CAPÍTULO 7 #3
Pero nadie llega a líder de Ala, ni siquiera de Destacamento, dejándose llevar por el temperamento, esos eran los defectos y virtudes de los ojos rojos o negros. Los ojos dorados, capaces de ver más allá, se mantienen estables a pesar de las circunstancias. Vaelen suspiró y relajó sus músculos.
—Alto —ordenó a su grupo—. Owen explicará por qué nos ha traído este peligro hasta aquí.
El líder de Destacamento asintió ante él. Se acercó a su padre y habló a su oído.
—¿Qué has visto? —preguntó en un susurro casi imperceptible.
—Que nunca tuviste otra opción. —Vaelen miró a su hijo, su rostro estaba preocupado hasta el extremo, no furioso como esperaba—. Y que el mundo está a punto de romperse. Prepárate, querrán leer tu mente y sabes quién lo hará.
Owen asintió apretando los dientes. Conocía demasiado bien quién lo haría. Darius cayó al suelo de nuevo mientras el vapor se elevaba de su cuerpo.
—¡Los Tejedores! —exclamó Owen corriendo hacia Darius—. ¡Abbey!
—¡Estoy aquí! —respondió su compañera. La ojos azules comenzó a enfriar a Darius con todas sus fuerzas, pero el hielo ni siquiera llegaba a su cuerpo, se derretía antes de alcanzarlo.
—Ayúdalo —indicó Vaelen a su compañera de ojos azules. Esta corrió hacia el grupo seguida por Nadir y Doreen que, junto a Liora, canalizaron su fuerza para controlar el descontrol de Darius que amenazaba con calcinarlo a él y a la Academia—. Tarde o temprano, destruirá la Academia…
Vaelen se acercó a Cerón y a Rhogar y se detuvo ante ellos.
El Calán lo miró amenazante. El líder de Ala hizo una seña y su propio ojos negros se acercó haciendo temblar el suelo con su paso.
Rhogar desvió la mirada hacia él y sonrió de expectación.
Cambió su peso para orientarse hacia el gigante, al menos la mitad más grande que Thorgum.
—¡¿Qué clase de bestia eres tú?! —inquirió, desconcertado.
Sin embargo, el Calán no respondió absorto en el gigante ante él.
Al líder de Ala no le costó distinguir el fuego que latía en su interior, si bien no comprendía cómo lo poseía, ni siquiera tenía los ojos característicos de los Cazadores.
Observó a Thorgum junto a él, protegiéndolo y guiándolo—. ¿Es un ojos negro?
—Algo así —respondió el gigante. Rhogar trató de lanzarse a la batalla y Thorgum se lo impidió, haciendo uso de toda su fuerza. Rhogar gruñó fuera de sí mientras sus botas se hundían en el suelo de piedra—. Le he visto lanzarse contra un dragón con las manos desnudas, líder de Ala.
—¿Es peligroso?
—Oh, sí, pero también leal. Solo necesita ejercitarse un poco.
—Vaelen, quizá debería… —dijo el monstruo tras él. El líder de Ala asintió y se apartó del camino—. Tráelo cuando acabes.
—Te harán falta más ojos negros para agotarlo —aseguró Thorgum, lo que hizo enarcar una ceja al gigante—. Eso mismo pensé yo la primera vez. Ahora sé lo que digo.
Vaelen se volvió y el ojos grises apareció a su lado.
—Haz llamar al resto de líderes de Ala negros.
—¿A los cinco? —inquirió sorprendido.
—Sí, a los cinco. Y que sus dorados acudan a la audiencia. —El ojos grises asintió y desapareció. Vaelen se apartó unos metros—. Diviértete.
Thorgum liberó a Rhogar que se lanzó al instante contra el gigante de ojos negros.
Este no se esperaba su fuerza arrolladora y cayó de espaldas contra el suelo.
Ambos rodaron mientras golpeaban el cuerpo del otro con todas sus fuerzas.
El suelo tembló bajo sus ataques. Thorgum levantó las manos y se apartó del líder de Ala.
Solo Cerón permanecía ante él ahora. Inclinó la cabeza con respeto y volvió a mirar a Vaelen a los ojos.
Tal y como había dicho él mismo, no debía bajar la mirada y no lo hizo.
Los ojos dorados del líder de Ala brillaron con fuerza mientras revisaba al mago ante él. Cerón sintió la fuerza de su habilidad recorriendo su cuerpo de arriba abajo.
—He visto el futuro que acarreará a la Academia enfrentarse a ti —dijo con sinceridad y sin rodeos—. Traerás la muerte a este lugar.
—No es mi intención, líder de Ala —respondió con humildad.
—¿Era intención de Owen traerte a ti o a esa criatura? No lo creo, pero aquí estás.
—Vosotros le enviasteis a encontrarme.
Vaelen asintió encajando la pieza que faltaba.
—Eres el extranjero que habla sobre los ojos blancos —dijo con calma, no era una pregunta y Cerón no respondió.
—Raanee y Cassius tienen razón. Su propia hija es una de ellos. —Vaelen no se inmutó ante su comentario en absoluto. O le creía o lo daba por imposible—. Debéis sacarlos del Fogón.
Esta vez sí que alzó una ceja ante su comentario. Instintivamente sus ojos se desviaron hacia el centro de la Academia, cruzando todas las murallas que la rodeaban.
—¿Cómo sabes tú…?
—Eso no importa. —Era imposible explicar que había tratado de transportarse hasta ellos cuando había caído del lomo de un dragón dorado solo unos días antes—. Pero tenían razón y aquí estoy con la prueba —aseguró señalando su cabeza.
—A estas alturas estarán muertos.
—¡No! Cometéis un error.
—El error está cometido ya, si es así.
—Busca en mi mente, encuentra a la ojos blancos y libera a sus padres —le pidió, si bien sus palabras sonaban a orden, lo que no gustó al líder de Ala—. Díselo a tu ojos violetas. —Cerón se volvió tras de sí—. ¡Sé que estás aquí! —gritó al aire—. ¡Muéstrale la verdad y libéralos del Fogón!
—Los extranjeros no tienen capacidad para pedir nada más que piedad por sus vidas.
—No lo hagas, padre —dijo Owen—. Nosotros lo hicimos y Melissa casi pierde la vida.
Vaelen miró a su hijo que corría hacia él. Alzó la mano pidiendo paciencia y un ojos violetas apareció tras Cerón, el mismo que habían visto en armadillo a la entrada de la Academia.
—¿Confías en él más que en mí? —preguntó el líder de Ala.
—Sé de lo que hablo. Busca sus recuerdos, no te pondrá problemas.
Forma parte de mi Destacamento, confío en él mi vida porque mi vida y la de todos ha estado en sus manos varias veces.
Solo te pide que averigües lo que sabe, ¿qué puedes perder?
—Vaelen miró a la cintura del mago—. Dame tu arma, Cerón.
Este le tendió su arma y abrió los brazos mostrándose indefenso. Sin embargo, Vaelen había visto que jamás había estado indefenso desde que llegó. Asintió y su ojos violetas se situó tras él.
—Muéstrame a la ojos blancos. Solo eso, por ahora.
El ojos violetas se sumergió en la mente de Cerón, que pudo sentir una habilidad poderosa, precisa y rápida, mucho más intensa que la que Melissa mostraba o la errática y pasional de Kyran.
Ni un solo recuerdo llegó a su mente desde él, mientras que con una sutileza que le hizo dudar de su mente, se filtró en sus recuerdos extrayendo el que buscaba con pericia y determinación.
Cuando regresó en sí, se apartó del mago abriendo los ojos de par en par.
A Vaelen no le hizo falta escuchar sus palabras para saber que era verdad cuanto decía.
Aún así, el Cazador expuso en voz alta sus recuerdos.
—La ojos blancos existe —aseguró impresionado.
—Muéstramelo.
El Cazador se acercó a Vaelen y apoyó las manos en su cabeza transmitiendo los recuerdos de Cerón junto a la irreverente Aylwin.
El líder de Ala palidecía a cada segundo.
Cuando se apartó, Vaelen miró a Owen y a Cerón y negó con la cabeza.
Tras él, los gritos entre Rhogar y el gigante de ojos negros se hacía cada vez más intenso a medida que ambos se veían obligados a emplearse a fondo.
—Era verdad… —masculló incrédulo—. Miró tras de sí en busca de su ojos grises que llegó al momento—. Libera a Cassius y a Raanee del Fogón. Avisa a los Tejedores de Carne de inmediato. Di que yo he dado la orden de liberarlos.
El ojos grises partió de inmediato dejando al líder de Ala mirando a Cerón. Sin embargo, su mirada permanecía en el recuerdo de Aylwin y en sus ojos blancos.
—Como te he dicho, han ocurrido muchas cosas —dijo Owen con un suspiro—. Y esa niña casi es el menor de nuestros problemas…