Capítulo 3
¿Está bien Vicky ?
Vicky
Volvían a llamar al timbre. Era consciente, pero, como las anteriores veces, no podía levantarme.
No estaba segura de cuánto tiempo llevaba acurrucada allí, pero sabía que debían de haber sido unas cuantas horas. De hecho, pensándolo bien, antes había oscurecido y ahora había luz. ¿Habría pasado la noche allí?
Aporreaban la puerta y se oían gritos tras la robusta madera, pero todo me sonaba apagado, igual que el timbre.
Cuando me ponía así, tendía a desconectar los sentidos para darle un descanso a mi cerebro hiperactivo . Era como si desconectara del mundo real un rato para evitar el dolor. No gestionaba bien el dolor.
Noté una ráfaga de aire frío y oí el portazo, lo que me indicó que había alguien en casa.
—¿ Vics ? —Me llegó la voz de Ollie , pero seguía sin poder moverme—. ¿Dónde se habrá…? ¡Ay! —La mesa bajo la que me encontraba se sacudió de repente, lo que me estremeció—. ¿Qué coño hace el trasto este aquí en medio?
— Ollie —oí decir a Lottie con cautela—. Mira debajo.
Seguí mirando al frente, abrazada a mis rodillas.
—Hola, Vics . —La voz grave de Ollie estaba cerca—. ¿Qué pasa?
—Cielo, estábamos preocupados —dijo Lottie desde mi otro lado.
Era bueno que Lottie y Ollie por fin estuvieran juntos.
Se hacían felices el uno al otro. Cualquiera podía verlo.
Que esa clase de felicidad no fuera para mí no significaba que no se la desease a mis allegados—.
Como no habías venido a trabajar, me he pasado por aquí esta mañana para ver si estabas bien, pero no había nadie… O al menos eso creía.
—Victoria Harding —exclamó Ollie con ese tono mandón de hermano mayor que reservaba para cuando quería que Claire o yo le hiciéramos caso—.
¿Cuánto tiempo llevas ahí debajo? ¿Y por qué hay una mesa de centro como las que construye Mike en toda la entrada?
Casi me rompo la pierna tropezando con ella.
Lottie carraspeó.
— Vicky , deberías salir ya de ahí. ¿Has comido?
Percibí la preocupación en su tono. No quería que Lottie se preocupara por mí. Quería asegurarle que estaba bien. Decirles a ambos que podían irse. Que se fueran y disfrutaran de su felicidad juntos. No quería retenerlos.
Sabía perfectamente que era una carga para Ollie . De hecho, las palabras de Mike me dejaron muy clarito que era una carga para todo el mundo. Volví a ser presa del pánico cuando recordé la cara que puso mientras me decía lo vacía que estaba por dentro.
Sus ojos, sus preciosos ojos, rezumaban aversión. Sentía aversión… por mí.
¿Cómo se me había ocurrido preguntárselo así?
Claro que no querría saber nada de mí. Claro que no era lo bastante buena para él.
Lo irónico era que ni siquiera sabía lo rara que podía llegar a ser.
Daba la impresión de que creía que le estaba haciendo una especie de propuesta sexual y que él era el siguiente de una larga lista de hombres en pasar por mi cama.
No tenía ni idea de que nunca había besado a un hombre.
Me alivió no haberle contado nada más, pues la idea de estar conmigo, aunque fuera solo para algo puramente físico, le resultaba del todo repugnante.
Si hubiera logrado expresar con palabras las ganas que tenía de pasar tiempo con él y de quizá —¡quizá!
— pasar a tener intimidad física… o darnos un beso, tal vez…
Se habría reído en mi cara.
Al menos conseguí conservar una pizca de dignidad pese a lo horrendo de la situación.
— Vicky . —El tono de Ollie seguía siendo autoritario—. Voy a ponerte la mano en el hombro, ¿vale, querida?
Quise negar con la cabeza, pero seguía sin conseguir que mi cuerpo cooperara. Necesitaba quedarme ahí, muy, muy quieta. No quería que nadie me arrastrara de vuelta al mundo real. Todavía no.
Ollie suspiró.
—No puedo dejarte aquí, Vics —dictaminó mientras me plantaba su manaza en el hombro.
Sin embargo, mi cuerpo sí que reaccionó. Aunque me lo había advertido, me aparté hacia un lado para quitarme su mano de encima. Me resentí del movimiento, pues se me habían agarrotado los músculos de estar quieta en el mismo sitio tanto tiempo.
—Tranquila, Vicky —continuó con ese tono autoritario y decidido—. No te va a pasar nada. Pero hay que sacarte de aquí.
— Ollie —dijo Lottie con tono suave y preocupado—. No estoy segura de que sea buena idea. ¿Y si…?
—¡No! —grité. O al menos lo intenté, pero me salió más bien un grito débil y ronco; tenía la garganta agarrotada y la boca seca por la falta de líquido.
Ollie me rodeó con los brazos y me sacó a rastras de debajo de la mesa.
Luché contra él con todas mis fuerzas, con los músculos agarrotados y quejándome débilmente, pero Ollie era fuerte, así que me sacó y me cargó como si nada. Seguí forcejeando mientras me llevaba a la sala de estar y se sentaba en uno de mis sofás blancos conmigo en su regazo.
Durante unos minutos seguí luchando, pero sus brazos me apretaban con fuerza, y al final me quedé sin energía. Cerré los ojos y me dejé caer en sus brazos, que me estrechaban más fuerte.
No toleraba bien los roces ligeros, no podía coger de la mano a nadie y necesitaba que me avisaran antes de tocarme, pero los abrazos fuertes como el que me estaba dando Ollie desataban algo dentro de mí.
Los abrazos fuertes de alguien en quien confiaba tenían el poder de calmarme, incluso en el punto álgido de una de mis crisis.
No había llorado en todo el día. Simplemente me había acurrucado debajo de la mesa con la mirada perdida.
Pero ahora, con mi medio hermano estrujándome y la mano de Lottie en la espalda, dejé salir las lágrimas.
Le empapé la camisa a Ollie , que maldecía por lo bajo y me abrazaba más fuerte.
No emití sollozos ni ningún sonido, en realidad.
Era raro que llorara, pero, cuando lo hacía, siempre era en silencio.
Las crisis que tenía de pequeña solían ser bastante ruidosas.
Hasta los seis años, si me angustiaba o me afectaba algo, todo el mundo lo sabía: gritos, aleteo de manos…
De todo. Pero mamá me dejó muy, muy claro lo inaceptable que era ese comportamiento.
Tan claro que, para cuando cumplí seis años, me quedaba callada todo el tiempo, no solo cuando tenía una crisis.
El silencio era mi mejor baza. Cualquier cosa que dijera solía generar irritación o una absoluta hostilidad, así que desistí. Ya no era muda, pero si me desestabilizaba, era muy raro que gritara como cuando era niña.
La última vez fue cuando mi media hermana por parte de madre me engañó para que saliera con ella y sus amigas, diciéndome que íbamos a un bar tranquilo. El «bar tranquilo» resultó ser una discoteca cuya pista vibraba de lo bullicioso que era el local.
Rebecca me llevó a la fuerza al centro de la pista y me dejó ahí, con las manos tapándome los oídos, en medio de la multitud.
No podía abrirme paso entre el gentío, y el ruido era tan fuerte que exploté.
Por suerte, un par de chicas, una de las cuales tenía un hermano autista, me vieron de rodillas con las manos en los oídos y me ayudaron a salir.
Para cuando me subieron a un taxi, me había desgañitado tanto que apenas podía decir mi dirección.
Esa fue la única vez en la última década que había sufrido una crisis nerviosa evidente, pero eso no significaba que no las hubiera tenido.
Ahora eran silenciosas, como la de esta vez.
No sé cuánto tiempo me tuvo retenida Ollie en el sofá.
Casi ni me enteré de que Lottie se había ido a buscar a Hayley , su hermana de ocho años, al colegio.
Al final me tranquilicé lo bastante como para permitir que Ollie me trajera un té y unos bizcochos Jaffa .
Tuve que recurrir a mi querida manía de comerme solo la parte de arriba, pero necesitaba alimentarme, y mejor eso que nada.
Por desgracia, para cuando Lottie regresó con Hayley , me había vuelto a anegar en un llanto silencioso, y Ollie tuvo que pegarme a su costado de nuevo.
—¿Está bien Vicky ? —preguntó Hayley con su vocecilla desde la entrada.
—Sí, tesoro —le contestó Lottie en voz baja.
—Pues no lo parece —repuso su hermana. Ahora sonaba más cerca, y había un dejo de auténtica preocupación en su tono.
Por nada del mundo quería que Hayley se preocupara por mí. Ella también sufría lo suyo. Apenas se había recuperado de su largo período de mutismo. Hayley y Lottie ya tenían suficientes problemas sin añadirme a mí.
—¿ Vicky ? —Oí su titubeante vocecita justo al lado, y su manita se unió a la de su hermana en mi espalda.
Oí un sollozo detrás de mí y me di cuenta de que Lottie también estaba llorando. Tragué saliva e intenté respirar más despacio, como me habían enseñado en terapia.
—P-perdón —formulé con dificultad, entre lágrimas, girando ligeramente la cabeza para mirar a Lottie y a Hayley . Intenté hablar de nuevo, pero la garganta me lo impedía.
— Vics , ha llegado un mensaje de Hogwatch , la reserva de los erizos —me informó Lottie por fin tras unos minutos de llanto silencioso.
Parpadeé un par de veces mientras mi cerebro cambiaba de marcha poco a poco. Conforme mis pensamientos se dirigían a los erizos, la presión que me constreñía la garganta empezó a atenuarse. Relajé los puños, le solté la camisa a Ollie y me limpié las lágrimas.
—¿Qué dice? —pregunté mientras me despegaba del pecho de mi medio hermano.
—Que hay una madre con sus crías en Dulwich , a la intemperie. No saben si dejarlas irse o acogerlas para que pasen la noche con ellos.
Me mordí el labio.
—¿Han mandado fotos?
—Sí, pero no se ve muy bien el seto —me respondió Hayley .
Hayley era mi pequeña aprendiz. La estaba instruyendo para que respondiera a las preguntas de la reserva en mi ausencia.
—A ver —dije, ya con voz firme, mientras se me secaban las lágrimas de la cara y el cuello.
Ollie aflojó los brazos lo suficiente como para que pudiera moverme y sentarme a su lado en vez de encima.
Exhaló aliviado. Ollie se preocupaba por mí.
Por lo general intentaba ocultarle mis peores crisis porque no quería que se preocupara.
Hacía años que no me pillaba así. Todavía me dolía en el alma, pero al empezar a leer la pregunta sobre los erizos, se me estabilizó la respiración y me fui calmando.
No fue hasta más tarde, de camino a Dulwich con una caja de cartón llena de paja en el regazo, con mis mallas suaves en lugar de esos horribles vaqueros, cuando volví a pensar en Mike , e incluso logré esbozar una sonrisilla.
¿Qué era peor: una estirada de clase alta, fría y rica que «quería sexo duro», como había dicho él, y no sentía nada, o una mujer rara, obsesionada con los erizos y neurodivergente que lo sentía todo y se había enamorado de un hombre que la repudiaba?
Ninguna de las dos era lo ideal, pero, por mi orgullo, concluí que sería más prudente ceñirme a la primera opción.