Una última vez CAPÍTULO 39 LARA
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CAPÍTULO 39 LARA

May se ha empeñado en ir a la playa. Un plan que no he dudado en aceptar en cuanto me lo ha propuesto.

Además, es la primera vez desde hace días que propone hacer un plan fuera de mi apartamento o del suyo, así que no puedo decirle que no.

Tampoco es que quiera hacerlo, pero ya me entendéis.

Hubiera aceptado cualquier plan disparatado, solo por hacerla feliz.

Ahora mismo, me está ayudando a abrocharme la parte de arriba del bikini. Podría hacerlo yo sola, pero, seamos realistas, no queda igual de bien.

—Lista para nuestro día en la playa —comenta ilusionada, cuando termina de abrochármelo.

No vamos a pasar el día entero en la playa. Aunque en un principio ella insistió para que eso pasara, conseguí convencerla para al menos salir a comer a un chiringuito. Y luego ya, si nos apetecía, volver. No es lo mismo comerse un bocata en la arena que una paella con vistas al mar. No hay color.

Cojo la mochila que había preparado con antelación y ya podemos irnos.

Ella hace lo mismo, pero, a diferencia de mí, lleva una mochila junto con una gran bolsa.

Me pregunto qué llevará ahí dentro, pues me parecen demasiadas cosas.

May se da cuenta de que me la quedo mirando, y, sin necesidad de palabras, entiende la pregunta que le estoy formulando con la mirada.

—He decidido ir preparada. Aquí dentro llevo muchas cosas para no aburrirnos. —Da un par de golpecitos a la bolsa, que lleva colgada del hombro.

—Nunca dejas de sorprenderme.

Ella siempre piensa en todo. Va un paso por delante, algo que siempre la ha caracterizado.

—Pero no te diré lo que es hasta que lleguemos a la playa.

—Podré aguantarme hasta entonces.

—Algunas cosas te sorprenderán —insiste, en un intento de provocarme para que me quede con las ganas de descubrir lo que esconde esa bolsa.

No sé qué se le ha podido ocurrir. Estoy intrigada. Con esta simple tontería sé que conseguirá hacer el día más divertido.

La gran ubicación de mi piso hace que lleguemos a la playa con tan solo cruzar la calle. Es una gran ventaja. May supo elegir muy bien, hay que reconocerlo.

Lo primero que hago al pisar la arena, por mucho que me queme, es quitarme las sandalias.

Odio caminar tirándome arena a mí misma.

Así que me toca acelerar el paso, porque la arena quema más de lo que recordaba.

Mi amiga va por detrás de mí, caminando tan tranquila y riéndose.

Puedo escucharla perfectamente desde donde estoy.

Me acerco todo lo que puedo al agua. No tanto como otras personas.

Que, como les venga una ola o suba un poco la marea, les mojará enteros.

Un poco más, e instalan las sillas y la sombrilla dentro del agua.

Logro encontrar un hueco entre tanta gente.

Debo reconocer que está más lleno de lo que esperaba, aunque no sé por qué me sorprende.

A la gente le gusta mucho la playa, y en verano todos hacen los mismos planes: venir a bañarse.

Estiramos las toallas, una al lado de la otra, antes de sentarnos a tomar el sol.

Ambas nos hemos puesto crema antes de salir de casa, pero aun así llevamos el bote en la mochila.

No quiero salir de aquí quemada ni roja como una gamba.

Por eso mismo, me pongo el sombrero y las gafas de sol. A estos sitios hay que venir preparada.

—Estás fabulosa. —Sé que se está aguantando la risa.

—Ni Sharpay Evans en High School Musical 2 estaba tan divina como yo en estos momentos.

Suelta la sonora carcajada que estaba reteniendo. Y yo aprovecho la ocasión para hacerla reír todavía más. Me pongo a cantar la canción Fabulous de la película a la que he hecho referencia mientras imito los movimientos que hace la actriz al cantarla.

—Está claro que lo tuyo no son los musicales —comenta, entre carcajadas, cuando termino mi magnífica interpretación.

—Sí, mejor me quedo solo con la parte de actuar.

—Va siendo hora de que descubras lo que escondo en mi bolsa mágica.

Coge la bolsa y la pone en medio de nosotras dos.

Al momento, empieza a sacar cosas. Lo primero son unas palas junto con una pequeña pelota.

No me parece mala idea jugar a las palas en la orilla.

También hay unas palas y cubos para hacer un castillo de arena.

Me la quedo mirando con cara de «¿en serio, May?

». Creo que no juego con la arena de la playa desde que tenía diez años.

Ella se limita a sonreír y a encogerse de hombros.

Ahora les toca el turno a los juegos de mesa: una baraja de cartas, el UNO, el hundir la flota…

Se ha traído media casa en esa bolsa. Me sorprende que de ahí dentro también saque una pelota de voleibol.

No recuerdo haber jugado nunca. Está claro que si queremos jugar a eso necesitaremos más gente, ya que no creo que sea muy divertido hacerlo las dos solas, cuando probablemente se nos dé bastante mal.

Saca unas acuarelas junto con unas libretas.

—Esto último de los blocs de dibujo es porque me dio envidia el plan que hiciste con Enzo en Madrid —comenta, con las acuarelas todavía en las manos.

Cuando se lo expliqué, le pareció una cita maravillosa. Yo no sé si hubiera utilizado ese término para referirnos a ese plan. Pero ella no tenía dudas.

—Podemos recrearlo ahora. Sin vino, claro.

—Hacerlo sin vino perdería la gracia y, por suerte, vengo preparada para todo. —Al decir esto último, esboza una sonrisa enorme y saca una botella de la bolsa.

No puedo evitar reírme. Lo último que me esperaba era que sacara una botella de vino. Está claro que debemos bebérnosla cuanto antes. No soy muy fan del vino caliente. Hay que aprovechar que acabamos de llegar y que todavía debe de estar algo fresquito.

—¿He dicho ya que no dejas de sorprenderme?

—Sueles decirlo a menudo.

—Vamos a bebernos esta botella mientras pintamos.

Creo que le voy a acabar cogiendo el gusto a este plan. Además, seguro que con la práctica puedo mejorar mis dotes artísticas.

—Me parece un plan maravilloso.

Eso mismo hacemos. Abre la botella de vino.

Sí, también llevaba un sacacorchos en esa bolsa.

No se le ha olvidado ningún detalle. Y nos reparte un bloc a cada una junto con las acuarelas.

Mientras ha preparado eso, he aprovechado para ir a llenar dos vasos con agua para poder pintar.

Cuando vuelvo, está bebiendo directamente de la botella.

Me pregunto si es legal beber vino en la playa a plena luz del día.

Pero, salvo que alguien venga a decirnos que está prohibido, nosotras vamos a hacerlo.

Le quito la botella y le doy un trago. Traer copas de cristal era demasiado, incluso para May.

Cada dos minutos intercambiaremos nuestra obra maestra para que la otra continúe pintando lo que hemos empezado. Creo que puede ser muy divertido.

—¿Ese de ahí no es Unai? —pregunto, cuando hemos acabado de pintar la primera hoja. Hemos decidido pintar otra antes de meternos en el agua.

—¿Dónde? —Mi amiga empieza a mirar hacia todos lados en busca del chico.

—En las porterías.

Dirige su mirada hacia donde digo. Se lo queda mirando unos segundos, antes de volver a centrar su vista en la hoja que tiene delante.

—Sí, parece que es él.

—¿No vas a ir a saludarlo? —pregunto sorprendida.

Me extraña que no haya salido corriendo hacia donde está para abrazarlo y hablar con él. Algo típico en mi amiga.

—Creo que será mejor que no. He decidido poner un poco de distancia entre nosotros dos.

Aunque lo dice despreocupada, a mí me preocupa su comentario. Por eso mismo, dejo de lado lo que estaba haciendo para centrarme en ella. Algo me dice que esta conversación es importante, por mucho que May intente hacer como que no.

—¿Ha pasado algo? —me aventuro a preguntar.

Ahora que lo pienso, hace un par de días que no me habla de él. Ni me lo cruzo cuando he ido a su piso. Que últimamente rondaba siempre por ahí para hacerle compañía. Ha debido pasar algo, está claro. Pero ¿el qué? Si es su mejor amigo.

—Esa es la cuestión; que no quiero que pase nada —contesta, algo enfadada, alzando un poco la voz.

—Debes ser más concreta porque no te entiendo, amiga. Todavía no tengo el poder de estar en esa cabecita tuya.

—Y mejor que no lo tengas, porque te aseguro que te meterías en un auténtico caos.

¿Te acuerdas de que me insinuaste que Unai podía sentir algo por mí?

—Asiento. No sé si esas fueron las palabras exactas, pero está claro que vi mucha química entre ambos—.

Pues creo que puede ser verdad. Hace un par de días tuve la sensación de que quería besarme.

No sé si fueron imaginaciones mías o de verdad quería hacerlo.

Desde ese día me he alejado un poco. No olvidemos que es el hermano de Bruno y…

—Y no pasaría nada si a ti también te gustara —afirmo, muy convencida.

Ella me mira como si tuviera monos en la cara o me hubiera vuelto loca. Pero la verdad es que no es ningún disparate lo que he dicho. Si a May le gusta Unai, debe dejarse de tonterías e ir a por ello.

—No, ni hablar. Es algo impensable. Acabo de dejarlo con Bruno, así que no puedo irme con su hermano.

—¿No puedes, o no quieres? No es lo mismo.

May me sostiene la mirada y puedo intuir su contestación, aunque sé que no va a reconocerlo. Todavía no.

—No importa.

—Claro que importa. Porque, si a ti te gusta Unai, no debería importarte que fuera el hermano de Bruno.

Vale, sé que no es una situación fácil. Pero al final no decidimos de quién nos enamoramos, ¿no? Me sorprendo a mí misma diciendo eso.

—¿Cómo no va a importar? ¿Qué pensaría todo el mundo? ¿Qué opinaría su familia? ¿Qué diría Bruno? Te recuerdo que quiero alejarme de él, y acercarme a Unai no sería la mejor manera de hacerlo.

En eso tengo que darle la razón. A ojos de todo el mundo, se estaría yendo con el hermano. Pero nadie más que ellos conocen su historia.

—La gente hablará. Hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que hable de ti. Así que haz lo que sientas.

—No estoy preparada, ni lo estaré nunca. Si Unai no estuviera vinculado con Bruno, las cosas serían muy diferentes. Pero la realidad es que lo están, y lo estarán de por vida. Así que la decisión que debo tomar es muy sencilla.

—Perder a tu mejor amigo no es una decisión sencilla.

Unai es un gran apoyo para ella. Es su mejor amigo, joder.

Sé que opinar desde fuera es muy sencillo. Que no es lo mismo vivirlo en primera persona que ser un espectador. Pero Unai siempre ha estado a su lado, y sé que alejarse de él la destrozará todavía más.

—Mi intención no es perder su amistad. Sino tomar distancia un tiempo, hasta que todo sea como antes.

—¿Hasta que deje de sentir por ti? —Está claro que él siente por ella, y May lo sabe. Si no, no se estaría planteando tantas cosas. Pero sé que no es solo eso, y por eso mismo añado—: ¿O hasta que dejes de sentir tú por él?

Ahora lo veo claro. A May le gusta Unai. Si no sintiera nada por él, todo sería mucho más sencillo, pero al hacerlo se complica todo mucho.

No la juzgo. Al final, Unai siempre ha estado ahí. Incluso pasaba más tiempo con él que con Bruno. El roce hace el cariño, y del cariño al amor a veces solo hay un paso. Pero está claro que ella no está dispuesta a darlo.

—Por ejemplo.

La abrazo, pues sé que en estos momentos lo necesita. Ella me lo devuelve. No está en una situación fácil; ella lo sabe, yo lo sé. A cualquiera que le explique la historia, lo sabría.

Aprovecha para relatar todo lo que ha pasado entre ellos dos.

Con mucho detalle, en especial el día que May cree que Unai intentó besarla.

Se sincera conmigo. No sabe lo que siente por Unai.

Cree que le gusta, pero también piensa que igual se ha aferrado a él por todo lo que ha pasado, porque él siempre ha estado ahí.

Tiene miedo de estar confundiéndose. Pero también le asusta que sea real y que se haya pillado por él.