Una última vez CAPÍTULO 18 ENZO
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CAPÍTULO 18 ENZO

Todavía estoy intentando asimilar el polvo de anoche con Lara.

Joder, estoy sin palabras. Maravillado y alucinado por lo que compartimos.

Le dije que le sería imposible quitarse nuestra imagen de la cabeza, pero la verdad es que soy yo quien no se la puede quitar.

Algo que ya me imaginaba. Espero que a ella le esté pasando lo mismo.

No puedo dejar de pensar en ese polvo, y la imagen de nosotros follando está demasiado presente en mi mente.

He soñado con eso. Al menos, lo poco que he podido dormir, ella ha estado muy presente.

Cuando me he despertado hace unos minutos y he ido a buscarla al sofá, ya que se negó en rotundo a dormir conmigo en mi habitación, pues insistía en que eso era ir un paso más allá, ya no estaba en mi casa.

No me ha sorprendido, porque ya empiezo a conocerla un poco.

Lo que si me hubiera dejado sin palabras hubiera sido encontrarla.

No me ha avisado, pero me ha dejado una nota encima de la mesa del comedor.

En ella ponía: «Hasta la próxima, si es que hay próxima.

Porque puede que esta vez haya sido la última, quién sabe».

No he podido evitar sonreír al leerla. Siempre nos despedimos de la misma forma, «hasta la próxima», pero la verdad es que cuando lo hacemos no sabemos si de verdad nos volveremos a cruzar.

Como he dicho en más de una ocasión, lo nuestro siempre sabe a una última vez.

Conecto el móvil al altavoz para poner música.

No puedo vivir sin ella. Me arriesgo a molestar a la vecina tocacojones, pero, ahora mismo, ella no me importa lo más mínimo.

Decidí hacer lo que quiero en todo momento.

Vale que ayer, cuando estaba con Lara, me hubiera encantado poner música; pero, por mucho que esa señora no lo crea, sí que respeto a los vecinos.

Jamás se me ocurriría poner música a todo volumen a altas horas de la madrugada, pero por la mañana, a plena luz del sol, sí.

Pongo una lista diferente de Spotify, no es la misma que puse la vez que se quejó.

Ahora no me apetece escuchar esa, sino otra.

Un género muy diferente. Lo pongo en modo aleatorio y la primera canción que suena es Nada que perder de Pignoise.

Y esta canción me transporta a una serie muy concreta y empiezo a cantarla, disfrutando al máximo.

Esta canción solo se puede cantar a todo pulmón mientras piensas en Los hombres de Paco .

Justo cuando acaba la canción, suena el timbre de casa.

Pero no el del portal, sino el que hay en el rellano, que suena diferente.

Nunca suele picarme ningún vecino, así que me sorprendo.

La idea de que sea uno de mis amigos no la descarto.

Todo sea que justo haya querido entrar cuando algún vecino salía.

Eso sí que ha pasado alguna vez. Casi es más probable eso que un vecino.

Bajo un poco la música para ir a abrir. Al hacerlo me doy cuenta de que, en el suelo, muy cerca de la puerta de entrada, hay un papel.

Esto debe ser una broma, ¿verdad? No la he podido molestar en apenas tres minutos y quince segundos, que es lo que dura la canción.

No ha sonado ninguna más, solo esa. ¿Y ya se está quejando?

Abro la puerta enfadado; ya tendré tiempo después de leer la nota que me ha dejado mi querida vecina.

Prefiero intentar averiguar quién es la responsable.

Cuando pongo un pie fuera de mi casa, veo cómo la puerta del piso de al lado se cierra.

Esto sí que no me lo esperaba. Mira que he tenido inquilinos peculiares, pero ninguno nunca se ha quejado por nada.

Además, ¿no sabe que soy su anfitrión? ¿No sabe que el piso en el que está es mío?

«¿Si lo supiera, crees que te enviaría ese tipo de notas?

». A mi voz interior no le falta razón. Está claro que esa chica no sabe quién soy.

Raúl se debió olvidar de ese pequeño detalle.

De lo que sí se dio cuenta es de lo guapa que es, porque todavía, hoy por hoy, lo sigue recordando.

Dudo mucho que, si la chica tuviera en su poder esa información, hiciera lo que ha hecho.

Sin darle muchas vueltas a lo que estoy haciendo, llamo a su timbre, preso de un impulso.

Está claro que ha sido ella quien me ha dejado la nota, lástima que no haya llegado a tiempo para verla.

Van pasando los segundos y nada, no abre.

Vuelvo a picar; insisto porque a pesado no me gana nadie.

Además, si es tan valiente para decirme las cosas a través de un escrito, debería serlo para decírmelo a la cara, porque seguro que hoy se ha vuelto a quejar de la música alta.

Como veo que no se va a dignar a abrir, hablo lo suficientemente alto como para que pueda escucharme desde dentro.

—No, si encima tendrás la poca vergüenza de no abrirme. He visto cómo has entrado después de dejarme una nueva notita. Sal a dar la cara.

Silencio. No sé qué esperaba al hablar. Igual cabrearla para que saliera a decirme las cosas a la cara, pero ya veo que no.

—Pues a esto de las notitas sabemos jugar los dos. Y, si quieres guerra, la vas a tener —la advierto. Creo que el hecho de que no me haya abierto la puerta me ha cabreado más que la simple nota—. Ahora sí tendrás motivos para quejarte de vecino.

No insisto más. No pico de nuevo a su timbre. Vuelvo a meterme en mi casa dando un portazo, para que sepa que estoy cabreado. Y que sepa que lo que he dicho va en serio, que tendrá motivos para quejarse de mí.

Cojo la nota que hay en el suelo. A ver qué me ha puesto esta vez.

Parece que tu gusto musical mejora por momentos.

Aunque la canción sea buena, la música todavía sigue siendo alta.

Creo que eso también puedes mejorarlo. Al escucharla, me ha asaltado una pregunta: ¿tu gusto con las series es bueno?

Ya sabemos que, en cuanto a música, bueno, parece que por momentos.

Solo hay una manera de saberlo. Esta canción es sinónimo de una serie.

Si sabes cuál es, puedo considerar que seamos amigos.

¿Soy yo, o el tono en el que ha escrito esta nota es muy diferente al de la otra vez?

Es algo gracioso, o al menos a mí me lo ha parecido.

¿Y la última frase? ¿Considerar que seamos amigos?

Ahora mismo estoy alucinando, porque lo último que me esperaba era que me hablara de esta manera y dijera esas cosas.

Incluso parece simpática y graciosa. Esta nota nada tiene que ver con la otra que me mandó.

Parecen dos personas diferentes, pero está claro que es la misma.

¿Qué se supone que debo hacer ahora? Sí, sé lo que he dicho cuando estaba delante de su puerta hecho una furia.

Pero ahora, después de leer la nota, tengo mis dudas.

Porque yo daba por hecho que solo se quejaría del volumen como la otra vez, pero ha sido diferente.

Muy diferente de lo que me esperaba. Y eso me ha descolocado tanto que me hace plantearme si debería iniciar una guerra, como le he dicho, o tratar de ser ¿amigos?

Termino por hacer lo primero que se me ha pasado por la cabeza después de leer la nota. Cojo un papel y un rotulador para darle una respuesta. Antes no sabía a quién dársela, pero ahora tengo claro que es la vecina de al lado.

No saber que esa canción es la cabecera de Los hombres de Paco sería un pecado.

Mi gusto por las series es igual de excelente que con la música.

Creo que quien debe considerar lo de ser amigos soy yo.

Después de la última nota y de que no me hayas abierto la puerta, lo tienes difícil.

Aunque parece que empiezas a entrar en razón y a apreciar mi buen gusto.

Sobre el volumen de la música…, irás acostumbrándote.

Doblo el papel y salgo de casa para meterlo debajo de la puerta de mi vecina. Decido picar para que sepa que tiene que ir hasta ella. Como veis, he optado por ser simpático, algo que me sale natural. Eso sí, lo del volumen de la música es algo en lo que no voy a ceder.