CAPÍTULO 50 ENZO
No estaba nervioso. La tranquilidad corría por mis venas, aunque estuviera a punto de subirme a ese escenario.
Pero, en cuanto la he visto, se me ha olvidado hasta cómo respirar.
Los nervios han inundado cada parte de mi cuerpo.
Lara está aquí, en Madrid. Ha venido al festival para verme.
Había fantaseado muchas veces con que esto pasara, pero lo veía imposible, muy poco probable.
Me equivocaba. Ella ha vuelto a sorprenderme, para variar.
Lara siempre rompe todos mis esquemas; es su superpoder.
Una vez que estoy en el escenario, los gritos de la gente aumentan. Esto es un puto sueño hecho realidad. Gritan mi nombre, aplauden, silban… Consiguiendo que se me erice la piel.
Cojo el micrófono con la mano derecha. Antes de empezar a hablar, miro a cada lado del escenario, asimilando que toda esta gente vaya a escucharme ahora.
Miro hacia el backstage en busca de su mirada.
Sus ojos conectan con los míos y sonríe.
Había echado de menos esa sonrisa, el brillo de sus ojos, que nace cuando me mira.
De manera automática, sonrío. Me contagia la sonrisa, para variar.
—Buenas tardes, Madrid —grito a todo pulmón, recibiendo la ovación del público—. Gracias por la acogida que le estáis dando a mi primer single . Que hoy esté subido en este escenario es gracias a vosotros.
Me inclino haciendo una reverencia con las manos unidas, dando las gracias. El público es quien lo mueve todo, y siempre les estaré agradecido.
—Me hace muy feliz estar hoy aquí con mi tema Una última vez.
—Los aplausos se intensifican al decir el título de la canción—.
Sabéis que esta canción es fruto de una historia de amor muy reciente.
Pero puede que esa historia renazca de sus cenizas.
Quizás esa última vez que nos dijimos no sea la definitiva.
—Justo entonces, me giro momentáneamente para mirar a Lara y decir—: Rubia, va por ti, por nosotros.
Esa declaración solo consigue que la gente chille todavía más. Lo que les llega a gustar el cotilleo y las historias de amor.
Empiezo a tocar los primeros acordes. Voy a hacerlo. Voy a cantar en un escenario delante de miles de personas.
— Intercambiamos miradas; no podíamos hacer como si nada, aunque ni siquiera me dijiste cómo te llamabas.
—Que la gente cante conmigo la canción solo consigue motivarme más y hacer que sea consciente de lo que estoy viviendo—.
Todo dependía del primer polvo que echábamos.
Ahí supe que tú y yo encajábamos, por cómo nos besamos, por cómo nos tocamos…
Me acompañan durante toda la canción y la sensación es una puta locura. Nada tiene que ver soñarlo con vivirlo.
—Muchas gracias, Madrid —digo, en cuanto termino la canción—.
No sé si lo sabréis; espero que alguno de vosotros sí.
Pero, antes de escribir mis propias canciones, me dedicaba a hacer covers de canciones de otros artistas.
Por eso mismo, hoy me gustaría volver a hacerlo.
En homenaje a los cantantes que tanto admiro y para no olvidar nunca de dónde venimos.
Esas covers han hecho que yo haya amado tanto la música hasta el punto de animarme a componer mi propia canción.
¿Y qué mejor manera de empezar que con un artista con el que comparto raíces?
Estoy seguro de que todos vosotros conocéis Columbia del mismísimo Quevedo. Un saludo para ti y para nuestra isla.
En cuanto empieza a sonar la canción, el público la canta conmigo a todo pulmón.
La hago mía, dándole mi toque personal, algo que me ha caracterizado siempre.
Tuve claro que cantaría esta canción en algún momento, porque me recuerda mucho a mi historia con Lara.
Además, los del festival me dieron luz verde para hacer alguna de las covers que más éxito han tenido en redes.
Siempre desde el respeto y mencionando de quién es la original.
— Hasta que me conoció. Ella no se lo esperaba. La vi entrando en la disco, me devolvió la mirada. Sonrisita nerviosa; entre besos se enfadaba. Se le escapó un «te quiero» a la que no quería nada.
A esa cover le siguen un par más, antes de bajarme del escenario entre ovaciones del público. Este, sin lugar a duda, es uno de mis recuerdos favoritos y presiento que lo será para el resto de mi vida.
Confieso que me hubiera quedado horas encima de ese escenario, cantando canción tras canción. Pero creo firmemente que algún día lo haré. Un concierto mío, con mis propios temas. Una gira para promocionar el disco. Algo que no es tan descabellado, porque ya estoy trabajando en ello.
Tras las felicitaciones del equipo y de la gente que me voy encontrando, voy directo a buscar a Lara, que sigue en el mismo sitio con la mirada fija en mí.
—Has estado espectacular —me dice en cuanto llego a su lado.
Sonríe sincera, porque le llega a los ojos—.
Has nacido para estar ahí arriba, Enzo. Escuchar tu canción en directo ha sido…
—Se piensa lo que decir, ya que parece que no lo tiene muy claro.
Así que termina por añadir—: No encuentro palabras para describirlo.
¿Puede que nuestra historia renazca de las cenizas?
—se aventura a preguntar, utilizando las palabras que he dicho sobre el escenario.
—Que estés aquí es una buena señal —confieso.
—No quiero más últimas veces —suelta ella, consiguiendo que esas cinco palabras se claven en mi corazón—. Me he dado cuenta de muchas cosas durante el tiempo que hemos estado separados.
—¿Puedo saber qué has descubierto? —pregunto con una sonrisa de medio lado. Es inevitable sonreír cuando la tengo delante. Por mucho que esté dolido por todo lo que pasó entre nosotros.
Ella asiente. Está claro que si ha venido hasta aquí es para hablar conmigo.
Me parece maravilloso y escucharé todo lo que tenga que decirme.
Luego será mi turno de explicarle cómo me siento.
Aunque creo que mi sonrisa me delata bastante.
Para mí, que esté aquí hace que todo cobre sentido, que me ilusione como un niño pequeño y que crea en el amor.
Pero me estoy viniendo arriba y adelantándome a los acontecimientos.
—No solo me separé porque habíamos conseguido lo que queríamos y me había llegado esa oferta —confiesa con la voz temblorosa. Parece que le cuesta pronunciar esas palabras—. También empezaba a sentir algo por ti. —Al decir eso se calla, levanta la mirada y observa mi reacción.
Todo cobra sentido al escuchar esa frase.
Suelto todo el aire que aguantaba de golpe.
Es como si esa confesión me hubiera liberado, quitado un peso de encima.
Eso era exactamente lo que quería escuchar, lo que llevaba tiempo deseando que me dijera.
No digo nada, no sé cómo interpretará eso, pero continúa hablando: —Tú tuviste el valor de decírmelo aquel día antes de irme; yo, sin embargo, callé.
Tuve miedo, sigo teniéndolo, pero me he dado cuenta de que lo que siento por ti es tan grande como para arriesgarme. Aun estando cagada.
—Lara…
—No, déjame terminar —me corta antes de que pueda añadir nada más. Solo me ha dado tiempo a pronunciar su nombre—. Necesito soltar todo lo que siento de golpe, sin interrupciones. Esto no es fácil para mí, pero es necesario, porque te mereces que sea sincera contigo. Algo que no fui aquel día.
—Te escucho —le digo, para animarla a que continúe hablando. Si no quiere interrupciones, no las tendrá.
—Sin darme cuenta, los sentimientos aparecieron, aunque me obligaba a ocultarlos. Yo misma había puesto esa norma, porque pensaba que jamás iba a romperla. Pero una vez más tenías razón. No elegimos de quién nos enamoramos, pero yo, si pudiera elegir, me volvería a enamorar de ti.
¿Acaba de confesar que…? El corazón se me va a salir del pecho después de escucharla decir eso.
Así que simplemente actúo y hago lo que siento.
Mis manos van directas a su cara para atraerla hacia mí y juntar nuestros labios.
Joder. Había echado esto demasiado de menos.
Y es evidente que ella también, porque me devuelve el beso con ganas.
Nos besamos como si nuestras vidas dependieran de ello, sedientos el uno del otro. Menudo reencuentro.
—No has dicho que no te pudiera interrumpir con un beso —digo en cuanto me separo—.
Cada persona necesita un tiempo para asimilar lo que siente, para sincerarse consigo misma.
Deseaba con todas mis fuerzas que lo que sentía por ti fuera correspondido.
Pero tengo que decirte que yo, ahora mismo, no podría volver a enamorarme de ti.
—Hago una breve pausa y puedo ver cómo la desilusión aparece en sus ojos.
No alargo más el momento y añado—: No puedo volver a enamorarme de ti porque nunca he dejado de estarlo, rubia.
Hace tiempo que mi corazón te pertenece.
Siento cómo suelta todo el aire de los pulmones, y su mirada cambia por completo. Aunque noto que está conteniendo la sonrisa.
—Eso ha sido muy cruel. Por un momento creía…
—No quiero que dudes ni un segundo de lo mucho que te quiero —la interrumpo, antes de volver a besarla.
Nos entretenemos en ese beso. Ninguno de los dos parece querer separarse. Es lo que tiene haber estado tanto tiempo alejados.
—Quiero que me prometas algo… —Es ella la que interrumpe el momento—. Siempre me besarás y follaremos como si fuera la última vez.
La carcajada que consigue sacarme se debe haber escuchado por todo el festival. No me puedo creer que acabe de decir eso. Aunque debo reconocer que aquel polvo de despedida fue otro nivel. Creo que ese día fue el primero en el que hicimos el amor.
—Nos debemos demasiados besos y muchos polvos, así que creo que deberíamos ir empezando —me limito a responder.
Ahora la que suelta una sonora carcajada es ella. Hay dos cosas que había echado de menos: su sonrisa y oírla reír. Ahora que vuelvo a estar a su lado, me esforzaré porque esas dos cosas estén presentes todos los días de su vida.