Una última vez CAPÍTULO 30 ENZO
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CAPÍTULO 30 ENZO

¿Cómo no iba a aceptar la propuesta de Lara?

Debería ser idiota para no hacerlo. Aunque ella misma me dijo de primeras que era una idea descabellada, una auténtica locura, a decir verdad, no dudé en decir que sí.

Parece que me apunto a cualquier cosa cuando se trata de ella.

Pero la verdad es que todos ganamos con este viaje.

A ojos de la gente somos una pareja que se apoya y acompaña en lo que sea necesario.

Todavía no hemos formalizado la relación de cara a los medios.

A ambos nos han escrito muchas cuentas de cotilleos, e incluso algún que otro diario de prensa rosa, para sonsacarnos información.

Sabemos que tarde o temprano debemos hacerlo oficial, pero por ahora la estrategia nos está saliendo bien.

Además, hay que esperar el momento exacto.

Siguen hablando de nosotros, no con tanta intensidad como aquel primer día, pero ahí estamos.

Seguro que después de este viaje conseguiremos un beneficio.

Tanto Lara como yo hemos crecido en número de seguidores en todas las redes sociales que tenemos estos últimos días, cosa que en nuestro sector es importante.

Miro de reojo a Lara, para asimilar que de verdad vayamos a hacer esto.

Nunca me he ido de viaje con una chica. Supongo que para todo hay una primera vez.

Me sorprende que sea con ella, ya que siempre imaginé que cuando pasara sería con una novia de verdad.

Sonrío inconscientemente por la situación.

—No sé qué te hace tanta gracia —comenta, frunciendo el ceño mientras me mira. Ha dejado de mirar por la ventana del avión para posar sus ojos en los míos.

Cuando ha visto que uno de los asientos tenía ventana, se ha tirado a matar.

Se ha lanzado directa a él, como si su vida dependiera de ello.

No hubiera hecho falta, porque le hubiera cedido el sitio encantado.

Además, ha sido ella la que se ha encargado de los billetes, así que lo justo es que ella decidiera.

Por lo visto, era muy importante sentarse ahí.

—¿No puedo estar feliz? —pregunto, sonriendo todavía más.

—Todavía no me creo que estés aquí.

—A mí también me sorprende, rubia. Pero vamos a pasárnoslo de miedo en Madrid.

Me he tomado la libertad de planear lo que haremos por la capital.

No es la primera vez que vengo, así que tengo muy claro qué es lo que debe conocer.

Ella me ha dejado hacer, pues está inmersa en el trabajo.

Le han pasado el guion y, desde que lo tiene, siempre lo lleva encima.

Ahora mismo, lo tiene en la pequeña mesita que sale del asiento de delante.

Es la primera vez que hará un doblaje, pero lo bueno es que es a ella misma, a un personaje que ha protagonizado ella, así que será pan comido.

Al menos, eso es lo que ella me ha dicho.

—No hagas que me arrepienta de haberte invitado —me advierte.

—Invitarme es la mejor decisión que has tomado en tu vida. No cualquiera puede contar con mi compañía.

—Soy una afortunada entonces —dice, claramente con sarcasmo.

—No lo sabes tú bien. —Le guiño un ojo al decírselo. Intenta esconder la pequeña sonrisa que se le dibuja en los labios, pero ya es tarde, porque la he pillado.

Si algo tengo claro es que vamos a disfrutar de este viaje improvisado. Aprovecharemos el tiempo al máximo y habrá merecido la pena aceptar su propuesta.

***

—Bienvenidos, señor Rodríguez y señorita García —comenta la recepcionista del hotel, cuando le entregamos los documentos de identidad.

Hemos llegado sin problema alguno del aeropuerto al hotel en el que nos alojaremos.

Teníamos un taxi esperándonos a la salida.

Está claro que la agente de Lara ha pensado en todo.

Espero estar ahora a la altura, porque el alojamiento depende de mí.

Bueno, concretamente de mis padres. Estamos en uno de sus tantos hoteles.

Es una de las ventajas de tener una cadena hotelera. Cuento con alojamiento por toda España.

Tras varios minutos en los que la recepcionista fotocopia nuestros DNI, teclea en el ordenador y nos hace firmar en una hoja, nos tiende un papel en el que dentro deben ir las tarjetas.

—La suite junior os brindará una experiencia inolvidable. Espero que disfruten de su estancia aquí —comenta con una amplia sonrisa de anuncio.

Lara se gira al segundo para mirarme, y me encojo de hombros a modo de respuesta. No sé qué intentaba preguntarme con su mirada, pero no lo he entendido. Niega con la cabeza. Es un gesto tan rápido que podría haber pasado desapercibido, pero no para mí.

—Imagino que disponemos de dos habitaciones —interviene ella. No sé si me lo dice a mí o habla directamente con la chica que nos ha atendido. Que, al momento, pone cara de circunstancias.

¿Dos habitaciones? Piensa, Enzo, joder. ¿Cuántas habitaciones reservaste?

Hice lo mismo que hago siempre cuando quiero que me guarden una habitación en uno de nuestros hoteles: decir que voy a ir y el tiempo que me quedo.

Pero dije que iba acompañado, ¿verdad? Las dudas asaltan mi mente. ¿He podido meter la pata?

—Disponen de una habitación, la suite junior , como os he comentado anteriormente.

Confirmamos que he metido la pata y hasta el fondo.

Puede que comentara que venía acompañado, pero no me suena que pidiera dos habitaciones.

Sí, creo que ese detalle se me pasó por alto.

No pensé que Lara quisiera… Vale, pensándolo ahora lo veo con otra perspectiva.

Estaba claro que ella necesitaría su habitación.

Era evidente, ya que nunca se ha quedado a dormir en mi casa, aunque se lo he propuesto ambas veces.

¿Qué me ha llevado a pensar que ahora…? Definitivamente, no pensé. Solo actué.

—Debe de ser un error, porque… —Deja la frase a medias y vuelve a girarse para encararme.

Vale, ahora me dedica una cara de mala hostia.

Aunque intenta disimularlo ante la recepcionista—.

Me dijiste que te encargarías del hotel.

De las habitaciones. —Hace especial énfasis en el plural—.

Llamé a Violet expresamente para que cancelara la reserva que tenía, porque tú me diste tu palabra —me susurra, aunque poco a poco ha ido subiendo el tono de voz.

Si lo que quería era que no se enterara la recepcionista, no le ha salido bien.

—Y eso mismo he hecho. —Enarca una ceja cuando digo eso—. Tenemos hotel y tenemos habitación. —Sonrío. Al menos, tenemos dónde alojarnos, así que no he debido hacerlo tan mal.

Ella, sin embargo, no parece estar de acuerdo conmigo, porque sigue negando. La chica sigue nuestra conversación, atenta. Ni se molesta en disimular. Parece que está siguiendo un partido de tenis, porque su mirada se mueve del uno al otro. Lo puedo ver por el rabillo del ojo.

—No lo entiendo —suelta rápido. Su cara refleja que está perdida. Pero, de repente, algo parece hacer clic ahí dentro, porque me mira diferente—. Vale, vale. No es ningún error, ¿verdad? Está claro que quieres dormir conmigo y no se te ocurría cómo hacerlo. Buena jugada, chico de los tatuajes.

Ahora quien la mira sin entender nada soy yo. ¿De verdad cree que sería capaz de hacer algo así? No me gusta jugar sucio, eso sería algo muy rastrero.

—Si quisiera dormir contigo, te lo diría sin problema, rubia.

Además, eso de obligar no va conmigo; prefiero proponerlo o que me lo pidan.

Ha sido un descuido por mi parte. Solo avisé de que venía y que lo hacía acompañado, y no mencioné en ningún momento lo de las habitaciones separadas porque no me acordé de que lo de compartir cama para dormir no va contigo.

—Si compartir habitación supone un problema, puedo mirar la disponibilidad del hotel, señor Rodríguez —interviene la recepcionista, justo cuando Lara iba a hablar. La deja con la palabra en la boca.

—Te lo agradecería.

—¿No quieres dormir conmigo? —susurra Lara, de manera que solo yo pueda escucharla.

No me puedo creer que me esté preguntando esto. Aunque, cuando la miro, me doy cuenta de que lo dice de cachondeo, cómo no.

—La que no quiere eres tú, rubia. En mi cama siempre hay un hueco para ti.

—Lo tendré en cuenta.

—No te vengas arriba. Ya te lo he propuesto dos veces y he recibido una negativa por tu parte. La tercera vez, serás tú quien me lo pida.

Me sorprende la seguridad con la que hablo. Ella sonríe, un gesto que cada vez me gusta más. Podría acostumbrarme a esto, a verla sonreír.

—A estas alturas, ya deberías saber que eso no pasará.

—Tampoco iba a pasar que nos acostáramos otra vez. Lo de las últimas veces no va con nosotros.

—Dormir juntos sería la primera vez.

—Y, cuando eso pase, estoy seguro de que no será la última.

—Lamento comunicaros que no me quedan más habitaciones, al menos para las dos primeras noches.

—Cuando habla la recepcionista, vuelvo a la realidad.

Parecía que estábamos en nuestra propia burbuja.

Había conseguido olvidarme de dónde estaba—.

Al ser fin de semana, lo tenemos todo completo, pero el domingo me queda libre una habitación.

Si la queréis, tenéis que decirme algo ahora mismo para reservarla.

Mierda. Ya me veía compartiendo habitación con Lara. Sí, sé que al menos dos noches nos vemos obligados a hacerlo, pero yo ya fantaseaba con hacerlo todos los días que estemos aquí.

—¿Qué quieres hacer? —le pregunto a ella. Al fin y al cabo, la decisión está en sus manos.

Parece pensarse la respuesta, y, aunque solo está unos segundos dudando, se me hacen eternos. Cruzo los dedos para que me dé la respuesta que deseo, aunque, siendo realista, dudo mucho que eso pase. Ya la voy conociendo.