CAPÍTULO 7 #2
—Trae a un ojos marrones —ordenó al aire. Cerón no podía ver al grupo que acompañaba al hombre, pero no le costó asumir que sería uno de cada color—. ¿Necesitas un ojos negros?
—No, tenemos dos, en realidad.
El Cazador asintió, si bien se extrañó por completo ante sus palabras.
—¿Tres Cazadores en libertad desconocidos para la Academia en una semana?
—se preguntó con ironía tratando de extraer información a Owen.
Desvió la vista hacia el resto de los armadillos y localizó a Cerón asomado a uno de los laterales de uno de ellos.
Sus ojos se clavaron en él. Cerón pudo sentir cómo trataba de asentarse en su interior.
El mago no desvió la mirada en ningún momento—.
Comienzo a pensar que sí que tienes mucho que contar.
—Como le he dicho, tenemos mucho que contar, maestro.
—No me llames maestro.
—De acuerdo, Vaelen.
—Odio que me llames así. —Apretó ambos hombros del Cazador con fuerza antes de darle una palmada en ambos con fuerza.
—Sí, padre —aceptó Owen tras un suspiro.
El padre de Owen aceptó y se volvió hacia la muralla desde donde un ojos marrones se acercaba.
El convoy se alzó del suelo en cuanto estuvo a la distancia adecuada—.
Adentro —ordenó. Sin embargo, el convoy no se movió.
Miró a su hijo con dureza—. Las normas de la Academia…
—Para la Academia —le cortó Owen—. Me siguen a mí, no solo a la Academia. Fuera de sus muros, solo nos tenemos entre nosotros. Thorgum, Rhogar, adelante.
El convoy avanzó de nuevo a pesar del ceño fruncido de Vaelen, que se abstuvo de hacer más comentarios de momento.
Conocía perfectamente lo que era la lealtad y la amaba por encima de todas las cosas, pero la Academia requería más que lealtad para sobrevivir.
Tal y como decía su hijo, fuera de las murallas solo se tenían entre ellos, pero dentro debían de ser un ejército recto y escalonado.
Cuando el convoy cruzó el umbral, el ojos marrones permitió que avanzara lo suficiente para poder cerrar las puertas antes de dejar caer el convoy.
Las cadenas de los armadillos dieron un último crujido lastimero antes de detenerse por completo en el inmenso patio de armas interior de la Academia.
Las puertas se cerraron de golpe tras ellos.
El silencio del patio interior de la Academia era denso, artificial, casi opresivo después de llevar días escuchando el aullido incesante de las tormentas y el crujido de las cadenas.
Cuando las ruedas se detuvieron por completo sobre las losas de piedra pulida y quemada, el eco del metal pareció rebotar contra las altas murallas escalonadas que los rodeaban.
Cerón pudo observar que aquel era solo la primera de las murallas que protegía la Academia.
Pudo contar al menos cuatro incluyendo la que había tras él.
Se preguntó si tendrían algo especial y asumió que sí, solo que él, como con casi todo lo que pasaba en la Isla, no tenía ni idea de qué era.
—Abrid las compuertas —dijo Vaelen. Esta vez sí que fue escuchado y obedecido al instante. Dentro de la Academia, los rangos eran una ley inquebrantable.
Las pesadas rampas de cada armadillos cayeron con un estruendo metálico, si bien hasta estar desenganchados los armadillos estos no podrían caer hasta el suelo. El líder de los Cazadores respiró hondo, llenando sus pulmones de un aire de su hogar.
Habían sobrevivido.
Habían llegado.
—Necesito sanadores —pidió Owen, con la voz quebrada por el agotamiento ahora que había concluido su tarea—. Necesito a los tejedores de carne.
Vaelen observó a su hijo de hito en hito.
—¿Dónde está tu ojos verdes?
—Hace lo que puede, pero en este caso…
—Darius… —Owen asintió con la cabeza—. Esa maldita criatura acabará con todos vosotros un día de estos.
—Esa criatura es mi amigo y se sacrificó para salvarnos a pesar de conocer las consecuencias —le espetó. Sin embargo, pronto se dio cuenta de sus palabras y bajó la mirada de nuevo—. Y lo volvería a hacer, líder de Ala. Es mi Destacamento y yo decido quién entra en él.
—Traed a los Tejedores —ordenó al vacío tras un segundo de reflexión.
Tras él aparecieron o llegaron los seis Cazadores de ojos diferentes restantes, incluido un monstruo como Thorgum, solo que aún más grande.
¿Ascendían a la vez o acaso se unían tras ser ascendidos? —. Que salgan todos de los armadillos.
Cerón supo que era una orden que no podía ignorarse y emergió de su armadillo junto al resto de los pasajeros. Vaelen enarcó una ceja al ver bajar a dos docenas de niños de todas las edades. Miró a Owen inquisitivo.
—Como te he dicho, hay mucho que contar.
—Ya lo veo. Que se hagan cargo de los aspirantes, aunque la mayoría son demasiado jóvenes. Llevar a Darius a la enfermería, usar todo lo necesario para recuperar a ese Cazador. Doreen, qué sorpresa volverte a ver. Te creía en Vyr mediando por la Academia… ¿qué te trae por aquí?
—La ciudad de Vyr ha caído. El Mariscal la ha traicionado y los dragones han arrasado con ella.
No queda nada allí ahora. Los niños son lo único que estos Cazadores pudieron rescatar —resumió a toda prisa pasando frente al líder de Ala.
Este asintió al escucharlo. No era la primera ciudad ni la última que caía, si bien hacía muchos años que ninguna lo hacía—. Informaré a la Academia cuando desees.
—Solicita audiencia —indicó a un hombre de ojos grises.
Este desapareció en el mismo momento. Al mago le sorprendió descubrir la habilidad de Elyndra en un hombre, pero al igual que ocurría con Darius o Freya, la habilidad no distinguía entre sexos.
Pasó por alto el cómo sería una Cazadora con la habilidad de Thorgum.
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Vaelen miró a Cerón y a Rhogar, los únicos desconocidos para él ahora que los niños habían abandonado los armadillos.
Sin embargo, antes se centró en lo que no podían ver—. ¿Qué hay de los buscadores?
—Kyran y Freya mataron a su primer dragón hace unos pocos días. Cuatro en realidad. Deben encontrar su Escama cuanto antes. —Vaelen asintió tomando nota. Tenían tres días para ello, no era prioritario—. Bram cayó en la batalla —dijo con dolor al recordarlo.
—La vida de los Cazadores siempre está en peligro. Informaremos a sus familias, líder de Destacamento. ¿Piensas hablarme de tus invitados? ¿Ciudadanos de Vyr? ¿Más supervivientes, tal vez?
Owen negó con la cabeza lentamente. Se humedeció los labios meditando sus próximas palabras con cuidado.
Vaelen ladeó la cabeza ante su duda. Sus hombros se tensaron, motivo más que suficiente para que su equipo se preparara.
El hombre de ojos violetas desapareció junto a otros tres Cazadores.
Vaelen alzó una mano pidiendo mesura, de momento.
Un escorpión giró hacia Cerón y Rhogar. Tras él estaba el Cazador de ojos grises.
Rhogar tensó la musculatura y adoptó una postura de combate, flexionando las piernas con ferocidad.
Abrió los brazos como si fueran las garras que en otro tiempo poseía, apretó los dientes y gruñó mientras el instinto de batalla crecía en él.
Thorgum se situó a su lado y apoyó su enorme mano sobre su hombro pidiendo calma o poniéndose de su lado.
Solo gruñó a su vez, un sonido ronco y poderoso que hizo vibrar el suelo.
Un chasquido de una palanca al activarse en el armadillo y su propio escorpión emergió sobre el armadillo.
Una lanza se situó en su lugar. Sujetando la palanca estaba Elyndra, que orientó el arma hacia el ojos grises de la muralla.
Freya se adelantó a Rhogar y agarró sus dagas, que ardieron en sus manos.
Terra caminó hacia Owen que enfrentaba a su padre.
—Vaelen —dijo el ojos marrones—, amigo mío. —Cerón se fijó en que tenían una edad similar—. No decidas aún algo sobre lo que no conoces y que puede tener consecuencias que ni te imaginas.
Los ojos del líder de Ala se posaron en él y en la escama que colgaba de su pecho.
Apartó la vista con dolor al recordar algo que Cerón desconocía.
Mientras tanto, el resto de Cazadores se situaron para proteger a los dos extranjeros dejando clara su posición.
Los ojos de Owen brillaban casi tanto como los de su padre, que sin duda trataba de entrever en el futuro lo que ocurriría.
—Nadir, ayúdame. Doreen, harás lo mismo. Liora, tú también si crees que debo escuchar, déjame ver.
—Por supuesto —dijo la Cazadora alejándose del armadillo donde Darius aún permanecía. A pesar del dolor de la separación y del riesgo que corría al hacerlo, acudió ante el líder de Ala—. Pero date prisa o será aún peor.
Los ojos de Vaelen brillaron con una intensidad que Cerón jamás había visto.
Su mirada se perdió en el tiempo mientras iluminaba con su brillo a ambos extranjeros.
Nadie pronunció una sola palabra mientras se perdía entre las líneas del libro del destino en el que solo los Cazadores de ojos dorados eran capaces de ver.
—¡Basta! —gritó apretando los puños. Su cuerpo entero se tensó. Los tres Cazadores capaces de canalizar cesaron al momento. Vaelen miró con rabia a Owen—. ¡¿Qué has traído aquí?!
Su hijo se defendió.
—¡Es lo que había que hacer! ¡Es lo que ha pedido la Academia!
Un grito desgarrador emergió de la garganta del líder de Ala.
Sus compañeros se tensaron, preparados para luchar a sus órdenes.
Los compañeros de Owen hicieron lo mismo.
Darius se arrastró por el armadillo hasta que cayó rodando por la compuerta.
Liora corrió a ayudarlo, pero este la apartó de un empujón y se puso en pie tambaleante.
Sus manos, aún protegidas por vendas, ardieron quemándolas al instante.
Su cuerpo comenzó a calentarse mientras miraba a Vaelen retándolo a arrepentirse de sus decisiones.
Su cabeza se contorsionó por los espasmos que provocaba el dolor en su cuerpo.