Única (Soñadora 3) Capítulo 18
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Capítulo 18

Aprobado

Mike

Joder. No era eso lo que tenía en mente cuando decidí sorprender a Vicky en el trabajo.

Para ser sincero, no lo había pensado bien, pero pensar en Vicky con claridad no era mi fuerte.

Así que, como acabé de hacer las entregas antes de lo previsto, decidí no esperar a la hora acordada para ir a buscarla a su casa y, en un ramalazo de los míos, me planté en su oficina. Conocía bien el lugar.

Felix era uno de mis mejores amigos y el novio de mi hermana. Estaba harto de que mantuviésemos la relación en secreto mientras asistíamos al drama de Ollie y Lottie .

Ya iba siendo hora de que todos supieran que Vicky era mía.

No había imaginado que se levantaría en mitad de la reunión, dejaría plantados a los trajeados que habían estado pendientes de cada una de sus palabras y saldría corriendo directa a mis brazos.

¿Quién se lo hubiera imaginado?

Pero debería haber recordado que se lo tomaba todo al pie de la letra. Si le había dicho que quería que me besara al verla, eso era lo que iba a hacer, fueran apropiadas las circunstancias o no.

Y de ninguna manera iba a rechazarla.

Que les diesen a los trajeados, y eso incluía a Felix .

«Pe-pero ¿y a ti qué más te da?».

Reprimí la ira que me entró al recordar su vocecita y la perplejidad genuina que transmitía.

¿De qué coño iba esa gente? ¿Por qué Vicky creía que no les importaba nada?

En cuanto hubo finalizado su reunión, me dijeron sin rodeos que la cenita para dos que había planeado para Vicky y para mí no iba a poder ser.

Al rato, Ollie entró en la oficina como si fuera el dueño.

En su defensa diré que era el dueño de casi todo Londres, y, en parte, su fanfarronería se debía simplemente a la arrogancia innata de los aristócratas.

Al fin y al cabo, su familia llevaba más de quinientos años gobernando buena parte del Reino Unido.

Pues eso, que su mirada aristocrática, de señor de la mansión, estaba fija en mí. Y no estaba muy contento, que digamos.

—Hola, Ollie —lo saludó Vicky , completamente ajena a la tensión que se respiraba en el ambiente.

Cuando la rodeé con el brazo y la arrimé a mi costado, Ollie se quedó estupefacto.

—Me ha llamado Felix —dijo, mirándonos. Le cogió la mano a Lottie en cuanto se acercó a él—. Qué cambio más radical, ¿no, Mike ?

¡Y vuelta la mula al trigo! Deseé con todas mis fuerzas no haber sido tan capullo con Vicky en el pasado. Lo iba a pagar, y caro, además.

¿Por qué habría creído buena idea ignorar a una mujer preciosa que claramente estaba colada por mí y decirles a mis amigos lo pesada que me parecía? ¿Qué mosca me había picado?

Podría llevar meses con Vicky de no haber sido tan idiota.

— Ollie —intervino Vicky —. No seas malo con Mike . Me gusta, y ya no cree que esté «vacía por dentro» ni que «carezca de personalidad».

Ollie echaba humo.

—Un momento. ¿Cómo sabes que pensaba eso?

—Me lo dijo él —repuso Vicky encogiéndose de hombros—. Creía que yo intentaba…

— Vics , ¿qué tal si te vas a charlar un rato con las chicas? —me apresuré a interrumpirla, no fuera a ser que me metiera en más líos con su hermano—. Arreglaré las cosas con Ollie , ¿vale?

—Eso, Vics —dijo Lottie mientras se la llevaba con Tabitha y Lucy —. Tienes que contarnos muchas cosas, golfilla.

—¿A qué coño juegas? —preguntó Ollie una vez que las chicas entraron en el despacho de Felix y ya no podían oírnos—. Creía que no tragabas a mi hermana. ¿Qué ha cambiado?

—Me equivoqué, ¿vale? —dije por enésima vez, o eso me pareció—.

Soy un imbécil y me equivoqué. —Desplacé el peso de un pie al otro y me aclaré la garganta.

Hablar de sentimientos con mis amigos no me entusiasmaba—.

Me gusta mucho, Ols —le confesé en voz baja y con sinceridad—.

No habría empezado algo con ella de no ser así.

Ollie se pasó una mano por la cara. Miró al despacho en el que estaban interrogando a Vicky y de nuevo a mí.

— Vics lo ha pasado mal. Me preocupa, y sé que últimamente no le he prestado atención.

—Suspiró—. Mira, sé que viste la crisis que sufrió en la gala, pero eso es solo el principio.

Un par de semanas antes, Vics … —Dejó la frase ahí, lo que hizo que me bajara un escalofrío de inquietud por la espalda.

Un par de semanas antes de la gala, me enfrenté a ella en su casa porque creí que se me estaba insinuando.

Ollie meneó la cabeza para despejarse.

—Mira, eres un amigo muy preciado para mí y confío en ti, pero tienes que saber en qué te estás metiendo. No le hagas daño, ¿vale? Es vulnerable, Mike .

—No voy a hacerle daño, Ollie —añadí con determinación. Claramente, ya la había lastimado bastante. Debía averiguar qué pasó después de que me cebara con ella como un tonto en su casa.

Debió de sufrir otra crisis nerviosa. Pero no quería presionar demasiado a Ollie en ese momento. Además, ya venían las chicas.

Media hora después, Vicky , Felix , Lucy , Ollie y yo estábamos frente a una pijotada con estrella Michelin en cuyo menú fijo que no habría nada que le gustase ni un poquito a Vicky . Lottie había ido a recoger a Hayley al cole, así que no podría defender a Vicky como de costumbre.

—No vamos a comer aquí —sentencié, acercando suavemente a Vicky a mí e ignorando la mirada asesina de Ollie .

—No pasa nada, imbécil —contestó Felix —. No vas a dejar de ser un campechano de clase obrera porque comas en un restaurante con una estrella Michelin.

Miré con rabia al muy desconsiderado.

—Elige otro sitio —dije apretando los dientes.

Tener a Vicky pegada a mí solo reforzó mi determinación. Estaba en los huesos, no exagero. ¡Que le palpaba las costillas, por el amor de Dios!

— Mike —me espetó Felix —. Déjate de chorradas y…

— Mike tiene razón —intervino Ollie .

Cuando lo miré, nos observaba a mí y a su hermana con una cara cercana a la aprobación.

—No comeremos aquí.

—¿Qué te parece el sitio que encontramos el otro día, Vics ? —sugirió Lucy con voz suave—. El italiano, ¿te acuerdas?

—¿El que me hizo la salsa sin cebolla? —preguntó Vicky .

Lucy sonrió.

—Sí, ese.

Vicky negó con la cabeza.

—Deberíamos decidir por mayoría. Es lo más lógico.

—Pues yo quiero langosta, así que yo voto por el primero. Es… ¡Ay! — Felix fulminó con la mirada a Ollie , que acababa de darle una patada en la espinilla—. ¡Joder, Bucks !

—Comeremos en el italiano.

Nos dirigimos al restaurante sumidos en un silencio incómodo. Me negaba a soltar a Vicky pese a lo tenso que estaba el ambiente.

—A ver si podemos resolver ya este asunto —dijo Ollie , enfrente de mí, cuando al fin nos hubimos sentado.

—No hay nada que resolver. Estoy saliendo con tu hermana —repuse. Era más que obvio, pues no la había dejado separarse de mi lado ni una sola vez y apoyaba el brazo en el respaldo de su silla.

—Media hermana —puntualizó Vicky .

Apreté los dientes para no decir nada.

—Quiero saber cuándo empezó todo esto —me espetó Ollie —. Llevas meses pasando de ella.

—Creo que te olvidas de la gala en la que la pifiaste y yo te salvé la papeleta. De nada, por cierto.

—Te dejé llevar a Vicky a casa después de la gala —dijo Ollie rechinando los dientes—. No te di permiso para hacer lo que quisieras con ella. De hecho, recuerdo que justo te dije que no le pusieras las manos encima, joder.

— Ollie , esa boca —le espetó Lottie al acercarse a nuestra mesa con Hayley .

—Hola, polizona. —La voz de Ollie se suavizó al instante, como siempre que se dirigía a esa niñita.

Es que era una ricura.

Hayley le sonrió, le dio un abrazo y luego saludó con la mano al resto de la mesa. Era una chiquilla tímida. Hasta hacía poco, nunca la había oído hablar.

Hayley sufría mutismo selectivo a causa de un trauma. Su madre era alcohólica y la había descuidado antes de que Lottie se hiciera cargo de ella. Durante mucho tiempo, Hayley solo hablaba con Lottie , pero ahora escuchábamos su voz cada vez con más frecuencia.

Fruncí el ceño. Un trauma infantil. ¿Sería por eso que Vicky no hablaba cuando era pequeña? ¿Cuál fue exactamente su trauma?

Sentí una opresión en el pecho al pensarlo, y acerqué aún más la silla de Vicky a la mía.

Para mi sorpresa, después de abrazar a Ollie , Hayley fue directamente hacia Vicky .

Se miraron un momento y, para mayor sorpresa aún, Hayley habló.

— Mikey te está rodeando con el brazo —señaló Hayley .

—Suele hacerlo —respondió Vicky mientras Hayley acercaba una silla para sentarse a su lado.

—Vale —dijo Hayley en voz baja, mirando a su alrededor al darse cuenta de que todos la estábamos mirando.

Vicky se encogió de hombros.

—A mí me parece bien. Tiene buenos brazos.

Lucy rió tan fuerte por debajo de la nariz que la muy tonta casi escupió la bebida.

Entonces Hayley le sonrió a Vicky y se asomó delante de ella para sonreírme a mí.

Fue la primera sonrisa sincera que le sacaba a la chiquilla, y fue por hacer feliz a su amiga.

Hayley se llevó la mano al pecho y después al de Vicky .

Mi novia repitió el movimiento, y, cuando miré a Lottie , le brillaban los ojos de las lágrimas que se agolpaban en ellos. Cuando captó mi mirada, me sonrió como quien va a llorar.

Cada vez conocía más a fondo a Vicky .

Ollie había estado pendiente del mudo diálogo y vio que Hayley le daba su aprobación.

Apretó la mandíbula por un momento, y, cuando pensé que iba a largarse, miró al techo un instante y clavó los ojos en los míos.

—No la cagues, Mayweather —gruñó.

— Ollie , no tienes que preocuparte por cuándo Mike decidirá que está harto de mí —apuntó Vicky .

Todos la miramos pasmados.

—Ya me lo veo venir, pero te prometo que me esforzaré por no ser una carga emocional ni para ti, ni para Lottie , ni para Margot cuando suceda.

—¿Qué…? —empecé a decir con incredulidad, pero Ollie me interrumpió.

—¿Una carga? — Ollie miraba a Vicky con el ceño fruncido—. Vics , ¿cuándo he dicho yo que seas una carga?

—¿No es por eso por lo que te preocupa mi relación con Mike ?

Entiendo que eres un hombre muy ocupado.

No te obligaría a cargar con mi angustia.

—Se giró hacia Felix y añadió—: Y mi rendimiento laboral no se verá afectado.

De hecho, cuando estoy triste, suelo ser más productiva.

Así que tampoco tienes por qué amenazar a Mike .

— Vicky —dijo Ollie con voz grave y un deje amenazante—. ¿Nos estás diciendo que crees que solo me importa cómo te trata Mike porque me preocupa que te conviertas en una carga?

—¿Y que a mí solo me preocupa que baje tu puñetera productividad? —se sumó Felix .

Vicky frunció el ceño y se volvió hacia Lottie .

—Lo siento. ¿Es una de esas veces en las que no debería decir la verdad?

—No, cariño —dijo Lottie en voz baja—. Si es tu verdad, debemos oírla.

—¡Eres mi hermana! —exclamó Ollie , frustrado, golpeando la mesa con la mano, lo que hizo que Vicky diera un respingo.

—Tranquilízate, Harding —gruñí al notar que Vicky temblaba.

—Media hermana —susurró esta.

—Y deja ya de hablar de medias hermanas y medios hermanos. ¿Qué más dará? —protestó Ollie , frustrado.

—Un momento —intervino Lottie —. Vics , ¿somos amigas? Tú y yo.

—¿Es una de esas veces en las que…?

—No, quiero saber qué opinas. No es momento para mentiras.

—Pues no. No somos amigas en el sentido tradicional de la palabra. Me caes muy bien y eres muy amable conmigo. Superamable. Te lo agradezco. Pero trabajas para mí y eres la novia de mi medio hermano. —Se encogió de hombros—. No te queda otra.

Lottie se puso roja mientras miraba incrédula a Vicky .

Ollie , presintiendo que obviamente iba a estallar, le puso la mano en el brazo, pero fue demasiado tarde. Lottie se levantó como un resorte.

—Tú… —Señaló a Vicky —. Eres una de las mejores amigas que he tenido en mi vida.

Te quiero, doña ridícula. Adoro que me hagas reír todos los días.

Adoro cómo funciona el cerebro ese tan maravilloso y complejo que tienes; adoro lo generosa que eres, lo amable que eres y lo mucho que te importa la gente, aunque no te entiendan o no quieran entenderte.

¡Así que ni se te ocurra decirme que no somos amigas!

—Hacia el final del discurso ya estaba gritando.

Acto seguido se dejó caer en su asiento.

Hayley le habló por señas y ella le espetó:

—No, no me calmo. Tú, claro, como Vicky sí que te considera su amiga…

—Y, por favor, deja ya de decir que soy tu medio hermano —añadió Ollie con tirantez—. Te queremos. El grandullón este te va a tratar como a una reina o le partiremos las piernas, y punto.

Vicky estaba tensa en mis brazos, y no me gustaba.

—Eh, vosotros, dejad ya de gritar y de armar tanto follón —les advertí—. Dejadla comer, hombre.

—Yo también te quiero —le susurró Vicky a Lottie con la voz un tanto trémula.

—Lo sé, cari —respondió Lottie en voz baja—. Se acabó lo de considerarte una carga, ¿vale?

Vicky bajó la vista a la mesa, pero asintió brevemente.

El resto de la velada transcurrió sin dramas, sorprendentemente.

Felix y Lottie relataron que, ese mismo día, Vicky había despellejado a un grupo de abogados desprevenidos que representaban a un gran inversor.

Empezaron la reunión subestimándola por completo y sin tener ni idea de que había investigado a fondo cómo habían fluctuado sus finanzas durante la última década.

—Qué gustazo me ha dado —comentó Lottie —. Me encanta cuando puedo dejarte a tu bola. Los tíos esos se lo merecían, te lo digo yo.

Lottie sabía cuándo mentía la gente; como equipo, Lottie y Vicky rara vez se equivocaban.

—No quería «despellejarlos» —repuso Vicky con el ceño fruncido—. Deberías haberme apretado la muñeca.

—¿Para qué sirve ese gesto? —pregunté—. Te he visto hacérselo a Vicky cuando… —Dejé la frase a medias al darme cuenta de lo que estaba diciendo.

—Cuando estaba hiperconcentrada en ti —acabó ella por mí.

Ollie se atragantó con el vino.

—Me lo hace para que pare. O para que deje lo que estoy haciendo, ya sea hablar o concentrarme en algo que… no me corresponde.

—¿Para que dejes de hablar? —pregunté sorprendido—. ¿Por qué querría alguien que dejaras de hablar?

Vicky se giró hacia mí.

— Mike , te habrás dado cuenta. Cuando empiezo a hablar de un tema, me pongo muy… intensa. ¿Recuerdas la otra noche, que te hablé sin parar del peligro que corren los erizos del Reino Unido?

—¿Y qué? —objeté, frunciendo el ceño—. Siempre das datos interesantes. Nadie debería interrumpirte.

Capté la mirada de Lottie al otro lado de la mesa. Me sonreía radiante.

—Aprobado —dijo con decisión.