CAPÍTULO 43 LARA
May y yo estamos sentadas en el sofá hablando de la vida, con una copa de vino en la mano y la botella medio vacía en la mesita que hay delante de nosotras.
En cuanto terminemos esta, iremos a abrir la siguiente.
Hemos ido a comprar vino suficiente para la tarde de hoy.
Muchas veces lo hacemos; hablar mientras bebemos.
Es sinónimo de terapia. Tampoco es que vayamos a emborracharnos, sino simplemente a desconectar de todo.
El maldito vino entra demasiado bien, y creo que por eso mismo nos gusta tanto.
—¿De verdad quieres irte ya? —vuelve a preguntar mi mejor amiga, al ver que antes no he contestado a su pregunta.
Sé que no tenía fecha de vuelta a Nueva York, pero el verano ya ha terminado y seguir aquí solo es atrasar lo inevitable.
Sé que tengo que volver. Al fin y al cabo, vivo allí.
Ambas sabíamos que esto sería una breve temporada, un pequeño parón en mi vida.
Lo he alargado tanto por ella, porque sé que no está bien y contar conmigo la ayuda.
En pocas palabras, ahora mismo solo me tiene a mí, y a su negocio, está claro.
«No mientas; ella no es el único motivo», me recrimina mi voz interior. ¿A quién quiero engañar? Hay otro nombre que aparece con fuerza en mi mente. Sí, podríamos decir que él también ha sido un motivo de peso para estar aquí.
—No es que quiera como tal, pero sé que debo hacerlo. Tengo que tomar una decisión, porque, si no, la vuelta será mucho más difícil.
Llevo días dándole vueltas a esa idea. May lo sabe, y por eso este tema tenía que salir durante esta charla. Tengo miedo de seguir aquí, de echar raíces y no querer irme nunca a Nueva York. Puede que tomando esta decisión la esté cagando, pero no sé. Este no es mi hogar, ¿no?
—Ahora mismo, en Nueva York no tienes nada. —La miro con cara de «eso no es del todo verdad»—. Vale, rectifico. Tienes unos cuantos amigos y a tu agente. —Sonrío, un poco más satisfecha con eso—. Pero aquí también tienes muchas cosas. A mí, sin ir más lejos, y a cierto chico de los tatuajes.
—Estoy segura de que os podréis apañar sin mí.
Creo que el problema es exactamente ese, el chico de los tatuajes. Enzo se ha colado en mi vida sin quererlo, y tengo miedo de no poder sacarlo. Por eso la idea de irme coge tanta fuerza en mi interior.
Estoy hecha un lío, mi mente ahora mismo está sumida en el caos.
No sé lo que quiero. Lo único que sé a ciencia cierta es que quiero continuar siendo actriz.
Nada más. No sé qué es lo que nos traemos Enzo y yo.
No dejamos de buscarnos y de pasar tiempo juntos.
¿Amistad? ¿Amor? ¿Qué quiere él? Y, lo más importante, ¿qué quiero yo?
Ojalá tuviera respuestas a esas preguntas, ya que me lo pondría todo mucho más fácil.
Sé lo que le dije; que cuando empezara a haber sentimientos de por medio se acabaría todo.
Y no sé si ha llegado ese momento. Porque si algo tengo medio claro es que nuestra relación no es la misma ahora que cuando le propuse la loca idea de fingir que éramos pareja.
—Me he acostumbrado a tenerte en mi vida. Nos acostumbramos demasiado rápido a las cosas buenas, y está claro que tenerte tan cerca es de las mejores cosas que me pueden pasar.
Es sincera conmigo, aunque no sé si a causa del alcohol o ante la posibilidad de separarnos de nuevo. Puede que un poco de ambas.
—Vas a hacerme llorar, amiga.
—Entendería que te fueras a Nueva York si te seleccionan para el casting que hiciste, pero, ahora mismo, no lograría entender que tomaras esa decisión.
—No tengo nada claro. Solo estoy barajando opciones.
—Lo sé, pero…
El sonido de un teléfono interrumpe nuestra conversación. Ambas pegamos un pequeño bote al escucharlo, ya que ninguna se lo esperaba. Veo que es mi móvil, porque se ha iluminado la pantalla. En ella aparece el nombre de mi agente. ¿Otra llamada? Se está acostumbrando a esto de hablar por teléfono.
—¿A qué esperas a cogerlo? Puede ser la llamada que tanto deseas. —May me mete prisa, pues es como si me hubiera quedado embobada mirando la pantalla.
Múltiples opciones se han cruzado por mi mente, y de ahí que me haya quedado bloqueada. ¿Malas o buenas noticias? Solo hay un modo de saberlo. Alargo el brazo para coger el móvil y descuelgo.
— Ya pensaba que no ibas a cogerme el teléfono, Lara. ¿Tú sabes la de tonos que ha dado esto hasta que has atendido mi llamada? —Es lo primero que me dice Violet. ¿Lo dice cabreada? Podría ser.
—¿Me creerías si te dijera que me he bloqueado al ver tu nombre en mi pantalla?
— No entiendo el porqué, si siempre que te llamo es para darte buenas noticias. Y esta vez no iba a ser una excepción. —Su tono de voz es muy alegre, lo que hace que esté sonriendo como una idiota.
—¿Me estás queriendo decir que…?
— El papel es tuyo —me corta antes de que pueda formular la pregunta.
El chillido que suelto en cuanto dice esas cuatro palabras se debe haber escuchado en todo el edificio. May me mira intrigada, a la espera de que le dé alguna señal. Por eso mismo, asiento sin dejar de sonreír. Ella me entiende a la perfección, porque se abalanza sobre mí para abrazarme.
—Sabía que te darían el papel. Te dio suerte que te acompañara a la audición —me dice en mitad del abrazo.
— Yo también sabía que te darían el papel, Lara. Vas a ser la protagonista de esa nueva película.
—No me puedo creer que esto esté volviendo a pasar.
— Tienes talento, ya lo sabes.
—¿Cuándo empieza el rodaje?
— Te acabo de enviar un email con toda la información. Acaban de proporcionarme el guion completo y el nombre de todos los actores. Hemos tenido suerte; John Davis se había presentado para el papel protagonista, pero no se lo han dado.
—Creo que esa es la mejor noticia que podías darme.
No me hubiera gustado lo más mínimo tener que coincidir de nuevo con él en un rodaje.
Lo quiero lo más lejos de mi vida, por favor.
A diferencia de hace semanas, cuando escucho su nombre no me produce nada más que asco y enfado.
Antes todavía sentía que se removía algo en mi interior, pero ahora nada de nada.
Sé que lo he superado, que he pasado página, y creo estar muy segura de cuál es el motivo. Mejor dicho, quién es el culpable.
Pongo el móvil en manos libres para irme directa al correo electrónico que acaba de enviarme Violet y empezar a leer toda la información. Como de costumbre, ella me va explicando todo resumido, cosa que agradezco.
— Nos vemos la semana que viene, Lara —termina por decir, después de más de una hora de llamada—. Yo me encargo del vuelo y, si hay que añadir algún pasajero, no dudes en informarme con tiempo.
—¿Insinúas algo, Violet?
¿Acaba de lanzarme una pullita? Me temo que sí. Ella se ríe al otro lado de la línea, y mi mejor amiga también.
— Solo quiero que sepas que existe la posibilidad de que no vuelvas sola.
—Volver a Nueva York no es un simple viaje, sino que es para siempre —digo, muy segura.
Si antes estaba dudando de qué hacer con mi vida, que me hayan dado el papel ha hecho que vea la luz en pocos segundos. Es una señal. La película se graba allí, así que está claro que debo volver a mi hogar, y no voy a hacerlo solo por una temporada. Si vuelvo a Nueva York… ya es para quedarme.
—Has tomado una decisión —comenta May cuando cuelgo a mi agente.
—Más bien, la decisión me ha tomado a mí. Sabes que soy de las que piensan que todo pasa por algo, y que me hayan dado ese papel es la señal que necesitaba para volver a la Gran Manzana.
—Yo también creo que las cosas suceden por un motivo.
Violet te ha dicho que no tienes por qué volver sola, algo que he escuchado, y ha sido una señal para mí.
—Acorta la distancia que nos separa. Me mira directa a los ojos y me agarra de ambas manos—.
Lara, necesito pasar una temporada lejos de aquí y creo que no hay lugar mejor para hacerlo que Nueva York.
Creo que incluso abro la boca por la sorpresa. De todas las cosas que esperaba que me dijera, ni por asomo había contemplado la posibilidad de que May quisiera venirse conmigo a vivir.
—¿Estás segura? —Es lo único que me limito a preguntar.
—Nunca he tenido nada tan claro en mi vida. Es lo que necesito en estos momentos. —Pues entonces nos vamos a Nueva York.
Ella es responsable de su vida. Si tiene clara la decisión, como amiga lo único que puedo hacer es apoyarla.
May lo hizo conmigo a principios de verano, cuando le dije que necesitaba un cambio de aires y me proporcionó su apartamento.
Lo mínimo que puedo hacer por ella es lo mismo que ella hizo por mí.
Todo lo que ha pasado con Bruno, su expareja, y lo que está pasando con Unai, su mejor amigo y hermano de su ex, es demasiado para ella.
Así que entiendo que quiera poner tierra de por medio.
¿Quién soy yo para juzgarla, si por mucho menos hice lo mismo?
No sé cuánto dura el abrazo que nos damos, pero ambas lo necesitábamos.
—Te quiero, amiga —susurra en mitad del abrazo.
—Te dije que nunca estarías sola.
—Gracias por estar y por todo.
—Te adoro.
Para eso están las amigas, ¿no? Para apoyarse mutuamente cuando más lo necesitan.
Como le he dicho a May, hay veces que nosotros tomamos decisiones, y otras veces en las que las decisiones nos toman a nosotros.
Está claro que nos ha pasado lo segundo.
Y está claro lo que tengo que hacer a continuación: hablar con Enzo e informarle del cambio que acaba de dar mi vida con una simple llamada.
***
Tomo aire un par de veces antes de armarme de valor y llamar al timbre de Enzo.
Creo que es la primera vez que estoy tan nerviosa delante de esta puerta.
Y sé el motivo de mis nervios. Despedirse y ponerle fin a algo no es fácil, y nunca se está preparado para ello.
Pero hay veces en las que toca hacerlo, como ahora.