. Pero cambiaré, te lo prometo.
Dicho esto, venía a buscarte. Vamos a jugar al cróquet y tu macho está que trina porque no estás en casa.
—¿ Mike está aquí? —pregunté sonriendo.