Capítulo 23
¿Eres el cuidador de Vicky ?
Vicky
—¿Cuánto le has pagado? —me preguntó mamá entre dientes después de que el fotógrafo nos hubiera colocado donde quería.
—¿Q-qué? —susurré.
—Al tío ese. ¿Cuánto le has pagado para que viniera?
—N-no…
—Vale, señoritas —interrumpió el fotógrafo—. Mirad aquí y sonreíd.
Me volví hacia la cámara e intenté que mis labios cooperaran y que las comisuras se me levantaran aunque tuviera el estómago revuelto por las náuseas.
—La señorita de azul claro. —Parpadeé y pasé a mirar al fotógrafo. Me sonrió—. Sí, tú, guapa. Hazme el favor de sonreír.
—Qué rara es, coño —oí murmurar a Rebecca .
Darrell , a su lado, se rio por lo bajo y mi madre me dio un fuerte codazo en las costillas.
Enseñé los dientes rezando para que pasase por una sonrisa. Por suerte, bastó para satisfacer al fotógrafo, porque, tras un par de minutos, habíamos terminado.
—Es el día de mi boda —me espetó Rebecca tras hacernos la foto.
—Ya lo sé —dije, buscando a Mike detrás de ella, pero dos damas de honor lo habían interceptado.
Lucinda y Fiona eran amigas de Rebecca y disfrutaban de lo lindo siendo malas conmigo.
Fiona se inclinaba hacia Mike y le tocaba la solapa de la chaqueta.
Se me formó un nudo en la garganta. Mike estaba arrebatador con ese traje.
Debería habérmelo imaginado. Debería haberme imaginado que las mujeres se le pegarían como moscas.
Aparté la vista de los tres.
Fiona era muy guapa y encantadora. Si quería quitarme a Mike , podía hacerlo. Fue ingenuo por mi parte no haberlo pensado antes.
Mike y yo acabábamos de empezar a salir, y yo ya estaba demostrando lo difícil que era. Lo sabía. Todos siempre decían lo difícil que era. Así que era lógico que, con el tiempo, alguien como Fiona me lo quitase.
El dolor y los celos que sentí al pensarlo casi bastaron para provocarme otra crisis.
Tenía que recomponerme.
—Si sabes que hoy es un día importante —continuó Rebecca , aún destilando desdén—, ¿podrías intentar ser menos rarita? ¿Tanto cuesta sonreír, macho?
—Sí, vale, lo intentaré —le dije a Rebecca sin pensar, retrocediendo un pasito.
Rezaba con todas mis fuerzas para que terminara pronto esa conversación. Por lo general, una vez que me llamaba bicho raro o rara y dejaba claro lo mucho que la molestaba, me dejaba en paz.
De niñas, la cosa era distinta. Incluso jugábamos juntas de pequeñas; siempre dirigidas por Rebecca , claro, ya que jugar no era uno de mis puntos fuertes.
Después de enmudecer, pasaron años hasta que Rebecca comenzó a ser abiertamente desagradable.
Pero luego, al llegar a la adolescencia, Rebecca fue ciñéndose más a las indicaciones de nuestra madre, y nuestras interacciones se volvieron mucho más conflictivas.
La situación empeoraba si Rebecca no obtenía la reacción que deseaba de mí.
No lloraba con facilidad, lo que a menudo provocaba insultos y maldades prolongados por parte de Rebecca , quien luego reclutó a sus amigas.
La más hostil de ellas era precisamente Fiona .
—¿Adónde vas? — Rebecca estaba furiosa cuando retrocedí otro paso.
Me encogí de hombros.
—Daba por hecho que esta interacción había terminado.
—Yo decido cuándo acabo contigo, bicho raro —soltó Rebecca —. Ni se te ocurra…
—Va, Becs —la interrumpió Darrell mientras le pasaba el brazo por los hombros—. Tranquilízate. Ha venido, ¿no? —Se giró hacia mí. Me tensé al percibir la amenaza velada—. Hola, hermanita. Dame un abrazo, hombre, que ya somos familia.
Cuando avanzó un paso, entré en pánico.
Correr hacia atrás con tacones en un cementerio no es buena idea.
Uno de los tacones se me clavó en el césped, me golpeé en el jarrete con una lápida y, antes de darme cuenta, estaba tirada en el suelo entre dos tumbas.
Darrell me sonreía con suficiencia y las damas de honor se reían a mi alrededor.
Cuando dio otro paso hacia mí, retrocedí aún más, sin importarme haberme manchado todo el vestido.
Levanté la mano para alejarlo, pero, de repente, solo veía a Mike frunciendo el ceño.
Me invadió un alivio tremendo al inhalar su familiar aroma a bosque.
—Hola, cariño —dijo en voz baja—. ¿Te importa si te levanto?
Ahí estaba.
La consideración que mi familia nunca me había mostrado.
Siempre me pedía permiso para tocarme. Lo irónico era que ya ni tenía por qué hacerlo. Su roce me resultaba tan familiar que ya no necesitaba que me avisase.
Asentí. Me agarró de debajo de los brazos y me levantó con sus robustas manos como si no pesase nada.
Cuando volví a estar de pie, se plantó frente a mí de tal modo que no veía ni a Rebecca ni a Darrell .
—¿Estás bien? ¿Quieres largarte?
—No puedo irme —le susurré a sus pies.
—¿Hola? —le espetó Rebecca desde atrás. Mike se tensó al oírla—. ¿Y tú eres…?
—Soy Mike , el novio de Vicky —respondió, volviéndose hacia Rebecca . Igual que hizo cuando vino mi madre, me mantuvo ligeramente detrás de él y le ofreció la mano—. Enhorabuena. Tú debes de ser Rebecca .
Rebecca se quedó un buen rato mirando a Mike , boquiabierta y sin aceptar su mano, lo cual era un gesto feo, ya que se suponía que debía estrecharle la mano de vuelta; hasta yo lo sabía, aunque no solía ser capaz de hacerlo.
Por suerte, mi padrastro acudió al rescate.
Gareth se unió al grupo y aceptó la mano de Mike .
—Encantado de conocerte, Mike —señaló con una sonrisa y un firme apretón de manos—. Tendrás que disculpar a mi hija; este día es un poco agobiante. Me alegré mucho cuando Vicky me dijo que vendría acompañada.
Oí risitas detrás de nosotros: las damas de honor otra vez, sin duda.
— Vicky —me dijo después de soltarle la mano a Mike —. Qué bien que hayas venido, cariad .
Rodeé a Mike , y Gareth se acercó a mí, dudando hasta que asentí. Me abrazó rápidamente y con la presión justa.
—Papi —se quejó Rebecca detrás de nosotros—. ¿Te importaría llevarnos a los coches en vez de preocuparte por ella? Que la que se ha casado soy yo.
Gareth suspiró al soltarme.
—Suerte, macho —le dijo Mike , dándole una palmadita en el hombro con esa actitud masculina de admiración.
Gareth le sonrió.
—Gracias, la voy a necesitar.
—¡Papi!
Gareth puso los ojos en blanco. Me miró con afecto y me guiñó un ojo.
—Nos vemos luego, Vicky —aseguró, y acompañó a su hija, a su flamante yerno y a su esposa a los coches que aguardaban.
Darrell observaba a Mike con fastidio mientras se alejaba.
Cuando me pilló mirándolo, levantó una ceja y sonrió con suficiencia, lo que me dio escalofríos.
Mike me puso la mano en la parte baja de la espalda y me guio por el cementerio para llegar a su camioneta. De camino, tuvimos que sortear a mi tía Teresa, quien, como siempre, me habló como si fuera retrasada mental.
Su sorpresa cuando Mike se presentó fue palpable.
—¿Tu novio, querida? —dijo, mirando a Mike de arriba abajo, con las cejas en el nacimiento del cabello—. No me lo esperaba con tus, eeh…, dificultades.
—¿Qué dificultades son esas? —preguntó Mike con tono cortante—. ¿Su carrera tremendamente exitosa? ¿Su inteligencia? ¿Ser la mujer más bella del mundo? ¿Ser amable, divertida y generosa?
La tía Teresa lo miró boquiabierta un momento. A continuación hizo un ruidito vago con el que pretendía disculparse y escapó.
—¿De qué va? —me preguntó Mike cuando ya no nos oía.
—¿Qué quieres decir?
—¿Por qué te habla así?
—Mi familia cree que estoy un poco… Bueno, mi tío John me llamaría chiflada o corta de entendederas. No fui una niña fácil y, como sabes, estuve muchos años sin hablar. —Me encogí de hombros—. Así al menos se lo explicaba mi madre a todo el mundo.
—Joder, tu familia es un hatajo de capullos, y tu madre es la reina de los capullos.
—¿La reina de los capullos? —repetí. Me temblaban los labios. Entonces ocurrió algo que no habría creído posible el día de la boda de mi media hermana, un día que llevaba semanas temiendo.
Me reí.
Comenzó como una risita nerviosa, pero para cuando llegamos al Land Rover de Mike me reía tan fuerte que me cayó una lágrima por la mejilla.
Mike me abrió la puerta del coche con una sonrisa de oreja a oreja.
Una vez que me hube sentado y se me cortó la risa, me secó la lágrima con el pulgar y me besó en los labios, aún sonrientes.
—Creo que esta será mi nueva afición —advirtió con ternura.
—¿El qué? —pregunté.
—Verte reír.
Me observó el rostro mientras se me borraba la sonrisa.
—Solo tengo que averiguar cómo hacer que suceda más a menudo, nada más.
Me estampó un beso firme en los labios y me cerró la puerta.
Lo intenté, pero, mientras nos dirigíamos al convite, no pude aferrarme a esa sensación de ligereza que me había aportado haber escuchado a Mike llamar a mi madre reina de los capullos.
Volví a mirar por la ventanilla en silencio. No quería estar callada con Mike , y sabía que no debía recaer en esa mala costumbre, pero la perspectiva de pasar tanto tiempo con mi familia era demasiado abrumadora.
—Tu padrastro parece majo —comentó Mike —. Pero los demás son para darles de comer aparte, coño.
Me encogí de hombros.
— Gareth es amable.
Mike resopló.
—Saludar a tu hijastra con una pizca de cariño no es ser amable. Es lo normal.
Hice un ruidito ambiguo; ni lo confirmaba ni lo desmentía. Solo deseaba que se acabase el día de una vez.
Por suerte, cuando llegamos al convite y revisé la distribución de las mesas, Mike y yo estábamos lo más lejos posible de mi familia más cercana.
Mike no se sintió tan afortunado.
—¿Qué cojones pasa aquí? —gruñó mientras le cogía una copa de champán a un camarero que pasaba. Me la dio y se pidió una birra—. Primero la iglesia, y ahora esto. Vicky , ¿de qué va tu familia?
Me sonrojé. Agaché la cabeza para hablarle al césped.
—No pasa nada, Mike . Mi familia… Entiéndelo, han tenido que aguantarme desde pequeña. Y era una niña muy difícil. A día de hoy sigo importunándolos, así que les cuesta ser…
—¿Qué gilipollez es esa? —me espetó. Ay, madre, mi explicación no lo estaba tranquilizando en absoluto—. ¿Que eras una niña difícil? ¿Esa es su excusa para tratarte como a un trapo?
— Mike , de verdad que era complicada. Sufría un montón de crisis.
Hasta los seis años, montaba un buen escándalo si me molestaba algo.
Mi madre se moría de la vergüenza. Pero, con el mutismo, adiós al problema, porque pasé a vivir casi todas mis crisis en silencio.
Sin embargo, el silencio también se consideraba anormal.
A mi madre le repateaba. Y no creía necesario que me evaluaran, así que…
—Un momento —me interrumpió Mike —. Sufriste crisis frecuentes durante años, luego enmudeciste, también durante años, ¿y tu madre nunca solicitó que te evaluaran?
Me encogí de hombros.
—El colegio lo intentó, pero mi madre lo impidió. No cree en las etiquetas. Y pensó que si me alentaban, empeoraría.
—¿Y tu padre?
—La verdad es que no lo veía mucho. Margot era la que estaba en Buckingham Manor . Como ya sabrás, mi padre rara vez se pasaba por allí.
—Entonces ¿le dijo a su exmujer que se ocupara de la hija de su amante y se las piró?
—Sinceramente, no le quedaba otra. Mi madre no soportaba estar conmigo todo el verano, así que mi padre me dejó en la mansión. Al principio a Margot no le hizo mucha gracia, pero, con el tiempo, se adaptó; ya sabes cómo es. Ollie , sin embargo, fue majísimo y me aceptó enseguida.
—¿Y Claire ?
— Claire me saca siete años. Solo coincidía con ella un par de semanas durante algunos veranos, y más bien me ignoraba.
Luego tuvo a Florrie muy joven y no contó con el apoyo del padre.
Nuestra relación mejoró un poco entonces.
Florrie siempre ha estado muy unida a mí y me gusta mucho lo directa que es.
Pero cuando Claire se casó con Blake , cambiaron las tornas. Odio a Blake .
—¿Y quién no?
Negué con la cabeza.
—No, yo siempre he odiado a Blake . Y no se me da bien mentir. Así que Claire tenía varios motivos para tenerme entre ceja y ceja. Primero, quería a su padre y me veía como la culpable de que se hubiese alejado de su madre, y segundo, notaba que no tragaba a su marido. Lo entiendo.
Lo que no dije fue lo desconsolada que me sentí cuando Claire me rechazó. Lo mucho que anhelaba tener una media hermana que no me odiara. Que la ojeriza que me tenía Claire solo reforzó la certeza de que no merecía ser amada.
Mike apretó la mandíbula. Un camarero le ofreció una cerveza. Le dio un buen trago y volvió a centrarse en mí.
—Pero Ollie nunca ha sido un capullo contigo, ¿no?
Negué con la cabeza.
— Ollie es muy protector por naturaleza. Se siente obligado a protegerme, y él no es de los que eluden sus obligaciones.
—¿Crees que solo eres una obligación para Ollie ?
Asentí.
—Claro. Y Margot sintió lástima por mí, así que, con el tiempo, también me convertí en una obligación para ella.
—Te quieren, Vicky —me dijo Mike con dulzura. Sentí una opresión en el pecho al responder con otro ruidito que ni lo confirmaba ni lo desmentía—. Tus parientes de los cojones tienen buena parte de culpa de que pienses así.
Suspiré.
—Creo que no me he explicado bien. Tienes que entender que…
—Como vuelvas a decir que eras difícil o pesada, no respondo.
No creía que ese fuera el mejor ambiente para que Mike «no respondiera», así que apreté los labios para no decir nada más.
El aperitivo no duró mucho, por lo que enseguida estábamos sentados en nuestra mesa, a una distancia prudencial de mi familia. Estaba al lado de mi tío, que también me hablaba como si fuera retrasada mental, pero era mejor que la hostilidad sin tapujos.
Por desgracia, Mike tenía al lado a Fiona , quien no paraba de manosearlo y sin duda estaba borracha para cuando sirvieron el plato principal. Parecía ajena al creciente enfado de Mike .
—¿Cuánto te ha pagado? —oí que le decía al oído arrastrando las palabras. Ella pensaría que estaba susurrando, pero fijo que los de la otra punta también oyeron su pregunta.
Mike , que hasta entonces había hecho un admirable esfuerzo por comer, dejó el tenedor en el plato muy despacio.
—¿De qué coño hablas? —le preguntó.
Fiona soltó una risita.
—De Vicky . ¿Cuánto te paga por estar aquí? Venga ya, pareces sacado de un catálogo. ¿Te ha pedido por correo?
—Soy el novio de Vicky , y no, no me ha pedido por correo.
Fiona rio por lo bajo.
—¿La rara esa se ha echado un novio como tú? Será coña. ¿Perteneces a algún programa de ayuda comunitaria o algo así?
—Ah, ¿es eso? —preguntó mi tía con curiosidad desde el asiento de enfrente tras haber oído lo último—. ¿Eres el cuidador de Vicky ?
Me puse como un tomate. Ya no podía más.
—Ahora vuelvo —le susurré a Mike al oído. Salí disparada hacia los baños, o, al menos, eso esperaba.
El convite se celebraba en una casa señorial. Tuve la impresión de que me había equivocado de camino cuando me metí en un pasillo lleno de retratos. Pero cuando me di la vuelta para volver sobre mis pasos, se me cayó el alma a los pies.
Darrell me bloqueaba el paso y la salida y esbozaba una sonrisa lobuna con la que enseñaba todos los dientes.
—¿Adónde vas, hermanita? —me preguntó, dando un paso hacia mí.
Con el corazón a mil, yo también di un paso, pero hacia atrás.