59. Paloma
Paloma
PASADO: PRIMERO DE CARRERA
El silencio que se respira en el coche de Bennett de regreso a Waterfell es casi lúgubre.
A duras penas he pronunciado más de tres frases durante la cena y he respondido a las bienintencionadas preguntas de Helen con monosílabos. Cuando Ethan le ha dado un apretón a Bennett en el hombro mientras nos servía el postre, casi vomito.
En algún momento, Bennett me ha cogido la mano y me he estremecido. Se la he apartado, cosa que solo ha servido para empeorar la situación entre nosotros.
Conduce en silencio y con cuidado, con una mano en el volante y la otra apoyada firmemente en mi muslo. Cuando por fin nos acercamos a las calles del centro de Waterfell, me pregunta:
—¿Estás bien?
—Sí.
Me mira y detiene el coche en un semáforo en rojo. Alarga el brazo para secarme una bochornosa y solitaria lágrima del rabillo del ojo. Me estremezco y me separo.
Mucho mejor .
Me agarro al asa que me queda justo encima, porque, de repente, tengo la sensación de que el coche entero da vueltas.
—De hecho, ¿crees que podrías dejarme en la resi?
No se lo pregunto hasta que llegamos a la casa adosada de Bennett. Me siento aún más ridícula ahora que ya estamos aquí y acabo de pedirle que me deje en otro sitio, como si fuera mi taxista.
—Ah... —Bennett sacude un poco la cabeza mientras aparca en la acera—. Te... Sí, claro. Si quieres...
Quiere hacerme más preguntas, pero tiene miedo. Tanto que me aparta la mano del muslo y aprieta el volante, como si el cuero fuese una especie de pelota antiestrés.
—Solo es que estoy cansada —miento.
Bennett vuelve a asentir, como si mi frase tuviera todo el sentido del mundo. Deja de agarrarse con tanta fuerza al volante y se gira hacia mí.
—Perdona. Creo que... me había acostumbrado a nuestra nueva rutina. Duermo mejor cuando estás conmigo.
Si lo hubiese dicho cualquier otra persona, habría sonado a la típica frase para ligar. Pero las palabras de Bennett mezclan ansiedad y sinceridad. De hecho, se sonroja al admitirlo.
A Bennett le gustan sus rutinas. Cuando empecé a quedarme a dormir en su casa, tuvo que adaptarse a tenerme ahí, en su espacio. Ahora, siento que le estoy robando algo. Además, quiero estar más cerca de él, desesperadamente, aunque esté mal desearlo.
Noto un nudo en la garganta y las lágrimas que tanto he contenido amenazan con brotar de nuevo. Mi corazón se convierte en un campo de batalla: ¿es mejor ceder y darle esto a Bennett o cortar de raíz?
Y luego están las inevitables preguntas que empiezan por: «¿Y si...?».
«¿Y si le contara la verdad?». «¿Y si me creyera y entendiera por qué hice lo que hice?». «¿Y si todo saliera bien y Bennett me quisiera a pesar de ello?».
—De acuerdo —asiento—. Vale, me quedaré contigo. A mí también me gusta nuestra rutina.
La preciosa sonrisa que se le dibuja en el rostro, esa que es tan poco habitual en él, hace que todo este dolor valga la pena.
Cuando llegamos, no hay nadie en casa, como casi siempre.
Ya dentro de su espaciosa habitación, que es casi tres veces más grande que la que tengo yo en la resi del campus, por fin siento que voy dejando de aferrarme a la idea de conservar esta nueva vida.
Este sueño de vivir algo distinto a lo que tuve de pequeña.
—¿Puedo ducharme?
—Por supuesto —responde sin detenerse.
Va hacia la ducha, abre el agua por mí y se asegura de ponerla a la temperatura adecuada. Me deja una toalla y la ropa al lado.
Me cuida tanto y con tanta ternura que duele.
—¿Quieres que me duche contigo? —me pregunta con una pizca de vulnerabilidad en la voz.
Niego con la cabeza y me giro antes de que pueda ver el dolor que le ha causado mi rechazo. Antes de que él pueda ver mis lágrimas.
« Haciéndote la víctima desde el primer día, ¿eh? Díselo si quieres, pero no vayas por ahí contando mentiras » . Oigo las palabras de Ethan en bucle, lo cual reafirma mi decisión.
« No eres quien finges ser ».
Se me revuelven las tripas y las lágrimas se mezclan con el agua mientras esta me cae por la cara y los brazos.
Por más que le suba la temperatura, soy incapaz de quitarme la sensación de asco de encima.
Vuelvo a sentirme sucia, como a los quince, dieciséis, diecisiete.
.. Mi cuerpo deja de ser algo que apreciaba y pasa a convertirse en algo que odio.
Me odio a mí misma.
Y yo que pensé, por un momento, que todo podría haber sido distinto.
Que había encontrado la forma de conseguir una beca completa para estudiar en una universidad que, de lo contrario, nunca me habría podido permitir.
Que podía ser lista y labrarme un futuro distinto al de mi madre para no ser como ella, por más que nos pareciéramos físicamente.
Había encontrado una salida e, incluso en el caso de que no pudiese aspirar a nada mejor que esto, lo que había logrado ya era suficiente. No necesitaba nada más.
Pero luego... conocí a Bennett.
Y en sus ojos vi la promesa de algo mejor. Cómo me cuida. Incluso a veces me relajo cuando estoy con él y me entra sueño y es como si por fin pudiera descansar y supiera que nadie puede hacerme daño.
«Confía en él. Cuéntaselo todo».
Le he ido contando algunas cositas. Sé que Bennett es superlisto y ha ido atando cabos.
Pero es que estamos hablando de su familia .
No puedo hacerle tanto daño.
Y, por egoísta que sea, no pienso arriesgarme a ver en su mirada un sentimiento de asco o traición hacia mí.
Solo me queda una alternativa.