CAPÍTULO 8 #2
—No hablaré de ello con un extranjero —decidió al final—. Es un secreto de este mundo que no debes tener.
—Tú lo tienes.
—Y no debería. Solo lo revelaré ante quienes pertenecen a este mundo.
Se hizo el silencio. Kem se encogió de hombros y suspiró. Miró al Archicazador y este asintió conforme.
—Tres días en el Fogón consumirán su ímpetu —decidió el líder de la Orden.
—¡Lo matarás! —dijo Owen. Su padre se interpuso en su camino—. ¡Es una condena a muerte!
—No si confiesa la verdad. —El Archicazador miró a su compañero en el suelo atendido por su ojos verdes—. Y eso hará.
Cerón alzó la mandíbula y tragó saliva. Apretó los puños con frustración.
Entrecerró los ojos mirando al señor de los druganos que había trastornado todos sus planes.
Todo por lo que había peleado se desmoronaba ante él.
Había sido un estúpido al creer que solo Tarnicis habría llegado a la Academia cuando Kem era el que buscaba el Conducto de la Diosa.
Por nada del mundo le revelaría dónde estaba, si bien era verdad que él tampoco lo sabía.
—Fogón o muerte, extranjero. Elige sabiamente. —Los líderes de Orden de cada color volvieron a aparecer rodeando al mago. No obstante, se mantuvieron a una distancia prudente de él, desconocían a qué se enfrentaban.
—Fogón —dijo alzando la barbilla.
—¡No! —gritó Owen tras él.
Cerón se volvió.
—No permitiré que me dobleguen y no dejaré que me corrompan —aseguró mirando al líder de Destacamento.
—Así será. Trasladad al prisionero al Fogón —ordenó el Archicazador.
El ojos rojos se adelantó a Cerón y emprendió la marcha. Llegó a la puerta y esperó a que su grupo avanzara. Cerón echó un último vistazo a Kem, que miraba aburrido hacia la puerta, e inició la marcha.
—Te sacaremos —aseguró con suspiro Kyran a su lado—. Averiguaremos cómo entrar en el Conducto y te rescataremos. Mantente cuerdo y frío, hazme caso.
Cerón siguió caminando mientras su corazón se aceleraba. Abandonó la estancia bajo la mirada de su grupo de Cazadores, cuyos músculos se tensaban de la frustración. Para ellos, el mago era uno de su Destacamento, quisiera o no.
—Quiero hablar con el resto de líderes de Destacamento y de Orden —afirmó el Archicazador—.
Reunid a todos los que no estén destacados, cuanto antes.
Todos menos ellos dos —dijo señalando a Owen—, han traído un peligro a la Academia, serán apartados de sus puestos hasta que todo esto haya acabado y decida qué hacer.
El grupo de Owen estalló en gritos contra el Archicazador antes de que Owen pudiera impedirlo.
—¡Basta! —rugió el líder de Destacamento—. ¡Es la palabra del Archicazador y debe respetarse! Maldita sea, sois Cazadores. Todos mis Cazadores, acompañarme.
—¡Lo calcinaré vivo! —gritó Freya mientras sus manos ardían.
—¡Fuera de aquí, Buscadora! —le espetó—. Tal vez no debas lealtad al Archicazador, ¡pero a mí sí! Obedece a tu líder.
Freya se atragantó con la rabia que recorría su cuerpo mientras observaba al líder de Orden mirarla con desdén. Los Buscadores ni siquiera tenían permiso para entrar allí. Si había accedido era solo porque el Archicazador se lo había permitido.
—Vamos, confía en tu líder, Freya —susurró a su oído pasando su brazo por su hombro. Freya miró a su líder con dolor y agachó la cabeza. Sus llamas se extinguieron.
Owen salió de la sala seguido por su grupo, aún con Freya bajo su brazo. Por suerte, Darius no estaba allí para enfurecerse, a él no lograría controlarlo de forma tan sencilla. Vaelen miró al líder de Orden a los ojos y realizó una reverencia profunda y lenta.
—Estaré en la biblioteca, si desea verme.
—No lo deseo.
Vaelen siguió a su hijo y abandonó la estancia, donde no tardaron en llegar más de treinta líderes, todos ojos dorados como pedía su Esencia .
Ningún Cazador desobedecía al Archicazador, por mucho que estuviera en contra de sus órdenes.
Sin embargo, había un escaso momento, un tiempo preciso y breve en el que las órdenes podían ser desoídas.
Este periodo, que transcurre entre que cazan a su primer dragón y obtienen su Escama, es gobernado por una Esencia pura y poderosa, amplificada para encontrar la unión que le definirá toda su vida.
Por eso Kyran se quedó escondido en un extremo de la sala, lo que Owen había previsto desde el principio. Cuando la sala rebosó de vida, el Archicazador tomó la palabra.
—La Esencia de Vyr ha caído —dijo con fuerza para que todos le escucharan.
Se alzaron murmullos tras la noticia—. Lo llamamos El Rechazo .
Es un debilitamiento progresivo y silencioso que empezó hace veinte años.
Las Esencias de las ciudades periféricas no brillan como antes.
Las cúpulas pierden su grosor. Las redes que alimentan nuestras forjas y defensas están muriendo cada vez más rápido.
La magia que siempre ha gobernado este mundo nos está olvidando.
Kyran abrió los ojos de par en par. Llegó a pesar incluso que era culpa de la bruma que apelmazaba sus oídos dentro del espejismo. Sin embargo, algo le decía que no era así.
—Vyr habría caído en un par de inviernos, con o sin la ayuda de esa vanguardia oscura —continuó el líder supremo—.
Y tras Vyr, caería Kaelen, Trimen y luego la propia Academia.
Nos enfrentábamos a la extinción imparable.
Nos congelaremos en el hielo o los dragones salvajes nos devorarán cuando los escudos colapsaran.
No había honor en esa muerte, desde luego no habrá victoria.
Solo será un final patético para la raza humana.
—Debemos evitarlo —se alzaron muchas voces. El Archicazador se puso de pie y alzó las manos pidiendo silencio.
—La supervivencia de nuestra especie requiere sacrificios que los idealistas no pueden soportar —aseguró con dureza—.
Requiere evolución, una adaptación que la Academia no ha sido capaz de ver.
El futuro de toda la Isla depende de que dejemos de aferrarnos a una magia que nos rechaza y abracemos el poder de quienes han demostrado ser capaces de doblegar la naturaleza misma de este mundo helado.
Kyran comprendió que la Oscuridad de la que les había hablado Cerón no acechaba sus puertas, sino que estaba sentada en el Consejo y el grupo de Owen acababa de caminar directamente hacia sus fauces.
El silencio que siguió a la exhortación, cargado con el hedor de la traición, llenó la sala.
Para Kyran la revelación no fue una simple sorpresa; fue el colapso de toda su escala de valores, la destrucción del altar sobre el que había edificado su vida entera.
Recordó a su abuela, la mujer por la que había luchado por ser un Cazador como ella y sintió náuseas al ver en lo que se había convertido la Academia.
Pero la pesadilla apenas acababa de comenzar.
De las profundas sombras que se arremolinaban en las esquinas curvas del Gran Salón, donde la luz de los pebeteros no lograba casi penetrar, una figura comenzó a aparecer en el aire.
Al principio parecían simples distorsiones del aire, pero pronto tomó forma corpórea, avanzando hacia la realidad con una fluidez aterradora.
Al contrario que los ojos violetas que entraban y salían del espejismo a voluntad, la mujer se materializó a través de las sombras adentrándose en espacio físico que no habitaba previamente.
Debía de ser una criatura conocida, porque ningún ojo dorado manifestaba su poder.
Al joven Buscador no le costó reconocer la misma magia que había usado Cerón para rescatar a los niños de la ciudad de Vyr.
Un escalofrío recorrió su cuerpo al conocer la similitud entre ambos seres.
Sin embargo, Kyran había estado en la mente del mago, sabía lo que buscaba y lo que estaría dispuesto a dar. No los traicionaría jamás.
El humano que había obtenido el octavo asiento se levantó y se inclinó ante la mujer recién llegada. El Archicazador se volvió hacia ella e inclinó la cabeza con respeto, si bien sus músculos estaban tensos, lo que provocó que a Kyran se le helara la sangre.
—El tiempo de las Esencias ha quedado atrás —anunció con voz gélida y cortante, sin posibilidad de réplica—.
Las runas son el destino de la Academia y, por ende, de la Isla.
Todos habéis aprendido cómo funcionan. Vyr no supo utilizarlas porque carecía del entrenamiento que los Cazadores sí poseen.
Vosotros seréis los salvadores de este mundo, pero para ello tenéis que aceptar el destino que se abre ante vosotros.
Vyr ha sido la primera en caer, ¿vais a dejar que cedan el resto de las ciudades por las que habéis derramado tanta sangre?
Unos murmullos se alzaron con voces dubitativas.
—No lo permitiremos. Mientras haya una posibilidad, la tomaremos —aseguró el Archicazador—. Las ciudades sobrevivirán, cueste lo que cueste.
—El Rechazo pronto llegará a la Academia.
Será la última en caer porque es la más protegida de todas las ciudades.
¿Qué haréis cuando caiga como Vyr? —continuó Tarnicis mientras se adentraba en la sala e iba mirando uno a uno a los líderes de Destacamento, de Ala y de Orden, clavando en todos ellos sus extraños ojos—.
Tenéis la solución al alcance de la mano.
Este mundo debe evolucionar o perecer. Es vuestra decisión —aseguró, como si fuera a permitir que tomaran una que no le interesara.
—Sin Esencias , los Tharbrins camparán a sus anchas. Nos matará el frío para evitarlos.
Tarnicis se acercó a una mujer de ojos dorados. Era joven, debía de ser líder de Destacamento solamente.
—Los Tharbrins no lo harán —dijo con calma.
—¿Cómo lo sabes?
—No puedes asegurarlo,
—No te creo.
—Mientes…
—¡Basta! —bramó harta de dudas e interrupciones. Chasqueó los dedos y una llama apareció ante ella. De su interior emergió una mujer Tharbrins, una figura de llamas que miró a su alrededor sorprendida. Encontró a Tarnicis tras ella y se arrodilló a toda prisa. Apoyó ambas manos en el suelo.
—¡Cuidado! —gritaron los Cazadores.