Una última vez CAPÍTULO 8 ENZO
19%

CAPÍTULO 8 ENZO

El sonido del móvil consigue despertarme.

Mierda. ¿Quién me está llamando a estas horas?

Porque sí, no es el insufrible sonido de la alarma el que ha hecho que abra los ojos, sino una jodida llamada.

Ayer salí de fiesta, llegué tarde a casa, así que quiero dormir.

Me merezco dormir sin ningún sonido despertándome.

Pero, para variar, mi amigo tiene otros planes para mí.

—Más te vale que merezca la pena esta llamada, que acabas de despertarme —digo en cuanto descuelgo. Seguro que ha debido notar en mi voz que lo que digo es verdad. Hasta hace unos segundos estaba durmiendo plácidamente. Y me gustaría volver a hacerlo.

He visto de reojo el nombre de Raúl en la pantalla.

¿Este chico no duerme? Estuvo toda la noche pinchando, dándolo todo como DJ.

Tiene que estar cansado, no jodas. Seguro que ahora me contesta como si nada, como si hubiera dormido ocho horas o más, y fresco como una rosa.

Cuando a mí se me cierran los ojos solos.

— Lo que me imaginaba. Bro , eres un puto desastre. Tienes responsabilidades, no puedes evadir tus obligaciones. —Me alejo el teléfono de la oreja, porque empieza a echarme la bronca, y la verdad es que no estoy mentalmente preparado para escucharlo.

—¿Qué me estás contando, tío? —pregunto cuando no escucho su voz al otro lado.

No sé de qué me habla. ¿Qué responsabilidades? Mi única obligación ahora mismo es volver a dormirme.

— No, si encima tendrás los cojones de no acordarte.

—Más te vale empezar a hablar claro, porque, si no, pienso colgar.

No estoy yo para adivinanzas ni para hacer memoria después de haber salido de fiesta y haber bebido.

Ayer dije que cuando bebo es como si nada.

Bien, en ese momento sí, pero lo pago al día siguiente con la resaca.

Algo que parece no importarme lo más mínimo entonces.

Pero ahora golpearía al Enzo del pasado.

Aunque logró un gran polvo con una chica rubia guapísima. Todo sea dicho.

— Sabía que iba a pasar esto. Menos mal que me tienes a mí.

—Voy a colgarte —lo amenazo. No me gusta no saber de qué me está hablando. Me parece ridícula esta conversación, porque no me entero de nada.

— Me parece bien. Total, ya estoy en tu casa.

Justo entonces el timbre suena. No me puedo creer que esté pasando, que de verdad Raúl esté aquí. ¿Por qué? ¿Habíamos quedado y no me he acordado? Intento hacer memoria, pero ahora mismo no me viene nada. En blanco.

—Y será verdad —digo, a regañadientes, mientras me obligo a salir de la cama.

Voy hasta la puerta y ni siquiera me digno a mirar por la mirilla, porque sé que está ahí.

—Colega, qué mal te sienta beber. —Es lo primero que dice nada más verme—. Mírame a mí, como si nada. —Se señala de arriba abajo, y paso de él.

—Beberías mucho menos que yo —me limito a decir.

—Créeme que no.

Ya está dando vueltas por mi piso, como si viviera aquí. Vamos, no tiene reparos en rebuscar entre mis cosas. Ahora mismo está mirando el pequeño armario que tengo en el recibidor, como si fuera lo más normal del mundo.

—¿Se puede saber qué haces?

—Salvarte el culo para variar —contesta indiferente, sin mirarme y poniendo patas arriba ese armario.

Ahora me va a tocar ordenarlo. Estupendo—.

Las tengo —dice al cabo de un rato, con unas llaves en la mano—.

Ya sabía yo que no ibas a acordarte de lo que tenías que hacer hoy al mediodía.

—Es justo en ese momento, cuando pronuncia esas palabras y sostiene las llaves enfrente de mi cara, cuando mi mente decide acordarse de todo.

Mierda—. Por suerte me tienes a mí, tu agenda personal.

Pero pienso sacar tajada de esto. Me debes mínimo una cena.

—Joder. —Es lo único que digo. ¿Qué más puedo decir si se me ha olvidado por completo? Como podéis ver, no tengo buena memoria.

¿Cómo he podido pasar por alto algo tan importante?

Y, como si el mundo se cachondease de mí, vuelve a sonar mi móvil.

Esta vez es un sonido diferente que me avisa de un evento.

Lo miro y leo exactamente lo que tengo que hacer hoy.

A buenas horas me avisas. Ahora mismo llegaría tarde, ya que todavía tengo que ducharme y vestirme.

No puedo presentarme con estas pintas. Y, aunque me pilla muy cerca, demasiado, iría justo.

¿No podría avisar antes? Miro a Raúl y le suplico con la mirada que vaya él.

—No te preocupes, que yo me encargo. Además, soy mejor anfitrión que tú. No lo digo yo, lo dicen las valoraciones. A las pruebas me remito.

El muy cabrón lo dice orgulloso, solo le falta mirar en el móvil las valoraciones.

Yo estoy seguro de que las tiene guardadas, habrá hecho captura de pantalla para presumir de ellas.

Pero la verdad es que tiene razón. Lo hace muy bien y, las veces que me ha salvado el culo, luego me han dejado una valoración muy positiva alabando al anfitrión. En este caso, a él.

—Te debo una.

—Eso mismo es lo que he dicho yo hace unos minutos. No te creas que esto te saldrá gratis.

—En el fondo te encanta —me cachondeo. Porque sé que estaba deseando hacerlo él. A mí se me puede olvidar, pero a él no se le pasa ni una. Lo tiene más controlado que yo.

—Tengo don de gentes, qué le voy a hacer.

Se da media vuelta para irse, pero, antes de que salga por la puerta, le hago una pregunta: —¿Nos vemos en un rato? —Ya que estoy despierto, podemos aprovechar el día.

—Por supuesto. En cuanto termine, vengo. Total, no me voy muy lejos.

Ahora sí que se va. Aprovecho para meterme en la ducha. Es algo que necesito hacer con urgencia si la noche anterior he salido de fiesta. Y, mira, no lo hago cuando llego porque el sueño puede conmigo. Si no, me ducharía antes de meterme en la cama.

Raúl no tardará mucho en volver a venir, y quiero estar listo para ir a la playa cuando llegue. Puedo aprovechar para grabar alguna cover para Instagram y TikTok, entre chapuzón y jugar al voleibol.