Una última vez CAPÍTULO 21 LARA
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CAPÍTULO 21 LARA

No sé cuánto tiempo llevamos en este chiringuito.

Lo que sí sé es que ha habido un antes y un después al hacer esas declaraciones de intenciones.

Aunque lo he empezado como una broma, todo se ha vuelto muy serio e intenso cuando nos hemos dicho lo que queríamos hacerle al otro.

El ambiente ahora mismo huele a sexo, y mentiría si dijera lo contrario.

La tensión sexual que hay entre nosotros es palpable.

Es solo cuestión de tiempo que acabe explotando.

—Creo que deberíamos hacer realidad esas declaraciones. —Las palabras salen solas de mi boca al ver cómo nos estamos observando. Nos estamos devorando con la mirada.

No puedo seguir así, lo mejor es acabar con esto. Y solo hay una manera de hacerlo, ambos lo sabemos.

—¿Me quieres proponer algo, rubia? —pregunta sonriente.

—Nada que no quieras hacerme.

—Quiero hacerte muchas cosas. Deberías ser más específica.

—Puedo dejarme sorprender. Está en tus manos decidir qué hacerme. Yo tengo muy claro lo que hacerte a ti. —Sonrío, me muerdo el labio y paso la lengua por mi labio superior. Todo esto sin dejar de mirarlo a los ojos.

—Estamos tardando en hacerlo realidad.

Se levanta rápido de la silla, y no me da tiempo a reaccionar cuando ya lo tengo delante, ofreciéndome su mano.

La cojo entre risas y nos vamos de allí sin mirar atrás.

Con paso rápido, cogidos de la mano y con las respiraciones aceleradas.

Deseando que tengamos algo de intimidad para devorarnos, y esta vez no con la mirada, sino literalmente.

Cuando estamos lo suficientemente lejos de la gente, nuestros pasos nos han llevado hasta las rocas de la playa. Tira de mí, provocando que me estampe contra su pecho. Miro hacia arriba, buscando su cara, y él se agacha un poco para hablarme al oído.

—No puedes decir eso y esperar que no reaccione, rubia.

—Quería que reaccionaras, quería que hicieras exactamente esto.

—Pues tus deseos son órdenes.

Su mano va a mi barbilla, el contacto con su piel me estremece.

Estaba deseando que pasara esto desde hace un buen rato.

Acerca sus labios a los míos y yo espero, paciente, a que se junten.

No se hace de rogar y termina juntando nuestras bocas, que se reconocen a la perfección.

Sus manos se mueven por todo mi cuerpo, hasta que terminan posándose en mis pechos.

Un pequeño jadeo sale de mi interior. Joder, cómo me pone este chico.

Consigue encenderme con un simple beso. Ahora son mis manos las que exploran su cuerpo, hasta que termino cogiéndole el paquete con fuerza y ganas.

Es él quien jadea ahora, y ese sonido me encanta.

—Quiero comerte, rubia —pronuncia con voz ronca en mi oído. El deseo es más que evidente ahora mismo.

Necesito más, mucho más.

—Estoy deseando que lo hagas. —Tiro de su pelo para volver a juntar nuestros labios.

—Estamos cerca de mi casa —comenta a los pocos segundos, sin separarse del todo.

—Lo sé.

—¿Quieres que…?

—Quiero. —No dejo que formule la pregunta.

—Vas a volverme loco.

—¿No lo estás ya?

Me mira, sin dejar de sonreír, mientras niega con la cabeza. Me gusta cómo me siento cuando estoy con él.

Vuelve a juntar nuestras manos para empezar a andar hacia su casa.

A diferencia de antes, nos vamos parando cada pocos minutos para besarnos.

Pero, como sigamos así, tardaremos demasiado en llegar.

Ese es nuestro objetivo y, aunque es muy tentador tenerlo al lado, debemos controlarnos hasta llegar allí.

—Esto podría considerarse escándalo público —comento, entre risas, cuando una de sus manos se ha colado debajo de mi camiseta.

—Merece la pena arriesgarse. —Sus labios van directos a mi cuello, nublándome la razón—. Además, esto no es nada comparado con lo que vamos a hacer cuando lleguemos a mi casa.

—Resérvate para entonces.

Caminamos de nuevo, y esta vez sin grandes distracciones. No puedo dejar de mirarlo. Lleva el pelo despeinado por mi culpa, y sus pantalones ahora mismo son una tienda de campaña, también por mi culpa. Sonrío, orgullosa por eso.

Cuando estamos en el portal de nuestro edificio, vuelven los besos.

Entramos a trompicones, tanto por lo que hemos bebido como por los besos que no dejamos de darnos.

No sé quién de los dos llama al ascensor, pero la cuestión es que subimos hasta el piso.

Una vez en el rellano, no da pie con bola con las llaves.

No dejo de besar su cuello mientras lo intenta.

—Rubia, si me sigues torturando de esta manera, no vamos a entrar nunca.

—¿Te estoy distrayendo?

—Solo estoy pensando en follarte y no en cuál es la llave que abre la maldita puerta —confiesa, haciéndome reír.

Justo en ese momento, consigue dar con la llave y abrir.

Escucho cómo dice «por fin» antes de entrar.

Ahora sí que se gira en mi dirección. No sé quién de los dos da el primer paso, y ahora mismo eso es lo que menos importa.

Nuestras bocas se buscan desesperadas y nuestras lenguas no tardan en encontrarse.

Me dejo guiar hasta su habitación. Por el camino vamos perdiendo la ropa hasta que nos quedamos desnudos, el uno frente al otro.

Nuestras manos se enredan en el cuerpo del otro.

No dejamos de tocarnos mutuamente. Le doy un pequeño empujón para que caiga sobre la cama.

Sonríe sin dejar de mirarme. Yo miro su miembro, erecto delante de mí.

No lo dudo ni un segundo. Alargo mi mano para empezar a acariciarle.

Poco a poco voy cogiendo velocidad y confianza.

Acerco mi boca hasta su miembro para saborearlo.

—Joder, Lara… —Deja escapar en cuanto mi lengua empieza a explorar.

Acompaño los movimientos con mi mano, provocando mucho más placer y que se le acelere la respiración.

Sus manos tocan todo mi cuerpo, en especial mis pechos.

Siento que se endurece todavía más. No sé si eso es posible, pero lo noto así.

Aprovecho para alargar mi brazo hasta la mesita de noche y coger un condón.

Me acuerdo de que los buscó en ese cajón.

Bingo. Doy con uno, como me imaginaba. Se lo coloco y me subo a horcajadas encima de él.

Sus manos agarran mis caderas al momento, facilitando mi movimiento de atrás hacia delante.

Mis manos van al tatuaje de su pecho, a la mariposa.

Se incorpora en la cama y nos arrastra hasta que se apoya en el cabezal.

De esta manera tiene mayor acceso a mis pechos, que no tarda en atacar con su boca.

Su boca lamiendo mis pechos, sus manos clavadas en mis caderas, él dentro de mí. Siento a Enzo por todas partes, y eso hace que disfrute mucho más del momento.

Los jadeos por ambas partes cada vez son más elevados.

Empiezo a botar encima de él mientras acompaña mis movimientos.

Un escalofrío directo a mi entrepierna. El calor colándose por todo mi cuerpo.

Deseo. Placer. Y me dejo ir de un momento a otro.

Inevitablemente, bajo el ritmo debido al orgasmo.

No tardo en recomponerme para que sea él quien llegue al clímax ahora.

Con un rápido movimiento, hace que salga de encima de él.

Me pongo a cuatro, mirando al espejo, y él no tarda en volver a introducirse en mi interior.

Las embestidas son fuertes y rápidas. A los pocos segundos, suelta un gruñido y sé entonces que se ha corrido.

—Puedes quedarte a dormir —comenta un rato después, cuando un bostezo sale de su boca.

Estamos tumbados en la cama, mirando al techo. Es como si necesitara recomponerme después de este polvo. Estoy asimilando la intensidad y la conexión que he sentido con Enzo en todo momento.

—Ya te dije que compartir cama era ir un paso más allá.

Todavía lo sigo pensando. Dormir con alguien requiere un nivel de confianza para mí muy superior, en el que claramente todavía no estamos Enzo y yo. Tampoco sé si algún día lo estaremos, todo es ir viendo.

—Puedo ofrecerte de nuevo mi sofá.

—No te sientas obligado a hacerlo. Esta vez tengo llaves, así que puedo irme a mi casa.

Ya me estoy incorporando en la cama, dispuesta a recoger mi ropa del suelo e irme a casa, que está justo al lado. Algo que sigue sin saber, pero que es un punto muy positivo para mí, y mucho más en estos momentos. Apenas tengo que desplazarme a estas horas de la madrugada.

—No me siento obligado; quiero que te quedes —dice, muy seguro—. Sería la última vez.

Sonrío por su comentario. Me gusta que haya jugado con eso. Ha sido un buen intento, debo admitirlo.

—Ya sabemos que entre tú y yo no existen las últimas veces.

—¿Hasta la próxima entonces? —pregunta, algo apenado, dándose por vencido. Al menos, esa es la sensación que me da al oírlo hablar. Se ha debido dar cuenta de que no iba a cambiar de opinión hoy. Pero no descarto que algún día…

—Hasta la próxima, chico de los tatuajes.

Me despido de él dándole un beso rápido en los labios. Me ha salido así. Empiezo a buscar mi ropa por el suelo, tanto de la habitación como del pasillo. Por suerte, consigo dar con ella más rápido de lo que esperaba.

—Rubia, esta vez quiero asegurarme de que nos volveremos a ver. —Escucho que dice Enzo a mis espaldas.

Me giro para mirarlo. Está en el umbral de la puerta de su habitación. Solo lleva unos bóxeres negros. Mi mirada recorre su cuerpo de arriba abajo. Está demasiado bueno. ¿He dicho ya que me encantan los chicos con tatuajes?

—¿Cómo piensas hacer eso? —me intereso.

—En mis redes sociales puedes encontrarme como @soyenzo. Está en tus manos hacer algo con esa información. Con que me sigas será suficiente; el siguiente paso lo daré yo si eso pasa.

—Seguro que tienes decenas de nuevos seguidores a diario. ¿Cómo vas a saber que soy yo? —Es muy difícil que encuentre mi perfil entre toda la gente nueva que le empieza a seguir.

—Pruébalo, ya verás como tendrás un mensaje mío después de empezar a seguirme.

—Cuando menos te lo esperes, te seguiré —afirmo. Voy a hacerlo, y a ver cómo se las apaña él para encontrarme.

—Te tomo la palabra, rubia. Estaré esperándote para hablarte y que nos volvamos a ver. Me he cansado de depender del destino.

—Pero ahora dependes de mí.

—Algo me dice que tú también quieres que volvamos a vernos y que esta no sea nuestra última vez.

Sonrío y él me devuelve la sonrisa. Con un leve gesto con la mano, nos despedimos.

Salgo de su casa y, en vez de irme directamente a la puerta de al lado, ya que sería muy descarado y evidente hacer eso, voy hasta el ascensor para disimular.

Bajaré para volver a subir en unos minutos.

Todavía no debe enterarse de que somos vecinos.

Aunque sé que tarde o temprano debo confesárselo. Estoy ideando cómo hacerlo.