CAPÍTULO 14 ENZO
Esta noche, Raúl vuelve a pinchar en Aloha, la discoteca que lo llamó la última vez para hacer de DJ.
Como me imaginaba, les debió encantar y por eso vuelven a llamarlo.
La verdad es que la rompió aquella noche.
Puso temazo tras temazo, y la gente no dejaba de bailar y darlo todo.
Esta vez no he venido solo; Hugo me hará compañía.
—¿Qué canción no puede faltar esta noche? —nos pregunta Raúl mientras empieza a prepararlo todo.
Hemos venido antes para ayudarlo y para empezar a beber.
Las consumiciones nos salen gratis, así que debemos aprovecharlo.
No me sorprende su pregunta, pues nunca puede fallar antes de que empiece el espectáculo.
Hugo y yo pensamos la respuesta. Si ya me cuesta decidir una, no me quiero ni imaginar lo que le lleva a Raúl hacer la lista entera e ir mezclándolas de manera que encajen a la perfección. Admiro lo que hace.
— Potra salvaje , el hard remix de Isabel Aaiún y Fernando Moreno —comenta Hugo decidido. Raúl y yo lo miramos, sorprendidos. Es una canción que no le pega lo más mínimo—. ¿Qué? Ahora mismo se está escuchando en todos lados. Tienes que apañártelas para que al menos suene el estribillo.
—No te falta razón. No es mucho mi estilo, pero hay que reconocer que está de moda.
—Yo pondría Friki de Gonzy. Creo que la última vez la pusiste —comento.
—Me quiere sonar que sí, pero, como pongo tantas a lo largo de la noche, es imposible acordarse de todas. Tendré en cuenta estas dos.
—Pongas lo que pongas va a gustar. Siempre consigues que la gente lo de todo en la pista. —Reconozco que Raúl lo hace muy bien. Además, se va actualizando constantemente.
Algunas de las canciones que sonarán hoy serán las del otro día, pero estoy seguro de que se las apañará para no hacer el mismo espectáculo e innovar de una manera u otra.
—Gracias, no es fácil conseguirlo.
—La clave para una buena fiesta es un buen DJ y hoy, en Aloha, pincha el mejor. —Le da un golpe en la espalda justo después de decirlo.
—Disfrutad esta noche y ligar mucho, cabrones.
—A tus órdenes, jefe —comento de cachondeo.
Lo dejamos ultimando los detalles. La discoteca está a punto de abrir. Como siempre, la gente no entrará hasta más tarde, así que Hugo y yo nos sentamos en unos sofás, que a este paso deberían llevar nuestros nombres.
—¿Cómo va el curro? —me intereso.
Resopla en cuanto escucha la pregunta. Hugo lleva casi dos años trabajando de administrativo en una empresa.
Aunque entró con muchas ganas, porque le apasiona lo que hace, poco a poco ha ido perdiendo ese entusiasmo.
En parte es por cómo le están tratando. No dejan de darle más responsabilidades, e incluso ha asumido la faena de otro trabajador que ha dimitido.
Y, pese a todo eso, el sueldo sigue siendo el mismo.
Algo que lo tiene bastante descontento, porque no llega a los mil trescientos euros.
Se está dando cuenta de que, por mucho que se esfuerce, no se lo recompensan de ninguna manera, sino al contrario.
Debe hacer horas de más para sacar toda la faena adelante y la mayoría de las veces no son remuneradas.
—La situación no ha mejorado ni ha cambiado desde la última vez. He hablado en alguna ocasión con mi jefa y me suelta la típica frase: «Ya me lo miraré todo bien», para acabar haciendo nada. Cada vez estoy más agotado mentalmente con la situación —se desahoga.
Es algo que lo tiene muy rayado, cosa que entiendo.
—Menuda mierda.
—Hace un par de días me puse a tirar currículums, pero ya sabemos cómo está el mercado laboral. Muchas veces temes dar el salto, porque igual lo que te encuentras es peor que lo que estabas haciendo.
—Nos acomodamos y acostumbramos a lo que tenemos. Pero, si ya no puedes más, lo mejor es buscar alternativas, como estás haciendo, y no tener miedo a lo que pueda venir. Piensa que puede ser mejor, no te pongas ya en lo peor.
—Si por mí fuera, me iría ya de este trabajo.
Pero no es sensato hacerlo sin tener algo seguro.
Tengo un alquiler y un coche que pagar. —Asiento.
Tenemos responsabilidades, está claro, y es arriesgado irse sin tener donde ir.
Estoy a punto de proponerle algo, pero, antes de que pueda decir nada, sigue hablando él—: Y ni se te ocurra mencionar que está la opción de volver a vivir con mis padres. Sabes que es algo que no contemplo.
Vale, sería una opción para mucha gente.
Aunque recular es difícil, no todo el mundo está dispuesto a hacerlo.
Mucho menos Hugo. Que se fue de casa muy joven, en cuanto tuvo la oportunidad.
Primero buscó un piso compartido, que pagaba con lo poco que trabajaba.
Y, en cuanto le salió lo de administrativo, alquiló uno para él solo.
No hay punto de comparación entre convivir con alguien y la libertad de hacerlo en solitario.
—Solo espero que encuentres algo mejor de lo que te gusta.
Y que ahí te sepan valorar como te mereces.
—Es algo necesario, que debería ser una obligación, pero tristemente en este mundo hay de todo—.
Hay muchos jefes que dejan que desear, pero hay otros tantos que saben tratar a sus trabajadores.
Es obvio y lógico que debería ser así, porque gracias a ellos se sostiene su empresa, pero no todo el mundo es capaz de verlo así.
—Corroboro lo de que hay tremendos cabrones como jefes. Algunos se deben entrenar para ser tan ruines.
Me devuelve la pregunta del trabajo. Hugo siempre se interesa por las canciones que compongo y por cómo me va en redes sociales.
Me ha apoyado desde el primer día, igual que Raúl.
Por el camino, muchos amigos se han reído de mis sueños, algo que ha hecho que deje de llamarlos amigos.
Porque la gente que te quiere te apoya, o al menos eso es como debería ser.
Digamos que a mis padres tampoco les hace especial ilusión que quiera ser cantante.
De ahí que me medio obliguen a trabajar en su empresa.
Tuve que negociar mucho con ellos para llegar a un acuerdo.
Mis padres regentan hoteles, tienen muchos repartidos por toda España.
Al principio, su idea era que yo siguiera su legado, algo que descarté en cuanto me lo propusieron.
Tengo muy claro lo que quiero y está lejos de dirigir hoteles.
A cambio de ofrecerme el piso donde vivo, necesitaban comprarme de alguna manera y lo hicieron con el edificio entero, así que trabajo con ellos.
Eso sí, a mi manera y de lo que me gusta.
Me encargo de llevarles las redes sociales, algo que es muy importante hoy en día.
Querían asegurarse de que tuviera ingresos mensuales, y la única manera que se les ocurrió fue contratarme.
Ya que, según ellos, lo de ser artista no da dinero.
Me gustaría que las cosas fueran diferentes, contar con el apoyo incondicional de mis progenitores, pero no es así.
Creo que de verdad piensan que nunca lo conseguiré, por mucho que me esfuerce y tenga talento.
Porque tengo que admitir que al menos reconocen que se me da bien cantar, que tengo algo especial.
Siempre he pensado que por algo se empieza y que quizás, en algún momento de sus vidas, vean lo que quiero con otros ojos.