Una última vez CAPÍTULO 45 LARA
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CAPÍTULO 45 LARA

El tiempo pasa muy deprisa. Ya hace un mes y medio que me fui de Canarias, que me despedí de Enzo. Desde ese día no he vuelto a saber nada de él. Tampoco estoy preparada para hacerlo, y por eso mismo ni siquiera le he mandado un mensaje en todo este tiempo.

Necesitaba aclararme; ordenar mis ideas y, sobre todo, mis sentimientos.

Porque aquella conversación que mantuvimos significó demasiado para mí, algo que él no sabe.

Me confesó que tenía sentimientos hacia mí y yo me asusté.

Me entró el miedo y me encerré en mí misma.

Ahora, con el paso de los días, me he dado cuenta de eso.

En un principio no supe verlo, pero ahora lo veo demasiado claro.

Hui. Antes de que me ofrecieran el papel, ya me estaba planteando huir.

No sabía el motivo por aquel entonces, pero ahora sí: quería alejarme de Enzo porque empezaba a sentir por él.

Me había pillado. Algo que no entraba en mis planes y para lo que no estaba preparada.

O, al menos, eso creo. De todas formas, tampoco lo sabremos nunca, ya que perdí mi oportunidad aquel día.

Pude decirle que yo también sentía algo por él, pero hice todo lo contrario.

Volví a encerrarme y construí un muro entre nosotros en ese momento.

¿Se puede ser más tonta? Yo creo que no.

Si he podido darme cuenta de todo esto… en parte ha sido gracias a mi mejor amiga.

Que May decidiera venirse a vivir conmigo a Nueva York es una de las mejores cosas que me ha pasado.

Y sé que a ella también. Creo que, si May no estuviera aquí, no hubiera sido capaz de levantar cabeza.

Porque me he llegado a martirizar mucho por las decisiones que tomé sobre mi relación con Enzo.

He llorado, he gritado, me he arrepentido y un sinfín de cosas más.

Pero, pese a eso, he decidido que es mejor no hacer nada.

Que cada uno siga con su vida y se centre en cumplir sus sueños.

Porque, por mucho que le confesara que yo también siento algo por él, los kilómetros seguirían estando entre nosotros.

No desaparecerían por arte de magia, y una relación a distancia después de haber estado tan cerca es una putada.

Es algo para lo que no estaría preparada.

Sea como sea, nuestro final era este. Por mucho que hubiera amor entre nosotros, nuestros sueños van primero.

Yo tengo que estar en Nueva York hasta terminar de rodar la película, y quién sabe si después seré libre o tendré que seguir aquí por un nuevo trabajo.

Porque las ofertas para los castings han seguido llegando.

Y no solo eso, sino que ahora hay muchas marcas interesadas en colaborar conmigo.

Algo que ni en sueños había imaginado, pero que está sucediendo.

Mi carrera ahora mismo está en un gran momento, pero, pese a eso, siento que yo a nivel personal no lo estoy por todo lo ocurrido con Enzo.

—Alegra esa cara, amiga, que hoy tenemos un planazo en Nueva York —comenta alegre May mientras se abalanza sobre mí.

Estaba tumbada en el sofá, dándoles vueltas de más a todas las decisiones que he tomado y a mi vida en general, hasta que ha aparecido ella para revolucionar mi tranquilo día. ¿Veis lo que os decía? Gracias a ella levanto cabeza, porque, si no, no saldría del sofá ni de mi cama.

—¿Qué se le ha ocurrido a esa cabecita tuya?

—Día de shopping en Woodbury Common Premium Outlets. No hay nada mejor para alegrar el día que irse de compras, así que ¿a qué estamos esperando? Mueve ese bonito culo tuyo del sofá, vístete y vámonos. Las tiendas y las ofertas nos esperan.

—No sé si gastar como locas es buena idea —comento a la vez que me levanto.

He accedido a su plan, ya que tampoco tenía nada mejor que hacer hoy.

—Nos ayudará. Además, tenemos dinero. Podemos permitirnos un día loco de compras.

—La miro con cara de «¿acabas de decir eso?

». La idea de May cuando llegamos aquí fue buscar trabajo para estar entretenida.

Pero todavía no se ha decidido a aceptar ninguno de los que le han ofrecido—.

Mi negocio en Canarias sigue activo, no lo olvides.

Por mucho que yo no esté allí, sigue abierto y me llegan ingresos.

Y, si a eso le sumamos el alquiler del piso, más dinerito para mí.

—Yo no he dicho nada —me excuso.

—Pero tu mirada te ha delatado, amiga.

Niego mientras voy hacia mi habitación. No era necesario que se justificara económicamente.

Si yo, mejor que nadie, sé su situación.

Cojo lo primero que pillo del armario: un jersey calentito y un pantalón tejano.

No quiero hacer esperar demasiado a May, que a veces es muy impaciente, y más cuando el plan que vamos a hacer le apetece mucho. Como es el caso.

Salgo de nuevo al comedor y noto algo diferente.

—¿Pasa algo? —pregunto, en cuanto estoy cerca de ella.

Está sentada en el sofá con la vista pegada al móvil. En cuanto me escucha, bloquea el teléfono y lo deja en la mesita, como si nada. Pero algo me dice que hay algo ahí. La mirada que me lanza solo hace que mis alarmas salten.

—No sé si debería…

—Sí. Desde luego, sí que deberías decirme lo que sea —la corto antes de que pueda terminar la frase.

—Hacerlo no mejorará nada. De hecho, creo que empeorará tu situación.

—Si piensas que diciéndome eso no voy a querer saberlo, estás muy equivocada. Has conseguido que necesite con urgencia saber de lo que me estás hablando.

—Mierda, soy especialista en meter la pata —dice en un intento de quitarle hierro al asunto.

Se ha vuelto muy tensa la situación, más que nada porque yo, en estos momentos, estoy inquieta. No sé qué ha podido pasar, pero algo me dice que tiene que ver con lo que estaba mirando en el móvil.

—Un poco sí.

—Te enterarás tarde o temprano, así que da igual. —Se encoge de hombros, antes de continuar hablando—: Ha llegado el día. Enzo ha sacado su single.

Esa simple frase consigue que se me paralice el corazón. ¿Cómo no me he acordado? Hace unas semanas anunció el día exacto en el que saldría su canción. Yo esperaba acordarme para escucharla en cuanto saliera.

No he dejado de seguirle la pista. Al fin y al cabo, lo sigo en redes sociales. Y, aunque a veces cuando veo sus historias siento un pinchazo en el corazón, también me reconforta saber algo de él y de su vida.

Los nervios recorren mi cuerpo. Estoy deseando escuchar esa canción. Bueno, escucharlo a él cantando.

May me observa bien de cerca, porque desde que ha soltado esa bomba me he quedado en completo silencio. Creo que debería decir algo para no preocuparla.

—Lo has escuchado, ¿verdad? —Está claro que sí. Si no, no estaría tan pálida y temiendo mi reacción. No le estaría dando tanta importancia, y que se la esté dando hace que me ponga aún más nerviosa.

—Mientras te estabas cambiando.

—¿Y? —Necesito más información.

—Será mejor que lo escuches. Se titula Una última vez .

Esas tres palabras consiguen que me dé un vuelco el corazón. No puede ser, ¿no?

May desbloquea el móvil y retrocede para poner el videoclip desde el principio.

En cuanto lo veo ahí, a través de la pantalla, con su camisa blanca de rayas negras y los primeros botones desabrochados, dejando entrever el tatuaje de la mariposa, desearía tenerlo delante de mí y tocarlo.

Me obligo a centrarme en la canción y no en él, que está demasiado guapo en el videoclip. Él es demasiado guapo.

La letra. Ay, la letra. Una lágrima solitaria rueda por mi mejilla. Me he emocionado. ¿Cómo no iba a hacerlo después de escuchar esta canción?

Siempre nos decimos lo mismo: «Una última vez». Sabiendo que ninguno de los dos va a cumplirlo, porque repetiremos otra vez. Rubia, tú me atraes y yo sé que yo a ti también.

Creo que ese «rubia» ha sido el que me ha hecho llorar, el que me ha terminado de romper.

En cuanto termina, vuelvo a ponerla. Necesito escucharla de nuevo, verlo de nuevo. Aunque sé que hacerlo me rompe un poco más por dentro.

Enzo ha escrito una canción sobre nosotros, en la que cuenta nuestra historia. ¿Puede haber una declaración de amor más bonita que esta? Pero, tal y como dice al final, está convencido de que ha sido una despedida definitiva y que no nos volveremos a ver.

May me abraza mientras miro de nuevo el videoclip. Intentando memorizar cada frase y cada gesto que hace.

—Ha sido…

—No hay palabras para describirlo —la corto antes de que pueda decir nada—. Su primer single es una canción sobre nuestra historia, May.

—Lo sé, y por eso no sabía si era mejor que la escucharas o que no lo hicieras.

Me pone un mechón detrás de la oreja y me tiende un pañuelo para las lágrimas.

—Él ha escrito una canción sobre nosotros. Es demasiado bonita y triste a la vez.

—De vosotros depende que sea «una última vez» definitiva o no.

—¿Qué insinúas, May?

—Lo sabes muy bien, Lara. No necesitas que lo diga en voz alta. —Asiento. Sé a lo que se refiere sin necesidad de que diga ninguna palabra más—. ¿Sigue en pie lo de ir de compras? —se aventura a preguntar. Sé que lo hace para destensar el ambiente y cambiar de tema.

—¿Tú qué crees?

—Mejor lo dejamos para otro día.

—Respuesta incorrecta. Un día de compras con mi mejor amiga es justo lo que necesito; ya tendré tiempo después de pensar en mi vida y en lo que debo hacer.

—Recuerda: no es lo que debas hacer, sino lo que quieras hacer.

Asiento. Tiene razón. Todo radica en eso, en lo que quiero hacer. Ahora mismo, después de escuchar esa canción, hay una idea que no deja de rondarme la mente: no quiero que sea «una última vez» definitiva.