CAPÍTULO 14
UN LEGADO DORADO
Elyndra llegó corriendo hasta el trío. Para sorpresa del mago, lo hizo de forma visible.
—He encontrado a los Aspirantes y a los Cadetes —dijo con jovialidad, si bien su rostro mostraba una preocupación que el mago pocas veces había visto. Observó a la Desgarradora de Tormentas con unos ojos diferentes.
—Llévalos al perímetro número dos, no los quiero enfrentándose a los dragones ellos solos. Solo lucharán si logran entrar y nos hemos replegado.
—Ya están de camino, son un poco más… lentos.
—¿Cuántos son?
—Dos cursos, calculo que doscientos. Cada año la Academia es más blanda. En mis tiempos solo sobrevivía la mitad de los Aspirantes —aseguró con orgullo. Cerón abrió los ojos de par en par al comprender hasta qué punto era aterradora la Academia.
—¿Hay dragones vivos?
—Veintidós.
Owen chasqueó la lengua, no eran demasiados. Antes de abandonar la Academia, habían ampliado su número hasta casi cincuenta especímenes.
—¿Los instructores?
—Heridos, varios muertos. Rechazaron quedarse y Ronan está con ellos. Si se recuperan todos, tendremos veintiocho de todos los colores —informó.
—Ellos conocen a los Cadetes. Quiero que se encarguen de ellos. ¿Sigue Morgath con vida?
—Sí, y en plena forma.
El rostro de Freya se iluminó por la expectación al comprender qué tramaba su líder. Miró instintivamente hacia unos barracones ajenos a la estructura principal.
—Siempre quise verlo en persona —aseguró.
—¿El qué? —preguntó el mago, que desconocía a qué se refería.
—Que preparen la Fosa del Crisol con el personal mínimo.
Que elijan a los mejores Cadetes de todos y los lleven junto a los dragones.
Necesitamos todas las manos que podamos.
Los Cadetes rechazados y los Aspirantes al patio dos y lo preparen para la defensa —indicó.
Sabía los riesgos que corría haciendo algo así.
Elyndra desapreció, esta vez sin mostrase corriendo.
Respiró hondo y trató de calmar sus nervios.
—¿Puedo ayudar en algo? —preguntó el mago tratando de obtener información.
Sin embargo, ni Owen ni Freya respondieron.
Se situaron uno al lado de la otra y miraron a Cerón de arriba abajo, midiendo algo más que su altura.
El ojos dorados murmuró mientras rodeaba al mago.
Freya asentía o negaba según creyera oportuno sin que Cerón comprendiera ni una sola de sus palabras—. ¿Qué ocurre?
—Ya ha participado en la muerte de cinco —indicó la ojos rojos.
—No ha hecho nada.
—Ha resistido su fuego.
—El armadillo también.
—¿Qué ocurre?
—Shhh. —Owen continuó girando a su alrededor mientras se mesaba la barba con fuerza—. No ha hecho su sacrifico…
—Está al otro lado del mundo, ¿te parece poco?
—Sabes a qué me refiero.
El que no lo sabía era Cerón.
—Se sacrificó para salvar dos docenas de niños
—Niños, no Cazadores.
—Aceptó el Fogón para proteger a la Academia.
—Eso ya me gusta más. Lo de la habilidad extraordinaria, ¿qué opinas?
—Que eso se certificó hace días.
Owen asintió y siguió rodeando al mago. El rostro de Freya se iluminó con su sonrisa. Solo faltaba un requisito, el más peligroso de la Academia y por el que todos los alumnos pasaban alguna vez, quisieran o no. Freya, o mejor dicho Calandra, sabían que Cerón cumplía con todos ellos.
—¿Has muerto alguna vez? —preguntó Owen sin rodeos. Cerón sacudió la cabeza desconcertado.
—¿Cómo? ¿Qué?
—¿Has muerto y vuelto alguna vez?
La risa histérica del mago se elevó al instante. No pudo reprimir el arrebato de locura que recorrió su cuerpo mientras el recuerdo del Pozo de Enam volvía a su cabeza.
“Por cada vida un sacrificio, por cada sacrificio una vida. ¿Estás dispuesto a aceptar el trato?
La cordura huyó de su rostro durante un momento.
“Tu cuerpo perderá su enfermedad, tu mente se liberará y todo cambiará. No eres el primero de tu estirpe que viene a este lugar maldito, pero percibo algo en ti que puede hacer que no caigas en el mismo destino que los anteriores”.
Cerón sintió cómo el aire se negaba a entrar a sus pulmones.
“—Que hay que sacrificar para obtener —dijo enigmáticamente. Cerón frunció el ceño. Algo en aquellas palabras iluminaba un lugar en su memoria, uno al que no quería volver—. Por cada vida un sacrificio, por cada sacrificio una vida. Yo estoy dispuesta a aceptar el trato. ¿Y tú? ”
Las palabras de Aylwin volvieron a su cabeza.
Cerón comprendió entonces la magnitud de la habilidad de la ojos blancos cuando, en una sola frase, le recordó su pasado, lo empujó a actuar en su presente y le abrió las puertas de su futuro.
Una escalofriante sensación de inferioridad recorrió su cuerpo.
Su corazón se aceleró al mismo tiempo que Freya alzaba un puño victoriosa.
—No solo morí una vez, sino que sacrifiqué mi propio cuerpo para obtener este —aseguró con firmeza. Se enfrentó a los ojos de Owen y este sostuvo su mirada. Había tanto desconocido dentro del mago que no sabía a dónde le conducía su próxima decisión.
Freya se acercó al mago y reajustó su ropa de Cazador.
—Además, le sienta muy bien nuestra ropa.
—No te falta razón —confirmó el líder de Destacamento—.
Yo, Owen, líder de Destacamento, de Ala y de Orden en ausencia de dorados más virtuosos, afirmo que has terminado tu formación en la Academia y solicito que te sea entregada una Esencia con la que protegerás a la Academia, a los Cazadores y, por ende, a todos los humanos de la Isla.
Cerón quedó sin aliento. Observó a ambos Cazadores buscando cuál era la broma de aquella declaración. Ninguno de ellos reía, sino que se mostraban serios y decididos. Owen tendió la mano al mago.
—No… no sé qué decir. No creo que deba…
—Estás en la Academia luchando por ella. Vas a arriesgar tu vida por nosotros y lo que representamos. Es adecuado. Además —dijo con un suspiro— no creo que salgamos con vida. Debemos hacer todo lo que podamos para conseguirlo.
—Qué ganas tenía de ver una ceremonia de estas en persona —dijo Freya.
Owen y Cerón la observaron con sorpresa.
La Cazadora. Las palabras de Calandra parecían mezclarse con las de Freya de forma extraña, pues ella misma había participado en una de aquellas ceremonias sobre sí misma.
Apartaron de sus mentes la idea y se centraron en sus problemas más reales.
Freya hizo lo mismo—. Queda un día de protección, no más.
—Lo sé —aseguró Owen. Elyndra llegó de nuevo asta ellos.
A lo lejos, un anciano Cazador caminaba con paso lento y agotado.
Uno de sus brazos estaba vendado por completo.
Llegó hasta el trío y miró con desconfianza a Cerón.
Sin embargo, cuando Owen le tendió la mano, la estrechó con confianza—. Me alegro de verte, Morgath.
—No sé si decir lo mismo, me temo. No son tiempos venturosos.
Cerón observó, para su compela sorpresa, que los ojos del Cazador eran negro. Sin embargo, no era más alto que él, ni más ancho. Su cuerpo era el adecuado a una edad provecta, tanto que hasta sus canas habían ido desapareciendo empujadas con los años.
—¿Tu brazo?
—Sobrevivirá. —Miró a Cerón de arriba abajo y el mago se sintió medido de nuevo—. ¿Es el extranjero que ha causado todo esto?
Cerón le tendió la mano.
—Que ha venido tratando de impedir todo esto.
—No te ha salido demasiado bien, muchacho. No te culpo, había mucho en tu contra. Muchos alertamos de ello hace semanas, algunos locos como yo hace décadas. —Le estrechó la mano y se volvió hacia Owen—. ¿Cuál es el plan?
—Hacer volver a todos los que podamos. Terra está informando con ayuda de Liora. Mantenía oculto que era una Quebrantadora de Cauces.
Morgath silbó con sorpresa. Al instante se encogió de hombros y asintió.
—Siempre supe que llegaría a lo más alto. Lo que no sé es cómo te lo ha ocultado a ti. Eso que nos ha enseñado Kyran de las ciudades, ¿es tan malo como parece?
—Peor.
—Lástima, hay muchas personas buenas. Bien, ¿cómo puedo ayudarte?
—Prepara el Crisol y a todos los dragones. Repartiremos todas las Esencias que podamos. Cuantos más seamos, mejor.
—Esos Cadetes no están preparados, lo sabes tan bien como yo.
Owen asintió.
—También sé lo desesperados que estamos. Les faltan casi un año para estar preparados y la formación de ahora no es la misma que antes.
—Ni los peligros. Prepáralo todo. —Morgath comenzó a alejarse. Owen lo detuvo—. Ah, reserva el más salvaje de todos.
—¿Para quién? —Owen señaló a Cerón y el anciano frunció el ceño. Sin embargo, no protestó. Las decisiones caían en los ojos dorados, no en un simple ojos negros anciano venido a menos—. La situación es peor que como me la imaginaba, entonces.
Cerón enarcó una ceja. ¿Había algo peor al asedio de cientos de dragones negros y la muerte de docenas de ciudades? Sacudió la cabeza incrédulo.
—El tiempo apremia —dijo Freya.
—Tú y tu ardiente fuego —rio el anciano inclinado la marcha—. Una hora.
Morgath se marchó hacia la estructura exterior. Elyndra se abrazó a las piernas de Cerón con fuerza.
—¡Lo sabía! —exclamó exultante—. ¡Sabía que eras uno de los nuestros! ¡Quiero abrir las apuestas sobre su color!
—¿Cómo? —preguntó el mago.
—Una costumbre fea de los Cadetes —dijo Owen mirando a Elyndra con dureza. Esta agachó la mirada—. Yo digo que serán violetas.
Elyndra sonrió ante el permiso para apostar.
—Yo apuesto por azules —dijo la pequeña Cazadora.
—Yo creo que serán blancos —aseguró Freya sin dejar de mirarlo a los ojos.
—Has desaprovechado tu apuesta. ¡Jamás ha habido dos ojos blancos!
—Lo sé —aseguró la ojos rojos.
—Basta de apuestas. Elyndra, vuelve con los Cadetes, preparar la defensa del segundo patio. —La ojos grises asintió y desapareció.
—Sabes que habrá ido a informar y apostar, ¿verdad? —preguntó Freya—. Al menos lo hará rápido.
—Cerón, acompáñame. Freya, ayuda a Morgath con los preparativos.