CAPÍTULO 16 ENZO
No puedo evitar sonreír. Lo que menos me esperaba cuando le he tirado el cubata a esa chica rubia es que esa rubia fuera mi rubia.
Vale, me he venido arriba al utilizar ese pronombre.
Pero me habéis entendido. Parece que el destino no se cansa de cruzar nuestros caminos.
Las probabilidades de volver a coincidir no eran muchas, pero algo me decía que volveríamos a hacerlo.
—Las casualidades existen —dice ella, sonriente también.
—Creo que podríamos empezar a hablar de destino. Una vez es casualidad, pero dos ya son palabras mayores, y mucho más cuando no estamos haciendo nada por coincidir.
Eso es lo mejor de todo; que no estamos forzando nada, estamos dejándolo todo a la suerte. Porque siempre que nos vemos puede que sea la última vez que lo hacemos.
—Puede que me estés siguiendo. Seguro que me has visto y me has tirado el cubata aposta. Bonita manera de iniciar una conversación conmigo.
—Si te hubiera visto, no hubiera necesitado ninguna excusa para acercarme a hablar contigo.
—Vaya, qué lanzado. Cualquiera diría que nos hemos acostado —suelta ella, provocando que suelte una gran carcajada.
No sé cómo lo hace, pero siempre me pilla desprevenido. No me espero que tenga estas salidas y me sorprende. Me gusta.
—¿Nos hemos acostado? —pregunto sorprendido, siguiéndole el juego—. ¿Cuándo? Mira que hago memoria, pero no logro recordarlo.
—No mientas, chico de los tatuajes, lo que no logras es olvidarlo.
—Muy segura estás tú.
—Se llama confianza en una misma y en lo bien que lo hago.
—Como mi querida amiga no va a presentarnos, ya me presento yo misma. —Se acerca la chica rubia que hay a su lado. Da un paso en mi dirección. Seguro que es con la que la vi bailando la primera noche—. Soy May —dice antes de darme dos besos—, e imagino que tú debes ser el de los tatuajes.
Lara la fulmina con la mirada en cuanto dice eso último.
Si tuviera el don de matar con una simple mirada, su amiga ahora mismo estaría más que enterrada.
Algo me dice que ese comentario no debería haberlo dicho, porque hace que piense que Lara le ha hablado de mí a su amiga.
Y si hablas con tus amigas del chico con el que te has enrollado es por algo, ¿no?
Al menos, yo siempre que lo he hecho es porque me interesa la otra persona.
Y, por si os lo estáis preguntando, sí. He hablado con Raúl y Hugo de ella, lo hice después de la primera vez que nos acostamos.
—¿Me has presentado con ese apodo y no con mi nombre real? Debería sentirme ofendido.
—Y yo debería dejar de tener amigas tan bocazas.
El chico que está con su amiga no puede evitar reírse.
—Creo que será mejor que me vaya… —empieza a decir May.
Los otros dos chicos, al ver la intención de esta, la siguen.
—Como des un paso más, date por muerta, amiga.
Se frena en seco y le devuelve la mirada a Lara.
—Que vaya a buscarte un cubata, quería decir. No me has dado tiempo a terminar la frase —comenta ella como si fuera evidente que iba a decir eso, cuando todos sabemos que no es así.
—Buena salvada —comento.
—Mejor trae dos, porque él ha derramado el suyo encima de mí —le informa ella.
—Ni se te ocurra ir a por nada —la corto antes de que vaya directa a la barra, que es lo que empezaba a hacer—. De los cubatas ya me encargo yo, que tengo barra libre.
Lara me mira, sorprendida. Reconozco que ha quedado muy de sobrado ese comentario. Todos se han quedado estupefactos. Vamos, les ha faltado abrir la boca por la sorpresa. Reconozco que no es habitual tener barra libre en una discoteca, a menos que trabajes allí o seas un enchufado.
—¿Qué clase de enchufe tienes para tener barra libre? Desembucha.
—Si lo hiciera, tendrían que matarme —digo, poniendo dramatismo al asunto. Lo sé, era innecesario, pero a la vez quería decirlo.
—Es un riesgo que podemos asumir.
—Esto sí que debería haberme ofendido.
Ambos nos reímos. Cada vez me queda más claro que compartimos un sentido del humor parecido, algo que es muy importante para mí.
Tras ir a buscar copas para todos, nos ponemos a bailar.
No me olvido de enviarle un mensaje a Hugo para decirle donde estoy.
Cuando ha ocurrido lo del cubata, nos habíamos separado un momento, y desde entonces no he vuelto a verlo.
Pero sé que está por aquí, porque si se hubiera ido me habría avisado.
En algún momento aparecerá, estoy seguro.
Lara se pone a bailar con su amiga. Me doy cuenta de que los dos chicos que las acompañaban antes de que me topara con ellas no les quitan el ojo de encima.
Vamos, las están devorando con la mirada.
Lo sé muy bien porque yo estoy mirando a Lara del mismo modo.
La falda se le sube un poco según el movimiento que hace.
Lo que me transporta a la noche en que nos conocimos y se la levantó para follar en el lavabo.
Como siga mirándola y pensando en eso, acabaré empalmado.
En un momento dado, uno de los chicos se acerca a su amiga para bailar con ella.
Puedo ver cómo Lara frunce un poco el gesto ante ese movimiento.
Parece que le ha sorprendido. Aprovecho para acercarme a ella y bailar juntos.
Mi mano busca rápido su cintura para atraerla hacia mí.
Ella no rehúye el gesto, sino al contrario.
Mueve sus caderas al ritmo de la música, volviéndome completamente loco.
—Rubia, cómo sigas bailando así… —dejo caer.
Estoy empalmado. Mi polla me aprieta fuerte contra el pantalón. Ella debe notarlo, pero no dice nada.
—Has sido tú el que ha empezado, así que ahora disfruta de las consecuencias. —Gira la cabeza para mirarme y sonreír. Está disfrutando de la situación.
—Unas consecuencias que acabarán conmigo —susurro en su oído.
—Nadie puede morir de placer.
No sé cuánto tiempo permanecemos así, pero las canciones siguen sonando una tras otra y nosotros no nos separamos.
Hace rato que se ha girado para estar cara a cara.
Mis ojos cada dos por tres se posan en sus labios.
Las ganas de besarla aumentan. Ella tampoco puede evitar que su vista se pose ahí, e incluso se los relame sin dejar de sonreír. Algo que provoca que sonría yo.
—Nosotros nos vamos ya —le dice su amiga, interrumpiendo nuestro intercambio de miradas—. ¿Te vienes con nosotros o te quedas con el de los tatuajes? —Sonríe pícara al preguntárselo. Deseo que opte por la segunda opción.
Lara me mira unos segundos, antes de responder:
—Me quedo un rato más.
—Disfruta, zorra. —Oigo que le dice. La intención era que solo Lara lo escuchara, pero he logrado hacerlo.
Se despiden dándose un abrazo y un beso en la mejilla. Se susurran algo en el oído, y eso sí que no logro oírlo. Pero no me pasa desapercibida la gran sonrisa que se les dibuja a ambas en la cara.
Desaparecen de nuestra vista y nos quedamos solos, como la primera vez que nos conocimos.
—¿Esta noche no vas a cantarme? —pregunta ella.
Las dos veces que nos hemos visto lo he hecho. Me gusta que me haga esa pregunta.
—No debo abusar de mi talento. Si te canto al oído, podría conquistarte. Tú misma me dijiste que es una buena forma para ligar.
—Igual quiero que ligues conmigo, Enzo —confiesa sin dejar de sonreír.
—Si consideras que todavía no lo he hecho, se me debe dar de pena ligar.
Mi comentario logra sacarle una carcajada, justo lo que quería. No obstante, tan rápido como ha aparecido la sonrisa, se borra. Frunce el ceño y se pone muy seria.
—Mierda —susurra, más para ella misma. La miro, preocupado. ¿Qué ha pasado? Como si fuera capaz de leerme la mente, responde esa pregunta—: May se ha llevado las llaves de mi apartamento. ¿Por qué decidí no coger el bolso?
Le entra el pánico. No deja de mirar de un lado a otro en busca de algo, y vete a saber el qué, porque su amiga hace mucho rato que se ha ido.
—Puedes quedarte en mi casa —propongo sin darle muchas vueltas. Las palabras han salido precipitadas de mi boca.
Me mira como si tuviera monos en la cara, o como si de repente me hubiera salido un tercer ojo. Acto seguido, empieza a reírse. Los ojos se le han agrandado por la sorpresa. Creo que lo último que se esperaba era que le propusiera eso. Pero no es tan descabellado, ¿verdad?
—Imagino que no estás hablando en serio —dice sin dejar de reírse. Parece que le ha entrado la risa floja, y algo me dice que es por los nervios.
—¿Por qué no iba a hacerlo? ¿Te asusta dormir conmigo? Te recuerdo que hemos hecho cosas peores. —Sonrío de medio lado, pícaro.
—No me meto en la cama de cualquiera tan fácil —suelta ella, encogiéndose de hombros—. Follar y dormir con una persona son dos cosas muy diferentes, y claramente tú y yo no vamos a hacer lo segundo.
—¿Lo primero sí? —pregunto esperanzado, solo para hacerla reír—. Pensaba que sería la última vez.
—Ya me has entendido. —Me da un pequeño golpe en el pecho.
—Puedes venir a mi casa y vamos viendo —propongo. La idea de tenerla en mi casa es tentadora—. ¿Tienes algún lugar mejor en el que quedarte? Algo me dice que no.
Me sostiene la mirada; creo que intenta comprobar si voy en serio o no. Pero está claro que quiero que venga. Es una gran oportunidad.
—Mierda, tienes razón —claudica. Al barajar las opciones que tiene, se habrá dado cuenta de que esta es la única viable, por no decir la única que tiene—. Pero que quede claro desde ya que dormimos separados.
—No haremos nada que tú no quieras hacer.
—¿Hay algo que tú quieras hacer? —pregunta juguetona, acercándose a mí.
—¿Contigo? Muchas cosas —confieso.
Tiro de su vestido para atraerla hacia mí y juntar nuestros labios. Estaba deseando hacer esto desde que la he visto. Y al parecer ella también, porque me devuelve el beso encantada.