Una voluntad robada (El Heredero del Cielo 18) CAPÍTULO 13 #3
73%

CAPÍTULO 13 #3

—Para una tarea así, debe dejar libre a Darius. Si lo ha estado controlando todo este tiempo… —Negó con la cabeza y suspiró—. Tal vez su propio fuego lo consuma por completo.

—¿Se convertirá en un Tharbrins?

Cassius miró Cerón desconcertado.

—¿Qué? No, para nada. —Las teorías del mago fueron aplastadas por la bota del ojos dorados—. Morirá calcinado, sin más. No existen los Devoradores de Fuego. Mueren siempre al alcanzar ese poder. Ese nivel es una condena a muerte. El fuego lo devora, por eso se llaman así.

—A no ser que quebrante su elemento —dijo Freya—. Es la única manera de sobrevivir, dominar y doblegar al fuego.

—Estoy dispuesto a sacrificarme —aseguró Darius. Asintió con dolor y determinación. Más y más volutas de vapor ascendían desde sus ojos—. Salva a la Academia, protege este mundo.

—¡No sabes lo que me estás pidiendo! —exclamó rota por el llanto. Darius no soltó sus manos en ningún momento. Curiosamente, estas no produjeron quemaduras en ella—. No pienso dejar que… que… que el fuego te devore.

—Metedlo en la cárcel de ónice —los interrumpió Cerón—. Disminuye su poder, ¿no es así?

—No a los de su nivel. Por eso Liora pudo seguir controlándolo a pesar de estar encerrada —explicó Ronan.

La ojos naranjas bajó la mirada con la culpabilidad grabada en su rostro.

—No pienso dejar que el fuego lo devore. —Se soltó de las manos de Darius y se enjugó las lágrimas. No sería la causante de su muerte por nada del mundo.

—No lo hará —aseguró Freya. El resto de ojos se volvió hacia ella—. La prisión de ónice resistirá, pero no la que nos encerraron. Tendrá que ser la que alberga los restos del Núcleo.

—¿Cómo lo sabes? —Liora se permitió tener esperanzas por Darius.

—Ha soportado a mí y a mis hermanos durante milenios. Soportará a un Devorador de Fuego durante unas horas.

—El Núcleo está roto.

Freya asintió.

—Pero no del todo —aseguró Owen señalando el cielo sobre ellos—. Aún hay algo de su poder, aún protege la Academia.

—Pero tenemos poco tiempo. Muy poco. Debemos actuar ya.

Darius miró a Liora con cariño.

—Cumple con tu misión. Has nacido para ello. —Besó con ternura la frente de la mujer y una pequeña quemadura apareció en ella, símbolo de por qué tenían que estar separados. Fue el doloroso recuerdo de una vida imposible—. Siempre te querré.

El Devorador de Fuego se alejó de la ojos naranjas y caminó directamente hacia la escalera que lo conduciría al Núcleo de la Academia.

Liora lo agarró del brazo y retiró las manos al momento cubiertas de llamas.

Sin embargo, ni un solo sonido salió de sus labios.

Dio un pequeño paso más hacia él y se detuvo con los ojos llenos de lágrimas.

—Déjalo ir, Liora —dijo Melissa a su lado—. Todo saldrá bien.

—Pero… ¿y si…?

La ojos violetas apoyó una mano en su hombro con cariño.

Liora se volvió hacia ella y lloró amargamente al separarse de Darius.

Su cuerpo se relajó en cuanto el ojos rojos descendió por las escaleras.

Un brillo anaranjado danzó en la oscuridad durante unos segundos hasta que el Cazador hubo descendido lo suficiente.

Liora dejó de sentir a Darius por primera vez en muchos años. Respiró hondo y se volvió hacia Terra.

—Terminemos cuanto antes —pidió mirando de soslayo al pasadizo que había engullido a su Escama—. Necesito los planos del Archicazador.

Elyndra desapareció y regresó al momento cargada de planos, libros y notas. Las distribuyó sobre una de las mesas que permanecía en pie y el grupo se acercó dejando el cadáver de Doreen en el suelo. La ojos dorados fue la primera criatura que cedió al olvido para siempre.

Owen y Terra se alzaron sobre las decenas de anotaciones.

Cerón pudo ver por primera vez un mapa real del sur de la Isla.

El territorio al sur del Nido se desvelaba ante él.

Pudo distinguir más de cuarenta ciudades pequeñas y aisladas, así como quince de gran tamaño.

Al sureste de la Academia encontró una anotación que indicaba la zona de aparición de los dragones negros mutilados.

El líder del Destacamento delimitó una zona cercana a la Academia con un gesto de la mano.

—A estas ciudades habrán llegado ya o estarán a punto, seguramente lo primero si viajaban con prisa. —Contó las ciudades dentro del abanico y chasqueó la lengua.

—Doce ciudades… —masculló Terra—. Doce ciudades que se consumirán en la Oscuridad.

—Si no lo han hecho ya —apuntó Ronan.

Cerón observó que, a pesar de ser el sanador del grupo, era el más pesimista de todos.

“¿Será por todo el dolor que ha visto?”

Owen asintió y señaló la primera ciudad grande.

—Llegarán a ella en menos de un día. Quiero que avises primero a estos de aquí, puede que aún tengan una oportunidad.

Después a estos —dijo señalando a los grupos más cercanos.

Por suerte, todos y cada una de las ciudades tenían registrados quién acudiría a cada una de ellas—.

Cuando hayas acabado con todos ellos, avisa al resto.

—Nos llevará horas —aseguró Terra, que miró a Liora con dolor. Negó con la cabeza y suspiró—. Lo siento, pequeña.

—Pongámonos en marcha —respondió ignorando sus palabras.

—¿Qué les digo?

—Que vuelvan ya. Si aún no han corrompido las ciudades, que no lo hagan. Pronto verán pasar a los dragones hacia la Academia. Quiero que vuelvan todos —explicó Owen.

—No sé si nos escucharán.

—Lo harán.

—¿Por qué?

—Porque les mostrarás la verdad. —Owen miró a Melissa a su lado—. Muéstrales la verdad.

—¿Pretendes que yo envíe el recuerdo que Melissa tomará de ti para que lo envíe a cada unidad con la ayuda de Liora? —Terra abrió los ojos de par en par.

—Sabes que puede hacerse.

—¡A unos metros!

Owen le dio una palmada en la espalda.

—Confío en ti.

—Pero…

—¡Maldita sea, Terra! —explotó Liora—. Si tu Escama dependiera de esto, lo harías aunque te dejaras la piel. ¿A que sí? —El ojos marrones agarró el colgante que llevaba al cuello. Tragó saliva y asintió—. Tu Escama es mi Escama, ¿lo has olvidado?

La Cazadora pronunció aquellas palabras sabiendo que darían en el blanco. Era uno de las promesas dentro de los Destacamentos. Todos formaban parte de algo más grande.

—Haré todo lo que pueda.

—Lo sé. El resto, conmigo. Dejadlos trabajar.

—Owen se apartó de la mesa y esperó a que llegara hasta él—.

Elyndra, encuentra a los alumnos, deben estar en alguna parte.

Quiero a los Aspirantes y a los Cadetes preparados en el patio número uno.

Llévate a Kyran, hazles ver lo que ha pasado de verdad y a lo que se enfrentan.

Ronan, ve con ellos, estoy seguro de habrá alguien herido.

Thorgum, al perímetro cuatro. Prepara todos los escorpiones que puedas.

Transporta todo lo necesario, no te dejes ni una sola lanza.

Abbey, quiero lo mismo en el campo tres.

Ve con Rhogar y explícale cómo hacerlo. El mago y Freya, conmigo al segundo patio.

Este será vuestro hogar hasta que venzamos o caigamos.

Cada uno de los presentes se dirigió a sus respectivos lugares a grandes zancadas.

Salvo Elyndra, ella simplemente desapareció en el aire.

Por un segundo, Cerón se preguntó cómo sería un Devorador con los ojos grises.

Cuando salieron al exterior sin decir ninguna palabra, se permitió saciar su curiosidad.

Owen miraba al cielo con el ceño fruncido. Todavía no había ni rastro de dragones.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Adelante —afirmó mientras avanzaba por el patio. Este era de piedra gruesa y negra. Mirara a donde mirara el mago, se alzaban extrañas máquinas desconocidas para él.

—Sobre los niveles de poder. En las Escuelas de Magia del continente tenemos escalafones que solo se cruzan con muchos años de estudio y experiencia. Muchos de ellos solo se logran en la vejez. ¿Qué influye en vuestra habilidad?

—Nada de eso. Un Cazador es tan fuerte como su carácter, por eso la Academia se es esfuerza tanto en forjarlo. Es cierto que requiere experiencia y… ampliar sus Esencias con nuevas capturas, pero una mente débil no podrá ser un Devorador jamás.

—¿Todos los colores tienen los mismos niveles?

—Sí, pero no todos se comportan igual. Como has visto, el fuego es tan peligroso como poderoso y solo su dominio completo evita su autodestrucción.

Los Tejedores de Carne cada vez pueden curar heridas más graves.

A los ojos azules les sucede algo parecido a los rojos, pero no es tan cruel, si bien es verdad que no son tan fuertes.

—No logro imaginarme qué ocurre con los ojos negros o grises.

—Ellos son especiales, al fin y al cabo manejan su propio cuerpo, no los elementos o la vida. El ojos negros líder de la Orden solo es un Tejedor de Roca, nada más. Y, respecto a Elyndra, bueno, los Desgarradores de Tormentas sí que existen. Nuestra Cazadora es una de ellos.

—¿Elyndra? —preguntó impresionado.

—Sí. Es de las más poderosas en su grupo a pesar de su tamaño. Melissa es una Tejedora de Sueños y ya puede volverte loco si lo desea. —Owen sonrió al recordar los tiempos de juventud en los que la Academia era tan peligrosa como apasionada.

—¿Qué hay de vosotros?

El ojos dorados tragó saliva.

—Mi padre era un Desgarrador de Destinos —aseguró con dolor al recordar su muerte—. Solo que no pudo ver el suyo.

—Vio el tuyo —dijo Freya con sinceridad—. Y no se arrepintió de elegir el suyo.

Owen tragó saliva y asintió.

—Pero los Quebrantadores de Destinos no han existido jamás. Nadie ha llegado hasta ese nivel, imagínate de lo que sería capaz. Nadie debería ostentar semejante facultad; equivaldría a desafiar a los propios dioses..

Freya miró al mago a los ojos.

—Siempre hay un contrapeso para cada poder —dijo la ojos rojos—. Y, en este momento, la balanza está en nuestra contra. No nos vendría mal que alguien ocupara ese lugar de una vez por todas.