Una y Mil Veces Sofía (Mujeres que me habitan 1) Daiquirís en el Lumière #3
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Daiquirís en el Lumière #3

Se encogió de hombros, dejando la frase flotando como una provocación suave. Las miró con una mezcla de reto y vulnerabilidad mal disfrazada.

—Ustedes se hacen las que quieren amores transparentes y verdades directas…las que no quieren ser salvadas. Pero cuando decimos una verdad que jode, se espantan. Y cuando las dejamos solas en su independencia… se sienten ignoradas y somos unos buenos para nada.

Darío tomaba la batuta como si fuese experto.

—Es mejor que no se engañan. Ustedes ceden en muchas cosas y no lo discuto, pero también nos exigen muchas otras.

Y cuando tienen que elegir entre disfrutarlo porque lo desean mucho o alejarse para que no les haga daño…

casi todas prefieren arriesgarse, aunque que sea peligroso, pues claro, más morbo.

Además, ustedes se aburren si no les dan guerra.

Las he visto escapar de la calma como quien huye de una sentencia.

—Yo no sé si me gusta la calma la verdad, una vez también huí de ella sin ni siquiera darme cuenta. — acotó Camila con la mirada perdida.

—¡Ya! —dijo Paula asintiendo con la cabeza— La calma puede ser aburrida para algunas personas, hasta que se enamoran de verdad de alguien así… pero en cualquier escenario yo seguiré prefiriendo «la verdad que jode». No me gusta la evasión emocional.

El silencio que siguió no era de incomodidad, sino de digestión. Rachel fue la primera en romperlo, con una calma distinta.

—No hay una fórmula mágica —dijo Rachel sin levantar la voz—.

Creo que todo depende de cuánto nos importe la persona y de cuánto estemos dispuestas a entregarnos sin anularnos, pero traicionarnos no tiene por qué ser una opción…

y dejar que nos mientan tampoco. ¿Y sabes qué Darío?

— le recalcó con la mirada— por más que me guste la adrenalina yo también prefiero la verdad, incluso si sale mal.

Dejen ya de justificarse por ser unos mentirosos.

—Claro, claro —asintió Darío—. Pero no olvidemos que también hay muchas mujeres que mienten y que evaden igual. Que plantan la libertad como bandera para no comprometerse, para no quedarse. ¿Y si ustedes también aman mal?

— Touché  —murmuró Amber, bajando la vista a su copa, como quien reconoce una verdad incómoda.

—Pues creo que como dice la amiga— dijo Darío poniéndole la mano a Amber en el hombro— Tendrán que aprender a elegir con los ojos abiertos. Y luego, asumir. Porque no hay garantías. Hay que joderse.

—No, me niego rotundamente, No siempre hay que joderse —intervino Sarah, como quien deja caer un ancla en medio del oleaje—. El amor también puede ser bonito. También puede ser paz, calma y hogar.

—Sí… claro… así debe ser el amor con Julia —agregó Sofía, ya sin ánimo, con una risa breve y falsa.

Todas la miraron como si les hubiera dolido el comentario más que a ella misma.

—¿Qué me miran? ¿Muy malo el chiste… o muy pronto?

—Lo que le pasa a él con Julia no es amor… es otra cosa —dijo Paula, con la voz templada pero firme—. Pero Sarah tiene buen punto. El amor también puede ser bonito… solo que no creo que pase todas las veces.

—Ni con todas las personas —cerró Rachel—. Pero cuando pasa… no debería doler. Debería sostener. Y Sofi… no es que yo sea la más romántica, pero te prometo que siempre habrá una próxima vez que tal vez sí sea maravillosa… te lo digo con total certeza.

Sofía la miró y le dijo en tono burlón.

—Sin dudas sí eres una romántica…  y de lo frita que ya estás con Rafa. Hablamos otro día.

Todas rieron y levantaron las copas para brindar por eso.

—Igual Darío ha dicho algo que me resuena —dijo Camila—. Y es que no nos gusta tener la culpa.

Sofía se echó hacia atrás, con los ojos entrecerrados.

—Yo ya no quiero adivinar. Ni traducir indirectas. Ni vivir en modo sospecha. Quiero algo limpio. Claro. Lo que digas, que sea lo que es.

Darío las miró admirado, con ese rostro de «todo lo que diga a partir de ahora será usado en mi contra». Luego se levantó.

—Ha sido un honor formar parte de este debate. Sobreviví a seis mujeres sabias… y peligrosas. No me puedo quejar.

—¿Te vas? —preguntó Amber.

—Sí. Prefiero irme ya… si me quedo cinco minutos más, no saldré de aquí ileso —respondió, mientras recogía la bandeja—. Pero si alguna encuentra a un hombre que las ame sin necesitar salvarlas… tráiganmelo, que le invito un whisky.

—Ve con tu esposa —bromeó Paula.

—Claro… me lo dices fácil porque no te importo. A ninguna le importo —dijo él, con su sonrisa traviesa que ya se hacía habitual.

—Que no nos importes no significa que no vayamos a volver… las seis —dijo Rachel, riendo.

—¡Por favor! —asintió con un gesto cómplice y se alejó sin mirar atrás.

Una canción de fondo volvió a llenar el aire. Sofía ya estaba medio mareada, tarareándola  con entusiasmo .

♫20- Déjala que baile, con otros zapatos, unos que no aprieten cuando quiera dar sus pasos. ♫

—Esta se queda conmigo esta noche —dijo Paula, cubriéndola con su chaqueta.

Brindaron una vez más. Por la vida, por los hombres que saben irse a tiempo… y por seis mujeres decididas a no traicionarse.