Única (Soñadora 3) Capítulo 11
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Capítulo 11

¿Por qué reacciona así?

Mike

—¿Q-qué? — Vicky me miró atónita.

Me sentí como un completo cabrón por haber vuelto a hacerla tartamudear, y más después de lo que acababa de pasar, pero solía enfadarme cuando estaba preocupado, y ver a ese hombre agarrar a Vicky me había quitado cinco años de vida.

Respiré hondo e hice un esfuerzo por suavizar mi tono gruñón.

—Perdona, Vicky —dije con un tono más suave y solo ligeramente gruñón—. No pretendía gritarte. ¿Y Lottie y tu hermano?

— Lottie ha ido a buscar a mi media hermana. Claire tiene un moretón en la mejilla.

Puto borracho de mierda. Siempre me había dado mala espina.

—Aléjate de Blake .

Sí, le estaba dando órdenes a esa mujer como si fuera su dueño. Pero seguía sin soltarme la mano. Estaba despampanante con ese vestido blanco largo y ajustado que llevaba, y yo seguía furioso tras ver a un cabrón agarrándola. Solo de imaginármela a solas con su cuñado me entraban los siete males.

—No entiendo a qué…

—¿Y qué coño hacías con esos idiotas antes?

Me miró ceñuda y me soltó la mano. La sentí alejarse. Sabía que debía controlar mi genio y suavizar el tono, pero no podía.

Llevaba furioso todo el puñetero evento.

Vicky y Lottie habían estado pasando de un grupo de completos imbéciles a otro, seduciéndolos a todos. Y por las caras que ponía Vicky , era evidente que no le hacía ninguna gracia.

Intenté mantenerme en un segundo plano, pero cuando vi la sonrisa forzada que dirigió a un grupo de salidos en concreto, tuve que acercarme. Sentí una inmensa satisfacción cuando la atención de Vicky pasó de los otros hombres a mí en cuestión de segundos.

Sin embargo, todavía me estaba recuperando de lo impactante que había sido que hubiera descrito al detalle la ropa de trabajo que más le gustaba verme puesta a cuantos nos rodeaban.

Pese a que odié ser el centro de atención en ese momento, me seguía produciendo un enorme placer la confirmación adicional de que Vicky era mía.

Sobre todo después de haber tenido que oír a esos capullos hablar de la princesa de hielo y apostar quién sería el primero en follársela cuando Vicky no podía oírlos.

Pero antes de que pudiera decírselo, Lottie se la llevó a rastras, y la estuve buscando desde entonces hasta que vi a ese cabrón agarrándola del brazo y a ella con cara de espanto.

Arqueó las cejas y se sonrojó más.

—Me ha agarrado. No…

—No me refiero a lo que acaba de pasar. Me refiero a antes, cuando has sonreído a esos mamones y les has hecho creer que podrían tener una oportunidad contigo.

Parpadeó y el rubor de sus mejillas se intensificó.

— Lottie me ha enseñado a sonreír. Me hace socialmente más aceptable.

—¿A quién coño le importa si eres socialmente aceptable para esos imbéciles?

—Tengo que hacer negocios con ellos.

La fulminé con la mirada.

—No vas a hacer negocios con ellos.

—P-pero… —Estaba tan mona cuando la confundía algo que solo quería besarla de nuevo, pero el fuego que anidaba en su mirada me indicó que quizá no fuera buena idea—. Tú no me mandas.

—Si así te mantengo alejada de cabrones como ese, sí.

En ese momento fui consciente de que la parte del cortejo de la noche se había ido al garete.

No estaba seguro de cómo se cortejaba en la actualidad, pero sabía que probablemente no implicaba dar órdenes al objeto de tu afecto y enfadarse con él.

Vicky me había soltado la mano para ponerse en jarras.

Entornó los ojos. Me había criado con una hermana; conocía las señales de advertencia.

Pero justo cuando estaba a punto de intentar reconducir la conversación, se oyó la voz del organizador por toda la sala.

—Pues, si estamos listos, ¡ha llegado el momento de la noche en el que exclamáis admirados mientras iluminamos todo el condado!

Vicky parpadeó y abrió los ojos de par en par; su cara era de pánico absoluto.

¿Qué estaba pasando?

A continuación, cuando el primer estallido sacudió la sala, se llevó las manos a los oídos.

El cielo se iluminó con destellos multicolores y el suelo tembló con la fuerza de las explosiones. Entonces, uno de los cohetes, el cual habrían encendido demasiado cerca de las puertas dobles abiertas, se desvió.

Las chispas revolotearon por el suelo del salón y la multitud retrocedió entre grititos de emoción y pánico.

Mientras tanto, a medida que los estallidos del exterior se intensificaban, me di cuenta de que le pasaba algo a Vicky . Se había echado a temblar como un animal acorralado.

Descrucé los brazos y empecé a acercarme a ella, pero Vicky retrocedió un poco. Me sentí del todo impotente cuando empezaron a temblarle las manos con las que se tapaba los oídos. Entonces se me paró el corazón al oír el primero de sus desgarradores gritos.

Se agachó, todavía tapándose los oídos, completamente sumida en su mundo de tinieblas.

—¡Sujétala! —oí gritar a Ollie . Al mirar en su dirección, los vi a él y a Lottie intentando abrirse paso entre el gentío para llegar hasta nosotros—. ¡ Mike , sujétala! ¡Ya!

«Tiene que ser un abrazo fuerte».

Eso fue lo que había dicho Vicky en el naranjal. Eso fue lo que la calmó. Antes de que me diera tiempo a dudar de mí mismo, avancé a grandes zancadas y pegué su cuerpecito a mis brazos.

Los gritos cesaron justo cuando Lottie y Ollie llegaron hasta nosotros, pero Vicky seguía tiritando.

Lottie se agachó a recoger el bolso de Vicky , que se había caído al suelo, y sacó unos auriculares con cancelación de ruido.

—Mantén una presión firme —me ordenó Lottie mientras le ponía los auriculares a Vicky —. No la calmes con caricias. Solo ejerce presión. Puedes balancearla muy ligeramente de un lado a otro. Pero nada de toquecitos. No soporta los toquecitos.

Asentí bruscamente mientras Vicky se hundía más en mi pecho.

Ollie me plantó la mano en el hombro cuando llegó a nuestro lado.

—Dámela —me espetó en plan duque mandón, lo cual me cabreó.

¿Dónde estaba cuando un desconocido estaba agarrando a su hermana?

—Ya puedo yo —le contesté con firmeza, mirando a Ollie con enojo. Luego, en voz mucho más baja, pregunté—: ¿Por qué reacciona así?

—Es autista —me dijo Ollie , y, de repente, todo encajó.

—¿Por qué nadie me lo había dicho?

Lottie negó con la cabeza.

—No quiere que la traten diferente. —Se mordió el labio como si dudara si continuar o no. Cuando volvió a hablar, apenas la oí con los fuegos artificiales—. Y menos tú.

Tanta gilipollez me hizo negar con la cabeza.

Conque la mente de Vicky funcionaba diferente… No tenía nada de vergonzoso. ¿A qué venía tanto secretismo? Joder, cuando pensé en todas las estupideces que le había dicho cuando creía que solo era una señora fría y estirada que vivía en una mansión y quería sexo duro, me sentí mal.

Pero no disponía de toda la información, ¿no?

—Entonces, ¿por qué coño has permitido que pase esto? —protesté, furioso conmigo mismo, pero aún más enojado con el inútil de su hermano—. Deberías haber previsto cómo acabaría. ¿Qué hace aquí?

Vicky gimió. Sentí que se me rompía el corazón en ese mismo instante, en medio de esa pijotada de fiesta.

La moví para acurrucarla aún más entre mis brazos y ella se arrimó de nuevo a mí.

—En teoría, Lottie se iba a asegurar de que se marchara a tiempo —dijo Ollie apretando los dientes.

—Su hermano eres tú —le espeté.

—¿Dónde estabas tú cuando agredieron a tu hermana? —replicó Ollie , lo que me puso rígido.

Estaba a punto de reprenderlo por esa última y descarada memez (era un hermano ejemplar, ¿vale?), pero otro pequeño gemido de Vicky me impidió desahogarme con el duque de Follangham. Debía priorizar a la pequeña mujer que tenía en brazos. Ya regañaría a ese capullo por descuidarla más tarde.

—Eeeo, ¿podemos concentrarnos en ayudar a Vicky ? —preguntó Lottie .

—Vale, sí. Ya la ayudo yo —les dije a ambos.

Estábamos llamando demasiado la atención y presentía que a Vicky no le gustaría que la vieran así.

Tomé una decisión rápida y, antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada, la aupé, la estreché con fuerza para que su cara quedara pegada a mi pecho, oculta a la multitud de curiosos, y me dirigí a la salida con Ollie y Lottie a la zaga.

Una vez en la entrada, fui directo a mi enorme, antiguo y embarrado Land Rover . Puse a Vicky de pie para envolverla en mi esmoquin, que le iba tan grande que le llegaba por las rodillas, y la coloqué en el asiento del copiloto.

Ollie me bloqueó el paso para que no me pusiera al volante.

—Ya la llevo yo —gruñó—. No sabes en lo que te estás…

Eso fue la gota que colmó el vaso.

—No, no sé en lo que me estoy metiendo porque ninguno de vosotros, cabrones, se ha molestado en decírmelo —medio grité—. Has perdido tu oportunidad, Harding . Es a mí a quien ha acudido. Soy yo el que la ha acompañado y seré yo quien se asegure de que esté bien.

Ollie me fulminó con la mirada; era obvio que no se iba a apartar. Pero entonces se oyó la voz temblorosa de Vicky por la ventanilla del Land Rover , ahora abierta.

—Me quedo con Mike —dijo, y eso fue todo lo que necesité oír.

A pesar de mi tendencia a ser un completo imbécil, Vicky seguía eligiéndome a mí.

Así que pasé de ellos y me concentré en ella. Una vez en la camioneta, apoyé el brazo en el respaldo del asiento de Vicky para mirar por encima del hombro y dar marcha atrás, y salí disparado de la entrada.