Una última vez CAPÍTULO 41 LARA
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CAPÍTULO 41 LARA

La puerta de mi habitación se abre de repente, y tras ella aparece May con el móvil en la oreja y los ojos a punto de salirse de sus órbitas. Me quedo mirando el teléfono que sostiene entre sus manos, y me doy cuenta de que es el mío. Lo distingo por la funda de flores.

—Lara, debes ponerte —dice ella apresurada—.

Es muy importante. Me he tomado la libertad de cogerlo.

Ayer te lo dejaste en el salón y ha empezado a sonar y, qué sé yo, por inercia lo he cogido por si era importante.

Y menos mal que lo he hecho, porque… —Habla tan rápido que apenas vocaliza y me cuesta entenderla.

—Dame el teléfono entonces —la corto antes de que siga hablando. Está empezando a ponerme nerviosa.

Me tiende el móvil para que lo coja, y eso mismo hago. Me lo llevo a la oreja al momento y escucho risas al otro lado.

— Es una llamada importante, pero no sé si para ponerse de ese modo. —Me sorprende escuchar la voz de Violet al otro lado.

—¿Violet? —El nombre se me escapa solo antes de que pueda retenerlo. Es obvio que es ella, no sé para qué lo pregunto.

— La misma.

—Te estás acostumbrando a llamarme. Tú, que nunca has sido de llamar porque prefieres los mensajes.

Nunca me había llamado tanto. Nuestra relación se limitaba a los mensajes y las visitas inesperadas. Desde que estoy en Canarias, ha empezado a llamarme.

— Las ofertas importantes me gusta darlas en persona y, como ahora mismo es bastante improbable que eso pase por los kilómetros que hay entre nosotras, me tengo que conformar con una llamada.

Se me acelera el corazón al escucharla decir «ofertas importantes».

—¿Y cuál es esa oferta importante? —pregunto con los nervios recorriéndome el cuerpo entero.

May sigue a mi lado, muy atenta a la conversación y a todos los movimientos que hago. ¿Sabrá ella por qué me está llamando mi agente? No me sorprendería que le hubiera sonsacado información en el trayecto del comedor a mi habitación.

— Los productores de Sin miedo al amor van a hacer una adaptación cinematográfica de una novela que lo está petando bastante a nivel mundial.

Es un casting cerrado, al que no puede acceder cualquiera, pero te han abierto las puertas para que audiciones para la protagonista.

Te acabo de pasar las escenas que tendrías que prepararte.

—Joder, eso es una noticia maravillosa. Cuenta conmigo. Hoy mismo empiezo a prepararme.

He puesto el manos libres para ir al correo y descargarme lo que me acaba de pasar Violet. Allí está el guion y toda la información relevante que debo tener en cuenta a la hora de prepararme para el papel.

— Es una gran oportunidad, Lara. Lo único es que tanto el casting como la grabación de la película, en caso de que te seleccionen, son en Nueva York. Vas a tener que volver a tu hogar.

—No supondrá un problema. —Las palabras, al igual que antes, se escapan solas de mis labios sin siquiera asimilarlas.

La boca de May dibuja una gran O por la sorpresa. Pero, seamos sinceras, sabíamos que tarde o temprano volvería a pisar Nueva York. Hacerlo para hacer un casting es la mejor forma de volver.

— Sé que te has acostumbrado muy rápido a la vida de allí. A estar con tu mejor amiga y con tu nuevo novio, pero estas oportunidades sabes que no pasan dos veces en la vida.

Asiento, aunque ella no pueda verme a través del móvil. Tiene razón, ella siempre la tiene.

—Soy muy consciente de eso, Violet. Por eso mismo volveré a Nueva York, al menos para intentarlo. Esa audición es una gran oportunidad.

— Sabía que tomarías la decisión correcta. Nos vemos en una semana.

—¿Solo tengo una semana para prepararme? —Alzo la voz más de lo normal. No me esperaba que fuera a decir eso, ya que en mi mente tenía mucho más tiempo para prepararlo todo.

— Tiempo suficiente, ¿o te debo recordar lo que tuviste la última vez? —Se ríe y yo me uno a ella.

—Tienes razón; puedo hacerlo.

— El papel será tuyo. Ya los enamoraste en la serie, y seguro que consigues hacerlo de nuevo.

—Eso espero.

Cuando cuelgo a mi agente, May se pone a chillar y a dar saltos de alegría. Yo no puedo evitar reírme al ver su reacción. Estoy contenta, porque no todos los días te ofrecen un casting para una película.

—Nos vamos a Nueva York —comenta entusiasmada.

—¿Vas a acompañarme? —pregunto ilusionada.

—¿Cómo no hacerlo? Un viaje inesperado a Nueva York junto con mi mejor amiga es un rotundo sí.

Me uno a sus saltos de alegría. Me parece un plan estupendo, pues contar con su compañía conseguirá que vaya más relajada a la audición. Está claro que May no iba a desaprovechar la oportunidad de alejarse un poco de aquí, aunque sea para un viaje exprés. Le va a venir bien, estoy segura.

***

La música empieza a sonar al otro lado de la pared.

Primero empieza a un volumen aceptable, pero a los pocos minutos deben ponerlo al máximo, justo cuando suena La canción de J.

Balvin y Bad Bunny. Está claro que a Enzo y a su grupo de amigos les gusta el reguetón.

May me mira entre sorprendida, horrorizada y divertida.

Una mezcla bastante extraña. Estábamos viendo una película, tan tranquilas, con una copa de vino en la mano.

Evidentemente, al poner la música a todo volumen nos hemos visto en la obligación de parar la peli, pues así no hay quien se entere de nada.

Pensaba que la guerra por la música había terminado. Sin embargo, estaba equivocada.

—¿Esto es siempre así? —pregunta ella, mirando hacia la pared que da con el piso de mi vecino.

—Más de lo que me gustaría —reconozco.

—Al menos, te ponen buena música. Podrías montarte una fiesta sin problema.

Me falta poco para asesinarla con la mirada. ¿Buena música? Creo que tenemos conceptos muy diferentes de lo que es buena música. Porque el reguetón, por mucho que me gusta bailarlo de fiesta, no es buena música para mí. Está claro que todo es cuestión de gustos.

—Pero no puedo ver una película, que es lo que quiero.

—No, eso está claro que ahora mismo no podemos hacerlo.

—Será mejor que vaya a hablar con él —comento, levantándome del sofá.

Nada de notitas. A estas alturas, le pico directamente y le echo la bronca. Es lo que tiene tener confianza con tu vecino.

—Te acompaño; siempre podemos unirnos a su fiesta. La película tampoco me estaba gustando tanto. —Eso último lo dice bajando el tono de voz para que no pueda oírla, pero la escucho a la perfección.

Salimos las dos, dispuestas a hablar con mi vecino.

Esta vez, por mucho que el volumen de la música sea alto, logra escuchar el timbre.

Porque, a los pocos segundos de haber picado, aparece Enzo para abrir la puerta.

Me quedo momentáneamente embobada mirándolo.

Él tampoco me quita el ojo de encima mientras sonríe.

¿Siempre ha sido así de guapo? Sí, por algo llamó mi atención aquel día de fiesta.

—¿Te unes a la celebración? —pregunta, pasados unos segundos. Se echa a un lado, invitándonos a pasar a su piso.

—Nos unimos, porque nosotras también tenemos algo que celebrar —comenta May antes de que pueda decir nada.

—No veníamos a unirnos a la fiesta, sino a que bajaran el volumen para seguir viendo la película. —Lo digo de manera que solo mi amiga pueda escucharme.

—Ambas preferimos este plan y lo sabes. —Sonríe, da media vuelta y entra en el piso de Enzo.

La escucho saludar una vez que entra, mientras que yo sigo parada en el umbral de la puerta. Suspiro, niego con la cabeza y sigo los pasos de mi amiga. Creo que ella tenía muy clara la decisión. En cuanto ha escuchado la música, poco le ha faltado para ponerse a bailar.

—Buena elección. —Escucho que dice Enzo cuando empiezo a andar.

—Por May —me justifico. Aunque en el fondo no me parece tan mal plan estar aquí.

En el salón están los dos amigos de Enzo, con los que coincidimos un día de fiesta. Ambos están hablando como si nada con mi amiga. Ella es una persona muy extrovertida y no necesita mucho para ponerse a charlar con cualquiera. Siempre ha tenido ese don, esa facilidad con la gente.

—¿Qué estáis celebrando? —Escucho que pregunta mi amiga.

—Enzo ha conseguido un contrato con una discográfica, va a sacar su primer single —responde Raúl, el que se presentó como mi casero.

Vuelvo a darle la enhorabuena y May hace lo mismo. Yo ya sabía que estaban celebrando eso. Él mismo me llamó cuando salió de la reunión con la discográfica para explicarme que había sido un éxito y que había salido de allí con un buen contrato.

—Te dije que lo conseguirías —susurro al darle un abrazo.

Su aroma me envuelve y esta sensación, él, me gusta. Se me hace confortable estar entre sus brazos.

—Tú, mejor que nadie, sabes que nunca hay que rendirse para cumplir los sueños.

—Hablando de sueños… —dejo caer.

—También tienes algo que contarnos. —La sonrisa que le aparece al decirlo consigue que se me encoja el corazón y muera un poco de amor.

—Te dije que nosotras también estamos de celebración —interviene mi amiga.

—A ver, todavía no podemos celebrar nada, pero estamos un pasito más cerca de hacerlo. Tengo una audición para protagonizar una película.

Los ojos de Enzo se agrandan y, antes de que me dé cuenta, me ha levantado del suelo y ha empezado a dar vueltas conmigo en el aire. Todo esto bajo la atenta mirada de nuestros amigos. No puedo evitar reírme a carcajada limpia.

—Eso es una gran noticia, y claro que podemos celebrarlo, porque vas a conseguirlo —comenta, demasiado seguro.

—Eso espero.

—Quiero saberlo todo.

No hay nada mejor como que otra persona se interese por ti, por tus gustos, por tus sueños.

Cuando alguien se emociona porque las cosas te van bien, significa que es la persona correcta, tanto en amor como amistad y familia.

Por eso sé que Enzo es una persona que merece la pena.

Porque nadie me había mirado de la manera en la que lo está haciendo él en estos momentos.

Así que, por eso mismo y por muchas cosas más, no me lo pienso dos veces y junto mis labios con los suyos.

Pillándolos a todos por sorpresa. A Enzo también, pero por suerte me devuelve el beso.

Mientras tanto, May y sus amigos empiezan a silbar.

—Pues parece que no es tan falsa la relación —suelta ella entre risas. Y, si no estuviera disfrutando del beso, la asesinaría con la mirada. Menos mal que sus amigos saben la verdad, porque, si no, hubiera sido una gran metedura de pata.

—Si ya lo sabía yo, que entre estos dos…

—Id a la habitación a saciar las ganas que os tenéis. —Raúl consigue que todos nos riamos.

—Envidiosos —se limita a contestar Enzo.

—No es un mal plan —susurro, de manera que solo él pueda escucharme.

—Tenemos tiempo para todo, rubia. Ahora quiero detalles de esa audición.

Cuando vuelvo a poner los pies sobre el suelo, pues sí, hasta ahora seguía en el aire por culpa de Enzo, nos sentamos todos en el sofá y les doy detalles del casting .

Enzo no deja de sonreír en ningún momento y de mirarme, cargado de orgullo.

Sé que las oportunidades que nos han ofrecido a ambos en parte son por cómo hemos estado actuando últimamente.

Que se hable de nosotros ayuda a que les interesemos.

Así que no me arrepiento de la decisión de haber fingido que somos pareja, pero, si esto sale bien, ¿tiene sentido que sigamos con esta farsa?