Unbound (The Undone 3) 62. Paloma
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62. Paloma

Paloma

PASADO: SEGUNDO DE CARRERA

MAYO

—Ven a casa conmigo —me susurra Bennett.

Estamos en mayo. No han ganado el Frozen Four, pero han alcanzado las semifinales. Bennett se lo tomó como algo personal. Me llamó, pero colgó tras el primer tono.

«Es más fuerte que yo», pensé. Si me hubiese vuelto a llamar, se lo habría cogido.

Pero ahora está aquí, en esta fiesta, en el hueco de las escaleras, justo detrás de la pared. Y, cuando pasamos el uno por el lado del otro, me coge la muñeca.

—Ven a casa conmigo —repite, aunque ahora lo hace suplicante.

—Vale.

Asiento. Él sonríe con las mejillas sonrojadas y dejando los dientes a la vista, incluso ese que tiene un poco roto.

Le aparto la mano. Insiste agarrándome más fuerte, pero, luego, a regañadientes, me suelta despacio.

—Quedamos en el coche dentro de diez minutos.

Mi frase apaga un poco la luz que desprende Bennett y me clavo las uñas con fuerza en las palmas de las manos, castigándome por su dolor.

—Claro. —Asiente—. Si la cosa tiene que ir así...

«Tiene que ir así», quiero decirle.

Pero no digo nada. «Da igual, no merece la pena. Así solo nos haremos más daño», quiero añadir. Pero no puedo.

No puedo decirle que no a Bennett. Tampoco quiero.

Al cabo de diez minutos, me empotra contra el lateral de su coche con un ardiente e intenso beso. Me cuela la lengua entre los labios; sabe a whisky, agua salada y a todas esas partes de mí misma que he intentado destruir.

—¿Vas borracho?

Niega con la cabeza.

—¿Y tú? —me pregunta.

Imito su movimiento. Nos subimos a los asientos traseros de su coche y me besa más despacio mientras me sienta en su regazo y me hunde las manos en el pelo.

A pesar de que quien nos haya visto marchar juntos debe de pensar que hemos ido a echar un polvo, no lo hacemos.

En lugar de eso, Bennett me apoya la cabeza en sus anchos muslos y me acaricia el pelo con delicadeza.

Nos quedamos mirando al otro respirar. Me quedo dormida ahí mismo y no me despierto hasta que noto el vaivén del coche al frenar.

Abro los ojos y veo su habitación y a Siete acercándome el hocico a la pierna.

Bennett duerme a mi lado, cogiéndome de la mano. Al cabo de una hora, me levanto. Me marcho antes de que amanezca.