CAPÍTULO 1 #2
—No, y recuerda que Darius está herido, no puede hacerlo.
Tardaríamos demasiado —respondió Owen tomando en consideración su propuesta.
No debía de ser la primera vez que hacían algo así.
Sus dedos recorrieron el mapa desde su posición hacia la Academia y regresaron.
Cambiaron de dirección y señalaron la ciudad de Vyr.
—Vyr es una de las ciudades más alejadas de la Academia, Owen —dijo Terra con preocupación—. Sabes lo que significa…
—Lo sé.
—Entonces…
Owen se humedeció los labios. Suspiró y echó la cabeza hacia atrás mientras negaba con ella.
—Thorgum es de Vyr —apuntó Elyndra—. Seguro que querrá volver.
—No estoy tan seguro… —siguió Terra.
—¿Qué ocurre con esa ciudad? —preguntó el mago. Pero Owen levantó una mano ante su rostro invitándolo poco sutilmente a guardar silencio.
—Las preguntas después —le atajó—. Es la más cercana, Terra.
—Nos desviaremos al menos dos días de viaje.
—Si caminamos, tardaremos veinte. No podemos permitirlo. ¿Cuánto le queda a su Esencia?
Terra calculó rápidamente mientras movía los labios en silencio.
—Diez años —respondió con seguridad—. Ya sé por dónde vas. Puede funcionar.
—En marcha, directos a Vyr. Avisad a Thorgum y a Rhogar, un día de esfuerzo y un descanso merecido a continuación.
Terra, Elyndra y Kyran desaparecieron en el aire, si bien el Cazador de ojos violetas no estaría muy lejos. Owen se volvió hacia Cerón. Su rostro había envejecido al menos veinte años.
—No entramos en las ciudades periféricas a menos que haya que reponer una Esencia, que no quede más remedio o durante los reclutamientos, lo que no vamos a hacer ahora.
Sus gobernantes harán preguntas, exigirán saber por qué viajamos con un extranjero, y si descubren lo que Rhogar es en realidad…
Tendremos a nuestra propia gente cazándonos, en cada ciudad hay un Cazador y no confío en todos ellos.
—¿Por qué has preguntado lo de su Esencia?
—Porque cada cien años las Esencias se agotan y debemos cazar a un dragón para entregarles una nueva con la que proteger su ciudad. Cuando quedan diez años, estas comienzan a fallar. Podemos ser un convoy preocupado que ha sido atacado por el camino.
—Les estamos ayudando en vez de ellos a nosotros.
Owen asintió. Alzó el saco con las cinco Esencias y estas tintinearon.
—Una Esencia nueva y nosotros reparamos nuestros vehículos. Un buen trato en un día aciago.
El líder del Destacamento se tambaleó y se apoyó en la mesa. Cerón lo sujetó antes de que cayera.
—¿Estás bien? —preguntó preocupado. Owen se apartó de él y se sostuvo por sus propios medios.
—Sí, cansado, nada más, igual que el resto. Creo que todos necesitamos descansar, pero ni Terra ni Thorgum o Rhogar podrán hacerlo. No voy a…
Melissa apareció tras Owen, junto a ella estaba Ronan, el Cazador de ojos verdes, y Abbey con sus ojos azules como el hielo. Owen se dio la vuelta y los miró con fastidio.
—No, no pienso permitir que…
Melissa agarró al cabeza de Owen mientras Ronan abría uno de sus frascos bajo la nariz de su líder. Este hubiese caído inconsciente al suelo de no haber sido por Elyndra, que lo sujetó con fuerza.
—Todos necesitamos descansar, Escama mía —dijo Abbey con dulzura acariciando su rostro inconsciente.
Elyndra lo tumbó en el suelo y puso una almohada bajo su cabeza.
De dónde la sacó siempre será un misterio para el mago.
Abbey alzó la vista hacia el mago—. Te sugiero que hagas lo mismo, extranjero.
El viaje no hará más que complicarse desde ahora.
“¿Más? —preguntó Nefrén en su cabeza”.
Las murallas de Vyr no emergieron de la tormenta como un faro de esperanza, sino como tétrica coraza de metal alzada solitaria sobre la implacable llanura helada.
A medida que el lisiado convoy de armadillos se acercaba, arrastrando sus ejes deformados con un gemido agónico, Cerón pudo contemplar por primera vez la verdadera magnitud de la arquitectura de supervivencia de aquel mundo.
No había esbeltas torres desafiando las nubes, ni estandartes ondeando con orgullo al viento.
En las ciudades, alzarse hacia el cielo significaba invitar a la muerte alada.
Las murallas exteriores estaban construidas no de piedra como en el continente, sino de un metal extraño, de un tono plomizo y opaco.
Estas placas estaban forjadas sin costuras visibles, con una inclinación calculada para desviar tanto los vientos huracanados como cualquier impacto devastador que descendiera del firmamento.
Era un material ajeno a la piedra y al hierro común, una barrera muda y formidable que blindaba la ciudad.
Pero lo que verdaderamente robó el aliento del mago telépata fue la inmensa bruma que latía sobre el asentamiento.
No era una nube natural, sino una cúpula trémula y translúcida que distorsionaba la visión de cualquiera que intentara escudriñar su interior.
Aquel escudo visual y físico, sin duda la protección manifiesta de las Esencias , apartaba la ventisca y crecía hacia arriba como una burbuja donde la vida humana, cruda y miserable, podía aferrarse a la existencia.
Solo cuando la ciudad estuvo a escasos minutos de viaje, Melissa y Ronan aceptaron despertar a Owen que seguía sumido en un sueño profundo.
El Cazador de ojos verdes abrió un nuevo frasco bajo la nariz de su líder y desapareció junto a Melissa gracias a su habilidad.
Solo Abbey y Cerón permanecieron con él.
Cuando abrió los ojos, masculló una sincera y curiosa retahíla de improperios que su escama sostuvo sin inmutarse.
—¿Has terminado de quejarte? —preguntó la Cazadora de ojos Azules.
—No —respondió con dureza. Miró a Cerón y frunció el ceño. Buscó en la habitación a Melissa o a Ronan sin fortuna—. Os encontraré, se a dónde viajáis. —Se puso en pie con agilidad y Cerón pudo apreciar que sus movimientos eran mucho más fluidos, sin duda el descanso le había venido bien.
—El descanso te ha venido bien —aseguró Abbey poniendo una mano helada sobre su frente—. Estabas más caliente que Darius cuando vino Ronan. No debes forzarte tanto.
—Las alternativas eran pocas, ¿no crees? —Owen salió por la parte anterior del armadillo y trepó hasta el lugar que Terra ocupaba. Ante él aparecieron las murallas de Vyr alzándose inexpugnables. Más de cincuenta metros de altura de metal rodeaban a la ciudad—. ¿Han dicho algo, Terra?
—No, aún no nos hemos dejado ver.
—Pues hagámoslo —ordenó. Al instante, la protección visual de Melissa desapareció y ella apareció a su lado—. Sabía que no estarías lejos. ¿Cómo te atreves a…?
—¿Cuidar de ti? —le cortó—. Tú cuidas de nosotros. A veces es al revés. Enfádate con tu Escama si quieres.
Melissa desapareció de nuevo dejando a Owen con la palabra en la boca aún más furioso. Estaba dispuesto a seguir con su frustración cuando el sonido de unas trompetas se alzó en la ciudad ante ellos, apartando todas las ideas de reproche de su mente.
—Alto —ordenó Owen con calma. Los tres armadillos se detuvieron al instante y Terra dejó alzar el metal del suelo. Los tres vehículos cayeron sobre sus ejes en un chirrido tétrico que no dejaba lugar a dudas de su estado—. ¿Qué Cazador hay en Vyr?
Terra carraspeó mientras se secaba el sudor de la frente.
Permanecía apoyado sobre una barandilla de metal que parecía cargar todo su peso.
El Cazador no había tenido el descanso que su líder sí había mantenido, por lo que, junto a su longeva edad para ser un Cazador, estaba agotado hasta el extremo.
Owen apoyó una mano en su hombro y apretó con respeto.
—Doreen, una potenciadora —respondió en un susurro agotado.
—Recibido. Descansa hasta que abran las puertas, amigo mío.
—Owen se situó ante Terra y se alzó orgulloso.
Observó el cielo sobre ellos, no había señales de dragones, al menos por el momento.
Sin embargo, sabía tan bien como el resto que los problemas podían llegar en cualquier momento.
Miró tras de sí y observó la magnitud de los daños en los armadillos.
Chasqueó la lengua, la reparación sería lenta, cuando no imposible.
Esperó sin apartar los ojos del cielo en ningún momento hasta que una figura vestida de marrón se alzó sobre la muralla de metal, sobre la puerta de entrada.
Era una mujer vistiendo la capa de Cazador, por lo que identificó a Doreen en ella.
Esta miró detenidamente el convoy y frunció el ceño.
Se volvió hacia el interior y un segundo después desapareció de la vista.
Un minuto más tarde, comenzaron los chirridos.
Las pesadas puertas de metal engranado se abrieron con un quejido monumental que resonó en todo el valle. Un estruendo como aquel no sería extraño que lo escuchasen los dragones a muchas leguas de distancia. Vyr no abría sus puertas a menudo, eso quedó claro.
—Adelante —ordenó Owen. Se volvió hacia Cerón, que se asomaba con cautela al exterior buscando ver la ciudad—. Tú permanecerás dentro del armadillo. Tus ojos llamarían la atención demasiado.
Cerón aceptó su lugar y regresó al interior. Terra se puso en pie con un cansado suspiro y sus ojos brillaron de nuevo. Al mismo tiempo, comenzaron a avanzar.
—Doreen me está ayudando —dijo Terra a su líder y esta asintió agradecido, aunque no tanto como el longevo Cazador. El precario convoy se adentró en la ciudad de Vyr. Cerón se asomó para inspeccionar el nuevo mundo al que se dirigía.
Al cruzar el umbral, el contraste golpeó al mago.
El frío cortante del exterior desapareció de pronto, reemplazado por un aire denso, viciado y húmedo.
Mirara a dónde mirara, se encontró con casa de metal apiladas unas sobre otras, muchas de ellas en diferente estado de corrosión.
El metal parecía sudar debido a la condensación de la humedad.
Muchos rostros se asomaron de todas direcciones para observar la llegada de los Cazadores.