Capítulo 24
¿La última vez?
Vicky
—Al-l-léjate de mí. —Quise parecer decidida, pero apenas me salía la voz.
Le brillaron los ojos, como si disfrutara del desafío.
—Dime —dijo en tono distendido, como si estuviéramos de cháchara y no me estuviera acosando deliberadamente—. ¿Sigues siendo la virgencita que me dijo tu hermana que eras? ¿O el Increíble Hulk ha penetrado la capa de hielo que te recubre, princesa?
—No d-d-deberías hablarme así —objeté—. Se lo diré a mi…
Darrell soltó una carcajada.
—¿A quién? ¿De qué te sirvió la última vez?
Se abalanzó sobre mí. No fui lo bastante rápida para escapar.
Paralizarse era el mecanismo de defensa humano más inútil.
Deseé ser atleta, aunque a saber si habría llegado lejos con los tacones. Además, sospechaba que Darrell disfrutaría persiguiéndome.
Me sujetó por ambos brazos y me pegó a su cuerpo.
Forcejeé un momento, pero me zarandeó con brusquedad, lo que bastó para paralizarme de nuevo.
Se aprovechó de que no movía ni un músculo para llevarme a un hueco de la pared, entre dos retratos, y arrinconarme ahí.
Me entró claustrofobia y empecé a respirar con dificultad. La cabeza me daba vueltas. Entonces, me sentí como si hubiera abandonado mi cuerpo; como si estuviese flotando entre Darrell y yo, observando cómo me subía el dobladillo del vestido hasta la cadera.
Atenazada por el terror y sabedora de que no podría quitármelo de encima, dejé de oponer resistencia y cerré los ojos.
Pero entonces, visualicé el rostro de Mike : Mike vacilando antes de tocarme, Mike tomándome de la mano, Mike diciéndome que le gusto, Mike averiguando cuál es el tipo exacto de sándwich que puedo comer.
¿Cómo coño se atrevía Darrell a tocarme?
No era suya, sino de Mike .
Así que respiré hondo y grité a todo pulmón.
—¡Loca de mierda! —me espetó Darrell , horrorizado. Intentó taparme la boca con una manaza mientras bregaba por mantenerme pegada a la pared con la otra.
Pero yo ya no estaba paralizada. Estaba luchando. Recordé el consejo favorito de Ollie : « Vicky , tú ve siempre a por los huevos».
Levanté la rodilla y se la hinqué a Darrell en el paquete.
Aulló de dolor. Se llevó la mano con la que me tapaba la boca a la entrepierna y con la otra me agarró de la raíz del pelo y me pegó la mejilla a la pared. Pero entonces, de repente, desapareció.
Para ser más exactos, salió volando hacia atrás.
Mike lo agarró por la espalda de la chaqueta y la camisa y me lo quitó de encima. Lo levantó como si no pesara más que un saco de harina.
Darrell intentó zafarse. Agitaba los brazos para tratar de escapar, pero Mike lo mantenía a cierta distancia, ligeramente suspendido del suelo por la nuca, como si fuera un gatito travieso.
—¿Qué coño haces? —gritó Mike , sacudiendo a Darrell con fuerza. Yo me consideraba pacífica, pero qué gusto me dio ver a Darrell recibir su merecido.
—¡Si lo estaba deseando! —exclamó Darrell , el muy insensato—. Es una calientapollas. El rollo ese de la princesa de hielo no es más… — Darrell no pudo seguir porque Mike le asestó un puñetazo en toda la cara y cayó a sus pies.
—Esto… Disculpen la interrupción —dijo la organizadora de bodas unos metros más allá, en el pasillo (sabía quién era porque tuve que entrar en su página web para pagarle sus servicios). Sus ojos, muy abiertos, estaban clavados en nosotros tres.
Reparé en que seguía con el vestido subido, así que me lo bajé de un tirón.
Mike se puso hecho una furia al verme hacerlo.
—Pe-pero están a punto de empezar los discursos y…
—Diles a la novia y a sus padres que vengan —le espetó Mike —. Cagando leches.
—Ah, eeh… Vale. —Parecía aliviada de poder escurrir el bulto.
Mientras tanto, Darrell se iba alejando de Mike . Se había manchado la impoluta camisa blanca y la horrible corbata rosa salmón con la sangre que le salía de la nariz.
—Ah, no —masculló Mike , acercándose a él y agarrándolo de nuevo por la nuca para levantarlo—. Tú aquí quietecito.
—¿Qué narices está pasando aquí? —Mamá enfiló el pasillo como un vendaval, con la cara roja de rabia, seguida de Gareth y Rebecca .
—¡Madre mía! ¡ Darrell ! —gritó esta al ver a su flamante marido—.
¿Qué te ha pasado? Cariño, ¿estás bien? —Fue hasta él e hizo amago de tocarle el rostro ensangrentado (era del todo imposible que Rebecca se arriesgara a mancharse el vestido de sangre, por mucho que su flamante marido estuviera herido)—.
¿Qué le has hecho? —le espetó a Mike en tono acusador.
Entonces me fulminó con la mirada—. Mejor dicho, ¿qué le habéis hecho?
—Sabía que pasaría esto —dijo mamá, histérica perdida—. Sabía que lo estropearías todo. ¿No puedes ser un poquito normal y dejarnos vivir a los demás? Tienes que fastidiarlo todo. Como llevas haciendo toda la vida. Como haces siempre.
—¡Cállate, Janet ! —la cortó Gareth , que se volvió hacia Mike —. Eeeh…, hijo, ¿podrías bajar a Darrell un momento?
—Claro —gruñó Mike . Soltó a Darrell sin miramientos. Este se estampó contra el suelo y se puso de pie tambaleándose y mirándonos con furia a Mike y a mí.
—Esta zorra me ha clavado un rodillazo en las pelotas y el Arnold Schwarzenegger este me ha pegado un puñetazo —explicó con una voz aguda y quejumbrosa que sonaba muy nasal debido a la sangre que aún le manaba de la nariz.
—Dios —dijo Rebecca mientras me echaba una mirada asesina—. Harías lo que fuera con tal de chafarme el día, ¿eh? Sabía que no descansarías hasta vengarte de mí. Sabía que…
—¿Vengarse de ti? —preguntó Gareth con una determinación que rara vez le había oído mientras se cruzaba de brazos.
—Olvídalo, papi. — Rebecca le restó importancia con un gesto, pero por un instante se había asustado.
Darrell volvía a escabullirse poco a poco.
—Tú ahí quietecito, cabrón —le espetó Mike , lo que detuvo su avance hacia la salida. Entonces, ignorando a todos los demás, Mike se plantó justo delante de mí—. ¿Puedo? —me preguntó con ternura.
Temblorosa, asentí. Despacio, me puso la mano en las caderas y, con delicadeza, me bajó del todo la falda. Se hizo el silencio en el pasillo. Cuando miré a mi alrededor, me di cuenta de que nos estaban observando todos.
—¿Me dejas que te vea?
Asentí. Con la mandíbula crispada, me ladeó suavemente la cabeza para inspeccionarme la mejilla, que notaba tirante y dolorida.
—Cariño, ¿qué más te ha hecho?
—Me ha sujetado contra la pared —susurré—. Pero no…, eh, no ha podido… hacerme lo de la última vez.
Mike se tensó de arriba abajo. Su semblante reflejaba una furia pura y dura.
—¿La última vez? —gruñó.
— Vicky siempre se está inventando historias —empezó a decirle mamá—. No es normal. Tiene problemas de salud mental. Sea lo que sea lo que te haya dicho, se…
—¡Cállate la puta boca! —le espetó Mike . La fuerza de sus palabras y la ira que transmitían me estremecieron—. Acabo de ver al cabronazo este agredir a tu hija. Tenía la falda por las caderas. Estaba acojonada. — Mike se había girado hacia todos ellos, protegiéndome una vez más.
Le toqué el brazo, y al hacerlo advertí que estaba tenso y le temblaban los músculos de la rabia contenida.
—En serio, Mike , déjalo. Ya intenté contárselo a mi madre y a Rebecca la última vez. No vale la pe…
—¿Que se lo contaste? —Se volvió hacia mí.
—Sí, pero…
—¡¿Que te lo contó?! —le gritó a mamá.
Mamá, en un acto muy pero que muy imprudente, puso los ojos en blanco.
— Vicky solo intentaba llamar la atención y yo…
—¿Qué coño has hecho?
Parpadeé atónita al ver a Gareth coger a Darrell y estamparlo contra la pared con toda su rabia.
—¡Papi! ¿Qué haces? —chilló Rebecca .
—No te metas, Becky —le dijo Gareth —. Ahora hablamos tú y yo. Pero primero el cabronazo de mi yerno me va a decir qué coño ha estado haciendo.
— Gareth , esa boca —musitó mamá, escandalizada.
— Janet —repuso Gareth con voz grave y amenazante—. ¿Cómo es que he costeado una boda para que mi hija se case con un violador?
—Que no la he violado —balbuceó Darrell —. ¡Joder! Apenas la he tocado esta vez. Y en la anterior ocasión… —Su rostro ensangrentado palideció al darse cuenta de lo que había revelado—. Tampoco la violé —remató con un hilo de voz.
—Tú no pagas ni la mitad del bodorrio —intervino Mike —. Sé de buena tinta que Vicky paga el vestido de novia, las bebidas, la banda y casi todo el local. La he visto cargar con los gastos.
—La Virgen —soltó Gareth , todavía con su yerno contra la pared, pero abatido—. Te lo devolveré, cariad —me aseguró. Se volvió hacia su hija y le dijo con voz gélida—: Te advertí que no podíamos permitirnos una boda por todo lo alto. Sabía que me estabas mintiendo con los gastos.
Rebecca se enrabietó.
—¿Por qué tengo que celebrar un convite de poca monta en un salón de fiestas? No es justo que ella esté forrada y nosotros tengamos que arreglárnoslas para cubrir las necesidades básicas. Nos hemos tirado años aguantando sus rarezas. ¡Que nos lo compense! Fijo que su padre le dejó un pastón y…
—Mi padre no me legó una herencia sustanciosa —la corregí—. Y, al fallecer, seguí corriendo con los pagos que le daba a mamá, pero con mi propio dinero.
Rebecca rio por debajo de la nariz.
—Como si el puñetero duque no te hubiera creado un fideicomiso.
—Solo tenía un pequeño fideicomiso, que usé para pagarme la universidad.
—Entonces ¿cómo has amasado tu fortuna?
—Trabajando, niñata malcriada —le soltó Mike . A continuación se volvió hacia mí—. Por eso te importa tanto ganar dinero, ¿no? Lo necesitabas para escapar de esta panda.
Me encogí de hombros.
—El dinero aporta seguridad. Necesitaba sentirme… —Dejé la frase a medias y me miré los pies.
—Necesitabas sentirte a salvo —acabó Mike por mí—. ¿Os habéis enterado? —le dijo a mi familia—. Necesitaba dinero para sentirse a salvo… ¡de vosotros!
Mamá rio por debajo de la nariz.
—No tienes ni idea de lo difícil que era de…
— Janet —la interrumpió Gareth —. No decía ni pío. Ni siquiera cuando tú y nuestra hija os ensañabais con ella una y otra vez. No decía ni mu.
—Porque es un bicho raro —soltó Rebecca , con la cara roja de ira.
—¿Qué le has hecho, jovencita? —preguntó Gareth , volviéndose hacia su hija—. ¿Por qué creías que se iba a vengar de ti?
Rebecca apretó los puños a los costados y torció el morro.
—¡Es mi día, joder! —Dio un pisotón—. Me está arruinando el día ¡y estás dejando que lo haga!
—Bueno, ya —intervino Mike mientras me arrimaba a su costado—. Me tenéis hasta los huevos. Suerte, Gareth ; la vas a necesitar. Vicky y yo vamos a hacer lo que habría que haber hecho hace tiempo: ir a comisaría a denunciar esta agresión y la anterior.
—A la poli no le va a interesar… —empezó Darrell , presa del pánico, pero Mike lo interrumpió.
—Uy, ya lo creo que les interesará. Aparte de las pruebas físicas…
—¿Qué pruebas físicas? —preguntó mamá en voz alta.
—La cara hinchada y los moretones que le están saliendo ya en los brazos.
—Eso no es nada —le espetó mamá—. Le salen moretones con solo mirarla.
Mike se quedó de piedra; se podía cortar la tensión con un cuchillo.
—Por favor, dime que lo que acabas de decir no significa lo que creo que significa. —Su tono era tan amenazante que mamá retrocedió un paso hacia Gareth —. Dios mío —musitó con incredulidad—. Zorra asquerosa. ¿Le pusiste las manos encima a una niña?
—N-n-no puedes hablarme así. Gareth , dile que no puede…
—Cállate, Janet —la interrumpió Gareth , completamente derrotado—. Cállate, por Dios. —Se giró hacia Mike —. Llévatela, hijo.
Mike asintió y pasó por delante de ellos, conmigo todavía a su lado.
Al pasar junto a Gareth , este lo agarró del brazo.
—¿La cuidarás?
Mike volvió a asentir, y entonces Gareth se giró hacia mí.
—Lo siento, cariad . —Ahora estaba ronco—. Debería habértelo dicho hace mucho, pero de veras que lo siento.