Una última vez CAPÍTULO 17 LARA #2
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CAPÍTULO 17 LARA #2

—Cuando recibí mi primer sí. Lo había intentado muchas veces, presentándome a decenas de castings , y el no siempre estaba presente.

—Luchar, luchar y seguir luchando. Intentarlo sin parar, porque es la única manera de conseguirlo—.

Hasta que un día la respuesta fue muy diferente.

Una larga historia que puede que otra noche esté dispuesta a contarte.

—El esfuerzo y la constancia son la clave de todo. —Asiento porque no puedo estar más de acuerdo.

No sé cuánto tiempo permanecemos en el balcón, pero a este paso saldrá el sol en breve.

Hemos seguido hablando sin parar, la conversación fluye entre nosotros como si nos conociéramos de siempre.

Supongo que es una de las cosas bonitas de empezar a conocer a alguien, que hay tantas preguntas que formular y tanto interés que salen conversaciones interminables.

—Deberíamos ir a dormir —propone. Se me escapa un bostezo. Estoy a punto de añadir algo, pero se me adelanta—: Camas separadas, no te creas que me he olvidado.

—Suma puntos que te acuerdes.

—¿Necesitas que te deje algo para dormir?

—No te diría que no a una camiseta.

Confieso que tengo muchas ganas de quitarme el vestido. Los zapatos hace rato que ya me los he quitado; ir descalza es un gran placer.

Enzo va directo a su habitación, y yo le sigo bien de cerca. Abre el armario y empieza a buscar algo que darme.

—Siempre puedes dejarme la que llevas puesta.

¿Qué? Es una gran opción. Total, esta ya la tiene que poner a lavar, así evitamos que ensucie más ropa. Él deja de buscar en el armario, y se gira para mirarme a los ojos. La sonrisa que esboza me encanta.

—¿Esa es tu estrategia para conseguir que me quite la camiseta? —Enarca una ceja al preguntarlo. La situación le divierte y gusta a partes iguales.

—¿Funciona? —Doy un paso en su dirección sin apartarle la mirada.

—Podría funcionar. —Ahora es él quien da un paso en mi dirección.

—Entonces es una gran estrategia.

Sonrío y hago que estemos aún más cerca. Hasta el punto de que nuestros pies se tocan. Con un pequeño movimiento, nuestros labios se rozarían. La tensión empieza a subir y el ambiente se empieza a poner caliente. Ambos sabemos lo que viene a continuación.

—Todavía la llevo puesta. Yo no cantaría victoria tan rápido. —Sonríe de medio lado.

—Es solo cuestión de segundos que eso deje de ser así.

—¿Piensas quitármela?

—Estás deseando que lo haga.

—Prueba.

Y eso mismo hago. Llevo mis manos debajo de su camiseta para quitársela. Él no se resiste, al contrario: me pone las cosas fáciles. Admiro su torso desnudo y los tatuajes que tiene. Una de mis manos va sola al de la mariposa. Mis dedos recorren las líneas. Desde que lo vi había deseado hacer esto.

—No estamos en igualdad de condiciones —afirma, y recuerdo el baño que nos dimos en la playa. Mi mente ha viajado allí con ese comentario.

—Porque no quieres.

—¿Tengo vía libre? —Enarca la ceja sin dejar de sonreír.

—Me sorprende que a estas alturas lo preguntes.

Parece que ese es justo el pistoletazo de salida, porque sus manos van rápidas a mi vestido para sacármelo sin miramientos.

Me devora con la mirada en cuanto me quedo delante de él solo con el tanga.

Sus ojos recorren cada parte de mi cuerpo, y eso consigue encenderme.

Sus manos buscan desesperadas mi cuerpo, y las mías el suyo.

Nuestras bocas no tardan en encontrarse y devorarse.

Ganas. Deseo. Fuego. Nuestras lenguas se entrelazan a la perfección.

Nos movemos a trompicones hasta la cama.

Él cae primero y yo me subo a horcajadas.

Aprovecho para quitarle el pantalón. No entiendo que todavía lo lleve puesto.

Noto cómo mira justo detrás de mí y, por inercia, sigo su mirada y me topo con nuestra imagen en un espejo.

Sonrío. Ese espejo está muy bien colocado.

Él lo sabe porque lo hizo a conciencia, seguro.

Pienso en cómo será vernos reflejados mientras follamos, y solo de pensarlo me recorre un pequeño escalofrío.

—Puedo imaginarme lo que estás pensando —comenta él, bastante seguro—. Y te aseguro que no podrás quitarte de la mente la imagen de nosotros follando. —Esto último me lo susurra en el oído con voz ronca. Juro que me falta poco para soltar un pequeño gemido después de escucharlo decir eso.

Que me hablen y me digan guarradas mientras follamos consigue ponerme a cien.

Nos deshacemos de nuestra ropa interior sin dejar de besarnos. Alarga la mano hasta la mesita de noche para hacerse con un preservativo. Las ganas ya no se pueden contener. Estoy deseando sentirlo dentro de mí.

En cuanto se lo pone, llevo mi mano hasta su polla para dirigirla a mi entrada.

Estoy sentada encima de él, pero de espaldas, quedando así mirando al espejo.

Él me agarra las nalgas con fuerza, invitándome a moverme.

Eso mismo hago. Empiezo a balancearme y el placer no tarda en llegar.

Sin dejar de mirar nuestro reflejo en el espejo, llevo una de mis manos a mi clítoris para empezar a tocarme.

Hacerlo provoca que el placer que siento se multiplique.

Son muchos años tocándome, así que sé el punto exacto que me produce más placer.

Así consigo que la experiencia sea mucho más gratificante para ambos.

Su mano va directa a mis pechos para empezar a tocarlos.

Nuestras respiraciones se aceleran en cuanto me muevo más deprisa.

La sensación de ver el reflejo es inexplicable; consigue ponerme mucho más.

Su mano en mi pecho, la mía en el punto exacto, su polla en mi interior…

Todo consigue que llegue al clímax de un momento a otro.

El gemido que se escapa de mi garganta envuelve toda la habitación.

Empiezo a botar encima de él, cada vez más rápido, provocando que a los pocos segundos Enzo también se corra pronunciando mi nombre.