Única (Soñadora 3) Capítulo 8
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Capítulo 8

¿Interrumpo algo?

Vicky

Los pensamientos que me daban vueltas en la cabeza iban aquietándose poco a poco.

El enorme cuerpo de Mike envolviéndome me devolvió al presente. Había soñado tantas veces con estar en sus brazos, con lo fuerte y cálido que sería…, pero la realidad era mucho mejor.

Los abrazos fuertes siempre me tranquilizaban. A veces, eran la única manera de vencer una crisis, la única forma de calmar la tormenta en la que se convertía mi mente cuando me agobiaba, pero nunca había sentido esa paz en brazos de alguien.

Pero entonces, muy despacio, la realidad empezó a imponerse.

Recordé que casi me dio un síncope cuando me besó. Que era tan defectuosa y tan extremadamente rara que ni siquiera soportaba que un hombre al que deseaba más que a mi vida me besara de forma espontánea.

Esa no era la manera de convencer a Mike Mayweather de que era una persona normal.

Qué bochorno pasé.

—¿ Vicky ? —Su tono era de preocupación.

Me habría notado tensa en sus brazos. Fijo que le preocupaba que volviera a asustarme. Normal, también te digo. Hacía dos semanas le había dejado claro que me gustaba, y voy y reacciono como si me hubiera agredido, cuando lo único que hizo fue rozar mi boca con la suya.

El recuerdo del beso me atravesó como un rayo. Sin duda, había sido el mejor momento de mi vida, y voy yo y lo estropeo.

—Eh, princesa. ¿Estás bien?

Princesa.

En cuanto lo empujé, bajó los brazos y retrocedí. Entonces, como si hubieran pulsado un interruptor, me vinieron a la memoria otros recuerdos:

«Pues a ver si te enteras, princesa. No te tocaría ni con un palo. Corta el rollo y deja ya de mirarme todo el rato. Quieres echar una canita al aire y que te den duro, y no me interesa. Eres como un hermoso jarrón: bonito de ver, pero vacío por dentro».

Lo malo de mi memoria era que lo recordaba todo con absoluta precisión.

Cada palabra que Mike me había dicho seguía grabada en mi alma.

No mentía cuando le dije que no lo culpaba por haber sido un borde.

Sabía que yo «rayaba a la peña», como diría Rebecca ; era una de las razones por las que no presionaba a Margot , Ollie o Claire , y por las que solo iba a la Buckingham House cuando me invitaban específicamente.

No quería agotarlos. No quería que se cansaran de mí. Podía ser muy cansina.

Ahora bien, por alguna razón, Mike me había besado.

Analicé los hechos un momento. Era muy atractiva físicamente, eso lo sabía; era un hecho.

Punto. Nunca entendería a las mujeres guapas que negaban que lo eran.

Si una era físicamente atractiva, la atención que atraía era obvia y constante.

Puede que no se me diera muy bien calar a la gente, pero sabía cuándo los hombres intentaban «llevarme al huerto», como diría Lottie . No era tan ingenua.

Así que, entre que era físicamente atractiva y que las circunstancias lo propiciaron, tenía todo el sentido del mundo que me besara.

Primero, iba en bikini. Era algo que sabía que a Mike le excitaba; no podía disimular su reacción física ante eso.

Segundo, seguía medio desnuda, y tercero, la última vez que vi a Mike le dejé claro que lo encontraba sumamente atractivo, lo que él interpretó como que quería una relación sexual inmediata con él.

Debido a mi poca destreza para expresarme correctamente, no supe sacarlo del error.

He aquí mi respuesta.

Tuve una sesión especialmente incómoda con Abdul tras mi anterior enfrentamiento con Mike . Cuando le conté lo sucedido, se quedó boquiabierto de la sorpresa durante un minuto entero.

—A ver si lo he entendido bien —dijo despacio—. Le encargas un mueble a este hombre y, cuando te lo entrega, le dices sin cortarte un pelo que te parece atractivo y que quieres proponerle algo, pero te interrumpe para que no sigas más.

—Sí. Pensé que lo más conveniente sería ir al grano.

Abdul suspiró.

— Vicky , ¿alguna vez has visto porno?

Arrugué la nariz con asco.

—¿Porno? No.

—Lo que acabas de describir es un escenario bastante típico de una mujer rica que quiere enrollarse con un atractivo repartidor/fontanero/albañil, lo que prefieras. Seguramente pensó que solo querías echar un polvo rápido y se ofendió.

—Ah.

Abdul volvió a suspirar.

—Mira, Vicky . Sé que te gusta el tío ese, pero, por lo que me has contado, no está interesado. Y lo siento, pero parece algo imbé… — Abdul se calló y se aclaró la garganta—. Parece una persona antipática. Lo que te dijo no estuvo bien. No creo que fueras a estar segura con él.

Negué con la cabeza.

—No, no es peligroso. Es…

—No lo digo en un sentido físico, Vicky , sino emocional.

Di otro paso atrás. Recordé el montón de horas que me había pasado debajo de la mesa de centro. No me veía capaz de pasar por algo así de nuevo. Seguía sin comer bien; también era culpa del estrés que me generaban Darrell y su inminente boda.

Y ahora, Mike había presenciado que, tras la máscara, era vulnerable.

«Enmascaramiento», así lo había denominado Abdul .

Con la ayuda de Lottie , y si evitaba agobiarme, enmascaraba que daba gusto.

Pero sabía que desarrollar largas peroratas sobre las imprecisiones del cronometraje analógico y apartarte de alguien que te besaba porque sabía que te sentías increíblemente atraída por él no era un enmascaramiento efectivo. Ni de lejos.

Por no hablar de que minutos antes había huido de la piscina como una loca.

Pero es que no podía quedarme a oír a Ollie contarles a los demás lo laborioso que había sido enseñarme a nadar. Con la paciencia de un santo, poco a poco y crisis tras crisis, consiguió que superase mi aversión al agua.

No soportaba la idea de que Mike pensara que era un bicho raro, que viera más tras la máscara de lo que había visto ya.

Quizá si hubiera creído que podría estar a salvo con él, habría sido distinto, pero después de lo que había pasado hacía dos semanas, y con el consejo de Abdul bien presente, sabía que no era así.

No podía confiar en Mike .

—Esto no es buena idea —susurré con la vista clavada en el suelo.

—¿Cómo?

Negué con la cabeza mientras buscaba las palabras adecuadas.

—Tú mismo lo dijiste. No soy la persona idónea. Y eso fue antes de que supieras que no… —Bajé la voz—. Que no soy normal. —Le eché una mirada furtiva.

Estaba de brazos cruzados y me miraba con expresión ceñuda.

—¿Quién dice que no eres normal?

Ladeé la cabeza, confundida.

—Pues… todo el mundo.

Se encogió de hombros.

—Me la suda la normalidad.

—Dejaré de mirarte embobada —solté—. Tiendo a concentrarme mucho en… algunas cosas. Pero intentaré dejar de fijarme en ti.

—¿Y si no quiero que dejes de fijarte en mí? —preguntó. Su semblante ceñudo se transformó en uno risueño.

Volví a negar con la cabeza con movimientos bruscos.

—No soy la indicada para ti. Te gustan las mujeres «cariñosas, monas, amables, capaces de expresar emociones reales y con personalidad».

Me miró atónito. Se le borró la sonrisilla cuando lo cité.

—Madre mía, soy gilipollas.

—No, fuiste sincero. De verdad que aprecio la sinceridad. Me ayuda a juzgar mejor las situaciones.

Mike crispaba la mandíbula.

—¿Podemos olvidar lo que dije hace dos semanas? Hice suposiciones estúpidas y ya te he pedido perdón.

—Y yo ya te he dicho que no tienes nada de lo que disculparte.

—Si no tengo nada de lo que disculparme —dijo en tono frustrado—, ¿por qué coño dices que lo nuestro no es buena idea?

—No tienes nada de lo que disculparte porque solo estabas siendo sincero. Y lo nuestro no funcionaría porque yo no soy tu tipo.

—¿Qué tal si eso lo decido yo? —protestó en voz baja mientras daba un par de pasos hacia mí. Frunció el ceño cuando yo retrocedí otro.

—Ya lo hiciste. Dijiste…

—Joder, ¿podemos olvidar lo que dije?

Me estremecí al oír su tono cortante. Mike soltó un suspiro tembloroso.

—Lo siento, preciosa —se disculpó, ahora con voz suave—. No estoy enfadado contigo, sino conmigo, por lo idiota que soy.

—¿ Mike ? —dijo Lucy desde dentro de la casa.

Ambos giramos la cabeza en su dirección—.

Legolas se ha vuelto a escapar y hay que…

Anda, Vics . ¿Qué estáis…? — Mike se volvió hacia mí, cerró los ojos un momento y maldijo en voz baja.

Su rostro reflejaba frustración. Para entonces, Lucy estaba junto a nosotros, mirándonos con curiosidad—.

¿Interrumpo algo? —preguntó con cautela.

—Sí —le espetó Mike al mismo tiempo que yo respondía con firmeza que no.

—Vale —respondió Lucy lentamente, arqueando una ceja y esbozando una sonrisilla.

Parecía feliz. Feliz de que estuviera allí con su hermano.

Una punzada de culpa me atravesó de nuevo.

Lucy no debería alegrarse por mí, bajo ningún concepto.

Puede que hubiera sido hacía meses, pero recordaba con claridad meridiana todo lo que le había pasado en nuestra oficina y lo mucho que la había decepcionado.

Lucy me había perdonado. Estaba enamorada de Felix , que bebía los vientos por ella y que había logrado volver a estar con su chica tras arrastrarse lo que no está escrito.

Pero yo nunca me lo perdonaría. Y ahora, ahí estaba ella, mirándonos a mí y a su hermano con expresión radiante y esperanzada, como si la posibilidad de que Mike hubiera sucumbido al fin a mi obsesión fuera una noticia fantástica.

No merecía a Lucy , y menos aún a su hermano.

Los Mayweather eran una familia unida. No necesitaban a alguien «vacío por dentro», alguien que no fuera a encajar nunca. Di unos pasitos rápidos hacia atrás.

—Tengo que irme —murmuré, casi tropezando con la silla que tenía detrás, pero me enderecé en el último momento.

Mike intentó seguirme, pero Lucy debió de advertir algo en mi expresión y le puso una mano en el brazo para detenerlo.

Sabía que quedaría raro que me fuese pitando, pero el naranjal era larguísimo y estaba empezando a tener pensamientos negativos.

Así que, como el bicho raro que era, para cuando llegué al final del largo recinto, eché a correr.