Una voluntad robada (El Heredero del Cielo 18) CAPÍTULO 15 #4
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CAPÍTULO 15 #4

Kalmenter se erguía cuan largo era, cerró la garra con cautela y se batió en retirada impulsándose hacia los cielos.

La tierra tembló bajo el impulso de sus patas.

Dos corrientes huracanadas brotaron bajo sus alas tras su primer aleteo.

Con el segundo, su fuerza se multiplicó.

Los restos del bosque destruido salieron despedidos en todas direcciones.

No obstante, ni el viento ni la vegetación se atrevieron a acercarse a la elfa. Ambos esquivaron su figura.

—Siempre lo ha hecho —dijo a modo de despedida del dragón.

La elfa se dio la vuelta, se colocó el casco y abandonó el lugar. Chasqueó los dedos y la naturaleza creció de nuevo llenando el bosque con nuevas plantas rebosantes de vida.

—¿Por qué tiene los ojos así? —preguntó Rhogar a Owen.

—Buena pregunta —respondió el ojos dorados.

—Pues más le vale despertarse pronto. ¿Qué le ocurre?

—Buena pregunta —volvió a responder enfureciendo al Calán.

—Escúchame, maldito dorado, si no me dices lo que…

La imagen de Rhogar zarandeando a Owen se disolvió ante los ojos del mago. En su lugar, un dragón negro sin alas se enfrentaba a un pequeño dragón dorado.

“… haces aquí, acabaremos contigo —le amenazó”.

“¿Cómo podéis hablar? ¡Erais unas bestias sin conciencia! —replicó Colin”.

“Responde o muere”.

Colin desafió al Rebelde ante él. No tardaron en llegar varios más hasta él. Pronto más de media docena de dragones sin alas rodearon al dorado.

“Ni siquiera yo lo sé —replicó Colin—. No… no quise creerlo, pero no pude negarlo. Tenía que averiguar si era verdad.

“¿El qu é ? —El grupo se acercó más al dorado. Este miró hacia el cielo buscando una salida y se obligó a apartar la mirada. No había ido hasta allí para marcharse”.

“¿Quién es Rhogar?”

Los dragones Rebeldes se miraron unos a otros.

“¿Has nacido ayer, pequeño?”

“Es el hijo de Kalmenter —aseguró un segundo dragón. El primero le miró con rabia”.

“¿Por qué preguntas por él? —inquirió una dragona de voz más suave y joven”.

Colin dudó qué responder. ¿Cómo explicar lo que lo había descubierto uniéndose a los Cazadores? Sin embargo, un brillo dorado en su interior le trajo el recuerdo de Pepita y de su sinceridad. Cerró los ojos con dolor al recordar su sacrificio. Decir la verdad no podía ser peor.

“Lo vi uniéndose a los Cazadores con la intención de rescataros —aseguró. Esperó las burlas a su alrededor, pero estas no se sucedieron. Los Rebeldes se miraron entre sí”.

“¿Lo ha conseguido?”

“¿Ha vuelto atrás?”

Colin asintió lentamente. No lo había visto hacerlo, pero tras días de reflexión, le creyó.

“¿Dónde está?”

“Le perdí la pista entrando en la Academia de Cazadores. Creo que nos va a traicionar…”

Una dentellada rozó su cuello en una amenaza muy poco sutil.

“Jamás vuelvas a dudar de él, maldito niño dorado —le espetó la dragona, esta vez su voz ya no era tan dulce—. No te haces una idea por lo que ha pasado para llegar hasta allí. Es el primero de nosotros. ¡Él mismo pidió que le arrancaran las alas!”

“¡Imposible!”

“Si ha ido a la Academia es porque allí está el secreto para devolvernos nuestra forma —dijo otro de ellos. Los cinco restantes asintieron—. Estoy seguro de que pronto vendrá y…”

Un escalofrío premonitorio recorrió al Calán dorado desde la punta de la cola hasta su cabeza para extenderse a continuación hasta los extremos de sus alas. Miró a los Rebeldes que habían guardado silencio. De haber podido, habrían palidecido.

“¿Qué ocurre?”

“Vexia va a exterminar a los Cazadores y a devorar todas sus Esencias —dijo uno de ellos. Agachó la cabeza y negó con ella. La esperanza se desvaneció ante sus ojos. Había estado tan cerca…”

Cinco de ellos se dieron la vuelta derrotados. Sin embargo, uno de ellos golpeó el suelo con la cola llamando su atención.

“Vamos a ayudar —ordenó. Los dragones pusieron los ojos en blanco y se alejaron de nuevo—. ¡Maldita sea, cobardes! ¡Rhogar lo ha hecho por nosotros! ¿Vais a dejar que muera solo contra su hermana?”

“Está condenado —replicó otro de ellos—. No puede enfrentarse a ella. Dudo mucho que incluso su padre pudiera”.

Todos lo sabían. Nadie era rival para Vexia.

“Hay una ojos blancos caminando de nuevo —les reveló Colin— y los Uldenhar han reaparecido. Y estoy seguro de que no es casualidad. —Sus palabras captaron la atención del grupo—. Dec í s que nadie puede vencer a Vexia, pero ¿y Jéssica?”

Los dragones Rebeldes regresaron con Colin y se detuvieron ante él.

“Tal vez si…”

Cerón volvió en sí y descubrió a Elyndra desnuda abrazada a él mientras Owen ponía los ojos en blanco. La Cazadora era demasiado rápida para impedírselo. Se puso en pie de un salto y se apartó de ella.

—¿Veis? Os dije que funcionaría con él. Nunca falla. —Elyndra se vistió de nuevo—. Y ahora, Cazador multicolor, espero que tengas algo que aportar.

Cerón salió al exterior y respiró el aire de la Academia que le faltaba mientras trataba de controlar su corazón. Tras unos segundos de desorientación, volvió al interior donde todos le observaban expectantes.

—Y ¿ese libro? ¿Para qué lo quieres? —preguntó Rhogar señalando el volumen de su mano—. No es momento para leer, extranjero.

Cerón miró el libro en su mano como si fuera la primera vez que lo veía. La imagen de Sadie, de Kalmenter y de Colin acudió a sus ojos y supo que todo era verdad. El mago sonrió y cerró el libro.

—No; ha llegado la hora de combatir. Y, por suerte, no estaremos solos en la contienda.