Unbound (The Undone 3) 60. Paloma
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60. Paloma

Paloma

PRESENTE

Bennett me agarra el brazo con firmeza, pero sin apretarme. Anclándome al presente.

—Paloma, frena.

No puedo.

—Quiero irme —susurro.

Tengo la voz cargada de odio. Pero no por él. Me odio a mí misma.

Al mirarme, lo hace con sus abrasadores ojos como zafiros, con las fosas nasales bien abiertas y agarrándome por el bíceps.

—Vale —contesta con la voz rasposa, como si estuviese echando mano de todas sus fuerzas por mantener la calma—. Pero conduzco yo. Y tú te vienes conmigo a casa. Tenemos que hablar.

Una sonrisa de maniaca sale de mis maquillados labios y respondo:

—No hay nada de que hablar.

—Dijiste que ahora sería todo distinto —responde Bennett acercándome a él—. Me hiciste una promesa. Y ahora tienes la oportunidad de demostrarlo.

«No me dejes», lloriquea una vocecita en mi cabeza.

Me agarro a su antebrazo y consigo asentir.

—Vale.

Bennett se hace cargo de la situación. Se mantiene firme mientras mi agitación amenaza con ahogarme.

Me siento como si estuviesen aporreándome la cabeza; tanto que, cuando el aparcacoches trae el vehículo de Bennett, es como si no me acordara de cómo se sube.

Noto que alguien me coloca las manos en la cintura y me ayuda a subir.

Intento centrarme, pero tengo la mente en el pasado y voy perdiéndome sin cesar en los recuerdos.

« Quererte hace daño ».

« Patético, Polly. En serio ...».

« Eres igual que tu madre ».

« P., por favor, no lo hagas ...».

—Creo que voy a vomitar.

—¿Quieres que pare?

No respondo. Mantengo la vista clavada al frente mientras empieza a llover y las luces de las farolas centellean contra el cemento mojado.

—Paloma —me llama más fuerte—. Si quieres que pare, dímelo.

—Eh... No, estoy bien.

No estoy bien. Y, a juzgar por el gruñido sofocado y el manotazo que pega Bennett contra el volante, está claro que lo sabe.

—Tienes que dejar que te ayude, P. —dice casi con ternura mientras se acerca a la ensombrecida Hockey-morada—. Por favor...

En cuanto aparca, salto. Mientras echo a correr por el garaje, entro en casa a toda prisa y subo los peldaños tan rápido que incluso resbalo.

Noto que el corazón me late desbocado en los oídos.

Oigo un portazo, pero el ruido suena tan amortiguado que no sé si es de ahora o si es un eco del pasado que ha vuelto para atormentarme.

Los recuerdos empiezan a estallar a mi alrededor, como si acabase de romper un espejo y fueran esquirlas de cristal. Bennett hace ademán de cogerme de nuevo...