Una tentación de susurros y lobos TREINTA Y CUATRO #2
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TREINTA Y CUATRO #2

Introduzco la hoja del puñal por el oscuro orificio de la nariz del Rey Supremo y me arriesgo a mirar a Cash por encima del hombro una última vez, que está de pie al otro lado de la cama de su padre.

Si Cash va a retractarse de sus palabras o tiene pensado traicionarme, este es el momento. Y Garra también es consciente de ello, porque justo apoya la mano en la empuñadura de su espada mientras pasea la mirada entre Cash y yo.

Aun así, no veo ni rastro del azul zafiro propio de los ojos del príncipe, sino un infinito y mordaz océano de aguas oscuras y frías, un pozo tan profundo que puede que no tenga fin.

Entonces, asiente.

Me giro hacia el rey, vuelvo a respirar hondo y agarro con fuerza el mango del ligero puñal.

Con solo empujarlo un poco, la hoja se abre paso hacia el cerebro del Rey Supremo, cuyo cuerpo se sacude bajo mis manos. Y, al segundo, de sus labios sale un pequeño gemido que casi parece un suspiro.

En cuanto retiro la afilada hoja, que sale con suma facilidad, le cae un hilillo de sangre por la nariz, pero no hay ningún corte ni herida a simple vista.

Nadie sabrá con seguridad lo que le ha pasado, y bien podría confundirse con un derrame cerebral que le ha arrebatado la vida mientras dormía.

Giro la cabeza hacia Garra, que ahora está vigilando junto a la puerta y merodea sin parar junto al cadáver de la guardia, como si esperara que resucitara de un momento a otro o tuviera miedo de que alguien entrara de repente en la habitación del Rey Supremo.

Garra inclina la cabeza en dirección a Cash sin soltar la empuñadura de su espada.

El corazón me martillea contra el pecho cuando busco los ojos azules del príncipe. Sin embargo, él está callado y petrificado, incapaz de apartar la vista del cadáver del que, hasta hace unos segundos, era su padre.

—¿Cash?

Por todas las Primigenias… Siento que se me va a salir el corazón por la boca.

Tenemos que irnos de aquí ya .

Tras unos interminables segundos, deja de contemplar el cuerpo sin vida de su padre y dice:

—Estoy bien. —De la garganta de Cash brota un ruido ahogado y gutural, como si no le salieran las palabras, y, al instante, se frota la cara con una mano—. Había que hacerlo. No teníamos más remedio.

Así es. Y lo sé , hasta en lo más profundo de mi ser.

—Tenemos que ponernos en marcha —interviene Garra, señalando con la cabeza el cadáver de la guardia—. Antes de que los guardias de la Garda se den cuenta de que no está en su puesto.

—Iros vosotros —nos insta Cash—. Si vuelven y os encuentran, estáis muertos. —Me mira de arriba abajo y se para un segundo a observarme—. No puedo salvaros sin haber reclamado la corona. Así que tengo… —En sus ojos veo una chispa fría y brillante de determinación—. Tengo que hacerlo.

Cash se va a convertir en rey .

Y, ahora que los caoranachs están sobrevolando la ciudad, es cuestión de tiempo que el pueblo descubra la verdad.

Que sigue habiendo magia en los Siete Pozos.

Que hay esperanza para todos nosotros y para un futuro mejor.

Por un instante, cuando Cash me observa con atención, veo en su mirada sombría un destello peligroso de algo que se parece demasiado al… ¿anhelo? No lo sé, pero no logro evitar verme arrastrada por un escalofrío cuando sus ojos recorren cada centímetro de mi piel.

—Iros —insiste—. No puedo esperar más para reclamar lo que me pertenece por derecho legítimo.

Mientras los guardias de la Garda crean que mi padre sigue vivo, seguirán enfrentándose a vosotros.

Pero puedo detenerlos. —Agarra un frasco de las astillas plateadas, el cinabrio, y le da vuelta con dedos hábiles—.

Si alguien sospecha que yo he sido quien…

—Los ojos de Cash se clavan en el cuerpo inerte de su padre—.

Al menos ahora tengo pruebas de lo que le estaba haciendo la Reina Suprema.

Y si por lo que sea todo es to sale mal…

Bueno, me conozco los túneles casi tan bien como Kav…

Garra tose.

Cash traga saliva y fulmina a le guardia con la mirada.

—Casi tan bien como Lobo .

Me percato de la desconfianza que inunda los ojos marrones de Garra. Entonces, tira de mi brazo y Cash nos empuja hacia la puerta.

—Puedo esconder el cuerpo de la guardia debajo de la cama, pero no podré confinar la habitación hasta que no me haga con la corona, así que marchaos ya.

Sorteamos el cadáver de la guardia asesinada y la puerta cruje ligeramente cuando Garra la abre. Lo último que veo antes de salir es a Cash quitándole a su padre del pulgar el anillo de ónice y rubí de su familia y, tras observarlo un segundo, se lo coloca en el suyo.

Garra y yo corremos, o casi volamos, por los pasillos del castillo.

De pronto, noto un entumecimiento en los huesos que se esfuerza por frenarme.

Aunque solo fuera el dolor de nervios que se extiende por mis manos o los músculos resentidos tras haber bajado por la cuerda desde la torreta del castillo, debería sentir algo , ¿no?

Con cada paso que nos aleja de la matanza, siento como si me cortaran un trozo de carne congelada.

Cuando por fin llegamos al final de las escaleras, todo se vuelve borroso.

En mitad del pasillo solo alcanzo a ver una enorme masa de personas luchando entre choques de espadas y gritos de guerra, hasta que identifico una capa de terciopelo morada y una melena rubia como la arena.

Al verla, me quedo sin aliento y noto que todos los pensamientos huyen de mi mente.

— ¿Aoife?

Esta retrocede dando un traspiés, con los ojos abiertos como platos.

No veo ninguna mancha de sangre en su capa descolorida, pero sí la palidez de sus mejillas por el estado de conmoción en el que se encuentra.

Tiene la misma mirada atormentada y distante que cuando nos marchamos del Muelle Negro tras la ejecución de Eavan.

Entre que me quedé en mi habitación para evitar que me atacaran las hijas de nobles y que Lobo me pidió que no fuera a buscar el paradero del Rey Supremo por mi cuenta, llevaba días sin verla.

De hecho, tuvo las cortinas de su habitación echadas día y noche.

—¿Aoife? —le pregunto de nuevo, extendiendo una mano hacia ella.

Se estremece al sentir mi tacto, pero, aun así, dejo la mano apoyada en el borde de su capa desteñida un segundo.

Yo misma he presenciado este tipo de masacres en las calles del Paseo del Muelle, así que entiendo a la perfección que haya un detonante que la haga revivir todas las experiencias traumáticas de su vida.

Y, si no la ayudo, al final acabarán matándola.

—Estás cubierta de sangre —dice en un tono un tanto extraño.

—Es mía —le miento con la misma facilidad con la que respiro—. Es de la Prueba de Fuerza. ¿No estabas allí?

—No podía… —Las palabras de Aoife mueren en su garganta cuando me observa con atención y, al segundo, sus ojos bajan hasta mi cuello.

Me llevo la mano al pecho y me doy cuenta de que el amuleto de tres nudos se me ha salido del cuello de la túnica, pero me lo guardo otra vez y le devuelvo la mirada—. No podía ver morir a nadie más.

— Maeve —exclama Garra en tono de advertencia.

Solo las Primigenias saben la cantidad de sangre que he derramado y las muertes que he provocado.

Quizás pueda prevenir una al menos.

No me hace falta tener plena confianza en Aoife para reconocer que, si he conseguido sobrevivir en este lugar, ha sido en buena parte gracias a ella. No me hace falta fiarme de ella para querer evitar que muera sola en mitad de la sangrienta inmundicia que se esparce por estos pasillos.

—Escúchame —le digo, mirándola a los ojos—. Tienes que volver a tu habitación. —Por primera vez, creo que veo el miedo puro colándose en la neblina que empaña sus ojos—. Y no salgas hasta que todo esto haya acabado.

Creo atisbar un destello de lucidez en su mirada.

De pronto, escuchamos un estrépito y vemos una explosión que sale de una pared a lo lejos. ¿Eso son… llamas verdes? No, es imposible. Tiene que ser efecto de la luz.

No obstante, con el resplandor de las llamas me fijo en que… Joder. Los ojos de Aoife son exactamente del mismo tono de azul que los de Cash.

Por un segundo, me olvido de respirar.

Fue la misma Aoife la que me contó que era la prima segunda de Cash. Y, cuando estuvimos en los baños, me habló de la rebelión de hace cinco años y me insinuó…

«La casa Doran fue la familia noble que estuvo detrás de la rebelión. Así que los… Los aniquilaron. A otra familia la desheredaron, pero les permitieron demostrar su lealtad».

Aoife es la prima segunda de Cash por parte de padre.

Me lo dijo hace semanas, cuando estábamos en el jardín al que dan nuestras habitaciones.

Sin duda, lo único que podría impedir que participara en el Ensayo sería un delito grave, como, por ejemplo, un historial familiar de traiciones.

Y eso la convierte en el objetivo perfecto para la Reina Suprema, porque podría culparla a ella por lo que acabo de hacer si Cash no consigue reclamar la corona.

Se me revuelve el estómago solo de pensar en que Aoife pueda acabar sufriendo por mi puta culpa.

—Cash va a hacerlo, ¿verdad? —le pregunto a Garra—. Va a reclamar la corona antes de que lo haga ella , ¿no?

Sus ojos marrones se transforman en una mirada amenazante en menos de un segundo cuando saltan a Aoife.

Los ojos azules de la chica se vuelven sombríos y astutos al clavarse en los míos.

Agarro las manos de Aoife y se las aprieto con delicadeza.

—Ve a esconderte —murmuro—. Ponte a salvo.

Su expresión se endurece y responde en un susurro:

—Lo haré.

Entonces, tomo a Garra del brazo y echamos a correr.