Una última vez CAPÍTULO 28 ENZO
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CAPÍTULO 28 ENZO

—Esto hay que celebrarlo —comento, en cuanto termina de hablar Hugo.

Raúl y él se han presentado hace un rato en mi casa.

Hugo tenía que darnos una gran noticia y tenía que hacerlo en persona, así que no podía esperar más.

Me imaginaba que estaría relacionado con la entrevista que tenía esta misma mañana, y no me equivocaba.

El puesto es suyo. Sabía que lo conseguiría.

No deja de sonreír; está así desde que ha entrado por la puerta.

Es más que evidente que está feliz. Este gran cambio le va a ir bien.

El otro trabajo lo tenía amargado, pero no podía irse sin tener nada asegurado.

Cómo me alegro por mi amigo. La gente buena se merece que le pasen cosas buenas.

—Se me ocurre cómo hacerlo. —Es Raúl el que habla, y, cuando lo hace, mueve las cejas de arriba abajo—. ¿Alguien ha dicho fiesta?

Hugo y yo intercambiamos una rápida mirada, ya que esperábamos que dijera algo similar. Viniendo de él, no nos sorprende.

—Me apunto.

—¿Esta noche? —pregunto a modo de propuesta.

—Esa es la actitud. Hoy se sale, que hay que aprovechar que no pincho esta noche.

La agenda de Raúl últimamente está llena por las noches, sobre todo los fines de semana.

No dejan de llamarlo las discotecas, así que tenemos que aprovechar que hoy libra, porque a saber cuándo volverá a ser eso.

Creo que es el verano que más lo están contratando.

Me alegro mucho por él. Parece que a los tres nos va bastante bien.

—Pues yo espero pinchar —suelta Hugo, provocando que todos nos riamos.

—Deberías invitar a tu supuesta novia —dice mi otro amigo, dirigiéndose a mí.

—Así seguro que tú también pinchas.

Vuelven las risas, pero esta vez yo lo fulmino con la mirada.

—Al final, me va a empezar a preocupar el interés que tenéis por conocer a Lara. Os recuerdo que no es mi novia de verdad.

—Entonces, ¿está disponible? —inquiere Raúl con una sonrisa de oreja a oreja.

Me está intentando provocar, lo veo en su mirada. Pero no lo va a conseguir, y mucho menos cuando he visto a leguas lo que quiere conseguir: que salte, para poder chincharme en el futuro con este tema.

—Creo que esa pregunta deberías hacérsela a ella —me limito a responder de manera indiferente.

—Esta noche sería una buena ocasión para hacerlo.

—No va a desistir hasta que invites a Lara.

Lo sé; soy consciente de eso. Raúl es muy insistente cuando se lo propone, es decir: siempre. Quiere salirse con la suya. Cuando se le mete algo entre ceja y ceja, no hay quien lo pare.

—Puedo preguntárselo, pero no os aseguro nada —termino por decir—. Lo más probable es que rechace la oferta. Yo lo haría si fuera ella.

No pierdo nada por preguntárselo. Además, la idea de verla esta noche me gusta. Las veces que he coincidido con ella de fiesta han sido grandes noches. Tal y como ha dicho Hugo, puede que termine pinchando esta noche. Y eso es muy tentador. Las ganas de acostarme con Lara cada vez son más fuertes.

—Tú pregúntaselo, puede que te sorprenda —vuelve a decir Raúl.

***

Para mi sorpresa, Lara ha aceptado la invitación de esta noche.

Eso sí, con una condición: que su mejor amiga pudiese venir con nosotros.

Es la chica con la que la he visto las dos veces que hemos coincidido.

Si no recuerdo mal, se llama May, ya que nos presentamos la última vez.

Por mí no hay ningún problema, y por mis amigos mucho menos.

Cuantos más seamos, mejor. Ese es nuestro lema cuando salimos de fiesta.

Además, por lo que me ha comentado Lara, su amiga necesita evadirse con urgencia.

Cualquier plan le sirve, y salir de fiesta la ayudará a distraerse.

Vamos, que las dos están dentro del plan.

Cosa que me sorprende mucho, porque han aceptado muy rápido.

Raúl se ha acabado saliendo con la suya, para variar.

Hemos quedado en vernos directamente en Aloha.

Por mucho que seamos vecinos, nos veremos allí.

Nosotros tres ya estamos de camino; hemos acabado de cenar en una pizzería a la que solemos acudir.

Le ha mandado un mensaje para avisarla de que ya vamos para la discoteca.

Debo reconocer que, cuando vi qué nombre se había puesto al agregar su número en mi móvil, consiguió sacarme una sonrisa sin estar presente.

Perfectamente podría haberlo escrito yo.

Cuando llegamos a la entrada de la discoteca, la cola todavía es aceptable.

Es lo que tiene entrar un poco antes de la hora punta.

En esta vida hay que ser inteligente. Prefiero entrar y que no haya mucha gente a esperar en una cola kilométrica.

Total, tarde o temprano se llenará. Vamos directos a la barra a por el primer cubata de la noche.

—Por nosotros —comenta Raúl alzando el cubata, dispuesto a que brindemos con él.

—Por triunfar en nuestros trabajos —continúo yo. Al fin y al cabo, si estamos hoy aquí es para celebrar que Hugo ha conseguido un nuevo empleo, en el que seguro que estará mucho mejor.

—Por nuestra amistad —concluye Hugo, antes de que juntemos nuestras copas.

Y con esto queda inaugurada la noche.

Nos vamos directos a la pista de baile. Ninguno de los tres es ningún experto, pero nos defendemos. Como yo digo siempre, el típico bailecito de lado a lado con el cubata en la mano nunca falla. Ese es nuestro paso estrella.

—Te recordaba mejor bailarín. —Escucho que dicen a mis espaldas.

Antes de girarme sé que es ella, Lara. Cuando lo hago, me encuentro de lleno con mi rubia. Lleva un vestido negro que realza cada parte de su cuerpo. Me pierdo momentáneamente en sus curvas para acabar en sus labios. Sonríe y le devuelvo el gesto.

—Ir contentilla ayuda a que me veas con mejores ojos en la pista de baile.

Me acerco a ella para darle dos besos muy cerca de la comisura de sus labios. Mi mano ha ido por inercia a su cintura para atraerla hacia mí.

—Te presento a mis amigos, Raúl y Hugo —digo, señalando a cada uno cuando toca.

—Encantada de verte de nuevo, supuesto anfitrión —dice con retintín, antes de darle dos besos a Raúl.

—Puedes admitirlo; preferías tenerme a mí de anfitrión que al cascarrabias de Enzo.

Qué ataque más gratuito. Estoy a punto de soltarle algo a Raúl.

Él y su manía de meterse conmigo. Bueno, conmigo y con cualquiera que se le ponga delante.

Pero Lara se me adelanta. Está esbozando una amplia sonrisa cuando añade: —La única pega que le he encontrado por ahora es la manía que tiene de poner la música a todo volumen.

—Eso le digo yo siempre, pero nada, no hay manera de que cambie.

Ambos sonríen, y sé de antemano que se van a llevar bien. Es más, veo una posible alianza en mi contra, que no me gusta lo más mínimo.

—Yo soy May. Siempre me veo en la obligación de presentarme por mí misma, ya que mi amiga parece olvidarse de mí.

Hasta ahora había permanecido al margen, observando todos nuestros movimientos. La última y primera vez que la vi, me pareció una chica muy echada para adelante, así que no me sorprende que se haya presentado así.

Al igual que Lara es rubia, pero, a diferencia de ella, lleva gafas.

No es lo único en lo que se diferencian, está claro, pero es un detalle a tener en cuenta.

Dos rubias juntas pueden ser muy peligrosas.

También va vestida de negro, y creo recordar que no es la primera vez que las veo vestidas del mismo color en una fiesta.

—Nunca me olvido de ti —dice la aludida—. Te iba a presentar justo ahora, pero, como siempre, te me adelantas.

Ambas se presentan a mis amigos y viceversa. Todos intercambian un par de frases de cortesía. Primera ronda superada, vamos a por la segunda.

—Bueno, chicos, tenemos una misión: emborracharnos y divertirnos mucho esta noche. —Es May la que habla, y consigue que mis amigos la vitoreen. Ya se los ha ganado, y debo reconocer que a mí también.

—Presiento que me vas a caer bien, rubia —suelta Raúl.

—Eh, ese apodo solo lo puedo utilizar yo y con Lara. Tendrás que buscar otro para May.

—No te pongas celoso, chico de los tatuajes. Deberías haber sido más ingenioso con el apodo, y así no te lo robarían con tanta facilidad —se cachondea ella.

—No hubiera necesitado un apodo si hubiera sabido tu nombre.

—Ahora lo sabes y sigues llamándome «rubia».

Me encojo de hombros a modo de respuesta. Ahora ya nada hará que deje de llamarla de esa forma.

—Hacen buena pareja, sí. —Escucho que le dice Raúl a la amiga de Lara.

—Eso mismo pensé yo la primera vez que los vi juntos —lo anima ella. Lo que le faltaba a Raúl es tener una aliada.

—¿Están hablando de nosotros?

—Parece ser que sí —reconozco.

—¿Ellos saben que…? —No necesito que acabe de formular la pregunta para saber a qué se refiere. Además, es mejor que no lo diga en voz alta por si acaso.

—Sí, e imagino que también se lo habrás contado a ella.

—Es de confianza.

—Ellos también.

Ambos asentimos. Está claro que nuestros mejores amigos debían estar al corriente de todo. Y, como ha dicho ella, son de confianza. No me sorprende que lo hayamos dicho.

Las acompañamos a por un cubata y aprovechamos para pedirnos el segundo.

—Veo que os vais a tomar en serio lo de emborracharos —comenta May sonriente.

—Nos limitamos a seguir tus órdenes —dice Raúl, guiñándole un ojo.

No está intentando ligar con ella, ni mucho menos. Es su manera de ser natural. Además, estamos al corriente de que tiene pareja.

—No sé si es buena idea seguir las órdenes de una chica con mal de amores —confiesa ella.

—¿Mal de amores? Ahora es cuando tomarás las mejores decisiones.

—Dudo que alguna de las decisiones que tome sea la acertada.

Raúl le sigue la conversación, hasta conseguir que ella se sincere con él y le cuente su historia. No he querido entrometerme ni cotillear de lo que hablaban, les he querido dejar algo de intimidad. Y Lara, más de lo mismo.

—Le va bien desahogarse. Por eso sabía que sería buena idea venir con vosotros.

—A Raúl se le da bien escuchar y dar buenos consejos.

Su mejor amiga ahora mismo está en buenas manos. Siguen hablando sin parar; Raúl va interviniendo de vez en cuando. Él coge confianza rápido y no se corta ni un pelo. Ambos los miramos desde la distancia. Hugo ha ido a por otra copa para él, así que no tardará en volver.

—May no está pasando por su mejor momento. Como ella misma ha dicho, su relación no está bien. A mi parecer nunca lo ha estado, pero, claro, quién soy yo para juzgarla.

—Es jodido opinar de relaciones ajenas. —Ella asiente, dándome la razón.

Todos tenemos nuestra opinión, pero muchas veces decirla puede meterte en grandes problemas.

No digo que debas ser falso, pero, si quieres opinar de alguna relación, debes hacerlo con mucho tacto.

Y más cuando se trata de un amigo tuyo—. Es meterse en un berenjenal.

—Sabe lo que opino de su relación tóxica, pero es ella la que debe verlo, y parece que empieza a hacerlo. —Veo una pequeña sonrisa en sus labios y un brillo especial en su mirada—. Ella se merece ser feliz.

—Seguro que lo terminará siendo. Voy a hablar sin saber, pero de todo se sale. Y, aunque parezca imposible salir de una relación tóxica, con ayuda es posible. Se necesita mucha fuerza, y algo me dice que May la tiene.

—Yo también lo creo.

—Y ahora vamos a bailar.

Tiro de ella y empiezo a balancearme. Exagero todos los movimientos para conseguir sacarle una sonrisa. No se me da nada mal hacer el payaso, y parece que surte efecto.

—¿Vas a cantarme al oído?

—Depende.

—¿De qué?

—De lo que me ofrezcas a cambio.

—¿Qué es lo que quieres? —pregunta, susurrándome en el oído.

—A ti —respondo con voz ronca.

—Lo siento, pero no estoy disponible, tengo novio —suelta risueña, provocándome una gran sonrisa. Mierda. Me encanta.

—Podrías hacer una excepción. Estoy seguro de que no le importaría.

—Creo que…

—Mierda. Mierda. Mierda. Lara… —Su mejor amiga la está zarandeando del brazo sin dejar de maldecir entre dientes.

Ha conseguido cortar nuestro momento más íntimo, así que espero que sea importante.

Lara la mira, preocupada y sin entender nada—.

Está allí. Joder. No me lo puedo creer. —Lara mira hacia todos lados buscando a alguien, y por inercia hago lo mismo, aunque no tengo ni la más remota idea de lo que estoy buscando—.

Bruno está aquí con sus amigos y con chicas. Madre mía.

Imagino que se trata de su novio, y de ahí que se haya puesto así de un momento a otro. No soy Sherlock Holmes, pero está claro que debe ser eso.

—Amiga, que no cunda el pánico. Tú también estás aquí, conmigo y con un grupo de chicos.

Sus palabras, lejos de ayudarla, consiguen ponerla más nerviosa. Incluso palidece después de escuchar lo que le ha dicho su amiga. Nos mira a todos, preocupada, y vuelve a maldecir entre dientes.

—Joder. Eso solo empeorará la situación.

—Estáis haciendo lo mismo: divertiros de fiesta. No hay nada malo en ello.

—Lo sé, pero…

—Pero nada —la corta ella al momento. Ahora mismo, me da la sensación de estar presenciando un partido de tenis. Mi mirada se mueve rápida de un lado a otro para no perderme la conversación que están manteniendo—. Recuerda lo que tú misma has dicho: emborracharse y divertirse.

Asiente e intenta volver a respirar con calma. Parece que poco a poco lo consigue, aunque su mirada sigue vagando en la misma dirección. Imagino que lo mira a él.

—Debes actuar como si no estuviera aquí —me aventuro a decir.

—Exacto. Es una putada coincidir con él, verlo ahora después de llevar tantos días sin que te dé señales de vida, pero es pura coincidencia —comenta Lara. Al momento, May empieza a negar con energía. No está de acuerdo.

—No, nada de lo que hace Bruno es casualidad. Si está aquí es porque sabe que yo estoy. No es coincidencia, es intencionado. El motivo no lo sé.

—¿Tan retorcido es? —La pregunta se escapa sola de mis labios. Mierda. Me arrepiento al momento. Miro a Lara pidiéndole perdón, porque puede que haya hablado de más y metido la pata. Sin embargo, May contesta, para sorpresa de ambos: —No os lo podéis llegar a imaginar.

Aunque lo ha dicho en un hilo de voz, he sido capaz de escucharlo.

Y, por cómo Lara la mira, sé que ella también.

Si ella cree que no es casualidad que esté aquí, es porque no es la primera vez que eso pasa.

Se me vienen a la cabeza muchas opciones, pero todas ellas serían de persona tóxica.

Aunque, por lo que ha dicho antes Lara, seguro que no voy tan desencaminado.

¿Tendrá la ubicación de May y sabe exactamente dónde está en todo momento?

Esa es la opción que más pesa en mi interior.