CAPÍTULO 38 ENZO
Mis amigos han venido a casa. Una costumbre que ya empezaba a echar de menos al estar en Madrid.
Me gusta que aparezcan de repente, sin ni siquiera avisar, para proponerme algún plan loco o simplemente tomar unas cervezas sentados en el sofá.
Ahora mismo estamos haciendo lo segundo.
Por suerte, se han encargado de traer ellos las birras, porque mi nevera en estos momentos está temblando.
Es lo que tiene haberse ido de viaje. Y la verdad es que tampoco me ha dado tiempo a reponer las cosas.
—En el curro estoy de puta madre. Es la mejor decisión que he tomado en mi vida —comenta Hugo.
He tenido que preguntarle por el trabajo. Es algo muy importante para todos; estar bien en el curro es necesario. Si no, te amarga la vida. Hugo lo sabe bien. Me ha puesto al día y realmente estoy muy feliz por él. Se merece un buen trabajo.
—Te has perdido grandes fiestas estos días. Cuando me tienen como DJ, las buenas fiestas están aseguradas.
Por lo visto, no han dejado de llamar a Raúl para que fuera a pinchar en las discotecas.
Tal y como ha dicho él, es el mejor verano con diferencia.
Tiene trabajo todos los días. Cuando no es por la noche, es en algún tardeo que organiza alguna discoteca.
Se está volviendo un DJ muy solicitado en la isla.
Se está dando todavía más a conocer, y me alegro mucho por él.
—No necesitas que nadie te haga cumplidos. Tú solito te lo dices todo.
—Mi talento es evidente. Soy muy consciente de lo que soy capaz de hacer. ¿Para qué quiero que me lo digan otros? Si yo mismo lo sé. El mejor cumplido es el que se dice uno mismo.
—Ya tardaba en aparecer el Raúl filosófico —comenta Hugo. Es el turno de hacer team para tocar un poco los cojones a nuestro amigo. Me apunto sin dudarlo.
—Vosotros reíros, pero sé que os encanta. Mis consejos están muy solicitados, como yo.
—Tus consejos valen oro —digo, siguiéndole la corriente.
—Menos mal que sabes valorarlo. A todo esto, ¿cómo te va con la rubia? Ya sabes que si se cansa de ti puedes darle mi número.
Ya tardaba en sacar el tema. Sé que se lleva conteniendo desde que ha entrado por la puerta. Ahí donde lo veis, es la más maruja de todos.
— Bro , las chicas de nuestros colegas son sagradas.
—Hasta donde tengo entendido, no es su chica. ¿O acaso ha cambiado algo y no me he enterado? Porque me parecería muy feo que este —señala a Hugo con un desprecio fingido— lo supiera y yo, tu hermano, no.
—Sigue todo igual. Solo fingimos que somos pareja.
Raúl enarca una ceja, como si fuera capaz de ver mucho más allá de lo que estoy diciendo.
—Tú sabes que del fingimiento al amor de verdad solo hay un paso, ¿verdad? —pregunta el susodicho. Me estoy viniendo venir por dónde van a ir los tiros a partir de ahora.
—¿La frase no es «Del odio al amor solo hay un paso»? —pregunta Hugo, aguantando la carcajada.
—A veces en esta vida hay que cambiar los refranes para ajustarlos a nuestra vida. En este caso, era necesario hacer ese cambio.
—¿Insinúas algo?
—Yo no insinúo nada. Te lo digo claramente: a ti esa chica te gusta.
—Estoy a punto de añadir algo, pero él ve mis intenciones y se adelanta—: Y, antes de que cortes mi maravilloso discurso, añadiré que te estás pillando por ella.
—No me quita el ojo de encima. Su mirada estudia la mía, queriendo descubrir si escondo algo—.
Si no es que ya lo estás. Algo que deberías compartir con tus amigos si fuera el caso. ¿Tienes algo que confesarnos?
—Eso, Enzo, ¿tienes algo que confesarnos? —Mierda, se ha cambiado de bando. Esto sí que no lo he visto venir.
Hay cuatro ojos observando cada movimiento que hago.
Me están estudiando con lupa y esperando que diga algo.
Pero ¿qué se supone que tengo que decir?
«Pues la verdad». Pero ¿realmente sé lo que siento?
¿Sé cuál es esa verdad? Mi yo interior ahora mismo le pegaría un puñetazo al exterior, porque es evidente que lo sé, solo que no quiero admitirlo.
—Confieso que tengo a los mejores amigos más estúpidos del planeta.
Escucho que maldicen por lo bajini.
—Joder, casi lo teníamos.
—Ha estado a punto de confesar su amor; lo he visto en su mirada.
—¿Veis? Lo que yo os decía. Los más estúpidos me tocaron a mí.
—Creía que iba a confesar —insiste Hugo.
—Enzo no funciona bien bajo presión, pero en algún momento dirá que…
—Me gusta —suelto así, sin más. Ambos se giran para mirarme. Es la primera vez en años que confieso algo de este estilo. Porque ambos saben que no es un simple gustar—. Lara me gusta lo suficiente como para querer algo más con ella, pero…
—No me gustan los «pero» —me corta Raúl.
—Siempre tiene que haber un «pero» en estas situaciones.
—Pero sé que ella no siente lo mismo, pues me lo dejó muy claro el día que propuso fingir que somos pareja. Nada de sentimientos, porque, si eso pasara, se acaba todo.
Tengo muy presente aquella conversación.
Y lo que yo mismo le dije: los sentimientos son algo que no podemos controlar, no dependen de nosotros.
Yo no podía afirmar que no sentiría nada por ella.
En aquel entonces solo me atraía, pero, con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que es más que una simple atracción física y mental.
Además, antes de subirnos al avión, dijo una frase que se me quedó marcada: «La chica que esté contigo será muy afortunada», y está claro que ella no está dispuesta a ser esa chica.
—Voy a ir por partes, colega. —Raúl es quien toma el mando, como era de esperar.
En estas situaciones, siempre es el portavoz—.
¿Cómo sabes que no siente lo mismo? ¿Acaso se lo has preguntado?
No necesito ni que respondas a la pregunta, porque sé que no.
¿Cuánto hace de aquella propuesta? Las cosas desde entonces han podido cambiar mucho.
Estoy seguro de que tú no eres el mismo Enzo de aquel entonces. Por lo tanto, ella tampoco lo es.
Maldigo que siempre sepa qué decir y cómo decirlo. Se las ingenia para dar con las palabras correctas en todo momento y hacerte reflexionar. Lo de que tiene su punto filosófico es muy cierto.
—Estoy de acuerdo con él. Puede que en su momento ella no sintiera nada, pero igual ahora han cambiado las cosas.
—¿Qué puedes perder? ¿Una relación falsa? —Raúl empieza a reírse—. Bro , una relación falsa con una persona que te gusta es una mierda. Además, puedes aspirar a una relación de verdad con ella.
—¿Y eso tú cómo lo sabes? Ahora eres adivino, ¿verdad?
—No lo sé, pero, si te ha querido como novio falso a ti, igual también te quiere como auténtico.
—No es tan fácil —me limito a decir.
—No he dicho que lo fuera. Las cosas del corazón siempre son complicadas.
—Tampoco te vengas muy arriba, que no estoy enamorado.
—Pero podrías llegar a estarlo. —Es Hugo quien suelta la pullita.
Seguimos hablando un buen rato sobre el tema.
Ambos me dan consejos. Bueno, más bien Raúl me los da y Hugo apoya lo que dice.
Como hemos empezado a hablar de sentimientos, ya no hemos podido parar.
Sin darnos cuenta, la conversación se ha desviado a una nueva chica que ha conocido Hugo en el trabajo, que al parecer le ha propuesto ir a tomar algo algún día al finalizar la jornada laboral.
Cosa que todavía no ha ocurrido, pero que ambos tienen presente.
Y, según Hugo, tiene muchas ganas de que eso pase.
En pocas palabras, la chica está muy buena.
También hemos llegado al tema del último rollo de Raúl.
Dice que todavía no está preparado para nada serio después de su última relación.
Está convencido de que es porque todavía no ha llegado la indicada, pero que cuando eso pase se tira a la piscina de cabeza.
Vamos, que hemos estado entretenidos un gran rato con temas del amor.
Por suerte, no soy el único al que le preocupa algo relacionado con una chica.
He descubierto que a todos nos ronda algo por la cabeza.
Por mi parte, seguiré dándole vueltas al tema hasta tomar alguna decisión.
***
Estoy tumbado en el sofá de casa con la música a todo volumen.
Vale, reconozco que no está tan alta como antes de conocer a Lara y saber que odia tener un vecino adicto a poner la música al máximo.
Vamos a dejarlo en que está a un nivel suficientemente alto, pero no tanto como para molestarla.
Por ahora no he recibido ninguna queja suya, y eso debe de ser una buena señal.
Está sonando Mil cosas de Lola Índigo y Manuel Turizo.
Sin apenas ser consciente, canto. Me fascina la facilidad que tiene mi mente para aprenderme las canciones.
Bueno, mi mente y la de la mayoría de las personas.
Porque para memorizar soy un paquete, pero tú ponme una canción, que sin saber cómo te la empiezo a cantar.
Memorizamos las letras sin darnos cuenta, a base de escucharlas.
Con algunas canciones, es más sencillo que con otras.
Aprovecho para mirar las notificaciones de las redes sociales.
Últimamente estoy teniendo más que nunca y se me acumulan.
Desde el vídeo tan viral con Lara, me han llegado miles de seguidores nuevos.
Ha sido una locura lo que se ha viralizado ese vídeo.
Voy respondiendo como puedo, ya que siempre me ha parecido importante tener un trato cercano con tus seguidores, pero a veces por el volumen de mensajes debo limitarme a mandar un corazón.
Eso mismo es lo que estoy haciendo ahora.
Hasta que llego a un mensaje concreto, que casi consigue que se me caiga el móvil por la impresión.
No me lo puedo creer. No me puedo creer que esto sea real.
Tengo que leerlo un par de veces antes de asimilar lo que está ocurriendo.
¿Esto es verdad? ¿Está sucediendo? Creo que incluso me empiezan a temblar las manos.
No lo sé muy bien, porque estoy flotando en una nube ahora mismo.
Me cuesta incluso volver a leerlo, porque las lágrimas han inundado mis ojos.
Sobra decir que son lágrimas de felicidad ante una noticia como esta.
Hola, Enzo:
Soy David Gómez, productor musical. Te escribo en nombre de la discográfica Miniversal Music Spain. Hemos estado viendo tu recorrido en redes sociales y tu potencial como artista. Nos gustaría reunirnos contigo para hacerte una propuesta.
A lo largo del día de hoy te llegará un email con toda la información. Espero que te haga tanta ilusión como a nosotros trabajar juntos.
Miniversal Music es una de las discográficas más importantes a nivel español. Que uno de sus productores esté contactando conmigo me parece una auténtica locura.
No lo estoy asimilando, de verdad que no.
Tecleo como puedo una respuesta. El corazón se me va a salir del pecho.
Quieren hacerme una propuesta. A mí. Les intereso como artista.
Hasta tal punto de querer trabajar juntos.
Muy malo debe ser lo que quieran ofrecerme para rechazarlo.
Porque, ahora mismo, sin saber nada diría que sí sin dudarlo.
Y estoy convencido de que, después de escuchar lo que me ofrecen, aceptaré.
Pero, bueno, que no cunda el pánico. Mente fría en estos momentos, aunque sea difícil.
Estaría encantado de reunirme con vosotros y escuchar esa propuesta.
La idea de trabajar juntos en algo me parece una auténtica pasada.
Muchas gracias por la oportunidad, quedo a la espera de ese correo con más información.
No tarda nada en leer mi mensaje y darle «me gusta». Me pellizco para ver si se trata de un sueño. Pero, salvo hacerme daño, no consigo nada. Me han escrito desde una discográfica; ahora mismo podría morir feliz.
Lo primero que hago es llamar a mis dos mejores amigos, porque ellos siempre han estado ahí y creído en mí.
Me cuesta incluso hablar, pero termino dándoles la noticia.
Las felicitaciones y chillidos de la emoción no tardan en llegar del otro lado de la línea.
Cada vez estoy más cerca de cumplir ese sueño.
Justo cuando pienso en eso, Lara aparece en mi cabeza. Y así, sin más, salgo corriendo de mi piso para plantarme delante de su puerta y picar al timbre, desesperado. La ilusión me está dominando en estos momentos.
—Me vas a fundir el timbre. —Es lo primero que dice cuando abre la puerta. Supongo que ha debido mirar a través de la mirilla antes de abrir.
—Seguro que a tu casero no le importa.
—Espero que tengas un buen motivo para molestarme durante mi siesta.
Hasta ahora no lo había hecho, pero me detengo a mirarla. Vale, sí. Se acaba de despertar, no hay ninguna duda de ello. Tiene marcas en la cara del sofá o de la almohada, por no mencionar que está muy despeinada. Aun así, me encanta.
—¿Has podido dormir con la música? —pregunto asombrado. Hemos pasado de recibir una nota quejándose a quedarse dormida escuchando reguetón. Es todo un progreso.
—Sorprendentemente sí, hasta que has empezado a picar como un loco. ¿A qué se debe?
—Entenderás mi entusiasmo cuando leas esto.
Le planto el móvil delante de la cara. Un poco más y se lo estampo, pero por suerte ha sido rápida y lo ha parado a tiempo. Veo cómo sus ojos se mueven rápido mientras lee. En un momento dado suelta un grito. Seguidamente, se pone a saltar y se abalanza sobre mí. La rodeo al momento.
—Estoy muy feliz por ti, y orgullosa. Sabía que este momento llegaría.
Enzo, esto es genial. Miniversal Music te quiere fichar.
¿Sabes lo que significa eso? —Me zarandea por la emoción.
Yo no dejo de sonreír como un bobo mientras la miro.
Está contenta, se alegra por mí. Sus ojos desprenden un brillo especial—.
Voy a poder escuchar esa canción antes de lo que me imaginaba.
—Joder, rubia. Todavía no me lo creo.
Estoy tratando de asimilar la noticia. Imagino que me llevará un tiempo hacerlo. Si estoy así ahora, no me quiero ni imaginar cómo estaré cuando me reúna con ellos y me lancen su oferta.
—Te mereces todo lo bueno que te pase.
No sé si es por lo que me dice, por cómo me lo dice, por la ilusión del momento o qué sé yo, pero la cuestión es que acabo juntando mis labios con los suyos y besándola.
A ella le pilla por sorpresa, puedo notarlo; pero, aun así, no tarda en devolverme el beso.
Llevo ambas manos a su cara para profundizarlo.
En estos momentos, soy el hombre más feliz del planeta.
Lo tengo todo, o al menos lo tendré en algún momento.