Única (Soñadora 3) Capítulo 17
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Capítulo 17

Se supone que debo ir directa a él y besarlo

Vicky

Lottie me apretó la muñeca por debajo de la mesa otra vez, pero no podía concentrarme en la sala de juntas, pues él estaba justo ahí.

Felix se aclaró la garganta.

—¿ Vics ? ¿Tenías las cifras? ¿Querías…? — Felix se quedó callado al ver que me levantaba del asiento, giraba sobre mis talones y prácticamente salía corriendo de allí.

Mike abrió mucho los ojos cuando crucé las puertas dobles y fui directa a él.

No me detuve hasta que lo agarré de la pechera de la camiseta, pegué mi cuerpo al suyo y eché la cabeza hacia atrás para mirarlo.

—Hola —dijo con una sonrisa divertida, mirándome fijamente. Me abrazó más fuerte y me acercó más a él.

—Hola —musité. Me puse de puntillas para intentar besarlo en los labios, pero era demasiado alto.

Al ver mi intención, Mike acortó la distancia y agachó la cabeza para besarme.

Fue un beso breve y casto, pero, como todo con Mike , fue absolutamente fantástico.

Estar en sus brazos, envuelta en su calidez y su aroma fresco y amaderado, era mejor que cualquier otra cosa que hubiera experimentado. Mejor que ganar mi primer millón de libras… ¡Incluso mejor que los erizos! Lo era todo. Se apartó un poco para sonreírme, y eso también fue fantástico.

—¿De qué iba la reunión que acabas de abandonar? —me preguntó.

Me encogí de hombros.

—De la nueva urbanización en la que está trabajando Felix . Voy a conseguirle los fondos para llevarla a cabo.

Miró a la pared de cristal que había detrás de nosotros. Estaba segura de que todos seguirían sentados a la mesa. Las negociaciones distaban mucho de terminar.

Mike me miró y me estrechó más fuerte.

—¿Y podías salir sin más? Parece que le va a dar un infarto a Felix .

Fruncí el ceño.

—Pues claro. Tú mismo lo dijiste, ¿no te acuerdas?

Arqueó las cejas.

—¿Yo?

—Me dijiste que cuando te saludara, debía ir directa a besarte. —Volvió a estrecharme entre sus brazos, con su cuerpo temblando por una risa contenida mientras se inclinaba para darme otro pico—. ¿De qué te ríes? —pregunté confundida—. ¿He hecho algo mal?

Mike volvió a mirar a la sala de juntas y luego a mí.

—No —dijo con tono petulante—. Es perfecto. Lo has bordado, cielo.

Le sonreí. Me gustaba mucho oír que había hecho lo correcto, y estaba descubriendo que respondía muy bien a los elogios, sobre todo cuando venían de Mike .

Hacía tres semanas de nuestra primera cita oficial y una semana que no lo veía.

Lo había añorado tanto que me preocupaba que fuera una cantidad anormal.

Cuando me concentraba en algo, nunca lo hacía a medias, y estaba muy concentrada en Mike .

Y esperar para tener relaciones sexuales, algo en lo que él insistía, no ayudaba. Tampoco que estar con él fuera tan… fácil.

No me había dicho ni una sola vez que era rara.

En nuestra primera cita, en cuanto supo que no estaba a gusto en el restaurante al que me había llevado, no puso los ojos en blanco ni me llamó «quisquillosa de mierda», lo cual ya me había ocurrido con otros hombres. No, sencillamente nos fuimos.

Desde entonces, volvía a Little Buckingham una vez por semana para verlo.

Se ofreció a venir a Londres, pero yo quería volver a ver su cabaña.

Esta vez, se aseguró de que me gustara la comida.

Cuando le dije que la tienda de pescado con patatas fritas del pueblo de al lado era una de las pocas opciones que toleraba, frunció el ceño al percibir mi tono de disculpa.

—Me flipa el pescado con patatas fritas —declaró—. Uf, no veas lo que me alivia que no me lleves a los garitos de postín que le molan a tu hermano.

Llevamos el pescado con patatas fritas a la cómoda sala de estar de Mike y comimos en su preciosa mesa de centro, viendo Los erizos secretos de Gran Bretaña en la tele.

Quitando que Mike seguía negándose a acostarse conmigo, fue prácticamente la noche más perfecta de toda mi vida.

Los continuos dramas de Lottie y Ollie ocuparon gran parte de la semana siguiente.

Por suerte, habían vuelto a estar juntos, lo que significaba que Lottie había vuelto a sonreír, y Ollie ya no me llamaba las veinticuatro horas del día para preguntarme por su paradero, si estaba bien, qué comía o cómo creía que podría conseguir que lo perdonase.

Dada mi limitada inteligencia social y emocional, no tenía ni idea de por qué Ollie me había pedido consejo al respecto.

Pero incluso sin él, había conseguido recuperarla, y yo estaba muy pero que muy aliviada.

Lottie y Ollie eran dos de mis personas favoritas. Que no pudiera expresar mis emociones de la forma habitual no significaba que no las sintiera. De hecho, sentía demasiado, y su infelicidad y mi incapacidad para hacer algo útil para que limasen asperezas me habían destrozado.

Con todo lo que estaba pasando en Londres y los importantes proyectos que tenía que terminar Mike en Little Buckingham , no habíamos sacado un ratito para vernos.

Pero ahora Mike estaba en mi oficina y yo estaba de nuevo en sus brazos, lo cual interpreté como una buenísima señal.

—¿De qué coño va esto? —El susurro furioso de Felix me sacó de mi embeleso con Mike .

—¿Qué quieres decir? —pregunté, ceñuda.

Estaba a nuestro lado, con los brazos cruzados sobre el pecho, fulminándonos con la mirada.

Lottie estaba junto a él, pero desde luego no nos miraba con odio; si acaso, habría jurado que se estaba aguantando la risa: apretaba los labios y le temblaban los hombros.

Aquello era bueno, pues desde su pelea con Ollie apenas sonreía.

— Vicky , estamos en plena negociación de un contrato que lleva meses pendiente, impulsado por ti.

Yo no sé las cifras. Ni siquiera las entiendo.

Nadie en esa sala las entiende. Eso es porque nadie salvo tú entiende las cifras del demonio.

Pero coges y te levantas en un momento crucial de una reunión delicadísima, abandonas la puñetera sala como alma que lleva el diablo y corres a besar al grandullón este delante de toda la sala de juntas.

—Es que cuando veo a Mike , se supone que debo ir directa a él y besarlo. Fue muy específico.

Felix arqueó las cejas al oír mi justificación y se volvió hacia Mike .

—Venga ya, tío. ¿En serio le has dicho que haga eso? ¿ Ollie está al tanto?

Mike suspiró.

—Deja al duque de Follangham al margen —le pidió a Felix .

—¿Que lo deje al margen? Escucha, carpintero. Llevas meses ignorando a Vicky a propósito. ¿A qué juegas? Ni Ollie ni yo queremos que le tomen el pelo. Así que ándate con ojo. ¿Queda claro?

—Mira, he sido un imbécil. Lo pillo, en serio. Pero no tenía toda la información, ¿no?

—No creo que seas un imbécil —le dije a Mike , molesta.

Se giró hacia mí y sonrió.

—Sí que lo fui, cielo —me dijo en voz baja—. Y Felix tiene razón. No merezco que me des una oportunidad, pero pienso aprovecharla de todos modos.

—Trátala con cuidado, Mike —le espetó Felix .

—Eso hago —replicó Mike —. Por lo que veo, prácticamente soy el único que la ha tratado con cuidado desde hace la hostia de tiempo.

— Felix , ¿por qué estás tan enfadado? —pregunté, totalmente desconcertada—. Ah, ya, perdona. He fastidiado la reunión, ¿no?

La expresión de Felix se suavizó al mirarme a mí.

— Vicky , no solo estoy enfadado por la reunión, aunque sí que tienes que volver ahí dentro, geniecillo. Estoy enfadado porque no quiero que Mike tontee contigo si no está totalmente comprometido, y Ollie opinará lo mismo.

—Pe-pero ¿y a ti qué más te da? —solté—. Soy tu socia. Ah, ¿es porque quizá no esté rindiendo al máximo?

Felix me miraba extrañado.

— Vicky , me importas. Y lo… —Dejó la frase a medias y se frotó la nuca, una señal clara de que estaba incómodo—. Y lo sabes, ¿verdad que sí?

Me mordí el labio. Era una de esas preguntas que Lottie me aconsejaría no responder.

—¿Ves lo que digo, capullo? —masculló Mike . Me dio un abrazo y me apartó un poco mientras se volvía hacia mí—. ¡Ve a deslumbrarlos con tus cálculos! Yo te espero con Lucy .

Eché un vistazo a la pared de cristal que daba al despacho de Felix y vi a Lucy sentada en su asiento junto a la ventana, donde solía pasar el rato y escribir mientras su prometido dirigía su negocio.

Nos sonreía a Mike y a mí y nos saludaba como loca, con cara de emoción.

Conseguí esbozar una sonrisilla y le devolví el saludo. Sentí un alivio tremendo al comprobar que no la exasperaba verme en brazos de su hermano.

Lucy era una de las pocas personas que no tenía ningún interés económico en mí y que aun así quería ser mi amiga. Lo atribuía a su carácter un tanto peculiar, extremadamente indulgente y sumamente amable.

—Vale —dije con un dejo de tristeza.

No quería volver a la reunión. Quería quedarme con Mike . Era la primera vez que no me apetecía nada trabajar. A decir verdad, por lo general solo tenía mi trabajo.

—Aleluya —masculló Felix . Mientras volvíamos a la sala de juntas, le dio un golpe con el hombro a Mike , lo cual me pareció del todo innecesario.

—Qué interesante se está poniendo esto —susurró Lottie , ilusionada, mientras nos dirigíamos a las puertas dobles—. Tranqui, ya me encargo yo de tu hermano.

—Medio hermano —la corregí por inercia.