Capítulo 15
De erizos
Mike
—Pide en la barra, vago —bramó Jimbo —. Ruby está otra vez enferma, me cago en diez, así que no tenemos camarera, y paso de moverme para atenderte. —Puse los ojos en blanco—. No es nada personal, preciosa —añadió dirigiéndose a Vicky .
—Tranquilo —le dijo Vicky —. Agradezco tu franqueza.
Jimbo asintió y volvió a la barra pisando huevos.
Suspiré.
—Te prometí que no sería nada lujoso, y creo que he cumplido.
Me relajé cuando me sonrió.
Llevarla ahí había sido un poco arriesgado, pero el menú de la Madriguera se componía de platos sencillos y poco elaborados. Y al mirarla, valió la pena.
Ya no estaba tensa y tenía buena cara.
Primero la llevé a Buckingham Manor y le dije que se quitara el vestido que le picaba y se pusiera algo más cómodo. Bajó las escaleras con inseguridad, mallas, una sudadera y una coleta.
Cuando le dije «¡qué guapa!» y la besé en la sien, me dedicó la primera sonrisa de la noche.
Ahora era completamente adicto a hacer sonreír a esa mujer.
Margot , que daba saltos de alegría cuando fui a buscar a Vicky , estaba a todas luces preocupada de que hubiéramos vuelto tan pronto. Pero cuando Vicky se cambió y le saqué esa sonrisa, Margot estaba que no cabía en sí de gozo.
—¡Que os divirtáis, niños! —nos gritó al irnos, como si aún fuéramos adolescentes.
Margot era más pesada que una vaca en brazos, pero era evidente que le importaba mucho Vicky . Y por su emoción casi inquietante al verme salir con su hija, era evidente que había estado preocupada por ella. Muy preocupada.
—¿Está bien la comida, cariño? —pregunté, inclinándome hacia delante para que nadie más me oyera—. Podemos volver a casa de mi madre a por algo si no te apetece lo de aquí.
Vicky abrió mucho los ojos.
—¿A casa de tu madre? —musitó—. ¿Me llevarías a casa de tu madre?
Me encogí de hombros.
—Claro. Mi madre te preparará lo que quieras, y siempre tiene la nevera llena.
—¿A tu madre no le importaría que te presentaras en su casa un sábado por la noche y exigieras que os preparase la cena a ti y a una desconocida?
La fulminé con la mirada.
—No eres una desconocida. Mi madre te conoce. Y se pondría como unas pascuas si llevara a una chavala a su casa, te lo digo yo.
Vicky se aclaró la garganta.
—No se me dan bien… las familias. No suelo causar muy buena impresión.
Se metió las manos bajo las piernas y se balanceó ligeramente adelante y atrás hasta que se dio cuenta de que lo estaba haciendo y se detuvo.
Tuve la sensación de que se había metido las manos ahí para que no se le fueran a las orejas y la delataran.
Algo de lo que acababa de decir la estresaba. Pensé en mi primera impresión de ella y me estremecí por dentro.
—Ya conoces a mi familia —le dije con dulzura, pero ella negó con la cabeza.
—Conozco a Lucy , pero solo vi a tu madre un par de veces cuando era niña. Como no hablaba entonces, no creo que se pueda decir que realmente me conozca.
Recordé las pocas veces que Vicky había estado en la cabaña y me estremecí de nuevo.
—Mira, Vicky , siento haber sido un poco capullo por aquel entonces.
No entendía por qué no hablabas. Según mi madre no podías evitarlo, pero yo asumí erróneamente que te creías demasiado buena para juntarte con nosotros, ya que, a diferencia de ti, no éramos de sangre azul.
Me saca de quicio todo el rollo ese de las clases sociales.
Vicky rio por debajo de la nariz.
—¿Sabes que ninguneé a los primos de Ollie cuando me los presentaron? —preguntó.
—¿A los primos de Ollie ?
—A sus primos, sí.
—¡Hostia, a esos primos! —Los primos de Ollie pertenecían a uno de los linajes más nobles de Reino Unido—. ¿Que los ninguneaste?
—Por lo visto, no dije ni mu. Mi madre se enfadó muchísimo cuando se enteró. Lo que quiero decir es que no hacía distinciones: no hablaba con nadie.
Le sonreí.
—Habría pagado por verlo. —Entonces se me borró la sonrisa—.
Lo siento mucho, Vicky . Yo solo entendía que la chica más guapa que había visto en mi vida no quería hablar ni conmigo ni con mi hermana.
Ya tenía suficiente con no ser un niño pijo como mis dos mejores amigos.
Oí a sus amiguitos del cole preguntarles por qué se juntaban con un paleto cuando vinieron de vacaciones.
Vicky se quedó boquiabierta y me miró de hito en hito.
—¿Pensabas que era guapa?
Sonreí exultante.
—Cariño, eras guapa entonces y eres preciosa ahora. Yo era un idiota entonces y lo soy aún más ahora, pero espero que sigas hablándome esta vez; me encanta tu voz.
—A mí también me gusta la tuya —comentó Vicky en voz baja mientras sacaba las manos de debajo de las piernas y las apoyaba en la mesa, frente a ella.
—¡Hombre, Mikey ! —Una manaza me dio una palmada en la espalda. Reprimí el impulso de poner los ojos en blanco.
Quería a mis amigos, pero no era el momento.
Vicky ya se había estresado bastante por esa noche, y la gente nueva la estresaba, sobre todo si no estaba Lottie para mediar.
De repente, nuestra mesa estaba rodeada por cuatro tipos corpulentos.
Vicky se encogió en su silla, con las manos bajo las piernas de nuevo, y yo contuve un suspiro.
—Vale, chicos —dije, recibiendo unas palmaditas más en la espalda y varios saludos—. Os presento a Vicky .
Jonny arqueó las cejas.
—¿La hermana de Ollie ?
—Media hermana —le murmuró Vicky al menú. Lo hacía por acto reflejo cada vez que decían que Ollie era su hermano.
Los chicos la observaron con curiosidad, sin duda un poco confundidos de que no los mirase a los ojos.
—Ah, eh… Pues vale, media hermana. —Se hizo un silencio incómodo seguido por los chicos saludando a Vicky en voz baja.
Esta logró levantar la vista y dedicarles una media sonrisa forzada, pero para cuando hubieron acabado las presentaciones, los chicos fruncían el ceño, confundidos.
Eran simpáticos, buena gente, llamaban a las mujeres «guapa» y «encanto» y estaban acostumbrados al buen rollo y a la guasa.
Sabía perfectamente lo que pensaban de Vicky : que era una piba fría, presumida y pija que se creía demasiado buena para hablar con un puñado de obreros.
Cuando no creía que la cosa pudiera torcerse más…
—¿Sales con este? Pues sí que está mal el mercado londinense —comentó Mark en tono burlón, poniéndole la mano en el hombro a Vicky mientras me señalaba.
Vicky , visiblemente alterada por la situación, no estaba preparada para ningún contacto físico. Se alejó de Mark con tanta brusquedad que por poco se cae de la silla.
Me levanté como un resorte para apartar a Mark de ella, no fuera a empeorar las cosas.
Mi colega alzó las manos en señal de rendición.
—¡Oye, oye! —exclamó asombrado—. Joder, vale. Solo quería ser amable. No pretendía ofender a nadie. —Estaba rojo y parecía muy molesto.
El resto de mis amigos nos miraban ceñudos. La mayoría había retrocedido un paso como si Vicky fuera una bomba a punto de explotar, y su lenguaje corporal —los brazos cruzados sobre el pecho y las manos metidas en los bolsillos— denotaba que estaban a la defensiva.
Vicky seguía mirando la carta.
Sopesé mis opciones y pensé: «De perdidos al río».
—A ver, chicos —dije—, Vicky es un poco diferente, ¿vale?
—La mirada de Vicky pasó del menú a mí. Yo rezaba para no estar cagándola.
Le correspondía a ella decidir si revelaba ese dato o no, pero ahí estaba yo, actuando por mi cuenta, como siempre.
Sin embargo, no podía quedarme ahí sentado y dejar que los chicos trataran a Vicky como lo había hecho yo cuando podíamos ahorrárnoslo con una explicación sincera—.
Tarda un poco en acostumbrarse a la gente y necesita que la avisen si van a tocarla.
Y a quien no le guste o me la altere, lo espero fuera.
—¡ Mike ! —me espetó Vicky . Se me cayó el alma a los pies.
¿Estaría enfadada porque les había contado todo eso?
Debería haberlo consultado primero con ella, pero no iba a consentir que el ambiente siguiera tenso y continuaran los malentendidos cuando veía lo molesta que estaba—.
¿Estás amenazando con hacerles daño físico a tus amigos?
Arqueé las cejas.
—Pues… sí. Si me cabrean…
Se le abrieron los ojos de par en par.
—No puedes hacer eso. Parecen buena gente y son tus amigos.
Dos de los muchachos se rieron, pero les eché una mirada que los calló de golpe.
Pete, con un par de cervezas en la mano, abandonó la barra para unirse a nosotros. Observaba la escena con la cabeza ladeada.
—Unos imbéciles es lo que son —le dije a Vicky —. Y Mark no debería haberte puesto la mano encima.
Vicky ahogó un grito, sorprendida.
—No sabía que reaccionaría como un bicho raro, Mike .
—Tú no eres un bicho raro. Que aprenda a tener las manos quietas. Me la suda si…
—Eh, Vics —la llamó Pete en voz baja mientras se agachaba junto a la mesa para estar a la altura de sus ojos, pero a una distancia prudencial para no asustarla.
Vicky dejó de mirarme fijamente para volverse hacia Pete. Al verlo parpadeó sorprendida.
—Ay, hola, Pete —dijo con voz queda.
Se notaba que se conocían.
—Qué pesadito es Mike a veces —apuntó Pete, lo que me habría cabreado de no haberle sacado una sonrisilla a Vicky .
—Puede, pero aun así me gusta un montón. Aunque es un poco prepotente —le dijo.
—Para gustos, colores. Oye, los animalejos ya están bien. Pero recibimos visitas con regularidad, y Emily les sigue dando la comida que nos recomendaste.
El rostro de Vicky pasó de la cautela a un entusiasmo desenfrenado.
—¿Cuántas crías tuvo al final?
—Contamos cuatro, pero Jimbo creyó ver un quinto la otra noche. Por cierto, hemos hablado con la señora Gibbs de su repelente para babosas y ha accedido a no volver a usarlo.
—Ay, qué bien —respondió Vicky con verdadera emoción.
Hasta aquí habíamos llegado.
—¿De qué cojones estáis hablando?
Vicky se giró hacia mí. Me alivió ver que no quedaba ni rastro de la tensión de antes.
—De erizos.