Una voluntad robada (El Heredero del Cielo 18) CAPÍTULO 1 #4
5%

CAPÍTULO 1 #4

Todos guardaron silencio y agacharon la cabeza en señal del respeto que debían de sentir por el Mariscal.

Este se detuvo ante Doreen, que se inclinó aún más.

El cargo de Cazador en las ciudades era un castigo para cualquiera de ellos.

Solo los que no eran aptos para luchar se escondían en la ciudades, donde el cargo era más político que otra cosa.

No fueron pocas las veces que Terra rechazó aquel trabajo en muchas ciudades y solo gracias a Owen había podido seguir sirviendo a la Academia.

—No es época de criba, ¿verdad? —preguntó directamente. Miró a Owen, el único ojos dorados de todos, al fin y al cabo, casi todos los líderes eran ojos dorados. Sus palabras expresaban un hastío inabarcable—. ¿Qué quiere la Academia de Vyr ahora?

Owen pasó por alto el tono del Mariscal.

Sin embargo, Thorgum dio un paso adelante ante la insolencia dispuesto a aplastar al Mariscal con sus propias manos.

Owen puso los ojos en blanco y se volvió hacia su compañero negando con la cabeza.

Thorgum aceptó la orden a regañadientes.

Cuando el líder del Destacamento volvió a mirar al Mariscal, su sonrisa de burla era obvia incluso para Cerón.

“¿Qué ocurre aquí? —se preguntó”.

“Lo de siempre. Líderes corruptos que creen que son mejores que a los que sirven —respondió Nefrén”.

—Disculpa nuestra inesperada llegada, mi señor. —Las palabras salieron de la boca de Owen con una naturalidad política envidiable que sorprendió al mago—. Desde luego que no es época de criba, para nada.

—¿Qué queréis entonces? —volvió a preguntar con más hastío aún.

—La Academia tiene constancia de que la Esencia de Vyr solo permanecerá diez años más y todos sabemos que comenzarán a fallar próximamente.

No quieren que una ciudad tan leal como la suya sufra en este tiempo, por lo que nos envían a cambiar su Esencia por una nueva.

¡Vyr tendrá cien años más de protección!

—exclamó alzando las manos en busca del calor de público.

Una noticia así debería ser celebrada por sus habitantes.

Sin embargo, nadie se unió a su énfasis.

El silencio fue sepulcral. Los ojos de los habitantes de Vyr se volvieron hacia el Mariscal. En su expresión había una extraña mueca entre frustración y victoria. Sin duda estaba dudando de cómo rechazar a los Cazadores sin revelar aún su nueva Esencia. Se humedeció los labios.

—Es… un regalo muy importante para mi ciudad —aseguró con pausa, buscando las palabras adecuadas—. ¿Qué desea la Academia a cambio?

—Nada. La Academia es fiel con sus ciudades amigas —dijo con seriedad dejando claro que no lo era con sus ciudades enemistadas.

La Academia como enemigo debía tenerse en cuenta, en aquella ciudad y en cualquiera—.

Pero hemos sufrido mucho para llegar hasta aquí.

Necesitamos partir de inmediato hacia la Academia, ni siquiera tenemos tiempo para la ceremonia adecuada.

La Cazadora Doreen se encargará de hacer el cambio de Esencia sin nosotros.

Lamento la urgencia, pero hay noticias inquietantes del norte.

—¿Inquietantes? —preguntó el Mariscal con el ceño fruncido.

—Hay más dragones de los que creíamos en esta zona, debemos alertar y enviar refuerzos —aseguró—. Algo parece estar llamando su atención.

—¿Algo o alguien? —preguntó más agudo de lo que Owen quería escuchar.

—¿Cómo?

El Mariscal chasqueó los dedos y dos docenas de Vigilantes acudieron a escoltarlo.

La guardia de élite de las ciudades, la que patrulla las murallas en busca de dragones día y noche, la única entrenada en el combate con ellos, se adelantaron con sus lanzas de metal.

En aquella ciudad no había madera alguna, todo lo que pudiera ser consumido por el fuego estaba fuera de lugar.

La respuesta de los Cazadores no se hizo esperar y estos se posicionaron para defenderse.

Un paso en falso del Mariscal podría acarrear una batalla innecesaria y desproporcionada.

Owen meditó qué estaba ocurriendo allí. El Mariscal debía saber que sus dos docenas de hombres no tendrían nada que hacer contra solo Thorgum. Si se enfrentaban a todo el Destacamento, entrando durante años y cientos de combates juntos, debía haber algo más que desconocía.

—Mi señor. Me temo que no entiendo lo que quiere decir —aseguró levantando las manos en son de paz. Un levantamiento de ceja tan sutil como imperceptible, apareció en su rostro.

Darius dio un paso al frente y se situó al lado de Owen. Sus ojos rojos brillaban con la intensidad de la lava. Su coraza volvía la brillar al calentarse con su cuerpo abrasador. La temperatura ascendió y Abbey se situó tras él volcando su hielo sobre su espalda. Liora hizo lo mismo.

—¡Darius! —exclamó la mujer de ojos naranjas. Estos brillaron con fuerza tratando de frenar la rabia del Cazador. El solo podía reducir a cenizas la ciudad entera si se descontrolaba.

—La arrogancia se paga con la muerte en la Academia —le espetó. Su garganta era un volcán anaranjado que amenazaba con explotar.