Una última vez CAPÍTULO 37 LARA
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CAPÍTULO 37 LARA

Mientras estamos esperando para embarcar, ambos nos ponemos al día con nuestras redes sociales.

Enzo lo hace cada mañana cuando se levanta y antes de irse a dormir.

Lo he estado observando durante este tiempo que hemos estado conviviendo.

E indirectamente me ha pegado esa manía.

Pero no me quejo, porque es bastante útil destinar tiempo a las redes, y mucho más tener asignado un horario.

Los vídeos de anoche no tardan en aparecer, y nos etiquetan en todos los que salimos.

Estaba claro que muchos acabarían siendo contenido para redes sociales, en especial TikTok.

Me quedo embobada mirándolos. ¿Soy yo, o salimos demasiado bien juntos?

Sonrío. No me puedo creer que esté pensando en eso.

Al repasar los vídeos en los que se me ha etiquetado, veo que @soyenzo me ha mencionado en uno. ¿En qué momento ha pasado esto? Un cosquilleo me recorre de pies a cabeza antes de mirar el vídeo. Estoy nerviosa. Sé que no tiene mucho sentido, pero lo estoy.

Con la sonrisa nerviosa impregnada en los labios, hago clic en el vídeo para verlo.

— Hace tiempo que no agarro a nadie de la mano. —No es la voz de Bad Bunny la que suena, sino la de Enzo. En estos momentos lo reconocería en cualquier parte. Pero, a diferencia de las otras covers que ha hecho, en esta no sale él. Sino nosotros. Bueno, en este caso yo.

Se ven nuestras manos entrelazadas, un pequeño vídeo caminando de anoche, porque reconozco cómo vamos vestidos.

— Hace tiempo que no envío «Buenos días, te amo». —Ahora aparece él escribiendo en el móvil.

La sonrisa no deja de ensancharse. Enzo parece haber reconocido su propia voz, porque, por el rabillo del ojo, veo cómo se acerca a mí para mirar la pantalla de mi móvil.

— Pero tú me tiene enredao, me envolví. —No solo escucho la voz de Enzo en el vídeo, sino que me canta en el oído—.

Iba por mi camino y me perdí. Mi mirada cambió cuando tus ojos vi .

—Al decir esto, me coge de la barbilla y me obliga a mirarlo.

El corazón se me salta un latido cuando nuestras miradas conectan.

Madre mía. Me va a dar algo. Me está entrando demasiado calor.

Creo que, a partir de ahora, cada vez que escuche Ojitos lindos de Bad Bunny y Bomba Estéreo no lo haré del mismo modo, sino que pensaré en Enzo y en nosotros. En este vídeo en concreto. En este momento.

La canción sigue sonando, y el vídeo se sigue reproduciendo. Pero no puedo centrar mi mirada en eso, ahora no. No cuando lo tengo delante mirándome de ese modo. Con un brillo especial en los ojos, ilusionado.

—Ahora sí que hemos confirmado lo nuestro, rubia. —Esboza una amplia sonrisa al decirlo.

Asiento de manera automática. Está claro que después de este vídeo no quedará duda alguna de si somos pareja o no.

Porque aparecemos ambos en las imágenes y es evidente que me está dedicando la canción a mí.

Incluso me ha etiquetado. ¿Me la estará dedicando de verdad, o solo lo hace por cumplir?

Aunque me joda admitirlo, esa pregunta me importa más de lo que debería.

—Nunca pensé que podría gustarme una canción de reguetón. —Es lo primero que se me viene a la cabeza, y lo suelto sin más.

—Eso es porque no las cantaba yo.

—No te lo tengas tan creído.

—Tengo motivos para creérmelo.

—Me ha encantado el vídeo —reconozco. Nunca nadie había tenido un detalle tan bonito conmigo. Aunque estoy tentada de decírselo, me lo guardo para mí. Quizás sería demasiado.

—A ti y a más de un millón de personas.

La boca en estos momentos me debe estar formando una gran O. Es más, creo que si la abro más podría dislocarme la mandíbula. ¿Pero qué locura es esa?

—¿Estás hablando en serio? —La incredulidad y sorpresa son evidentes en mí.

—Compruébalo tú misma. —Una sonrisilla orgullosa aparece en su rostro.

Al ver el vídeo estaba tan concentrada en su voz, en la letra, en las imágenes que aparecían, que los likes y comentarios estaban en un segundo plano.

Ahora que me paro a mirarlos, me doy cuenta de que tiene más de medio millón de me gusta y una cantidad descomunal de comentarios.

No me extraña que sea así, porque el vídeo ya acumula casi dos millones de visualizaciones.

Y al parecer todo en una sola noche. Menuda locura.

—Creo que a partir de ahora tendrás que aparecer en más vídeos. Parece que les gustas más que yo.

—Gustamos juntos, que es diferente.

—¿Somos la pareja del año? —pregunta de cachondeo.

—Tú deberías ser el novio del año después de esta bonita declaración —reconozco. De verdad lo pienso y no lo digo por decir. Por eso mismo añado—: La chica que esté contigo será muy afortunada.

La sonrisa desaparece de sus labios justo cuando digo eso. Repaso mentalmente lo que he dicho para ver si algún comentario no ha sido acertado, porque su reacción, aunque ha intentado pasar desapercibida, me ha sorprendido.

—Supongo que sí —se limita a decir.

***

¡Por fin en casa!

Enzo y yo acabamos de despedirnos delante de nuestros apartamentos; es lo que tiene ser vecinos.

Hemos estado juntos hasta el último momento.

Como de costumbre al despedirnos, nos hemos dicho un «hasta la próxima», sin concretar nada más.

Sabemos que volveremos a coincidir y, si no, sé dónde vive para ir a por él.

Me ha conseguido sacar una sonrisa al decirme que cuente con él para la próxima locura que se me ocurra.

Y lo haré, porque he descubierto que no hay mejor compañero de aventuras que él.

Se apunta a un bombardeo y todo lo hace con una gran sonrisa en los labios. No se puede pedir más.

Sin ni siquiera deshacer la maleta, ya tendré tiempo de hacerlo en otro momento, salgo de casa dispuesta a encontrarme con mi mejor amiga. No la he hecho venir al aeropuerto porque era una tontería, ya que tenía compañía para volver. Si no, no hubiera rechazado su propuesta.

Rescato las llaves que me entregó el primer día por si había una urgencia en algún momento.

Siempre viene bien que alguien de confianza tenga una copia de tus llaves de casa, pues nunca se sabe.

Hay gente que puede llegar a ser muy despistada.

Aunque ella no es así. Pero, al ser tan precavida, es normal que me las diera.

Le he avisado de que ya estaba por aquí y que me pasaría por su casa. Tampoco quería presentarme sin decir nada, no me parecería bien, ya que podría darle un gran susto al tener llaves. May está encantada de que vaya a verla y la ponga al día de mi vida. Esto último lo está deseando.

Entro en el portal y voy directa hasta la puerta de su piso.

Al introducir la llave, no se abre. Vuelvo a probar por si hubiera hecho algo mal, pero nada.

Ni siquiera se introduce del todo bien. No vuelvo a intentarlo, porque sé que obtendré el mismo resultado.

Así que me limito a picar al timbre que tengo a mi derecha y esperar a que me abra la puerta.

A los pocos segundos, se abre y veo a May.

Me lanzo a sus brazos al momento. Tenía muchas ganas de abrazarla.

Parece que ella también, porque me estrecha fuerte.

—Me alegro de que estés de nuevo por aquí, amiga —susurra en mi oído.

—Sabes que hubiera venido antes, pero tengo una amiga muy insistente —digo, consiguiendo que se ría.

—Y sabia, que hace las cosas por el propio bien de su mejor amiga.

—Me gusta más el término «cabezota», pero si insistes… —Nos separamos y es entonces cuando la analizo—. ¿Cómo estás? —me aventuro a preguntar.

—No estoy mal, pero tampoco bien del todo.

—Intenta sonreír, pero sé que no es una sonrisa sincera, porque no le llega a los ojos—.

Pero estoy convencida de que poco a poco volveré a ser yo y a ser feliz como me merezco.

Ayer mismo empecé con la psicóloga. Me ha ido mejor de lo que me imaginaba.

A ver, solo ha sido una primera toma de contacto, pero la chica me ha caído bien y me ha transmitido buenas vibraciones.

Sabes que es algo importante para mí que me transmita confianza, porque, si no, no tendría nada que hacer con ella.

A finales de semana vuelvo a verla. Empezaremos con dos sesiones a la semana, y luego ya iremos viendo.

—Veo que tienes muchas cosas que explicarme —digo sonriente. May siempre ha sido una parlanchina. Y, al hacer tantos días que no nos vemos, se nos acumulan las cosas.

—Seguro que no tantas como tú, señorita «me voy de viaje con mi novio buenorro falso».

—Puede que yo también tenga que explicarte cosas.

—¿A qué estás esperando entonces? Sabes que el cotilleo es la gasolina de mi vida.

Consigue hacerme reír. Físicamente está como siempre, algo que ya me imaginaba. Por suerte, el desgraciado no le dio una gran paliza, pero es obvio que tiene que trabajar en ella mentalmente. Algo muy importante y necesario.

—Antes de que se me olvide, he intentado abrir la puerta con las llaves que me diste y no ha habido manera.

—Eso es porque tienes las llaves antiguas —comenta como si fuera obvio.

Al ver mi cara de desconcierto, se explica—: Al día siguiente de que Bruno se presentara en casa, tanto Unai como la policía me aconsejaron cambiar la cerradura de la puerta.

Sabes que él tenía las llaves del piso porque habíamos empezado a vivir juntos.

Por eso mismo consiguió entrar aquella noche.

Después de lo sucedido, no podía volver aquí sabiendo que él tenía acceso, así que hice lo que tenía que hacer: cambiar la cerradura.

Al fin y al cabo, el piso es mío y de nadie más.

—Una decisión muy acertada que consigue que estés segura en tu casa.

—Exacto. Tengo seguridad, algo que no tenía antes.

—¿Lo has vuelto a ver? —pregunto con pies de plomo.

—He interpuesto la denuncia, y espero que después de lo sucedido no pueda volver a verme.

Sé que es inevitable que en algún momento nos crucemos, vivimos en una isla, pero por ahora no ha ocurrido.

Unai está convencido de que no se atreverá a verme, pero yo tengo mis dudas.

Prefiero no pensarlo. Porque, visto lo visto, puedo esperarme cualquier cosa de Bruno.

Está claro que no podemos fiarnos de nadie. Muchas personas aparentan una cosa y son otra completamente diferente, tanto para bien como para mal.

—Como tú bien dices, es mejor no pensarlo por ahora.

—Me estoy planteando muchas cosas, Lara. Sabes que Canarias siempre ha sido mi sitio, pero ahora mismo no siento que sea así. Creo que tengo que huir de todo, pero al mismo tiempo sé que tengo que afrontar la situación. Mi mente es un caos que ni yo misma entiendo.

—Supongo que es normal por lo que has tenido que vivir. Sabes que apoyaré todas y cada una de tus decisiones. ¿Qué te voy a decir yo? Si soy la primera que huye cuando las cosas se ponen feas. Por eso mismo estoy aquí.

No juzgaré que se quiera ir sin mirar atrás.

Yo no soy quién para hablar, porque es lo que he hecho este verano.

Aunque aquí la retienen muchas cosas: su piso, su negocio…

Sus amigos no tanto, a excepción de Unai.

Porque los demás también son amigos de Bruno.

Cosa que, lejos de ayudarla, complica más la situación.

—Es una mierda, una gran mierda.

—Una putísima mierda que ni tú ni nadie se merece. No sé qué debes hacer.

—Yo tampoco lo sé. Pero agradecería cambiar de tema en estos momentos, a uno mucho más alegre.

Asiento. Imagino que ya suficiente tiene con darle vueltas ella sola al tema como para tener que hablar constantemente de lo mismo.

—Para eso sí que tengo solución. —Si mi amiga necesita desconectar, aquí estoy yo para que eso suceda.

—Espero que esa solución tenga que ver con el chico de los tatuajes.

—Digamos que, sin pretenderlo, se está convirtiendo en el protagonista de mi vida.

Con esa frase, consigo captar toda su atención.

Empieza a aplaudir y a silbar, provocando que me ponga roja como un tomate mientras no dejo de reírme.

Sí, está claro que lo que necesitamos ahora mismo es esto.

Así que la pongo al día de todo lo que ha pasado en Madrid, y ella se emociona con cada cosa que le cuento.

Aprovecho para sincerarme con ella. El monólogo interior que tuve el otro día conmigo misma se lo traslado.

Sé que me vendrá bien decirlo en voz alta para aclarar mis ideas y mis sentimientos.

En ese momento la conversación se torna mucho más seria, y May intenta ayudar a despejar mis dudas.

Ella tiene muy claro qué es lo que está pasando entre nosotros dos.

Sin embargo, yo sigo teniendo mis dudas.