Una última vez CAPÍTULO 17 LARA
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CAPÍTULO 17 LARA

He terminado aceptando la propuesta de Enzo porque no tenía otra opción.

Ya me vale. ¿Quién me manda a mí salir de casa sin bolso en el que guardar todas las cosas?

Seguro que la próxima vez lo cojo sin dudarlo.

De todo se aprende. Al llevarse May mis llaves, pocas opciones tenía.

Le he mandado un par de mensajes, pero no ha servido de nada.

Ni siquiera los ha recibido, porque no salen los dos tics.

Habrá dejado a Unai y su amigo en casa de este último y se habrá ido a la suya.

Lo más probable es que esté en el quinto sueño ahora mismo.

Al pensar en eso, no puedo evitar recordar cómo Unai la buscaba para bailar.

Los he observado, en especial a él, que no le quitaba el ojo de encima y la devoraba con la mirada.

Tengo que estar en lo cierto. Aunque es muy descabellado que sienta algo por mi amiga, creo que por lo menos le atrae, porque se le nota demasiado.

Lo que traerá muchos problemas en algún momento.

Si es que estoy en lo cierto, que algo me dice que sí.

El taxista detiene el coche. Miro por la ventana antes de bajarme, sin creer dónde estamos.

Ha dado su dirección, ¿verdad? Estoy a punto de decir algo, pero termino por callarme.

Igual no va al que yo pienso. Hay más edificios alrededor.

Sería demasiada casualidad. Antes de precipitarme y darle información de más, lo mejor que puedo hacer es observar.

Puede que me esté equivocando. Dudo que sea lo que estoy pensando.

Sigo a Enzo bien de cerca. Flipando bastante, todo sea dicho. Ya lleva las llaves en la mano y camina, decidido, a mi portal. Vale, que no cunda el pánico. Lo que estaba pensando al ver el edificio va a ser verdad. No me puedo creer que sea así. Qué puta casualidad.

—¿Vives aquí? —Pregunto una obviedad, pero necesito confirmarlo antes de entrar.

—No, tengo las llaves y estoy entrando en este edificio, pero no vivo aquí —contesta con sarcasmo. Lo miro con mala cara, provocando que se ría—. Claro que vivo aquí.

Cuando me pongo nerviosa, hago preguntas absurdas, como esta.

Abre la puerta del portal y entro detrás de él. Sigo sin creerme que Enzo viva en el mismo edificio que yo. Al final, voy a terminar pensando que el destino no se cansa de ponerlo en mi camino.

—Esa respuesta está mucho mejor, señor sarcasmo.

La risa floja amenaza con salir, pero me contengo.

Las casualidades existen, y con él parece que aún más.

Subimos en el ascensor. No me atrevo a mirar la planta que marca.

¿Os imagináis que vivimos en la misma? Lo que me faltaba.

No me he cruzado ningún día con él, aunque tampoco es que lleve mucho tiempo, pero entro y salgo a menudo.

Cuando las puertas se abren, mis ojos se agrandan por la sorpresa.

Se están cachondeando de mí. No jodas. Una pequeña risa se escapa de mi boca. Menuda casualidad.

—¿Y esa risita? —pregunta.

—Creo que tendremos que empezar a hablar de destino y no de casualidades.

Se gira para mirarme, y la confusión es más que evidente en su rostro. Debe pensar que se me va la pinza, porque soltar eso sin venir a cuento no tiene sentido. Pero para mí sí lo tiene.

—Me da que lo mejor es que no haga preguntas.

—Ahórratelas, sí. —Tampoco confesaría por qué he dicho eso, todavía no. Esta información que tengo en mi poder puede serme muy útil. Ahora mismo juego con ventaja.

Vamos dejando atrás diferentes puertas, las mismas que paso cada día. Voy cruzando los dedos mentalmente para que se pare ya en alguna de estas, porque nos estamos acercando peligrosamente a la mía.

Justo entonces se para. Miro con miedo la puerta que hay detrás, y me abanico con una de mis manos al darme cuenta de dónde estoy. Es mi vecino. Literalmente, mi vecino. Mi puerta está justo al lado de la suya.

—No puede ser verdad —susurro para mí misma.

Por suerte, no me escucha porque está abriendo. Se echa a un lado y me invita a pasar. Vuelve la risa tonta. Su piso es como el mío, pero invertido, como si hubiera un espejo en medio. A mí me quedan las habitaciones a la izquierda del comedor, y a él a la derecha.

—Pondría música para tomarnos la última copa, pero hay una vecina algo tocacojones que al parecer no soporta el ruido. Y mucho menos la música que pongo.

La sonora carcajada que suelto debe escucharse en todo el rellano. Podría incluso haber despertado a alguien. No me puedo creer que esto esté pasando. El mundo es un pañuelo, las casualidades existen, y el destino se cachondea de mí.

—Algo me dice que ahora no se va a quejar —contesto sin dejar de reírme.

Él no lo sabe, pero estoy en lo cierto.

Voy a utilizar esto a mi favor, para beneficio propio. No sé cuándo, pero en algún momento.

—Como no quiero ganarme enemigos, vamos a tomarnos esa copa sin música —propone.

—Siempre puedes tocar y cantar tú.

Todavía tengo en mi mente su voz tocando y cantando aquella canción.

—Cualquiera diría que estás loca por volverme a escuchar cantar.

—Me gustó escucharte —confieso. Omito la parte de que no me lo puedo quitar de la cabeza, ya que tampoco es necesario ser tan intensa.

—Es todo un halago para mí.

—Estoy segura de que no soy la primera que te lo dice —comento, pensando en el vídeo que vi de él en TikTok. En el que tenía montones de comentarios y likes . Y algo me dice que eso lo consigue con todos los que sube. Aunque no entré a ver su perfil, me lo puedo imaginar.

Él sonríe y me ofrece una de las copas que tiene en la mano.

Sale al balcón y sigo sus pasos. Se apoya en la barandilla, y hago lo mismo.

Nos quedamos en silencio contemplando la luna.

La noche es silenciosa, pero no me importa que sea así.

Puede parecer muy extraño, porque apenas conozco al chico que tengo al lado, pero estoy a gusto con él. Y con eso es suficiente.

—Nos hemos acostado dos veces y lo único que sabemos del otro es el nombre. —Su comentario me pilla por sorpresa, pues ha roto el silencio que había entre ambos—. Dos polvos, dos preguntas para conocernos —propone.

—¿Qué te interesa de mí, chico de los tatuajes? —pregunto, mirándolo directamente a los ojos.

Su propuesta me ha gustado más de lo que debería. A mí tampoco me importaría conocerlo un poco más.

—Tu sueño —dice sin rodeos. Parece que lo tenía muy claro, porque no ha dudado.

—Esto se pone intenso. —Sonrío. Hay muchas preguntas que hacer a otra persona cuando la quieres conocer. Me gusta que él haya elegido esta como primera—. Siempre he soñado con ser actriz. Un sueño que mucha gente ve imposible, pero en el que creo firmemente. Y no necesito más que creer yo.

La sonrisa que se le dibuja en los labios al escucharme decir eso hace que me nazca a mí una todavía más grande.

La respuesta me ha salido del alma. Mucha gente cree que es imposible, pero nada lo es.

Si tiras la toalla antes siquiera de intentarlo, porque puede parecer una locura, es que de verdad no quieres eso.

Yo he luchado y seguiré haciéndolo para continuar siendo actriz.

Ahora mismo yo considero que lo soy, aunque solo haya hecho una pequeña serie.

No debo quitarle importancia a aquello que hago. A veces tiendo a hacerlo.

—Sabía que esta era la pregunta perfecta para hacerte.

—Se le iluminan incluso los ojos al decirlo.

Algo me dice que su respuesta será similar a la mía.

Por lo poco que lo conozco, intuyo que la música estará presente en ese sueño—.

Tu respuesta no me ha defraudado. Comparto eso último; lo único que importa es que tú creas en ello para luchar por cumplirlo.

—Estoy segura de que tu respuesta también me sorprenderá.

—Es ligeramente similar a la tuya. Desde que soy un crío, lo he tenido claro. Llenar un estadio entero con gente cantando mis canciones. Sueño con ser cantante y me esfuerzo cada día por conseguirlo.

—La sensación que deben experimentar los cantantes en un concierto debe ser inexplicable.

Todo el mundo cantando tu canción. Toda esa gente ahí, solo para verte cantar en directo.

Solo de pensarlo, se me pone la piel de gallina.

Yo he experimentado lo que es un estreno .

Las cámaras por todos lados buscando el momento perfecto.

Ser el protagonista durante una noche. Aunque la fama de un cantante y un actor pueden asemejarse, hay muchas diferencias.

Los cantantes pueden recibir el apoyo en cada concierto, mientras que el actor solo en la première.

Porque no pueden ver en directo cómo actúas, sino que lo hacen a través de las películas y las series.

—Si algún día lo consigo, intentaré poner palabras para explicártelo —me dice, guiñando un ojo—. Es tu turno de formular la pregunta. Una cada uno, para que sea justo.

Me esperaba que fuera así, y por eso he ido pensando la pregunta que hacerle. Para que no me pillara por sorpresa y tuviera que improvisar en el momento.

—Un momento que nunca olvidarás.

De nuevo esa sonrisa. Que debo reconocer que me encanta un poquito más cada vez que la veo.

—La primera vez que toqué en la calle. Nunca había cantado en público, pero llevaba tiempo dándole vueltas a esa idea. Así que me animé. Ese día marcó un antes y un después para mí.

Creo que todas las personas tenemos ciertos momentos de nuestra vida que marcan la diferencia, que hacen que algo haga clic en tu interior. Para él ese momento lo fue; yo tengo claros cuáles han sido los míos.

Estoy segura de que ahora mismo ha conseguido transportarse a ese momento exacto.

—¿Cuál es el tuyo? —me devuelve la pregunta.

Un flashback me hace revivir ese momento tan especial. Consigo visualizar a la perfección cómo fue, e incluso siento todo lo que viví en aquel momento.