Una voluntad robada (El Heredero del Cielo 18) CAPÍTULO 13 #2
72%

CAPÍTULO 13 #2

—No lo ha conseguido —respondió Owen carraspeando. Se secó el rostro y tragó saliva—. No hay tiempo para el duelo. El Núcleo ha caído. Tenemos que avisar a todos los Cazadores.

Thorgum se dejó caer al suelo y este tembló bajo su peso. Su rostro se había vuelto un escaparate de decepción.

—¿Qué ocurre? —preguntó Rhogar. El Calán logró que Freya se mantuviera de pie. Darius se acercó a ella con el ceño fruncido—. ¿Es algo malo?

—¿Malo? —ironizó Cassius con una risa casi histérica. Incapaz de continuar, se apartó mientras golpeaba los restos de la biblioteca.

—El Núcleo protegía a la Academia —aseguró Elyndra. La pequeña se apoyaba en su Escama y trataba de abrazarlo sin éxito alguno—. Sin él… no hay academia.

—Sí que hay Academia —protestó Cerón—. Vosotros sois la Academia.

—Ya, muy noble —dijo Renan uniéndose a la irónica respuesta—. La Academia dejará de existir en cuestión de horas. Hoy o mañana, este bastión caerá..

—¿Por qué?

Entonces lo supo. Una revelación de sus recuerdos, de su viaje alrededor del mundo al ser impactado por la fuerza del Conducto de la Diosa.

Su mente viajó hasta su memoria y recordó los cientos de dragones negros alertados de la caída del Núcleo que protegía la Academia.

Abrió los ojos de par en par. Boqueó incapaz de decir una palabra.

—Todos los dragones sabrán que el único lugar que jamás han tomado, pronto les abrirá sus puertas —dijo Ronan.

—No hay escapatoria —aclaró Melissa apartándose de Owen.

—Bueno, siempre supimos que la Academia sería nuestra tumba —dijo Elyndra encogiéndose de hombros—. Ha sido un placer correr a vuestro lado. —Thorgum movió su gigantesco brazo y abrazó a su escama con cariño. La pequeña se acurrucó entre sus músculos.

Todos guardaron silencio asumiendo su destino. Cerón los miró uno a uno, decepcionado en parte.

—Será mejor que te vayas cuanto antes, extranjero —dijo Raanee—. Ve y cuida de nuestra hija. Seguro que tú puedes encontrarla.

—No pienso abandonaros —se negó. Su corazón se aceleró. Sacudió la cabeza rechazando la idea—. Y no permitiré que la Academia caiga.

—¡Ha! —rio Cassius—. Pues ya me dirás cómo piensas conseguirlo…

Cerón se humedeció los labios, pero fueron otros los que pronunciaron sus palabras.

—Luchando —dijo Freya tras él. Caminó hasta situarse ante él y enfrentó a cada uno con la mirada—. Luchará igual que haréis vosotros.

—No hay nada ya por lo que luchar —aseguró Ronan—. Hemos perdido.

El rostro de Freya se contrajo por la rabia. Su puño se incendió y golpeó el aire lanzando una pequeña esfera de fuego hacia el Cazador de ojos verdes. Abbey interpuso un muro de hielo antes de que goleara a su compañero.

—Freya… —murmuró Darius acerándose a ella. Puso una mano en su hombro y la apartó al momento. Su mano siseó cuando se quemó por completo. Un grito desgarrador salió de sus labios.

La Cazadora se volvió hacia él. Sus ojos refulgían con una llama abrasadora. Observó al Desgarrador de Fuego con rabia.

—¡Nadie se va a rendir, maldita sea! —les gritó a todos ellos—. Sois Cazadores, debería daros vergüenza.

—El destino será el mismo. —La ojos naranjas se había acercado a Darius, que seguía observado a Freya con extrañeza. Había algo en ella que no lograba distinguir.

—Nos dé vergüenza o no, moriremos igual —continuó Ronan apartando el hielo que había explotado sobre él.

—Malditos estúpidos, ¡ya no hay nada tras la muerte!

—les espetó furiosa hasta el extremo—. Solo vacío y olvido.

Se acabaron las diosas esperando por vosotros.

Ya no hay nada más y jamás lo habrá. —Señaló al suelo ante ella—.

Esto es lo único que queda. Más os vale luchar por ello, ¡no he entregado mi vida para protegeros para nada!

El grupo guardó silencio. Cerón palideció al contemplar a la Cazadora con otros ojos. El recuerdo de la caída de los dioses volvió a su memoria.

—Por los Dioses Desaparecidos… ¿Calandra? —murmuró asimilando la idea.

Freya se giró hacia él como impulsada por un resorte. La Cazadora ladeó la cabeza al observarlo a él.

—¿Thierry? —preguntó tan sorprendido como él.

El cuerpo de Cerón ignoró sus decisiones y corrió hasta la Cazadora, a la que se abrazó con fuerza.

Era el primer contacto físico que sentían en eones.

Ambos reposaron en el cuerpo del otro incapaces de apartarse hasta que ambos huéspedes lograron hacerse cargo de su propia materia.

Cerón se apartó de Freya. Su ropa le quemaba, pero no sintió el fuego abrasador que había herido al Desgarrador de Fuego.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Owen observando a ambos. Tras ellos, Rhogar caía de rodillas y apoyaba las manos en el suelo en una devota reverencia ante Freya.

—Mi diosa… —El Calán temblaba solo con sentirse cerca de Calandra—. Tu fuego sigue intacto.

—¿Mi qué? —preguntó Freya, sorprendida por Rhogar.

—¿Aún hay esperanza? —dijo Thorgum observando la escena.

—Espero que sí —dijo Melissa—. Porque he visto la muerte de Doreen y Freya tiene razón. Esta vez no había nada más.

El grupo guardó silencio asumiendo lo que ambas mujeres expresaban.

—Siempre hay esperanza mientras estemos vivos. —El líder de Destacamento rechazando los lúgubres pensamientos de todo su grupo.

—Entonces habrá esperanza poco tiempo —se burló Liora. La Canalizadora siempre se había burlado de los que creían en los dioses, no iba a cambiar de opinión ahora que todo se acababa.

Freya se adelantó y se situó ante Liora.

De su mano emergió una lanza de fuego abrasadora que obligó a apartarse a la ojos naranjas.

Lanzó la saeta hacia el cielo a una velocidad que ni los mejores escorpiones de metal podían soñar.

Liora se apartó de ella con los ojos abiertos de par en par.

Tropezó con las piedras escombros de la biblioteca y cayó hacia atrás. Elyndra la sostuvo.

—¡Vais a luchar, maldita sea! —Se volvió hacia todos y cada uno de ellos—. Jamás nos instruyeron para claudicar y no lo haremos hoy.

Rhogar se puso en pie y se sitió a su lado. Él lucharía pasara lo que pasara. Thorgum se levantó y se situó junto al Calán.

—No podemos luchar contra los cientos de dragones que vuelan hacia aquí, Freya —dijo Ronan apagando su fuego—. Son demasiados y nosotros muy pocos.

—Pues habrá que traer refuerzos —dijo Cerón pensando en un plan—. Y debemos hacerlo ya.

—¿Qué? —preguntó Cassius sorprendido.

—Cuando me encontré con su destacamento, ya sabían qué buscar y dónde. —Se volvió hacia Owen—. ¿Cómo lo sabíais?

—Vaelen envió la información a todos los Destacamentos —respondió como si fuera lo más normal del mundo. Frunció el ceño.

—Hagamos lo mismo. Hagamos que vuelvan a la Academia, impidamos que destruyan las ciudades —los animó exultante. Ante ello estaba la solución, solo tenían que extender la mano y…

—Vaelen lo hizo porque su ojos marrones podía hacerlo. —Cassius cortó sus esperanzas—. Era un Desgarrador del Espacio. No tenemos a alguien tan poderoso aquí ahora. Solo está Terra y es un Tejedor. Necesitamos más que eso. Además, ¿qué te hace creer que los convencerás para regresar?

—El enjambre de dragones sobre sus cabezas —afirmó Freya con rotundidad. Nadie pudo contradecirla.

—Vosotros conocéis este mundo —continuó el mago—. No puedo dar la solución a algo que no sé que existe. ¿Qué necesitaríais?

—Un Desgarrador de Espacio —repitió Cassius—. Solo uno puede…

—O un Quebrantador de Cauces —aseguró Terra tras unos segundos de concentración.

—No existe algo así —lo atajó Raanee—. No hay Quebrantadores desde hace siglos, lo sabes tan bien como yo.

—Tampoco ojos blancos —replicó dando en el blanco. La ojos violetas apartó la mirada.

Cerón miró a ambos, ninguno le explicaba qué era aquello.

Le recordó a la fórmula de Tejedor de Carne o Desgarrador de Fuego que había escuchado antes de entrar al Fogón.

Un escalofrío le recorrió al recordar su paso por aquella cárcel térmica.

Apartó a Tarnicis de su pensamiento, el menos por el momento.

Cada problema a su debido tiempo.

—¿Qué es un Quebrantador de Cauces? —se vio obligado a preguntar.

—Hay cinco grados en los Cazadores, cuatro de ellos llevan un rango especial —explicó rápidamente Ronan—.

Los Tejedores, como los de Carne que ayudaron a curar a Darius.

O los Desgarradores de Fuego que controlan el Fogón.

Más arriba están los Devoradores, como los de Sueños.

Pero Quebrantadores… esos son solo una leyenda.

—Como los ojos blancos —dijo Cassius, pero él sabía tan bien como su mujer que volvían a caminar sobre el mundo—. No creo que sea casualidad que mi hija esté buscando su encrucijada y nosotros nos enfrentemos a la nuestra. Tiene que haber una manera de hacerlo.

Todos los ojos se volvieron hacia Liora. La Cazadora abrió los ojos de par en par y retrocedió un paso.

—Eres tú —aseguró Freya sin el menor género de dudas.

—No. No soy una Quebrantadora. ¿Os habéis vuelto locos? —Sus manos temblaban.

—Llevas apaciguando a un Devorador de Fuego desde hace años —se unió Owen. Las piezas encajaban en su mente. Cerón observó a la Cazadora con otros ojos—. Siempre me preguntó cómo lo lograbas. Creía que era por su amor por ti, por su unión a nosotros. Pero ahora…

—¡No! ¡Basta! ¡No soy una Quebrantadora! —Corrió hacia Darius y se situó ante sus ojos. El Cazador de ojos rojos apartó la mirada mientras dos pequeñas volutas de vapor emergían de sus ojos—. ¡Maldita sea, díselo, Darius!

Pero el ojos rojos negó con la cabeza y asió con calma las manos de su amada, la mujer por la que se había sacrificado una vez y que volvería a hacerlo mil veces.

—Ha llegado el momento —aseguró. Para sorpresa de todos, esta vez su rostro no se contorsionaba por el dolor físico, si bien su rostro sí lo hacía por el dolor—. Debes dejarme ir.

—¡No! —gritó furiosa. Miró al resto de Cazadores desesperada—. ¡No pienso hacerlo!

—Sí lo harás.

—¿Qué ocurre? —preguntó el mago desconcertado. Cassius se situó a su lado y susurró a su oído.