CAPÍTULO 44 ENZO
La despedida con Lara marcó un antes y un después en mi vida.
Sabía lo que sentía por ella, pero aun así no esperaba darme esta tremenda hostia al separarnos.
Siento que ni siquiera tuve la oportunidad de decirle lo que sentía por ella.
Rectifico: lo que siento. Porque, por mucho que ahora haya kilómetros de distancia entre nosotros dos, los sentimientos no han desaparecido.
Iba a hacerlo, y en parte confesé algo, pero no de la manera que mi mente había planeado.
No es que tuviera un discurso ensayado ni nada por el estilo, pero tenía una serie de ideas que debía decir cuando llegara el momento, y todas desaparecieron cuando la tuve delante diciéndome que lo nuestro se acababa.
Siendo «lo nuestro» algo fingido, porque, según ella, entre nosotros solo hay una amistad.
Creo que ninguna palabra me había dolido nunca como esa.
En cuanto la pronunció, sentí cómo se clavaba en mi corazón, y ahí se ha quedado.
Aunque esa despedida no es la que se dan dos simples amigos.
Pero ambos sabemos que lo más importante para el otro es perseguir su sueño, ¿y qué podía hacer?
Ella debía irse a Nueva York a grabar esa película, y yo debo quedarme aquí terminando de escribir la canción.
Más bien, dándole unos retoques finales, porque ya tengo escrita toda la letra.
Fue irse ella y venirme toda la inspiración de golpe.
Como una ráfaga incontrolable, así lo sentí yo.
Mi mano escribía a toda velocidad en la libreta para no perder frase alguna que ideaba mi mente.
Siempre he escuchado que los cantantes escriben sus grandes canciones con el corazón roto.
Creo que empiezo a entenderlo. Hacerlo sana, o al menos a mí me está ayudando a pasar página.
Sí, estoy intentando que lo nuestro quede en un segundo plano.
Olvidarlo, superarlo; llamadlo como queráis.
El caso es que tengo que hacerme a la idea de que no voy a volver a verla, y que sea lo que sea que hubiera entre nosotros…
ya nunca más será. Y lo que más me jode es que no es solo por la distancia, sino porque ella no siente lo mismo que yo. O al menos eso fue lo que dijo, ¿no?
No nos hemos escrito desde entonces, y sé que nunca más entrara un nuevo mensaje a nuestro chat.
«Contacto cero». Aunque no hayamos terminado mal, es lo que necesito para que mis sentimientos desaparezcan.
Si no, seguiré enganchado a ella y a un amor imposible.
No me gusta cómo suena la palabra «imposible», mejor «poco probable».
No es que quiera darme esperanzas a mí mismo, pero… dejémoslo así.
Falta una semana para que tenga que entregar la canción y estoy muy contento con el resultado. No sé si ella la escuchará en algún momento, pero estoy seguro de que sabrá que va por ella. Que esa canción es nuestra, porque cuenta nuestra historia.
UNA ÚLTIMA VEZ
Intercambiamos miradas;
no podíamos hacer como si nada,
aunque ni siquiera me dijiste cómo te llamabas.
Todo dependía del primer polvo que echábamos.
Ahí supe que tú y yo encajábamos,
por cómo nos besamos,
por cómo nos tocamos.
Pero, aun así, lo tuviste claro.
Fue la primera vez
con sabor a despedida.
No nos conocíamos y pensé que no nos volveríamos a ver.
Pero el destino
nos puso en el mismo camino,
pisito con pisito.
Siempre nos decimos lo mismo: «Una última vez».
Sabiendo que ninguno de los dos va a cumplirlo,
porque repetiremos otra vez.
Rubia, tú me atraes y yo sé que yo a ti también.
Por eso me cuesta creer
que esta vez no habrá un «hasta la próxima vez».
Que tus besos no van a volver a mí
y mis labios no sabrán sonreír sin ti.
Siempre nos decíamos lo mismo: «Una última vez».
Pensando que no lo cumpliríamos,
porque repetiríamos otra vez.
Pero parece que esta fue definitiva,
porque no nos volvimos a ver.
Sonrío, satisfecho, al cantarla toda entera acompañado de la guitarra. De todas las veces que he escrito algo, esta es la única vez que estoy satisfecho y orgulloso del resultado. Necesitaba que la canción fuera muy mía, lo que no esperaba era que sería muy nuestra.
No permito que la lágrima que amenaza con salir lo haga.
Ya he llorado lo suficiente durante todo este tiempo, y aún más mientras escribía la canción.
Plasmar nuestra historia ha sido liberador y doloroso a partes iguales, porque al ponerle punto final sé que también se lo estoy poniendo a nuestra historia, a nosotros.
Le envío el vídeo que acabo de grabar a David Gómez, mi productor.
Le he ido pasando trozos conforme avanzaba con la letra y la melodía, así que, ahora que ya lo tengo todo, no iba a ser diferente.
Estoy deseando recibir su feedback . Hasta ahora siempre ha sido muy positivo, y cruzo los dedos para que continúe siendo así.
Porque, si le convence, antes de que me dé cuenta estoy de nuevo en Madrid grabando en el estudio.
Solo de pensarlo, se me ponen los pelos de punta.
Estoy tan cerca de lo que siempre he soñado que casi puedo saborearlo, o al menos empezar a hacerlo.
Suena el timbre de casa y dejo de lado tanto la libreta como la guitarra para ir a abrir. Me había puesto de nuevo a tocar mi canción, titulada Una última vez . Siendo nuestra historia no podía tener otro título que ese, ya que le viene como anillo al dedo.
Cuando abro la puerta, me encuentro a mis colegas Raúl y Hugo. El primero lleva una caja de cervezas en la mano, y el segundo una bolsa de plástico, en la que imagino que llevará guarradas: patatas, ganchitos, olivas, fuet… Cosas de ese estilo. Vienen preparados y, para variar, sin avisar.
—Eso que sonaba no estaba nada mal, bro — comenta Hugo, una vez que entra en el piso.
Me da un golpe en el hombro a modo de saludo y va directo a la cocina.
—He dudado si llamar o dejar que terminaras de cantar, pero la impaciencia ha podido conmigo. Además, he pensado: «¿Por qué escucharlo desde fuera, si podemos pedir que cante en directo?». Ventajas de tener un amigo cantante con buena voz.
Me río a modo de respuesta. Me los estoy imaginando en la puerta parados, escuchándome y mirándose el uno al otro, dudando si interrumpir el momento o no hacerlo.
—¿Qué estabas tocando? —pregunta Hugo, asomando la cabeza desde la puerta de la cocina.
—Mi canción. Hoy por fin he terminado el tema y se lo he enviado a mi productor.
No tardan en llegar las felicitaciones, cargas de abrazos y ánimos.
—Creo que eso se merece que lo celebremos.
—¿Alguien ha dicho fiesta? —Hugo se une a nosotros en cuanto pregunta eso. Lo que sea que estuviera haciendo en la cocina ya no es tan importante como lo que se está hablando aquí. Está claro que la fiesta es una de sus prioridades ahora mismo.
—Luego soy yo el que solo piensa en salir. Yo me refería a que con más motivo tiene que tocarnos ese tema. Joder, es tu primer single y nosotros vamos a ser los afortunados que lo escuchen en primicia.
—Es lo que tiene que seamos amigos —comento.
—Cuando te hagas famoso, tengo tantas cosas con las que chantajearte que voy a forrarme.
—Serás cabrón —le sigo el juego. Está claro que es algo que ninguno de los dos haría.
Es obvio que ambos tienen muchos momentos incómodos, fotografiados y grabados, que no quiero que salgan a la luz por nada del mundo.
Igual que audios que dan vergüenza ajena.
Pero confío en ellos, siempre lo haré. Porque todos tenemos con qué chantajear a los demás, y a ninguno nos interesa que eso salga de este círculo.
—Entonces, ¿vas a tocar tu canción y luego salimos de fiesta?
—Si insistís, no tengo más remedio que aceptar.
—Lo estás deseando, colega, y lo sabes.
Sonrío. Que mis mejores amigos se interesen por mi tema me hincha el pecho de orgullo.
Siempre nos hemos apoyado y nunca dejaremos de hacerlo.
Que estén aquí hoy, conmigo, en un día tan importante, me hace muy feliz.
Tengo a los mejores a mi lado. Cosa que no necesito decirles porque ya lo saben, y, si se lo repito mucho, se les sube a la cabeza. Y nadie quiere eso.
En cuanto cojo la guitarra, ellos se sientan en el sofá. Solo están tan concentrados en algo cuando hay algún cotilleo de por medio y cuando me escuchan cantar.
—La canción se titula Una última vez . Espero que os guste, capullos.
Ambos sueltan una sonora carcajada y empiezo a tocar los primeros acordes.
Quizás algún día esté haciendo esto mismo delante de miles de personas.
Hoy son mis dos amigos quienes la escuchan, pero puede que en un futuro sea mucha más gente la que la escuche en directo.
Sí, ya estoy fantaseando, pero soñar es gratis, así que tengo derecho a hacerlo.
Los aplausos cuando termino no tardan en llegar.
— Bro , suena mucho mejor en directo que a través de una puerta —comenta Hugo, provocando que nos riamos.
—No hay nada como tocar en directo —afirmo.
No hay color. Igual que no es lo mismo escuchar música de tu artista favorito en el móvil que verlo en un concierto.
—Lo vas a petar. Este tema es bueno. Y no te lo digo porque eres mi amigo, sino porque de verdad lo pienso. Soy DJ, sé de lo que hablo, y no tengo dudas de que esta canción va a ser muy escuchada.
—Ojalá tengas razón.
Pienso que es buena, porque, si no, no se la hubiera mandado a la discográfica. Pero de ahí a petarlo es un mundo. Todo es posible, eso está claro.
—Nunca me equivoco. A estas alturas, ya deberías saberlo.
—Yo también creo que vas a llegar muy lejos con esta canción. Está claro que es vuestra historia, ¿no? —En cuanto hace la pregunta, Raúl lo fulmina con la mirada. Él, sin embargo, añade—: La tuya con Lara.
—Te habíamos entendido a la perfección. Colega, no es necesario que hurgues en la herida.
—Sí, es nuestra historia. No os preocupéis, que no se me viene el mundo encima al hablar de ella.
Bueno, quizás un poco sí. Remuevo todo lo que hemos vivido y me vengo un poco abajo por la forma en la que acabó.
Y, sobre todo, porque me quedé con ganas de decirle muchas cosas.
Pero creo que, si en algún momento ella escucha esta canción, puede darse cuenta de lo que sentía por ella.
No se le escribe una canción a cualquiera, ¿verdad?
Y yo se la he escrito a ella, a nosotros.
—No queríamos sacar el tema hoy, y mucho menos cuando estamos de celebración —se excusa Hugo. El pobre piensa que ha metido la pata hasta el fondo. No me extraña que lo piense, porque Raúl lo sigue mirando de esa manera.
—No es un tema tabú. Además, hoy y esta canción marcarán un antes y un después. Algo en mi interior me lo dice. Creo que este tema es el resultado de estar sanando.
Casi ha pasado un mes desde que ella se fue, y desde entonces no hemos vuelto a hablar.
Lo del «contacto cero» es duro, pero pienso que es lo mejor en este caso para mí.
Seguir hablando con ella como si nada, como dos amigos, me mataría.
Lo sé. Y creo que ella en el fondo también lo sabe, porque tampoco se ha intentado poner en contacto conmigo.
Aquella despedida fue definitiva. En cuanto Lara escuchó que había sentimientos de por medio, se asustó. Pude verlo en su mirada.
—¿Es tu manera de pasar página? —pregunta Raúl.
Con los años se puede llegar a conocer mucho a alguien. No tengo dudas de que él me conoce a la perfección.
—Es mi manera de intentarlo. Todavía es demasiado pronto para poder decir que lo he conseguido. Sigo pensando en ella y sigo sintiendo por Lara.
—Los sentimientos no se van de un día para otro. Poco a poco, Enzo, con el tiempo.
—O cuando conozcas a otra chica. Ya sabes lo que dicen: un clavo saca a otro clavo.
Y esa frase es el pistoletazo de salida para que Hugo y Raúl empiecen a debatir sobre el tema.
El primero insiste en que, cuando conoces a alguien y te ilusionas, esa ilusión hace que te olvides de la otra persona.
Sin embargo, Raúl asegura que es necesario un tiempo solo para sanar.
Que solo entonces, con el paso de las semanas, estarás preparado para conocer a otra persona.
Y que no es esta la que hace que te olvides de la otra, sino tú mismo, que con el tiempo has dejado de sentir.
Yo me limito a ir haciendo comentarios de vez en cuando.
No sé qué pensar y no tengo una idea clara sobre el tema.
Creo que es un poco todo, pero ellos insisten en que debo elegir un bando.
Algo que me niego a hacer porque sería darle la razón a uno de ellos, y pienso que ninguno la tiene al completo.