Una última vez CAPÍTULO 27 LARA
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CAPÍTULO 27 LARA

Pensaba que la reacción de Enzo al enterarse sería mucho peor.

Estaba claro que tarde o temprano iba a descubrir que éramos vecinos, pero la verdad es que esperaba que lo hiciera por mí y no de la manera en la que lo ha hecho.

Debo reconocer que ha sido bastante feo no decírselo, pero, como le he dicho a él, quería utilizar esa información a mi favor.

Por suerte no se ha enfadado, aunque en un primer momento pensaba que sí por la manera en la que me miraba y su tono de voz.

Yo creo que, si hubiera estado en su posición, me hubiera cabreado.

No me gustan las mentiras, aunque solo le haya ocultado información.

Me ha sorprendido. Al igual que me ha descolocado descubrir que él es mi anfitrión y no el chico que vino a entregarme las llaves.

Que ha sido el mismo que ha picado a mi puerta.

Al mirar por la mirilla y verlo a él, no he dudado en abrir, pues pensaba que algo iba mal.

Mi cara al ver a Enzo ha debido ser un cuadro, seguro que muy parecida a la que ha puesto él cuando me ha visto. Es digna de recordar en un futuro.

Lo creáis o no, que Enzo ya sepa que somos vecinos me quita un peso de encima de alguna manera. Es más, me alegra que tenga esta información en su poder. Eso sí, creo que ahora que sabe quién soy, el volumen de la música todavía será más fuerte solo para putear. Yo, si fuera él, lo haría.

—El mundo es un pañuelo —comenta May, cuando le termino de explicar toda la historia.

Sí, me ha obligado a explicarle todo con detalle.

Se ha presentado poco después de que Enzo y sus amigos hicieran esa pequeña aparición en la puerta de mi casa.

Aunque habíamos quedado que vendría por la noche, el cotilleo era superior a ella y ha aparecido antes de lo pactado.

Algo que en el fondo me esperaba que sucediera.

De ahí que hubiera decidido quedarme en casa por si se le ocurría aparecer.

Me ha estado bombardeando a preguntas desde que ha entrado, algo que tampoco me sorprende. Y creo que sigue alucinando por toda la situación. Que Enzo sea mi vecino solo hace que las cosas sean más interesantes, según ella.

—¿Me lo dices o me lo cuentas? —No es solo mi vecino, sino que es mi casero.

Mira que hay personas en el mundo. Pues nada, se están empeñando en que Enzo y yo estemos cerca el uno del otro, o conectados de alguna manera.

—Debes reconocer que es gracioso. —Frunzo el ceño y le pongo mala cara—. Vale, quizás para ti no tanto, pero visto desde fuera tiene su gracia.

Sería gracioso si no estuviéramos hablando de mí. Tendría todos los ingredientes para ser una gran comedia romántica. Dos personas que el destino no deja de unir; a la gente le gustaría.

—¿Crees que puede salir bien? —me aventuro a preguntar.

Cuando le he explicado que vamos a fingir que somos pareja, no ha hecho más que asentir y sonreír. Necesito hacerle esa pregunta, porque igual le parece una locura que vayamos a hacerlo.

—Creo que puede salir demasiado bien. Es una gran idea, Lara. Está claro que entre vosotros dos hay química, porque solo me hizo falta veros aquella noche en la discoteca para descubrirlo. Así que, con total seguridad, va a colar, y mucho más cuando han sido ellos los que os han emparejado.

—Yo no sé si «química» sería la palabra que define lo que hay entre nosotros dos.

¿Nos entendemos? Pues sí. Pero química… Uff, me suena demasiado intenso.

—Puedes utilizar la palabra que quieras, pero lo que está claro es que hay algo y es imposible negarlo —dice, demasiado segura de sus palabras.

—¿Y tú no crees que también hay algo entre tú y Unai?

—Acabo de soltar una bomba. Lo sé. Soy consciente de que lo es, pero, desde que los vi en la discoteca, tengo esta pregunta en la punta de la lengua.

May se queda pálida ante la cuestión. Incluso me aparta la mirada—. Yo también soy muy observadora y…

—Es el hermano de mi novio, Lara —suelta tajante. Mierda. Mierda y más mierda. Creo que la acabo de liar muy gorda, y todo por desviar el foco de atención que estaba puesto en mí—. No me puedo creer que estés insinuando que…

—No insinúo nada —la corto al momento, para explicarme bien. No quiero que malinterprete mis palabras—. Al menos no por tu parte, pero creo que él… ¿Has visto cómo te mira? Porque yo te aseguro que vi un brillo especial en su mirada. Puede que sean imaginaciones mías, o puede que…

—¿Tú también me vas a salir con esas? ¿Qué pasa? ¿Ahora estás en el bando de Bruno? —Alza demasiado la voz al formular las preguntas.

Ninguna nos estamos dejando terminar las frases a la otra. Está claro que la cosa se ha puesto seria. No aparta sus ojos de los míos. Su mirada es demasiado dura, y no estoy acostumbrada a que me mire de esta manera.

—No estoy en ningún bando. Solo quería hablar contigo sobre este tema, comentar cómo te sientes… Tampoco es tan descabellado que le gustes, May. —Esto último lo digo con mucho tacto.

—Sería lo peor que me podría pasar. Si Unai sintiera algo por mí… No me lo puedo ni imaginar, porque lo estropearía todo.

—Lo sé —reconozco—. Pero no podemos decidir quién nos gusta.

Al decir eso, pienso momentáneamente en Enzo.

Él me ha soltado un argumento similar esta mañana.

Me estoy contagiando de él y de esa manera de ver las cosas.

Cuando no se trata de mí, claro está. Consejos vendo, pero para mí no tengo.

Con terceras personas lo veo todo muy claro, pero, cuando yo estoy involucrada, todo se complica.

—Pero sí frenarlo. —En eso estoy de acuerdo con ella—. Unai me quiere como a una hermana, así que sería imposible que me viera de otra forma.

No sé si intenta convencerme a mí o a ella misma. Siendo sincera, creo que es la segunda opción.

—No quería incomodarte.

—Agradezco que me lo hayas dicho, aunque me haya dolido el comentario —reconoce—. Porque si tú, que no nos has visto nunca juntos, opinas eso… quizás no es tan descabellado que Bruno también lo haga.

No, no, no y no. Eso sí que no. A ver cómo salgo yo ahora de aquí. Lo último que me faltaba era darle más razones a May para que piense que es normal cómo se comporta Bruno.

—Tú misma lo has dicho. Yo, que no os he visto nunca y no conozco vuestra relación, he podido pensarlo; pero Bruno, que os conoce perfectamente a ambos, no tiene motivos para hacerlo.

Me aplaudo mentalmente por mi rápida reacción. He sabido sobrellevar la situación.

—Ahí tienes razón. Pero creo que no hay nada que vaya a hacer que Bruno cambie de opinión. Está empeñado en que… —Está a punto de añadir algo más, pero se calla. Niega y añade—: Da igual, déjalo.

—¿En qué está empeñado?

Levanta la mirada. Se había puesto a mirar el suelo para esquivarme. Sé que quiere desahogarse, que necesita hacerlo.

—En que Unai y yo estamos juntos. —Vuelve a mirarme, y las primeras lágrimas amenazan con salir de sus ojos.

El enfado crece en mi interior. ¿De verdad es tan subnormal como para pensar que May le está poniendo los cuernos, cuando ella le demuestra que está enamorada de él cada día?

Que cualquier otra lo hubiese mandado a la mierda.

Respira—. Se enteró de que lo fui a buscar a la discoteca aquella noche, y no le sentó nada bien.

No sé cómo pudo enterarse, aunque eso es lo de menos ahora mismo.

Cuando volví, se había ido de casa. Me escribió para decirme de todo menos bonita.

Y en ese mismo mensaje dijo que fuera a tirarme a su hermano, que seguro que es lo que ambos deseábamos.

Las lágrimas ya no se pueden controlar. Caen a borbotones por sus mejillas. La respiración se le acelera cada vez más. No lo dudo y la abrazo.

Este tío es imbécil. El mayor imbécil que he conocido en mi vida. Incluso supera a mi ex, que ya es decir.

—¿Por qué no me has dicho nada? —pregunto mientras le acaricio el pelo. No es un reproche; solo quiero saber por qué no me ha dicho nada de todo esto hasta ahora.

—No quiero molestarte con mis dramas, Lara. Siempre es lo mismo cuando se trata de mi relación con Bruno. Siento que ya estás cansada de escuchar la misma historia, y yo…

—Eh… —Llevo mi mano a su mejilla y le obligo a levantarla para que me mire mientras le hablo, porque lo que voy a decirle es muy importante y no quiero que lo olvide—.

Nunca me cansaré de que te desahogues conmigo, de escuchar la misma historia dos mil veces si tú lo necesitas.

Eres mi amiga, May, y estoy para lo que necesites.

Si necesitas llamarme a las tres de la mañana y poner a parir a quien sea, ahí estaré.

Si necesitas llorar, mi hombro siempre estará a tu disposición.

No tienes que pasar los malos momentos sola, y mucho menos ahora, que estoy aquí contigo.

—Lo sé, pero no quiero molestar. Lo único que consigo así es hacer que odies todavía más a Bruno.

Aunque se ha calmado un poco, sigue llorando.

Y algo me dice que va para largo, que está soltando todo lo que tenía retenido.

Cuando ha entrado por la puerta con esa sonrisa, no me imaginaba que escondía esto.

No está bien y estaba disimulando para no decirme nada.

Se está esforzando en aparentar que está perfectamente, pero es una fachada.

Todo lo que está viviendo con Bruno está apagándola.

—No te voy a mentir; se lo ha ganado a pulso.

—También lo sé —reconoce—, pero…

—Pero le quieres —termino por ella la frase, porque siempre me dice lo mismo.

Todo termina en eso, en un «le quiero». Pase lo que pase, haga lo que haga él, ella siempre suelta eso. Y sé que no es amor, porque el amor no duele.

—Apareció al día siguiente por casa. Su discurso era, más o menos, el mismo que por mensaje.

Está convencido de que entre Unai y yo hay algo y que lo estamos engañando.

Cogió una mochila con ropa, y ya no ha vuelto a aparecer por allí.

Me gritó e insultó. Hice lo mismo porque es lo que se merecía, porque la rabia y la ira me dominaban.

Pero ahora… No estoy bien, Lara. No he vuelto a saber nada de él desde entonces.

Menudo cabrón. No se lo digo porque no necesita que hurgue más en la herida y que me ponga a insultar al que todavía es su novio. Pero ganas no me faltan, porque ese gilipollas está acabando con mi paciencia. Respiro. Yo también necesito relajarme.

—¿Tú quieres estar con él? —me aventuro a preguntar.

Tarda en contestarme. Primero hace un amago de hablar, pero se calla. Hasta que finalmente, en un hilo de voz, añade: —Quiero, pero sé que no es lo que debo.

Sé que no ha sido fácil pronunciar esa frase en voz alta, pero que haya dicho eso es todo un avance. Es un gran paso, y estoy muy orgullosa de ella.

—¿Entonces?

Vuelve a llorar con ganas. La respiración se le acelera mucho más que antes.

—No puedo dejarlo, Lara, no puedo.

Una lágrima rueda por mi mejilla. Ver a tu mejor amiga sufrir así es una de las peores sensaciones del mundo.

—Cariño, creo que ha llegado el momento de pedir ayuda.

Me mira, asustada. Tiene la mirada perdida y no la reconozco. Esta no termina de ser mi amiga. Siento que ha perdido parte de su esencia, pero sé que la recuperará, y la única manera de hacerlo es pedir ayuda.

Escucha atenta toda mi explicación y asiente. Está de acuerdo con la idea de ir a un psicólogo. Sinceramente, creo que es lo mejor que puede hacer.

Ahora mismo necesita quererse a ella misma, abrir los ojos y darse cuenta de la relación de pareja que tiene. Que haya dicho que sabe que Bruno no le hace bien es un gran avance, y que acepte acudir a un psicólogo es el paso que necesita para volver a coger las riendas de su vida.