Una última vez CAPÍTULO 34 ENZO
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CAPÍTULO 34 ENZO

A Lara le costó conciliar el sueño anoche.

No dejaba de mirar el móvil cada pocos segundos en busca de algún nuevo mensaje de su amiga.

Por suerte, no llegó ninguno con más noticias.

Menos mal. No me quiero imaginar lo que debe estar pasando esa chica.

Yo también sentí rabia e impotencia al saber lo que había ocurrido.

No me puedo creer que haya gente en este mundo que sea capaz de ponerle la mano encima a otra persona, y encima tener los cojones de decir que la quiere.

Solo de pensarlo me pongo de mala hostia. Nadie se merece eso.

Somos conscientes de que existen relaciones y personas tóxicas en el mundo, pero parece no importarnos tanto hasta que nos toca de manera muy cercana.

Es entonces cuando lo ves todo con otra perspectiva.

Espero que le dieran la paliza que se merecía a ese desgraciado y que no vuelva a acercarse a May.

Las veces que he coincidido con ella me ha parecido una buena chica, y si es amiga de Lara debe serlo.

Así que le deseo lo mejor. Y está claro que lo más sensato es alejarse de esa persona.

Si te dicen que no, es que no. No puedes obligar a nadie a estar contigo, a quererte.

¿Tan difícil es de entender? Al parecer, para ciertas personas sí.

Cuando alguien te deja, no se acaba el mundo.

Aunque te dé la sensación de que sí. De todo se sale.

No es que yo pueda decirlo por experiencias propias, pero sí que he acompañado a grandes amigos en el proceso.

Por eso puedo afirmar que nadie muere de pena al dejar una relación.

Esta mañana, Lara se ha levantado para ir al doblaje, como de costumbre desde que estamos en Madrid.

Sin embargo, no iba con la misma ilusión y ganas que siempre.

Está claro que tiene muy presente a su amiga.

Ella misma me dijo que si fuera por ella regresaría a casa, pero May la ha amenazado para que no lo haga.

Creo que en estos momentos tiene el corazón dividido, y tome la decisión que tome se sentirá mal.

Ahora mismo necesita desconectar, evadir su mente, y yo estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para que eso pase.

Por eso mismo no dejo de darle vueltas al coco, buscando un plan que hacer cuando ella llegue.

Sí, a modo de sorpresa. Aunque eso sea lo último que quiera en estos momentos, algo me dice que es lo que necesita.

Tras pensar mucho en lo que podríamos hacer, consigo dar con algo que creo que le va a gustar y con lo que vamos a reírnos y disfrutar. Reservo antes de que sea demasiado tarde, para asegurarnos la experiencia. Estoy deseando ver su cara al decirle lo que vamos a hacer esta tarde.

***

A diferencia de ayer, esta vez sí que me doy cuenta de cuándo entra Lara a la habitación. Estaba esperando su llegada, por lo que no me pilla desprevenido.

Dejo la guitarra a un lado y cierro la libreta. También he aprovechado la mañana para crear contenido y seguir con mi nueva canción. Bueno, con mi primera canción.

Lara me estudia. Yo hago lo mismo con ella.

Está plantada en mitad de la habitación, con una de sus cejas ligeramente arqueada.

Lleva unos tejanos junto con un top sin mangas que deja al descubierto su ombligo.

Me sorprende que lleve un moño, ya que acostumbra a ir con el pelo suelto siempre.

Pero le favorece, y mucho. Esta rubia me tiene completamente loco.

Cuanto más la miro, más me gusta. Y ya no hablamos de cuando la veo sonreír o reír. Eso es otro nivel.

—Tengo una propuesta para ti —digo, captando toda su atención.

—Espero que sea la de emborracharnos. —Sonríe ampliamente ante esa posibilidad.

—Pues no vas mal encaminada.

Sus ojos van a salir de sus órbitas. Creo que lo que menos esperaba al decir esa burrada es que le siguiera el juego. Pero es que he pensado en todo, y ya empiezo a conocerla. Sabía que un poco de alcohol la ayudaría.

—No necesito nada más, estoy dentro del plan.

—Sabía que te convencería, pero no imaginé que fuera a hacerlo tan rápido y con una sola frase.

Debo confiar más en mis dotes de convicción. Ha sido más fácil de lo que me imaginaba, aunque he adornado un poco la realidad. No vamos a emborracharnos como tal, pero no niego que vayamos a salir contentillos.

—Me ha convencido lo de emborracharnos, no tú.

—No me quites méritos, que la idea ha sido mía.

—¿Vas a darme más detalles?

Sonríe ampliamente y me contagia la sonrisa. El brillo en sus ojos vuelve a estar presente, y solo con eso ya me doy por satisfecho. Algo estaré haciendo bien.

—¿Ahora los necesitas? Has dicho que estabas dentro —la chincho, porque es demasiado fácil hacerlo y porque me encanta.

—Pero tengo curiosidad por saber qué ha ideado esa cabecita tuya.

—Solo ideo cosas buenas, así que puedes prepararte para cualquier cosa. —Hago una breve pausa, antes de añadir como si se me hubiera olvidado—: Ah, espero que te guste el vino y que seas capaz de emborracharte a base de él.

Un poquito de información nunca viene mal. Le he revelado una parte del plan, que evidentemente incluye vino.

—Puedo emborracharme con cualquier cosa. Y el vino es un arma de doble filo. Si es bueno, entra demasiado bien; y, para cuando me doy cuenta, voy piripi.

Suelto una pequeña carcajada. La verdad es que no le falta razón. Como sepa bien el vino, las copas entran solas y van una detrás de otra.

—Puedes acabar piripi, pero en el proceso vas a necesitar coordinación para demostrar tu arte.

—Tengo miedo.

—Tú solo déjate llevar.

—Ese es el lema de mi vida —contesta risueña.

Me levanto de la cama, dispuesto a recogerlo todo y salir cuanto antes. Ella parece hacer lo mismo, porque veo cómo se prepara el bolso. Es entonces cuando vuelvo a reparar en ella y en lo que lleva puesto. ¿Debería advertirle? Por mi propio bien, sí.

—¿Puedo darte un consejo? Yo, si fuera tú, no iría de blanco.

—¿A qué esperabas para decírmelo? —Se gira de repente para encararme como si estuviera enfadada, pero sé que no lo está.

—Agradéceme que lo haya hecho. De nada, rubia —digo, guiñándole un ojo—. Gracias a mí esa ropa seguirá con vida. Ah… —suelto despreocupado—, también ponte algo a lo que no le tengas mucho aprecio, por si acaso.

—¿Dónde me llevas, Enzo?

Lara no tiene ni idea de a dónde vamos. Cosa que me encanta, porque será totalmente sorpresa. Aunque le estoy dando demasiada información. Estoy seguro de que, si se para a pensar y a unir todo lo que le he dicho, podría dar con facilidad con lo que vamos a hacer.

—Lo descubrirás cuando lleguemos.

—No me gustan los secretos —se queja ella.

—Es una sorpresa —rectifico.

—No me gustan las sorpresas —rectifica ahora ella.

—Esta te gustará.

No dice nada más y se va directa al cuarto de baño, con mucha ropa entre las manos.

Supongo que, al no saber dónde vamos y después de mi advertencia, elegir ropa no debe ser una tarea fácil.

Yo he optado por una camiseta básica gris, junto con unos pantalones de chándal negros.

Dos prendas a las que no les tengo mucho aprecio.

Me importa bien poco si acaban llenas de pintura.

—Llegaremos tarde —canturreo feliz, cerca de la puerta del lavabo.

La verdad es que vamos con tiempo de sobra, pero me gusta meter presión. Quiero sacarla de sus casillas, algo que se me da demasiado bien y con lo que me divierto mucho. Sé que en el fondo ella también.

—Hubiera ido más rápido si supiera dónde vamos, porque hubiera sabido qué ropa ponerme. Pero, como es todo un misterio, he tenido que improvisar y perder más tiempo del necesario. Obvio, todo es por tu culpa. —Habla lo suficientemente alto como para que pueda escucharla a través de la puerta.

—Cualquier cosa está bien.

—No, cualquier cosa no. —En ese momento, abre la puerta y aparece con un look completamente diferente—. Algo blanco, según tú, era mala idea.

Ahora lleva una camiseta rosa de tirantes, que le favorece demasiado, en especial a sus pechos. Lo siento, mi vista se ha posado en esa parte en cuanto la he visto. Junto con una minifalda tejana.

—Estás estupenda.

—Lo sé. Tú no estás nada mal. Aunque te quedan mucho mejor las camisas.

—Lo tendré en cuenta —me limito a responder.

—En especial cuando llevas los primeros botones desabrochados, dejando entrever el tatuaje de la mariposa.

Consigue sacarme una sonrisa. Un comentario muy específico. Que haya dado tantos detalles revela mucha información.

—Veo que te fijas en mí. —Es lo primero que he pensado cuando ha sido tan concreta.

—A veces más de lo permitido.

—Mirar es gratis, rubia. —Le guiño un ojo, y ella sonríe. ¿Se puede pedir más?

Salimos del hotel y caminamos juntos por las calles de Madrid.

Los temas de conversación salen uno tras otro.

Siempre tenemos algo de lo que hablar. Y creo que eso es algo maravilloso, porque todas las personas buscamos a alguien con quien mantener conversaciones infinitas, aunque algunas de ellas sean sin sentido.

Disfruto de la compañía que me ofrece Lara.

Cuando estamos juntos, las risas están aseguradas.

Me detengo cuando llegamos al local donde tendrá lugar la experiencia. Me identifico en la puerta y nos invitan a pasar. De reojo, veo cómo Lara observa todos los detalles de la sala.

—Ahora entiendo por qué no podía venir de blanco —susurra al ver la gran mesa en medio de la sala, llena de pequeños caballetes con lienzos aún sin pintar.

Al fondo, hay una mesa redonda con un cuadro ya pintado. Se supone que ese es el que tenemos que recrear nosotros. Está lleno de colorines y sé que no será tarea fácil, pero que disfrutaremos mucho del proceso.

—Espero que se te dé bien pintar.

—A mí se me dará bien lo de beber vino. —Suelto una sonora carcajada, porque no me esperaba su respuesta. Al hacerlo, me llevo las miradas de los aquí presentes, aunque no me importa lo más mínimo.

—Seguro que eres una gran artista.

—¿Con la pintura? Ya me gustaría. Todo mi arte está en la interpretación.

—No se puede tener todo, rubia.

—Dijo el que nació con una voz envidiable.

—Pues espérate a que me veas con un pincel en la mano —suelto, intentando parecer seguro. Aunque lo hago solo para chincharla, y parece que tiene efecto, porque se lo cree.

—Si tu cuadro te queda mejor que el mío, te lo estropearé —dice, segura de sus palabras. Se acerca a mí y me saca la lengua. Un gesto muy infantil que me gusta más de lo que debería.

—No serás capaz.

—Ponme a prueba y verás. —Sonríe ampliamente, con una sonrisa malvada digna de las villanas de Disney.

A la hora exacta que estaba programada, aparece una chica para explicarnos en qué consiste el taller. Beber vino mientras pintamos un cuadro. Parece sencillo, ¿verdad?

Nos ponemos los delantales que hay encima de las sillas y empezamos a dibujar siguiendo las indicaciones que nos da la chica.

Al igual que nosotros, ella ha empezado desde cero en un nuevo lienzo para guiarnos.

Le hacemos caso en casi todo, porque, en algún momento, tanto Lara como yo improvisamos.

Digamos que es culpa del vino. La copa no ha estado vacía en ningún momento.

En cuanto nos la bebíamos, aparecía llena de nuevo por arte de magia.

—Me había tragado lo de que eras un gran pintor.

—Era una pequeña mentira.

—El mío ha quedado mejor; puedes reconocerlo —comenta ella orgullosa, sin dejar de mirar su lienzo ya terminado.

—Por esa razón, pienso quedármelo. Intercambio de cuadros. —Antes de darle tiempo a procesar lo que he dicho, cojo su obra y salgo corriendo.

Sí, todo esto lo hago bajo la atenta mirada de todas las personas que están compartiendo la experiencia junto a nosotros. Lara no deja de reírse. Su risa inunda la sala y yo no puedo ser más feliz.

—Si me lo hubieras pedido, te lo hubiera regalado. Me parece buena idea lo del intercambio de lienzos, pero con una condición: fírmamelo para, cuando seas famoso, poder venderlo.

—Me parece correcto, siempre y cuando tú hagas lo mismo. Me pagarán millones por este cuadro pintado por la mismísima Lara García, actriz de renombre mundial.

Intercambiamos cuadros y firmas. Y lo único que deseo es que en algún momento se cumpla lo que ha dicho: que los dos seamos famosos, porque es nuestro sueño.

Salimos del local con un lienzo bajo el brazo pintado por nosotros mismos. Es el recuerdo palpable que nos llevamos de esta tarde, porque el resto de los recuerdos los almacenaremos en nuestra memoria.