Una última vez CAPÍTULO 42 ENZO
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CAPÍTULO 42 ENZO

Ha pasado un mes desde que firmé contrato con Miniversal.

Todavía no tengo la canción acabada, pero sí muy avanzada.

Sé que en parte es gracias a lo que estoy viviendo con Lara.

Desde aquella noche en la que me apareció la primera frase, supe que la canción iba a ser muy personal.

Muy mía, muy suya, muy nuestra. Se había colado en mi mente y había conseguido que me viniera la inspiración.

A veces viene cuando menos te lo esperas y a raíz de situaciones vividas.

Creo que todavía no la he acabado, por lo que supondría hacerlo, y no sé si estoy preparado para ello.

Aunque al mismo tiempo tengo demasiadas ganas.

Es una sensación inexplicable y bastante contradictoria.

Estoy disfrutando tanto de la compañía de Lara que casi no tengo tiempo para componer.

Está a la espera de una llamada en la que le confirmen si será la protagonista de esa película para la que hizo el casting .

Se tuvo que ir a Nueva York junto con su mejor amiga para hacerlo.

Si no hubiera ido acompañada, quizás me hubiera aventurado a ir con ella.

Porque la verdad es que me muero de ganas por pasar tiempo a su lado.

Ya no hay un «hasta la próxima», esperando que el destino o la casualidad vuelva a unirnos.

Ahora la busco mucho para pasar tiempo juntos.

Y ella hace lo mismo: se presenta en mi casa con algún plan que no dudo en aceptar cuando menos me lo espero.

Suele hacerlo a menudo, y, aun así, me sorprende cada vez que lo hace.

Como yo también soy de locuras y planes inesperados, hago lo mismo.

Consiguiendo ganarme amplias sonrisas cada vez que abre la puerta y me ve tras ella.

Me gusta lo que estamos construyendo poco a poco.

Mis amigos insisten en que le tengo que confesar mis sentimientos, pero me acojona hacerlo.

Sí, sé que callarme puede hacer que esto que estemos creando se confunda con una bonita amistad, que sinceramente creo que es lo que ella quiere, pero yo quiero algo más.

Porque me gusta, me gusta como nunca imaginé que podía llegar a gustarme alguien.

Ha sido improvisado y nunca hubiera dicho que lo que empezó en aquella discoteca fuera a convertirse en amor.

Las dudas no dejan de asaltar mi mente. ¿Si le confieso lo que siento, se acabará todo?

El día que me propuso ser pareja dejó muy claro que si había sentimientos de por medio se acababa todo.

¿Quiero que se acabe? No. Ni de puta coña.

Quiero que esto no sea más que el principio.

—Tierra llamando a Enzo. —Escucho que dice Raúl, sin dejar de mover su mano delante de mi cara—. Uno, dos. Uno, dos. ¿Hay vida ahí dentro? —Procede a darme un par de golpes en la cabeza.

—Tío, estoy aquí. Era innecesario hacer eso.

Lo miro con mala cara y aprovecho para moverme un poco en el sofá. Poniendo más distancia entre nosotros para que no vuelva a golpearme. Más vale prevenir.

—Tu cuerpo está aquí. Sin embargo, tu mente está en otra parte. Si mente y cuerpo no están unidos…

—Raúl filosófico vuelve a la acción, ya estaba tardando. —Por suerte, el comentario de Hugo interrumpe lo que estaba a punto de decir nuestro amigo. Se venía tremenda chapa, los dos lo estábamos viendo.

—Echaréis de menos mis grandes razonamientos.

—Créenos cuando te decimos que no. Desde luego, eso nunca lo echaremos de menos —se mofa Hugo.

—¿Qué querías? —pregunto, volviendo al inicio de la conversación. Porque cuando nos ponemos a divagar…

—Que participaras en la conversación. Llevabas demasiado tiempo callado, ausente. Algo demasiado raro en ti, que siempre tienes algo que decir.

No le falta razón; soy una persona que no se calla ni debajo del agua. Así que, cuando estoy más tiempo del normal en silencio, mi entorno empieza a preocuparse. Como ahora, sin ir más lejos.

—Ahí le tengo que dar la razón. Bro , estabas en tu mundo.

—Y todos sabemos el motivo de su ausencia.

—No sabía que ahora eras adivino —digo con un tonito poco amigable.

—No lo soy. Solo soy un gran amigo que te conoce demasiado bien. —La sonrisa de suficiencia que me dedica no me gusta mucho.

—Hasta yo sé qué es lo que ronda por tu cabeza, colega.

—De nada me sirve que lo sepáis si no tenéis una solución.

—Deseaba con toda mi alma que llegara este momento. Estoy preparado para darte esa solución que tanto anhelas. Enzo, ha llegado la hora de hablarte con la verdad.

Raúl se sienta todavía más recto. Apoya sus codos en las rodillas y junta las manos. Carraspea sin dejar de mirarme, atento. Pocas veces lo he visto tan serio. Me aguanto la risa, porque, si ahora mismo se me escapara, sería hombre muerto.

—Cuando Raúl se pone intenso, la cosa es seria.

—Tienes un problema. Hasta ahí perfecto.

—No sé yo si diría que tener un problema es perfecto, pero le dejo seguir hablando.

No es necesario interrumpirlo todavía, que acaba de empezar a hablar—.

Pero para todos los problemas existe una solución.

Y la tuya es demasiado evidente, y no pensaba que fueras a necesitar que fuera yo quien te la diera.

Confiaba en que a estas alturas ya la supieras, pero veo que no.

Voy a tener que revelártela, pero solo si la llevarás a cabo.

—La llevaré a cabo si considero que es una buena solución para mi problema. Si no, solo agradeceré tu sabiduría. Pero me pasaré tu consejo por los cojones.

—Grandes palabras esas últimas —comenta entre risas Hugo.

—No hace falta ponerse agresivo. No olvides que soy tu amigo y quiero ayudarte.

—Ve al grano. —Las palabras podrían haber sido mías, pero no.

—Me encanta tener toda vuestra atención.

—Como le gusta el protagonismo. —Ahora sí que hablo yo.

—Tienes que confesarle a Lara lo que sientes por ella. De esa manera, tu problema se solucionará. Fin —suelta así sin más, pillándome desprevenido. No me lo esperaba—. ¿No queríais que fuera al grano? Más directo, imposible. De nada.

—Confesarle lo que siento puede crearme un nuevo problema.

¿Soy el único que lo ve de ese modo? Raúl me mira como si me hubiera salido un tercer ojo en la cara. Hugo asiente; parece ser que no soy el único paranoico.

—Lo dudo mucho. Ser sincero siempre trae cosas buenas.

—Demasiado positivo estás hoy —interviene Hugo—. Pongámonos en situación. Enzo le confiesa lo que siente, pero ¿qué pasa si no es correspondido?

—Oye, puestos a imaginar, vamos a imaginar que sale bien —me quejo.

—Es solo un suponer, colega. Todos aquí queremos que salga de puta madre.

—Pues pasaría que se ha sincerado y ha descubierto que Lara no siente lo mismo por él.

Dejaría de ilusionarse cuando está con ella y debería empezar a ver su relación de otro modo.

Hay un riesgo, claro que lo hay. Pero es mejor saber la verdad que quedarse con la duda, porque es entonces cuando se empieza a comer la cabeza.

—Este chico sabe de lo que habla. —Hugo aporta este gran comentario. Nótese la ironía.

—¿Qué puedes perder?

—¿A ella? —pregunto como si fuera obvio. Veo que para Raúl no lo es tanto.

—Que yo sepa no la tienes. Puedes perder una amistad que no quieres. Porque, seamos realistas, no ves a Lara como a una amiga.

—Al confesarlo puedes ganar. Solo imagina por un momento que sea correspondido.

¿Cómo hemos llegado de nuevo a hablar de Lara? Mira que intento evitar el tema a toda costa muchas veces, porque sé cómo es Raúl. Que siempre me dice las cosas tal cual las piensa y consigue poner mi mundo patas arriba cuando habla.

—Empiezas a entenderlo, Hugo, estás en el bando correcto. Ahora solo falta que sea Enzo el que abra los ojos.

—Creo que es algo que debo consultar conmigo mismo.

—Nadie mejor que tú sabe lo que debes hacer.

Raúl me guiña un ojo, antes de cambiar de tema como si nada.

Tan rápido como se pone serio para darte un consejo, vuelve a sonreír para decir alguna tontería de las suyas.

Estos dos idiotas de aquí son mis mejores amigos y, aunque a veces tengo ganas de estrangularlos, sé que quieren lo mejor para mí.

Me ven preocupado y dándole muchas vueltas al tema de Lara, y me aconsejan pensando en mi bienestar.

Así que, después de disfrutar de la compañía de estos dos, de nuestros míticos mediodías entre cervezas y picoteo, tendré una conversación conmigo mismo.

Ha llegado el momento de tomar una decisión.

Hablar ahora o callar para siempre; solo tengo esas dos opciones.

Y, por mucho que lo quiera negar, una de ellas me tienta demasiado.

Puestos a imaginar, que salga bien, ¿no?