Única (Soñadora 3) Capítulo 16
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Capítulo 16

«Me gustas mucho mucho, Victoria Harding »

Mike

—¿Erizos?

— Vics es la experta en erizos de Little Buckingham —explicó Pete—.

Encontramos un erizo de día, y Emily se enteró por Lucy de la página web y el grupo de Facebook de Vicky .

Siendo sinceros, pensábamos que nos llamaría para darnos un consejo y ya.

No que saldría escopeteada de Londres y llegaría en limusina en menos de dos horas.

—Debía evaluar la situación personalmente —explicó Vicky —. Los erizos gestantes o lactantes pueden salir durante el día, pero si no es el caso, es posible que el erizo esté herido o enfermo. Este…

— Barry —dijo Pete, y Vicky asintió.

¿Me estaba volviendo loco o les ponían nombre a los erizos?

—Eso —secundó Vicky —. Barry estaba plagado de parásitos. Si se hubiera roto una pata, habríamos tenido que llevarlo al veterinario, pero los parásitos se pueden tratar en el centro de rescate local. Trabajo con la Sociedad Británica para la Preservación del Erizo.

—Pues eso, que Barry salió adelante gracias a Vicky y ahora es un padre orgulloso. Eh, Vics , ¿quieres venir a verlos? Vienen al jardín casi todas las noches.

—Ay, ¿puedo? — Vicky estaba casi dando botes en su asiento de la emoción. Entonces me miró y le cambió la cara—. Bueno, si a Mike le parece bien, claro. —Parecía nerviosa de nuevo. Odié verla así.

—Me encantaría ver tu erizo, cariño. — Mark rio por lo bajo y le di un puñetazo en el brazo—. Pero primero iros todos a tomar por culo, que mi señora tiene que comer.

—Siento lo de antes —le dijo Vicky en voz baja a Mark —. A veces me pongo un poco nerviosa y no tolero bien los entornos nuevos.

—Descuida, preciosa —dijo Mark en voz baja—. Soy yo el que no debería ir por ahí poniendo las zarpas en los hombros de las mujeres sin avisar.

—Uy, no, soy yo…

—No pasa nada, en serio. Mi prima tiene… algo parecido a lo que te pasa a ti. Lo entiendo perfectamente.

—Venga a tomar por culo todo el mundo —les espetó Jimbo , el camarero—. Esta señorita tiene que pedir, ¿a que sí, cielo?

—Ah…, vale —le contestó Vicky , insegura—. Pensaba que el protocolo indicaba que había que pedir en la barra.

—El protocolo es el que me sale a mí del nabo, y Vernon fijo que se va a casa en la próxima media hora. No voy a permitir que lady Harding se quede en mi bar sin comer. Además, estás en los huesos, cariño.

— Jimbo , sabes que no soy de la nobleza —dijo Vicky en voz baja.

Él se encogió de hombros.

—Para mí sí. Va, ¿qué te pongo?

Vicky

No era la primera vez que comía en la Madriguera del Tejón, pues los Harding eran clientes habituales.

A ver, los Harding eran los dueños de todo el pueblo y, por lo tanto, tenían que mantener el bar.

Así que conocía el menú, y Jimbo sabía que me gustaban las hamburguesas sencillas y que la ensalada estuviera en un plato aparte y sin aliñar.

Por primera vez, comí bien fuera de casa.

Lo cual era estupendo, porque Mike tenía razón: necesitaba comer.

Margot , Lottie y Ollie llevaban semanas insistiéndome.

—¿Seguro que no te importa? —le pregunté a Mike mientras salvábamos la corta distancia que nos separaba de casa de Pete.

Mike me sonrió y me pegó a su costado. Nunca había caminado así con nadie.

No era el método de deambulación más eficiente, pero era agradable y me sentía increíblemente segura, así que, en este caso en concreto, estaba dispuesta a sacrificar algo de eficiencia.

—Claro que no, cariño —dijo con la mirada fija en mi pelo—. También quiero conocer a Barry y a su familia.

—Bueno, la verdad es que nada nos garantiza que vayamos a ver a los erizos. Su comportamiento nocturno no siempre es predecible, y…

— Vicky , cielo. Me alegro de estar contigo, ¿vale?

—Ah, vale —susurré mientras me arrimaba más a él.

Sí que pudimos ver a los erizos.

Pete, Emily y sus dos hijos ya estaban emocionados cuando llegamos, pues Barry había salido con toda su familia.

Me senté en el suelo de la cocina con los niños, junto a las puertas dobles de cristal, mirando al jardín.

Por lo general, me gustaban los niños: eran menos complicados que los adultos y decían lo que querían decir.

Maisie , la benjamina de Pete y Emily , se subió a mi regazo y jugó con mi pelo, lo cual era toda la comunicación que se podía tener con ella, pues solo tenía dos años.

Su hijo mayor, Marcus , me hizo muchísimas preguntas sobre los erizos.

A sus ocho años, estaba casi tan informado sobre los animales de los setos como yo.

El año anterior lo había incorporado a mi equipo de amantes de los erizos.

Cuando regresamos a su Land Rover , Mike se quedó sentado un momento antes de volverse hacia mí.

—Eh…, mira —me apresuré a decir—. Sé que ha sido un poco raro.

Probablemente las chicas con las que sales no sean tan quisquillosas con el restaurante de postín que has elegido.

Ni te obliguen a ver erizos durante una hora.

—Me mordí el labio, pensando que no debería haber aceptado la invitación de Pete.

Y mucho menos debería haberme puesto en modo concentración máxima al ver los erizos.

A los hombres como Mike probablemente no les gustaba que los ignorasen—. De veras que…

—Voy a besarte, ¿vale? —me interrumpió Mike con ese tono gruñón y mandón que estaba empezando a apreciar.

Asentí y él extendió ambas manos para tomarme del rostro sobre la consola central y juntar sus labios con los míos.

Enredé una mano en su espeso y glorioso cabello mientras con la otra lo agarraba de la pechera de la camisa.

Cuando cortó el beso, ambos respirábamos agitadamente. Apoyó la frente en la mía.

—Entonces —susurré—, ¿no te aburren los erizos?

—No, cariño —aclaró con un tono suave y un poco feroz al mismo tiempo—. No me aburren los erizos. Me encanta poder compartir eso contigo.

Me recostó en mi asiento y me abrochó el cinturón de seguridad como si fuera una niña, lo cual era inusual, ya que no lo era, pero pude olerlo de nuevo y tenerlo más rato cerquita de mí, así que no me quejaba.

Antes de arrancar, Mike sonrió al parabrisas y, de nuevo con ese tono suave pero feroz, dijo:

—Me gustas mucho mucho, Victoria Harding .

—Eh…, vale —dije—. A ver, tú también me gustas mucho. Pero eso ya lo sabes.

Pues parecía que mis peculiaridades no iban a molestar a Mike , lo cual era estupendo. No quería molestar a Mike . Pero entonces me llevó de vuelta a Buckingham Manor . Cuando nos detuvimos en la entrada, me giré hacia él, ceñuda.

—¿Por qué no volvemos a la cabaña? —le pregunté.

Mike suspiró.

—Preciosa, como te lleve a mi cabaña ahora, después de lo de esta noche, voy a acabar follándote.

—Bueno, esa es la idea.

Negó con la cabeza y se rio entre dientes.

—Por Dios, vas a acabar conmigo, Vicky . No voy a llevarte a casa a follar después de una sola cita.

Hice otro ruido de carraspeo completamente impropio de mí para expresar mi disconformidad con ese plan.

Antes de empezar a pasar tiempo con Mike , creo que no había hecho un ruido tan ridículo en mi vida.

—Pues ¿después de cuántas citas?

Mike volvió a reír, pero esta vez con dolor.

—No te voy a dar una cuenta atrás hasta el día en que follemos.

Me mordí el labio.

—Pero llevo muy bien los plazos y tener parámetros y expectativas precisas.

Se rio de nuevo y se frotó la cara con la mano.

Bajó del asiento del conductor, rodeó el capó y me abrió la puerta.

Volvió a quitarme el cinturón de seguridad y me levantó del coche hasta que estuve en sus brazos, sin dejar de hacer esas pequeñas comprobaciones para asegurarse de que estuviera contenta con cualquier roce.

Estaba feliz de estar en sus brazos, pero seguía mirándolo con cara de enfado, pues no quería salir del coche. Quería volver a su cabaña.

—No te voy a dar un número.

—Vale —dije mientras hundía la cara en su pecho e inhalaba profundamente—. Pero tengo que volver a Londres mañana.

Así que me fui sin saber cuándo terminaríamos haciéndolo, lo cual me puso muy pero que muy triste.