CAPÍTULO 20 ENZO
El tiempo sigue pasando y no aparece nadie en Surfer que se acerque a mí para hablar.
Desde donde estoy puedo ver a Lara. Ya no le queda granizado en el vaso, pero sigue aquí, sin levantarse, mirando el móvil.
De vez en cuando nuestras miradas se cruzan, creo que nos buscamos inconscientemente, y no podemos evitar sonreír cuando eso pasa.
Qué casualidad que hayamos vuelto a coincidir. Me la voy encontrando donde menos me la espero. ¿Qué probabilidad había de que estuviera hoy aquí, justo en el mismo momento que yo? El destino, que se empeña en que nos crucemos.
Justo en ese momento se levanta, supongo que ya se irá.
Pienso que debería hacer lo mismo, ya que lo más probable es que mi vecina tocacojones ahora mismo se esté riendo en su casa de mí.
Seguro que en ningún momento ha tenido intención de venir, que solo ha jugado conmigo.
Ya decía yo que lo de ser simpática y graciosa no iba mucho con ella, no después de su primera nota.
Mi enfado crece por momentos al darme cuenta de la vacilada que me ha pegado.
Y yo contestándole tan alegremente, como si nada.
Cuando está claro que lo último que quiere es ser amiga mía.
Debía haberme visto venir esto. Estoy tan centrado en mis pensamientos que no me doy cuenta de que Lara ha venido hacia mí hasta que la tengo justo delante, moviendo su mano delante de mi cara.
—Creo que no despierto el más mínimo interés en ti. —Escucho que dice antes de bajar la mano.
Ese comentario hace que vuelva de golpe a la realidad. Joder. ¿Cuánto tiempo lleva ahí? El tono que ha utilizado ha sido bastante duro, borde incluso.
—¿Qué te hace pensar eso? —pregunto, alzando la mirada. Nuestros ojos se encuentran al momento.
—Que llevo un buen rato delante de ti y ni siquiera me has mirado. No hay interés, lo capto.
—¿Estás picada, rubia?
—Más te gustaría tener ese efecto en mí.
—Me atrevería a decir que lo tengo.
—Algo me dice que te han dejado plantado. —Comenta una obviedad.
Yo rechazando su propuesta de sentarme con ella a tomar algo porque había quedado, y van y me dejan plantado. ¿Puedo ser más patético? He tomado una mala elección; debería haberme sentado con ella sin importarme nada. A la vecina que le hubieran dado por saco. He desperdiciado una gran oportunidad.
—Mejor no hablemos del tema. Ya estoy ideando las putadas que voy a hacerle a mi vecina. Pensaba ser majo, pero, después de esto, no se lo merece.
—Igual tiene un buen motivo.
—Nadie me deja plantado.
—Cualquiera diría que tu orgullo está tocado.
No considero que sea orgulloso, pero me ha sentado como una patada en la boca haber quedado con esa chica y que no se haya presentado. Estas cosas no se hacen. Me siento estafado.
—Me cabrea la situación —reconozco.
Al hacerlo, puedo notar cómo algo cambia en la mirada de Lara.
No sabría explicar el qué, pero no es la misma que hace un momento.
Mira un momento detrás de mí, antes de volver a hablar como si nada: —Vengo a proponerte irnos de copas —dice ella alegre, pero no siento que esa alegría sea la misma que otras veces.
—Pensaba que había trenes que solo pasaban una vez.
—Este ha dado marcha atrás para ver si te subías. ¿Qué me dices? —Ahora sí que sonríe y noto que es sincera, que vuelve a ser ella.
—Sería un completo idiota si dejara pasar este tren de nuevo, así que acepto.
—Solo había una respuesta correcta y me la has dado.
—¿Cuál es el plan? —pregunto.
—Tú eres de aquí, yo solo estoy de paso, así que confío en tu criterio.
—No sabía que solo estabas de paso por la isla.
—Hay muchas cosas que todavía no sabes de mí, Enzo.
—Puede que eso vaya cambiando con el tiempo.
—Se irá viendo. —Sonríe y me contagia su sonrisa.
—Hay un chiringuito en la playa que está muy bien para tomar algo, pero, antes de emborracharnos, deberíamos cenar.
Aprovecho la oportunidad que se me presenta. Como no sé si en algún momento volveremos a vernos… Nunca se sabe si habrá una próxima vez, así que hay que aprovechar el momento que estamos juntos al máximo.
—¿Me estás proponiendo una cita, chico de los tatuajes?
—No pongas palabras que yo no he dicho en mi boca. —Ambos soltamos una risita después de eso. Parece que los papeles se han intercambiado—. Lo que estaba diciendo; ¿quieres cenar conmigo?
Lara hace que se lo piensa, sin dejar de sonreír.
—Acepto solo por precaución, ya que irnos de copas sin haber comido algo puede salir muy mal.
—No importa el motivo, solo que hayas aceptado. Seguro que estabas deseando que te hiciera esa propuesta.
—Nunca digo que no a un plan cuando se trata de comer.
—Me lo apunto para la próxima.
—¿Ya das por sentado que habrá una próxima vez? —Enarca una ceja al preguntármelo. Y la sonrisilla está presente, para variar.
—Por mucho que decimos que es la última vez, siempre volvemos a vernos. Ambos sabemos que pasará.
—Igual que volver a acostarnos, ¿verdad? —dice directa. Si todavía me quedara granizado, lo hubiera escupido justo en este momento.
—Eso lo has dicho tú, rubia, no yo. Me queda claro lo que te interesa.
—Solo ha sido un dato, no una declaración de intenciones.
—Vaya, me había ilusionado.
Nos levantamos de la mesa. Lara se había sentado enfrente al poco de empezar la conversación.
Salimos del local uno al lado del otro, manteniendo las distancias, pero sin que haya un abismo entre ambos.
Andamos por el paseo, sin dejar de hablar ni un segundo, hasta que llegamos al chiringuito del que hablaba.
Nos dan mesa para dos. Por suerte, no hay demasiada gente todavía.
Si hubiéramos venido más tarde, esto estaría a reventar.
Estar con Lara no se me hace extraño; parece que la conozco desde hace tiempo.
Entre nosotros hay cierta complicidad que se ha ido creando durante las pocas veces que nos hemos visto.
Me gusta estar con ella, y, por qué no decirlo también, follar.
***
Estamos esperando a que vengan a tomarnos nota para las copas, tenemos delante la carta con los diferentes cócteles que preparan en este chiringuito.
La verdad es que son tantos que cuesta decidirse.
La cena ha sido genial, entre risas y muchas preguntas para conocernos más.
La conversación ha ido fluyendo sola. No ha habido momentos incómodos, ni silencios demasiado largos en los que no sabíamos qué decir.
Hemos indagado en los sueños que tiene el otro, casi toda nuestra conversación ha estado ligada a eso, y hemos disfrutado compartiendo esa parte de nuestra vida.
Le he explicado con todo lujo de detalles que quiero ser cantante y lo que estoy haciendo para conseguirlo.
Cuando ha salido el tema de TikTok, me ha confesado que el otro día le salió un vídeo mío y se quedó sorprendida.
Ella me ha explicado su experiencia grabando una serie.
Me ha dicho que hace poco que salió a la luz, pero el nombre no me lo ha querido decir.
Lo he intentado, pero nada. Según ella, en algún momento me desvelará esa información.
El camarero no tarda en llegar, y me quedo mirando a Lara invitándola a habla primero. Ella sonríe, antes de decir: —Un sex on the beach .
Mientras el camarero apunta, la miro alzando una ceja. Su sonrisa sigue presente.
—Otro para mí —digo cuando el camarero me mira. Asiente y se va para la barra.
—Qué poco original.
—Es una manera de invocar que vuelva a pasar lo de tener sexo en la playa.
Consigo sacarle otra sonrisa. Me encanta tener ese efecto.
No sabía qué pedirme, pero, al escucharla decir eso, mi mente ha ido al día de la playa. Y he tenido claro que también tenía que tomarme un sex on the beach y, por qué no, cruzar los dedos para que vuelva a ocurrir. Aunque la playa no es uno de mis sitios favoritos para tener sexo.
—Cualquiera diría que quieres repetir.
—He pillado tu indirecta. Sé que en el fondo tú también lo estás deseando.
—Yo no he dicho nada.
—Pero tu cara te delata.
No tardan en llegar los cócteles. La conversación entre nosotros sigue fluyendo. Hemos bromeado un poco más con lo de follar en la playa, y, por mucho que dijera cosas, no lo ha negado y la sonrisa estaba ahí.
La música ha empezado a sonar hace un rato. Cuando todas las mesas han acabado de cenar y han pasado a las copas. Ahora el ambiente es ligeramente diferente al de antes. Y, aunque la música queda en un segundo plano, yo no puedo evitar fijarme.
—¿Quién canta? —pregunto, pillándola desprevenida.
—No me hagas esto. Soy malísima para las canciones. Es decir, me las sé —dice ella, antes de que me dé tiempo a decir nada—. De hecho, puedo cantarte sin problema la que está sonando ahora mismo, pero decirte quién canta es otro nivel.
—Te reto a cantarla. —Sus ojos se abren de golpe. Vuelve a sorprenderse por lo que le he dicho—. Has sido tú la que ha dicho que puede cantarla como si nada —digo, encogiéndome de hombros. Ella solita se ha metido en este lío.
Me mira sin creerse que esté hablando en serio, pero lo estoy haciendo. Cuando se trata de música, siempre lo hago.
—¿Pretendes que cante? Te recuerdo que el que canta bien de los dos eres tú.
—Cantas o me dices quién está cantando.
—Te he confesado que se me da muy mal eso. Soy pésima para reconocer a los cantantes. —Solo le falta hacer un puchero.
La canción que estaba sonando termina y empieza una nueva. Puede que la otra no hubiera sabido quién la cantaba, pero la de ahora estoy convencido de que sí.
—Estoy seguro de que ahora sí que sabes quién está cantando —insisto. Es una canción muy sonada en estos momentos.
—Tienes demasiada fe en mí —dice riéndose.
Al momento, se queda callada, y me doy cuenta de que está pensando porque acaba de llegar al estribillo—.
No quiero vida si no es contigo, con, contigo, ey.
—Se mueve de lado a lado en la silla, sin dejar de cantar ese trozo.
Le falta poco para ponerse de pie y bailar—.
Esta es la chica del pelo rosa. Bueno, que se lo ha puesto de muchos colores.
Ahora mismo no sé cómo lo lleva. —Se empieza a emocionar ella sola al darse cuenta de que la reconoce.
Voy asintiendo—. Es colombiana, sí. Agh, lo tengo en la punta de la lengua.
—Se queda callada pensando—. La bichota.
—Alza demasiado la voz al decirlo, tanto que unas cuantas mesas de al lado se giran para mirarla.
—Ves como sabías quién era.
—Karol G. Pensaba que me costaría más —reconoce.
—Has tenido suerte de que acabara la otra y empezara a sonar esta.
—Ahora es tu turno. Cuando acabe la canción, claro.
—¿Me quieres desafiar? —pregunto, enarcando una ceja. Ella asiente mientras se ríe—. En esto no tengo rival.
—Quiero ver lo que eres capaz de hacer.
—Acepto el reto.
Y eso mismo es lo que hacemos canción tras canción.
Ver quién de los dos reconoce antes al cantante.
Se queda sorprendida al descubrir que con los primeros acordes de la canción soy capaz de hacerlo, tanto al autor como a la canción.
Ella es capaz de cantar muchas de las canciones, pero, cuando tiene que adivinar el nombre, la cosa se complica.
Lo que me ha dicho al principio es totalmente cierto.
Lo entiendo, a mucha gente le pasa, pero yo soy un apasionado de la música.
Y este es uno de mis dones: reconocer canciones y artistas.
Jugar a esto provoca que no dejemos de reírnos y escucharla cantar cada canción. No tiene vergüenza, al menos conmigo en estos momentos, y eso es algo que me encanta. Me uno a ella en muchos de los estribillos.
El camarero se acerca de nuevo a nosotros para traernos otra copa. Si mis cálculos no fallan, es la tercera.
—Quien no apoya no folla —dice ella con la copa en la mano, sin dejar de mirarme.
—Duras declaraciones. ¿Es una indirecta? —Se desternilla de la risa en cuanto se lo pregunto. Imito su gesto de apoyar el vaso en la mesa—. Por si acaso, yo también lo apoyo. Quien no recorre no se corre.
Sonríe, y sé al momento que le ha gustado que le siga el rollo.
—Quien no roza, no goza.
—Y, por la Virgen de Logroño, que esta noche te coma el coño.
Levanto la copa para brindar al aire y, acto seguido, bebo un trago. Todo esto lo hago sin dejar de mirarla a los ojos. Lara sonríe y se relame el labio.
—Y, por la Virgen de Guadalupe, que, aunque no follemos, al menos te la chupe.
Imita lo que he hecho hace unos segundos. Vaso al aire y, al momento, un trago. Con la mirada clavada en la mía y provocando que se me ponga un poco dura.
—Ahora me dirás que no ha sido una declaración de intenciones.
—Ha sido una declaración de intenciones en toda regla, al igual que lo tuyo —confiesa.
—No te puedo decir que no, cuando claramente es sí.