Capítulo 7
Mucha gente es mala conmigo
Mike
—Hola, señoritas —saludé al pasar junto a mi hermana Lucy , Lottie y Vicky en las tumbonas, de camino a la piscina.
¡Otra vez llevaba el dichoso bikini! Me atreví a echarle un vistazo fugaz, pero la imagen de su cuerpo delgado y bronceado en una tumbona con su cabello dorado desparramado a su alrededor se me quedó grabada a fuego.
Aquello no iba a contribuir a que dejase de pensar en Vicky en mis citas nocturnas con mi mano; parecía que últimamente era la única forma que tenía de correrme.
O en los sueños febriles que seguía teniendo con ella todas las noches, los cuales se habían intensificado considerablemente desde aquel día en su casa.
Todas me miraron al pasar, y, para mi sorpresa, Vicky chilló. Juro que se le escapó un gritito.
Cuando eché una mirada furtiva al trío, las otras dos observaban boquiabiertas a Vicky . Pero Vicky solo tenía ojos para mí.
Lottie le susurró algo, pero Vicky no reaccionó a sus palabras. Siempre igual. Qué rara era, coño.
—Hola, chicas —les dije sonriendo a Hayley , la hermana pequeña de Lottie , y a Florrie , la sobrina de Ollie , tras zambullirme en la piscina.
—Hola, Mike —saludó Florrie .
Hayley me sonrió tímidamente.
—¡Tío Ollie , haz lo tuyo! ¡Haz lo tuyo! —gritó Florrie , que chilló cuando la aupó del borde de la piscina, la levantó por encima de su cabeza y la lanzó a lo hondo. La chiquilla nadó hasta mí y se subió a mis hombros para que la arrojase de nuevo.
Hayley se animó y todo con un chapuzón mucho más suave y salió con cara de orgullo y una sonrisa.
—¡Muy bien, Hayley ! —exclamé—. Me sorprende que hayas aprendido algo de estos pringados, la verdad. Debes de llevarlo en la sangre. ¿Qué tal si aprendes del maestro?
—Tío, supéralo —dijo Felix mientras llevaba a Florrie a caballito—. Nadamos mucho mejor que tú.
Reí por lo bajo.
—Solo porque vosotros teníais vuestra propia piscina, pringados privilegiados.
Florrie estaba ahora sobre mis hombros. La lancé por los aires para devolvérsela a Ollie .
Felix puso los ojos en blanco.
—Tú también tenías acceso a la piscina.
—Bueno, vale. Pues… enseñé a nadar a Lucy .
—Y yo a Vicky —replicó Ollie .
— Lucy era más joven.
—Eso no es nada, Vicky era… — Ollie se vio interrumpido por el chirrido de una tumbona al retroceder.
Todos miramos atrás para ver a Vicky levantarse, ponerse una camiseta de hombre que le iba grande y salir corriendo de la piscina.
—¡Mierda! —masculló Ollie .
—¡Otra palabrota! —gritó Florrie —. ¡Me voy a chivar a la abuela!
Ignoré las amenazas que le lanzaba Florrie a su tío y nadé hasta él. Seguía mirando a Vicky .
—¿ Vicky era qué? —pregunté, a lo que me miró ceñudo.
—Mi hermana ni era ni será asunto tuyo, joder —espetó.
—La abuela se va a enfadar muchísimo, tío Ollie —agregó Florrie amablemente.
Me quedé mirando a Ollie un rato, pero apartó la vista cuando llegaron su hermana Claire y el gilipollas de su marido, Blake .
—Venga, Hails —dijo Florrie , seria, mientras ambas observaban a Claire y Blake . Se miraron con complicidad—. Vamos mejor a limpiar a Legolas y Bertie . Dijimos que lo haríamos.
¡Joder, sí que le caía mal su padrastro!
¿Habría huido Vicky por eso? Pero acababan de llegar.
No, fue cuando Ollie estaba a punto de decirme algo sobre ella.
¿Por qué iba a salir corriendo? Sabía que llevaba demasiado tiempo últimamente pensando en Vicky , pero no podía quitarme de la cabeza la persistente sensación de que me estaba perdiendo algo.
Recordaba una y otra vez cómo le temblaron las manos cuando la traté como el culo aquel día; aquello me oprimía el pecho.
Tomé una decisión y salí de la piscina a toda prisa.
—Hasta luego —murmuré a Lucy mientras pasaba junto a ella y Lottie en las tumbonas y cogía una toalla de mi hermana para secarme de camino.
Lottie me miró con recelo, pero por suerte no se opuso a que fuera en la misma dirección que Vicky . Lottie era su guardaespaldas personal o algo así, lo cual escapaba a mi comprensión. Bajo mi punto de vista, Vicky era perfectamente capaz de cuidarse sola.
Cuando estuve seguro de que ya no me veían, corrí por el césped hacia la casa principal. Era enorme. De niño siempre me había intimidado. La monstruosa casa moderna de Felix ya era bastante atroz, pero Buckingham Estate estaba a otro nivel.
Por suerte, la conocía como la palma de mi mano y sabía por cuál de las muchas entradas habría accedido Vicky . Para cuando llegué a la casa, no estaba empapado, pero aun así dejé huellas húmedas en el suelo de madera. Menuda bronca me echaría Margot luego.
Alcancé a Vicky mientras atravesaba la vasta extensión conocida curiosamente como el naranjal, pues no había naranjos. Medía unos quince metros de largo y era casi todo de cristal, como un invernadero de lujo construido hacía más de doscientos años.
—¡Eh! —grité. Vicky se detuvo en seco y se dio la vuelta para mirarme.
La luz se reflejaba en su larga melena rubia, que ondeaba sobre su hombro con el movimiento.
Joder, qué guapa era. Posiblemente aún más sin maquillar, con el pelo suelto y ondulado tras secársele al aire.
Lo único que estropeaba la estampa era que llevaba la camiseta de otro.
Por alguna razón desconocida, aquello me enfureció, así que olvidé qué quería preguntarle y dije lo primero que se me pasó por la cabeza.
—¿De quién es esa camiseta? —Emití un gruñido bajo y territorial que apenas reconocí.
Madre mía, se me estaba yendo la puta cabeza.
—¿C-c-cómo? —susurró Vicky , lo que me hizo apretar los dientes. Una de las cosas que más me rayó después de mi careo con Vicky al llevarle la mesa fue que tartamudease. Era tan impropio de ella y la hacía parecer tan vulnerable que solo de pensarlo se me revolvían las tripas.
—Mierda —murmuré, llevándome la mano a la nuca para agarrármela con frustración mientras me obligaba a romper el contacto visual con ella y mirar por la pared de cristal.
La estaba asustando otra vez. ¿Por qué me comportaba como un capullo con esa mujer?
En definitiva, le molaba. Le molaba muchísimo y yo había sido un maleducado.
Debía disculparme y llevarla a un sitio en el que pudiera sonsacarle por qué no comía bien.
No tenía por qué gritarle ni interrogarla en su casa.
Pero entonces, la miré de nuevo y vi que sus ojos ya no estaban en mi cara; no, estaban fijos en mi pecho, en los músculos que en ese momento estaban contraídos y a la vista, ya que aún no me había vestido y seguía con el bañador de tiro bajo y una toalla en la mano.
Tanto miedo no me tendría, entonces. A pesar de la tensión, sentí el súbito deseo de sonreír.
Y decidí que, si Vicky iba a comerme con los ojos, merecía una respuesta a mi pregunta.
Avancé hacia ella y retrocedió del susto.
Apartó la vista de mi pecho para mirarme a la cara, pero no me miró directamente a los ojos, sino que se centró en mi oreja izquierda.
—Te he preguntado de quién es la camiseta que llevas puesta, preciosa —dije, ya no gruñendo, sino con voz baja y firme. Parpadeó al oír el apelativo cariñoso y entreabrió la boca un instante para cerrarla de golpe.
—Es de mi medio hermano —respondió, todavía casi susurrando.
Medio hermano. Nunca hermano o solo Ollie .
Era casi como si tuviera que aclarar la distinción, y, no por primera vez, me pareció extraño.
Pero saber que Ollie le había dado la camiseta, y que definitivamente no se estaba zumbando a su medio hermano, me relajó.
—Fui un capullo —le dije.
Se estremeció ligeramente, pero esa fue la única señal que tuve de que me había oído.
Me aclaré la garganta.
—Ah, ¿sí? —preguntó ladeando la cabeza.
Arqueé las cejas.
—Eh…, sí, preciosa —De nuevo, parpadeó al oír el apodo. Entonces me miró brevemente a los ojos; los suyos, azul cristalino, se clavaron en los míos por una fracción de segundo—. Fui un completo imbécil. Venía a pedirte perdón.
—No lo entiendo —repuso Vicky .
— Vicky , el otro día fui muy cruel contigo. Y sin ningún motivo —dije con voz más suave. Seguía sin entender qué estaba pasando.
Una chica como Vicky habría considerado que era mi deber disculparme y me habría puesto a parir por tardar tanto. Esa mujer me tenía contra las cuerdas. Como le contase a Ollie lo que le había dicho, se pondría furioso, pero estaba claro que no había dicho ni mu. Lo cual ya de por sí era inusual.
Lucy habría acudido a mí si Felix se hubiera portado mal con ella. De hecho, vino derecha a mí en cuanto la echó de su oficina. Me faltó tiempo para arrearle un puñetazo en toda la cara.
¿Y mi puñetazo en toda la cara?
—Debería haber sido más amable al rechazarte.
Vicky se encogió de hombros, lo que me cabreó aún más.
—No es culpa tuya —me dijo con tono neutral—. Mucha gente es mala conmigo. Dicen que puedo ser extremadamente irritante.
Me invadió una furia candente al oír sus palabras.
—¿Quién coño es malo contigo? —pregunté otra vez, gruñendo.
Frunció el ceño, mirándome la oreja izquierda, como confundida por mis palabras.
—Señor Mayweather …
— Mike —la corregí.
—Eh…, Mike —Oír mi nombre de su boca fue algo que no sabía que necesitaba hasta ese momento, pero me atravesó como un puñal—. Puedo ser una persona excepcionalmente pesada. No calo bien a la gente y a menudo la insulto. Por eso, no le queda otra que ser…, pues eso, mala. No es…
Se calló cuando di otro paso hacia ella y le dije con voz grave:
—Cariño, te he preguntado quién ha sido malo contigo.
—¿Cariño? —susurró, abriendo aún más los ojos al retroceder con otro paso vacilante, pero se detuvo al chocar con la gran mesa de roble que tenía detrás.
Mis ojos se posaron en sus piernas y fruncí el ceño al ver el enorme moretón en el que no había reparado. Sin pensármelo dos veces, o, mejor dicho, sin pensar siquiera, levanté la mano y recorrí con los dedos el borde de la mancha sin rozarle la piel.
—¿Cómo te lo has hecho? —pregunté.
—¿Q-qué? —murmuró con voz entrecortada, negando con la cabeza. Parecía más aturdida que asustada.