CAPÍTULO 33 LARA
El sonido de un nuevo mensaje llega a mis oídos.
Sin embargo, decido ignorarlo. Si fuera importante, me hubieran llamado, no habrían enviado un simple mensaje.
Doy media vuelta en la cama, en un intento de volver a conciliar el sueño.
Es una táctica que utilizo a menudo. Si para un lado no puedo, me giro hacia el otro con la esperanza de dormirme de nuevo.
Al hacerlo, me topo con el cuerpo de Enzo.
Mierda. ¿En qué momento nos hemos pegado tanto?
Descansa boca arriba, sin camiseta. Cierro los ojos por inercia.
Había olvidado que estamos compartiendo cama y que solo lleva puestos unos calzoncillos.
Vuelvo a abrir los ojos; el deseo es superior a mí.
Y me encuentro admirando su torso desnudo lleno de tatuajes.
Joder. Estar tan bueno debería ser un delito.
De nuevo el sonidito de un mensaje, pero esta vez va seguido de muchos más.
Resoplo. No solo me ha despertado, sino que ahora ha conseguido que vuelva a la realidad y deje de admirar el cuerpo de mi compañero de cama.
¿Quién me manda a mí dejar el móvil con sonido toda la noche?
Yo, que soy del team de llevar el móvil en silencio.
Pero, claro, al estar lejos de mi hogar me he visto en la obligación de dejarlo con sonido, por si las moscas.
Por si pasa algo importante y alguien necesita mi ayuda.
Bueno, con alguien me refiero a May. No hay nadie en la isla que vaya a llamarme para pedirme ayuda salvo ella.
Estoy sopesando las opciones que tengo, que no son muchas: girarme de nuevo y seguir ignorando los mensajes para intentar dormir, o responder.
Como si supieran que estoy deliberando, vuelve el bombardeo masivo de mensajes. Esta vez es mucho mayor que antes.
—Rubia, responde a los mensajes o pon el móvil en silencio. —La voz medio dormida de Enzo consigue sobresaltarme, de tal manera que doy un bote en la cama por la sorpresa.
—Joder, pensaba que estabas dormido. —Las palabras salen solas de mi boca.
¿Se habrá dado cuenta de que me lo estaba comiendo con la mirada? A ver, tenía los ojos cerrados, pero a veces alguien te mira con tantas ganas que eres capaz de notarlo aun sin estar mirando.
—Con ese ruido infernal no se puede dormir.
—Creo que debería contestar.
Estaba ganando la parte de ignorar los mensajes, pero, ahora que ya me he desvelado, no tiene sentido hacerlo. Hasta Enzo se ha despertado.
—No olvides ponerlo en silencio. Lo que me faltaba era escuchar el sonido del teclado mientras escribes —me informa molesto. Está usando un tono de voz que hasta la fecha no había escuchado en él.
—Me sé de alguien que no tiene buen despertar —comento con una voz cantarina.
—Digamos que esta no es la mejor manera de despertarme.
—¿Cómo le gusta que lo despierten, señorito malhumorado? —pregunto, sin dejar de cachondearme.
—Creo que tú solita te puedes hacer una idea. —Sonríe socarrón. Al momento, le doy un pequeño toque en el brazo, en un intento de borrarle esa sonrisa. Porque sí, he pillado el sentido en el que lo decía. Siempre consigue que malpiense—. Te estás acostumbrando a golpearme, rubia.
—Me sale natural. —Ahora la de la sonrisa de oreja a oreja soy yo.
La llegada de nuevos mensajes consigue que volvamos a la realidad. Casi había olvidado por qué estábamos despiertos.
—Te reclaman —me recuerda.
Resoplo antes de volver a dar media vuelta y buscar mi móvil en la mesita de noche.
Por suerte, no tardo en dar con él. Lo primero que hago es ponerlo en silencio para que no nos moleste más.
Creo que Enzo estaba a punto de perder la paciencia.
Desbloqueo el móvil para leer los mensajes y descubrir qué es eso tan importante que alguien tiene que decirme que no podía esperar a mañana, sino que tenía que decírmelo a las cuatro de la madrugada.
Veintitantos mensajes nuevos de May. Mierda.
El corazón se me acelera por momentos. Y yo pensando en no contestar.
Me pongo en lo peor, aunque sé que no debería hacerlo, pero me sale solo.
Intento respirar con tranquilidad antes de leerlos, porque siento que se me va a salir el corazón del pecho.
Siento molestarte a estas horas, pero necesitaba desahogarme.
No te asustes, que estoy bien. O, al menos, lo estaré con el tiempo.
Ya está tu mejor amiga con sus dramas de siempre molestándote. Y haciendo que te preocupes.
Hoy ha aparecido Bruno por casa. Después de estar todo este tiempo sin saber nada de él, se ha presentado como si nada. Algo que lo caracteriza, porque sabes que lo hace a menudo.
Sé que me dijiste que me quedara en tu apartamento todo el tiempo que necesitara, pero pensé que estaba preparada para dormir de nuevo en mi cama. Me equivocaba.
Por lo visto, no era la primera vez que Bruno pasaba por mi piso. Pero, a diferencia de las anteriores veces, esta vez estaba yo dentro. Algo con lo que no contaba él, supongo.
En cuanto me vio, quiso arreglar las cosas. Me pidió perdón, como todas las veces que hemos estado en una situación similar. Se arrodilló delante de mí sin dejar de llorar. Parecía arrepentido por todo lo que había pasado entre nosotros.
Dudé. Si perdonarlo o no hacerlo. Pero, por primera vez en mi vida, pensé en mí.
Me armé de valor y le dije todo lo que pensaba.
Estaba claro que lo nuestro hacía tiempo que había dejado de ser amor, pero me costó verlo.
Mi discurso terminó cuando le dije que lo perdonaba, pero que lo mejor que nos podía pasar era que nuestros caminos se separaran.
Fue difícil pronunciar esas palabras, pero lo logré.
No le sentó bien. Y apareció el verdadero Bruno.
Se enfadó. Mucho. Demasiado. A niveles que nunca había presenciado.
Empezó a romper cosas. Se volvió completamente loco de un momento a otro.
No tardó en llegar la primera bofetada.
Era la primera vez que me ponía una mano encima. Y yo no supe cómo actuar. Empecé a llorar descontroladamente y no recuerdo mucho más.
Supongo que mi mente ha decidido borrar esas imágenes.
Aprieto los puños con fuerza y empiezo a maldecir en voz alta. Las primeras lágrimas no tardan en resbalar por mis mejillas. Un cúmulo de emociones y sentimientos me invaden. La preocupación, el miedo… Todo viene de golpe. Chillo. De pura impotencia y dolor por lo que ha tenido que vivir May.
No me doy cuenta de que Enzo está a mi lado hasta que me rodea con sus brazos. Me pregunta en repetidas ocasiones si estoy bien, pero no soy capaz de articular palabra alguna. Ese maldecido ha golpeado a mi amiga. Ese hijo de puta le ha puesto una mano encima porque ella estaba rompiendo con él.
Con las lágrimas en los ojos, me obligo a seguir leyendo.
Por suerte, en cuanto vi a Bruno en mi casa, le escribí un mensaje a Unai. No sabía a quién recurrir, pero necesitaba que alguien lo supiera. Gracias a él estoy bien. Llegó a tiempo para parar a su hermano. Si no fuera por él… No puedo ni quiero pensarlo.
Fuimos a Urgencias y a interponer una denuncia.
Unai está conmigo ahora.
Y yo estoy bien. Al menos, todo lo bien que puedo estar en estos momentos.
No sé si hago bien al contártelo por mensaje, pero todavía estoy temblando y necesitaba que lo supieras. Te quiero, amiga. Gracias por estar.
Lloro desconsoladamente. Enzo no se ha separado de mi lado, pero ha permanecido callado. Cuando esté preparada, le explicaré lo que ha pasado, porque ahora soy incapaz de hablar. No obstante, tengo muy claro lo que debo hacer en estos momentos. Ella se merece que esté a su lado.
Busco en la agenda a toda velocidad el teléfono de May. Solo hace unos minutos que me mandó el último mensaje, así que debe estar despierta. Después de lo que le ha sucedido, dudo mucho que pueda conciliar el sueño con facilidad. Y ya no solo hoy, sino de ahora en adelante.
—Necesitaba escuchar tu voz, saber que estás bien. —Es lo primero que digo cuando me coge el teléfono. Lo hago entre lágrimas.
Ahora mismo, me está matando estar tan lejos de ella.
Porque lo único que desearía es estar a su lado, abrazándola y susurrándole que todo saldrá bien.
Aunque respiro un poco más tranquila al saber que no está sola, que Unai está con ella y que la cuidará.
Siempre lo ha hecho y sé que siempre lo hará.
Como ha dicho ella. No sé qué hubiera pasado si no le hubiera mandado ese mensaje.
Me relata de nuevo toda la historia. Aunque le cuesta encontrar las palabras, porque no deja de llorar.
Se rompe cuando llega a explicarme la bofetada que le ha dado, pero noto cómo se recompone al explicarme que ha denunciado y que en Urgencias le han hecho un chequeo general.
El haber ido a Urgencias y tener en su poder un certificado médico agilizará las cosas y ayudará en la denuncia.
— Nunca imaginé que él fuera capaz de hacerme algo así. De verdad pensaba que nos queríamos, pero está claro que me equivocaba. Tú misma me lo dijiste; el amor no duele. Y el nuestro hacía tiempo que dolía demasiado.
Hubiera deseado equivocarme. Hubiera deseado que la relación que tenían May y Bruno fuera diferente. Que fuera una relación sana y no tóxica. Pero, aun así, yo tampoco imaginé que llegara a pasar lo de esta noche.
—No será fácil. Nadie se merece lo que te ha pasado. Pero no estás sola, y con ayuda saldrás adelante.
— Lo sé. —Su voz está cargada de esperanza. Hace una breve pausa, antes de añadir—: Ni se te ocurra volver antes de lo previsto a casa por lo que ha pasado.
Suena a amenaza, pero tengo muy claro lo que tengo que hacer. ¿Cómo no voy a volver a casa?
—May, debo hacerlo.
— No, debes quedarte ahí —me ordena—. Terminar el doblaje de la serie y volver con muchas cosas que explicarme sobre ti y Enzo.
Hablo en serio, Lara. Tu vida sigue, al igual que la mía.
Te estaré esperando en el mismo sitio cuando vuelvas.
No hagas que me arrepienta de habértelo contado.
Porque no me perdonaré que dejes esto a medias por mí.
—No te prometo nada.
— Lara… —Su tono de voz me deja claro que habla en serio. Lo último que quiere es que vaya con ella, porque, si lo hiciera, pondría en riesgo mi carrera.
—May…
— Sabes lo que tienes que hacer. Te quiero, amiga.
Suena a despedida, y sé que después de mi contestación va a colgar. Así que me limito a responder algo que al menos hará que sonría: —Te quiero todavía más.
Suelto todo el aire que al parecer estaba reteniendo en los pulmones.
Está bien, todo lo bien que puede estar después de lo que ha ocurrido.
Tengo el corazón dividido, entre lo que quiere May que haga y lo que pienso que debería hacer.
Aunque tengo claro que, si voy para allí, no me lo perdonará, pues me lo ha dejado claro.
Joder, May. No te deberías salir con la tuya.
Después de lo que ha pasado, debería estar allí contigo.
—¿Todo bien? —se aventura a preguntar Enzo.
Se ha mantenido callado todo el rato. Observando todos y cada uno de mis movimientos. Abrazándome cuando lo he necesitado. Asiento a modo de respuesta. No sé si ha escuchado parte de la conversación, aunque no me extrañaría que fuera así, porque había un silencio absoluto en la suite .
—Cuando quieres tanto a alguien y le hacen daño, sientes que te lo están haciendo también a ti.
Ahora es él quien asiente. En su momento le puse al día de la relación en la que estaba metida May, así que imagino que debe atar cabos y saber por dónde van los tiros. Enzo es un tipo listo, por lo que estoy segura de que se hace una ligera idea de lo que está pasando.
—Espero que ella esté bien —se limita a decir. Y sé que es sincero, que desea de corazón que todo le vaya bien a mi amiga.
—Lo volverá a estar en algún momento. —Uso las mismas palabras que May ha utilizado. Porque creo que en algún momento estará bien, volverá a ser ella.
Vuelvo a sentarme en la cama. Mientras hablaba con May por teléfono, no dejaba de dar vueltas por la habitación bajo la atenta mirada de Enzo.
Cuando vuelvo a estar a su lado, él me abraza de nuevo.
Descanso mi cabeza sobre su cuello y respiro con tranquilidad.
Él me acaricia el pelo, consiguiendo que sienta una paz absoluta.
Es entonces, cuando estoy relajada, cuando me desahogo con él.
Le explico todo lo que ha pasado con May, pues necesitaba hacerlo.
Él me escucha, y eso es todo lo que necesito en estos momentos.