VEINTISÉIS #3
Por todas las Primigenias… ¿Lo sabrá Finn? Entonces, se me ocurre otra posibilidad que me provoca una angustia que hace que se me encoja el corazón. ¿Lo sabría mi madre?
Lobo se rasca la barba incipiente, pero, al igual que otras veces, sortea la cicatriz. Me observa con detenimiento y, al segundo, vislumbro en sus ojos el singular destello de haber tomado una decisión. Relaja los hombros y en su mirada penetrante se cuelan unas sombras familiares.
—Nunca has salido de Dyfflin, ¿verdad?
—Eso no tiene nada que…
—Sí, sí que tiene que ver —me interrumpe.
El agotamiento que revela su voz hace que me den ganas de estrechar sus dedos entre los míos—.
Tú habrás visto lo que el Rey Supremo ha hecho aquí, pero no tienes ni idea de todo lo que está pasando fuera.
Al igual que no sabes hasta qué punto la Garda controla cualquier carta o información sobre lo que ocurre más allá de las murallas de la ciudad, sobre todo después de la rebelión.
Termina de taparme el costado con las vendas con manos ágiles y remete los extremos para que no se suelten.
—Garra lo sabe y todos nuestros líderes también: Colmillo, algunos otros y yo —exclama antes de levantar la cabeza y atravesarme con la mirada—. Y creo que Finn tiene sospechas.
De pronto, la atmósfera que nos envuelve se carga de tensión.
—¿Y por qué no me has contado nada de esto?
—Porque te habría puesto en peligro, Maeve. Y lo mismo aplica para todos nosotros y para cualquier persona que nos importe. No confíes en mí si no quieres, pero no pongas esto en duda.
Sus ojos se encuentran con los míos y distingo la lucha interna que se refleja en ellos.
—Tenemos a muchos nobles de nuestra parte, como, por ejemplo, la familia de Saraid —me explica Lobo—.
Están retrasando todo lo posible el drenaje del Pozo que hay en sus tierras para así ayudarnos a ganar tiempo para la batalla.
De hecho, ella es nuestra mejor baza para sentar en el trono a una reina que nos ayude a conservar la poca magia que queda en los Siete Pozos.
Ya corre bastante peligro al estar participando en el Ensayo, así que no queríamos arriesgarnos a que fuera ella también la que tuviera que matar al rey.
Llevamos cinco putos años preparándonos para esta batalla y planeándolo todo al milímetro para no volver a fracasar durante la rebelión.
Noto una fuerte punzada en el pecho con solo pensarlo.
—La gente se merece saber la verdad.
—Y esa ha sido siempre nuestra intención, contarle al pueblo qué sucede con la magia —asegura con tono insistente—.
Pero tenemos que hacerlo en el momento correcto, de modo que, cuando salte la primera chispa, estemos listos para avivar las llamas y combatir en la verdadera guerra.
Una guerra que podamos ganar entre todos.
—¿Y hay posibilidades?
Sus dos últimas palabras resuenan en mi cabeza y flotan en el espacio que nos separan.
¿«Entre todos»? ¿Eso me incluye a mí?
Veo fuego en los ojos de Lobo. Un sombrío destello de esperanza cruza su rostro y detecto un atisbo de anhelo cuando su mirada vuelve a encontrarse con la mía.
—Tenemos que encontrar la forma de crear un conflicto de intereses entre los nobles que apoyan a la Reina Suprema —murmura mientras sus ojos se detienen un segundo en mis labios—.
Hay más nobles de su parte que de la nuestra, así que no podemos enfrentarnos a todos ellos a la vez. Por eso la mejor opción es separarlos.
—Una escisión —respondo en un suspiro. Una división que no podrán revertir jamás—. Pero ¿cómo? Parece que ni siquiera les importa que sus hijas mueran en el Ensayo, entonces, ¿qué podríamos hacer…?
Una idea repentina me asalta a la mente con tal ferocidad que ahogo un grito antes de mirarlo fijamente.
—¿Se te ha ocurrido algo? —pregunta, dejando entrever una sonrisa que me provoca una punzada de orgullo en el pecho.
Las hijas de nobles mueren en el Ensayo con dignidad o, al menos, siguiendo el concepto de dignidad que tienen sus familias, porque luchan por la Corona, por el poder y por todo lo que fomenta que los nobles sigan siéndolo.
Pero ¿qué pasaría si alguna de ellas muriera de la forma más indigna posible?
¿Qué pasaría si una de ellas muriera por una traición y la mismísima Reina Suprema fuera quien la condenara a muerte?
—Puede que haya tenido una idea —le digo en un tono tan bajo que se ve obligado a acercarse para escucharme. Una oleada de calor me sube por el estómago al notar su cuerpo cada vez más cerca del mío—. Una idea que, quizás, tenga un precio para ti.
—Tampoco sería la primera vez —murmura, dando otro paso hacia mí mientras me lanza una mirada impasible, como si yo fuera un acertijo que pudiera desentrañar sin problemas con solo esforzarse un poco—. Cuéntame.
El tono autoritario a la par que sereno que percibo en su voz remueve algo en mi interior.
—¿Y si pillaran a una de las hijas de nobles con ese frasco tan peculiar en el bolsillo?
Extiendo la mano antes de reparar en que su chaqueta sigue en la mesa. Sin querer, rozo con los dedos los músculos duros de su pecho que oculta la camisa suave y desgastada que lleva puesta, y su mirada arde en llamas al sentir mi tacto.
Entonces, noto el calor que me sube por la nuca.
Tocarlo ha sido un completo error.
Aparto la mano y me agarro al filo de la mesa.
—No puedo acercarme tanto a ellas —señala, negando con la cabeza—. Y tú tampoco podrías sin ponerte en pel… —Se queda callado al entender lo que le estoy proponiendo y su mirada se oscurece—. No.
—Él puede acercarse sin problemas.
—No.
—Sí, sí que puede. Sé que lo haría.
—He dicho que no, joder. —El odio que desprenden sus palabras se queda flotando en el ambiente—. No puedes confiar en él, Maeve. Y mucho menos con algo así. Si decide delatarte…
—Sois vosotros los que queréis que él ocupe el trono —exclamo para recalcar lo evidente—.
Y créeme que lo entiendo. La mejor opción para transformar Eireann es sentar a un nuevo rey en el trono.
Y él es el único heredero. —Lobo vacila un segundo, pero sigo hablando—: Y una rebelión podría acabar convirtiéndose en una anarquía sin un plan rápido y certero sobre quién reemplazará al rey actual.
Si hay una anarquía, Cymrea moverá sus hilos para anexarse a nosotros e incluso tratarán de convencer al pueblo de que lo hacen por nuestro propio bien.
A no ser que…
El estómago me da un vuelco y clavo la mirada en él.
—Por favor, dime que también tenéis un plan para encargaros de la Reina Suprema.
Lobo se queda callado un momento y sus ojos reflejan las dudas que retumban en su interior cuando nuestras miradas se vuelven a cruzar.
Me obligo a hablar con seguridad y digo:
—Al igual que tú, tengo mucho que perder al participar en esto.
Y, aunque decidas no entrar en detalles, puedo apañármelas por mí misma para desentrañar el motivo por el que Finn está trabajando para ti.
O puede que incluso esté luchando contigo.
Lo que tengo claro es que no pienso dejarla sola en esto.
Jamás, en mi vida, haría nada que pusiera en peligro a mi hermana.
Pero tengo mucho más que ofrecer. Y quiero hacerlo, así que puedes confiar en mí.
Lobo respira hondo, pero no suelta el aire de inmediato.
Todos los nervios de mi cuerpo se encienden al acercar una mano a la marcada curva de su mandíbula. Sí, tocarlo es un error y siempre lo será. Después de todo lo que ha perdido, no sé si volverá a depositar toda su confianza en otra persona.
Sin embargo, cuando noto el calor de su piel bajo mis dedos… Por todas las Primigenias… Es como si, de pronto, hubiera un puente que conectara todo lo que callamos entre nosotros.