Una última vez CAPÍTULO 15 LARA
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CAPÍTULO 15 LARA

La conversación con May ha tomado un rumbo muy diferente. Ella misma ha pedido que no mencionáramos más a Bruno esta noche, y eso mismo hemos hecho.

Hace rato que hemos acabado de cenar. Pero seguimos sentadas en la mesa de la terraza con la copa de vino en la mano.

Ya estamos terminando la segunda botella.

Es solo cuestión de tiempo que abramos la tercera.

Tengo que reconocer que voy un poco piripi.

Estoy en ese momento en el que vas contentilla y empiezas a ver las cosas con otra perspectiva.

—¿Tienes alguna audición a la vista? —pregunta May entusiasmada.

Le encanta que le explique cómo es todo ese mundillo.

—Mi agente sigue buscando alguno que pueda encajar conmigo y me interese.

—May está al día de que le he dicho que sí a lo de doblar la serie en español, si es que finalmente se tira adelante con ese proyecto.

Yo, por ahora, no cuento con él hasta que se confirme—.

Ya sabes que le he pedido que cambie el rango de búsqueda para poner el foco en España.

No ha sido una decisión fácil, pero creo que es la acertada.

Quiero dejar atrás, al menos por una temporada, la búsqueda en Estados Unidos.

Soy consciente de que al hacerlo me complico las cosas, porque allí hay mucha más faena que aquí.

Por eso mismo, decidí irme a vivir allí sin darle muchas vueltas.

—Estoy segura de que encontrarás algo que te interese. Y, si no, no tardarán en llover las ofertas. Sin miedo al amor continúa en el top 10 de series en su país. Eso es una puta maravilla, Lara.

Lo sé. Seguimos muy bien posicionados. Violet no deja de decírmelo para animarme.

Ella piensa que es solo cuestión de tiempo que llamen a nuestra puerta.

No pensábamos que la serie fuera a tener esta acogida.

Nos ha sorprendido a todos. Supongo que los titulares que hemos ofrecido los protagonistas han ayudado.

Primero el enamoramiento durante la grabación, después han podido vernos juntos en el estreno, y finalmente, los cuernos inesperados.

Hemos dado que hablar, lo que John quería.

Ha sido su estrategia y le está saliendo redonda.

No he querido buscarlo en Internet para ver cómo le van las cosas, no se lo merece.

—Ha sido todo muy precipitado, ya lo sabes. Cuando salió, fue escalando puestos a la velocidad de la luz. Algo sorprendente y fascinante —reconozco.

—Es que es una gran serie y lo haces muy bien.

—Me aparece una sonrisa tímida. Me gusta escuchar los halagos, pero sigo sin asimilar recibir tantos por mi trabajo—.

Mientras la veía, no asimilaba que eras tú.

Parecías una persona completamente diferente.

A ver, el físico es el mismo, pero la personalidad nada que ver.

—De eso se trata, May. De convertirte en otra persona y dejar de ser tú.

Creo que por eso adoro tanto esta profesión. Porque te permite vivir vidas muy diferentes sin dejar de vivir la tuya. Es algo magnífico, que ninguna otra profesión puede ofrecerte.

—Pues lo bordaste. —No sé cuántas veces desde que ha visto la serie me lo ha dicho. Está muy orgullosa de mí, y me lo demuestra—. Estoy deseando que llegue a España y todavía lo petes más, amiga.

—Yo también —digo, casi en un susurro.

Hasta que mi agente no me planteó la opción, ni siquiera se me había pasado por la mente que la serie pudiera llegar al país donde nací.

Al firmar el contrato, siempre se habla de las posibles traducciones, e incluso, dependiendo en qué serie o película, ya se hace directamente.

En este caso no fue así, porque no pensaban que fuera a tener el éxito que ha tenido.

Se imaginaban algo pequeño, para un público concreto, y superó todas las expectativas.

No todas las series salen en todos los idiomas.

Depende de la acogida que tengan, se van ampliando, como pinta que será en este caso.

—¿Hay alguna novedad con el chico de los tatuajes?

—La pregunta que me formula mi amiga me pilla desprevenida.

¿A qué viene esto? Pienso al momento que sabe algo.

Porque es mucha casualidad que pregunte por él, cuando no he vuelto a mencionarlo en ningún momento—.

¿El destino ha hecho de las suyas? —insiste.

—¿Por qué me preguntas por un lío de una noche?

—Porque algo me dice que me falta información. Hace un rato lo estaba pensando y me formulaba muchas preguntas: ¿habrá vuelto a coincidir con él? ¿Intercambiaron números de teléfono? —empieza a enumerar ella, y sé que si no la paro seguirá.

—Amiga, das miedo —aseguro.

No puedo evitar reírme. Y creo que al hacerlo me delato un poco, porque la mirada que me lanza May es de «sé lo que has hecho, no puedes ocultarlo».

—¿Eso significa que hay novedades? —insiste.

—Significa que eres medio bruja o me sigues bien de cerca.

Ha sido inesperado. No tenía sentido que lo sacara a relucir, pero lo ha hecho.

Y, al hacerlo, me ha pillado, y ahora solo me queda confesar.

No le he contado que me había vuelto a acostar con él, porque tampoco tengo que actualizarle mi vida sexual.

Si en algún momento surgía el tema, no tenía problema alguno en explicárselo.

Pero llamarla para contarle eso sería darle demasiada importancia.

Solo conseguiría que empezara a montarse historias.

Como creo que va a pasar de un momento a otro.

—Soy curiosa, sin más —reconoce. Le doy la razón; es una de las personas más cotillas que conozco—. Por eso mismo he preguntado por él. Puede que no hubiera pasado nada más, pero igual me sorprendías.

—Volvimos a acostarnos una noche —confieso. A May le falta poco para dar saltos de alegría o aplaudir. Tal y como me imaginaba, su cabecita ahora mismo está funcionando a toda leche para montarse una película.

—El destino hace de las suyas —canturrea ella.

—Pensaba que no volveríamos a encontrarnos, pero me equivocaba.

—¿Y ahora qué? Cómo sigue la historia —me anima a continuar. Creo que ella está más ilusionada con que haya pasado que yo. No quiero que le dé más importancia de la que tiene. Aunque ya voy tarde con eso.

—Pues aquí acaba. Nos hemos visto dos veces y nos hemos acostado ambas.

—¿Y nada más? —pregunta desilusionada.

—Nada más —confirmo—. No ha habido pedida de mano ni propuesta alguna —suelto, solo para reírme de ella.

—Yo qué sé, un intercambio de números. Tampoco te digo que tenga que hincar la rodilla tan rápido, pero algo. Un poquito de interés. Vida. Una quedada para conoceros.

Ahora mismo parece indignada por la situación. Lo que evidencia lo diferentes que somos. Yo no he necesitado nada de eso, pero ella en mi situación seguramente sí.

—May, echa el freno. No hay interés más allá del sexo. —Parece que este pequeño dato lo ha pasado por alto.

—Eso es porque no os conocéis lo suficiente. Aunque, claro, no os ha dado tiempo a hacerlo si solo habéis follado.

—Follar es una buena manera de conocer a alguien. Te da mucha más información de la que te imaginas.

—Ya, claro. Seguro que podrías decirme su color favorito —suelta con sarcasmo.

—No, pero podría decirte que… —El sonido de su móvil hace que no continúe la frase. Nos sobresalta a ambas.

May mira, extrañada, el teléfono. Algo me dice que no esperaba esta llamada. Con la mirada, la animo a cogerlo. Antes de que lo haga, me parece leer en la pantalla el nombre de Unai. Descuelga y se levanta de la mesa para tener más privacidad.

—Unai, ¿qué pasa? —Escucho que pregunta, muy preocupada. El tono alegre ha desaparecido.

No oigo nada más de la conversación, aunque tampoco me esfuerzo por hacerlo. No soy tan entrometida, aunque tengo curiosidad por saber qué ha pasado. No sé si Unai la llama a menudo, pero por cómo ha reaccionado dudo que a estas horas lo haga, porque May estaba preocupada.

A los pocos minutos, aparece de nuevo en mi campo de visión. Se sienta en la silla, no sin antes soltar un profundo bufido.

—Era Unai —empieza a explicarme ella, sin necesidad de que le pregunte—.

Por lo visto, está en Aloha, la discoteca en la que estuvimos cuando llegaste.

Ha salido con sus amigos y todos han pillado un buen pedo.

Como ninguno cogerá el coche, me ha llamado para preguntarme si puedo ir a buscarlo en un rato.

—¿No hubiera sido mejor llamar a un taxi? —La pregunta sale sola de mis labios. May frunce el ceño. ¿Qué he dicho? Si necesita que alguien lo lleve y va bebido, lo mejor que puede hacer es llamar a un taxi y no molestar a nadie.

—No es la primera vez que en estas situaciones recurre a mí. Digamos que le salvo el culo y evito que llegue borrachísimo a su casa.

—Unai no se puede quejar de cuñada. —May le ayuda mucho, y me lo acaba de demostrar una vez más.

—La verdad es que no.

—¿Quieres que vayamos ya para Aloha? Podríamos disfrutar un rato de la música mientras bailamos, y luego ya volveríamos con Unai —propongo. Porque algo en mi interior me dice que esto es exactamente lo que ella quiere.

Desde que se ha sentado en la mesa, no ha dejado de mover una de las piernas. Un gesto que hace cuando está muy nerviosa o preocupada por algo. Así que creo que lo mejor que podemos hacer para que ella se quede más tranquila es ir a la discoteca.

—¿No te importa? —Se le ilumina la cara ante esa posibilidad.

—¿Cuándo me ha importado salir de fiesta? Alcohol, música y mi amiga… Es un planazo.

—Te quiero, amiga —dice ella, sonriente y muy alegre—. Bruno no puede enterarse de esto. Es algo entre Unai y yo.

Este último comentario me sorprende. ¿Qué necesidad hay de ocultarle nada? Son pareja y, además, es el hermano de él. Aunque, al momento, recuerdo la conversación que hemos tenido. Los celos de Bruno hacia Unai seguro que tienen algo que ver en todo esto.

—Sabes que yo no diré nada, pero no creo que sea algo que se tenga que ocultar —digo sincera. No me parece bien ocultarle cosas a tu pareja, y mucho menos esto. Cuando es algo bueno, ya que te estás preocupando por tu hermano.

—Lo hago para ahorrarnos peleas. Si se entera de que su hermano cuando va borracho me llama para pedirme ayuda y que yo voy a buscarlo…, no quiero ni imaginármelo. Que no sepa que esto pasa es lo mejor para los tres.

Si se entera, será mucho peor. Que pienses en ocultarle algo a tu pareja, porque si se entera se va a enfadar, es preocupante. «¿Qué pasa, May? ¿Temes la reacción que pueda llegar a tener?».

—Como tú quieras —termino por decir. Es su vida y son sus decisiones. No hay más.

***

Me atrevería a decir que la discoteca está más llena que la última vez que estuve.

Eso de que está de moda este sitio debe ser cierto, porque no cabe ni un alma más aquí dentro.

May le ha dicho a Unai cuál era nuestro plan y le ha informado de que ya estamos en el local.

Es solo cuestión de tiempo que nos encontremos con él.

Porque algo me dice que buscará a mi amiga.

—Unai me acaba de decir que algunos de sus amigos ya se han ido —me dice ella por encima de la música. Menos mal que se acerca, porque, con la cantidad de gente cantando, no hubiera podido escuchar nada—. Él se ha quedado con otro amigo y nos están buscando.

¿Si se han ido todos, por qué ellos dos no? Algo me huele mal aquí. A mí llamadme loca, pero se me escapa algo. ¿Había necesidad de llamar a May, o simplemente lo ha usado como excusa para verla? Sí, lo admito. Soy bastante malpensada. Asiento para que sepa que la he escuchado.

A los pocos minutos, percibo que May alza la mano para saludar.

Como hay tanta gente, no logro visualizar a Unai hasta que está cerca de nosotras.

Al igual que su hermano, es alto y fuerte, pero Unai tiene el pelo castaño y la cara llena de pecas.

Sonríe alegre a May, y se lanza a darle dos besos mientras la agarra de la cintura.

El amigo de él permanece al margen y aprovecho para darle dos besos.

Los buenos modales que no falten. Es un poco más bajito que Raúl y moreno, y al igual que él está cuadrado.

Debe haber promoción en el gimnasio, porque todos los chicos con los que me he cruzado están físicamente de muy buen ver.

Veo cómo Unai le susurra algo a mi amiga en el oído, y ella se ríe al momento.

¿Soy yo, o tienen mucha complicidad? Su amigo intenta entablar conversación conmigo, y le voy contestando sin dejar de mirar a mi amiga y a su cuñado.

Tengo un ojo puesto en ellos, no puedo perderme detalle alguno.

Analizando fríamente a Unai, es más guapo que su hermano, al menos para mí.

Y seguro que su personalidad le da mil vueltas, aunque tampoco es muy difícil. May no deja de hablar con él y reírse.

—¿Hace cuánto os conocéis? —pregunta el amigo de Unai. Me ha dicho su nombre, pero siendo sincera no me acuerdo, y mira que se ha presentado hace nada.

Justo cuando voy a contestar, noto cómo alguien se choca directo contra mi espalda, y al momento siento algo frío en ese trozo. Mierda. Acaban de tirarme un cubata encima.

—Hostia, perdona —se disculpa quien haya sido—. No era mi intención. —Me giro de mala gana, con cara de pocos amigos, dispuesta a demostrarle mi descontento por lo que acaba de pasar.

En cuanto lo hago, mis ojos se topan con una mirada que ya conocen.

—No me lo puedo creer —me limito a decir.

—Sabía que habría próxima vez —dice él con una sonrisa de oreja a oreja.

Noto la mirada de mi amiga puesta en nosotros. No me hace falta girarme para ver su cara, pues puedo imaginarla. Y estoy segura de que, al ver los tatuajes del chico, ha atado cabos a la velocidad de la luz. ¿Cuántas posibilidades había de cruzarme de nuevo con Enzo, el chico de los tatuajes?